COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: Visión de un Sistema Integral (V.S.I.)
IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13.
IV. FILOSOFÍA DE LA MENTE. Mod 5b.
Continuación del módulo 5a.
EL
YO / COMO IDENTIDAD
PERSONAL.
En nuestra experiencia diaria sentimos que
hay un yo que piensa, siente, decide y actúa, que además lo consideramos como estable y permanente a lo
largo del tiempo. A partir de esta idea construimos y experimentamos nuestra identidad
personal, distinguiéndonos de los demás y reconociéndonos como la
misma persona a lo largo de nuestra vida.
¿Pero es tan así lo del yo?
El budismo no niega que exista una identidad convencional
con nombre asignado y convencional (p.ej: Maria) para distinguirnos, pero cuestiona
que exista un yo independiente, permanente e inherente. Si observamos
con atención nuestra experiencia, podemos notar que el cuerpo y la mente
(sensaciones, emociones, etc.) cambian constantemente y, así, no podría
haber un yo fijo porque todo
aquello que reconocemos como parte de nuestra experiencia está sujeto al cambio
y depende de muchas condiciones.
Recordemos que los cinco agregados (skandhas) indican precisamente los
distintos componentes que participan en nuestra experiencia de seres, donde ninguno
de ellos, por sí solo, puede considerarse un yo permanente y tampoco su
conjunto constituye una entidad independiente y fija. Por eso, el budismo
sostiene que no existe un yo
permanente, independiente e inmutable. Lo que llamamos yo
surge de la relación entre distintos procesos físicos y mentales, que
dependen de múltiples condiciones y se encuentran en constante transformación. El yo, por tanto, no es una entidad separada de estos procesos, sino una que hacemos
sobre su funcionamiento conjunto. Nosotros lo identificamos como yo sin saber incluso que es eso.
Esto no significa que la persona no exista, significa
que la persona existe de manera condicionada e interdependiente, pero no como una
entidad fija e independiente. Una identificación con esa idea rígida del yo
genera apego, rechazo, orgullo, miedo
e incluso sufrimiento, especialmente cuando intentamos
defender aquello que consideramos yo o mío. Al reconocer que el yo depende de condiciones y está en constante transformación,
podemos relacionarnos con nosotros mismos y con los demás de una manera mas abierta en lo que es la existencia convencional.
Los cinco agregados
permiten comprender fácilmente por qué el budismo cuestiona la existencia de un
yo fijo. Considerando los agregdos:
El cuerpo cambia.
Las sensaciones cambian.
Las percepciones cambian.
Las formaciones mentales cambian.
La conciencia cambia.
Y tampoco encontramos en ellos una entidad
permanente e independiente. Aquello que llamamos persona surge de la interacción
entre estos mismos procesos.
Usar la palabra yo, no es un error.
El problema aparece cuando creemos que existe una esencia rígida que debe ser
protegida, defendida y satisfecha en todo momento. El apego a esa idea puede
generar sufrimiento. Detrás del yo no hay una esencia o algo que sea el yo. Pero
sirve para identificarnos en el ámbito convencional.
¿Para qué sirve comprender que el yo es
variable?
Si entendemos que nuestras ideas, emociones,
gustos, capacidades y formas de relacionarnos cambian constantemente, podemos
aceptar mejor las cambios de la vida y afrontar las dificultades con mayor
flexibilidad; incluyendo el sufrimiento. Y muy importante: nos ayuda a reconocer
que los demás seres también cambian.
En definitiva, el budismo
enseña que la identidad personal fija y separada es solo una ilusión
mental que causa sufrimiento, y que en realidad somos un flujo constante
de procesos interrelacionados (de los skandhas). Que dicha identidad
no es un objeto sólido, fijo, sino una serie de momentos cognitivos y
pensamientos conectados por causas y condiciones.
“Entre más
sólidamente aprehendemos la identidad propia, más sólidos se vuelven nuestros
problemas. Una vez le pedí a un entrañable y viejo maestro de meditación de Sri
Lanka que me enseñara la esencia del budismo; sólo rio y me dijo tres veces”:
“Si no hay yo, no hay problema”. Jack Kornfield. Monje
budista. La identidad y la ausencia del yo en el budismo. Revista de la U. de México.
En
dimensión VI analizamos apego- despego / ego – yo.
LA MEMORIA.
La memoria.
La memoria permite conservar y recuperar experiencias del pasado. Desde la perspectiva budista, aquello que recordamos no constituye un yo ni menos permanente, sino que forma parte de un proceso mental cambiante y condicionado. Al recordar, la mente selecciona y trae experiencias pasadas, pero puede interpretarlas de manera diferente según nuestro estado mental presente (nuestras emociones y creencias actuales influyen en cómo entendemos lo que ocurrió). Por ello, también reconstruye un acontecimiento y puede cambiar nuestra relación con lo vivido sin ser concientes de ello.
No hay que olvidar que desde la perspectiva budista, nuestra experiencia está condicionada por numerosos factores: las sensaciones, las emociones, las percepciones y los pensamientos. La memoria tampoco funciona de manera aislada, lo que recordamos está influido por nuestras experiencias posteriores y por nuestro estado mental presente. Dado esto, podemos llegar a confundirnos en el recuerdo que conservamos, por lo que debemos observarlos con atención. Pudiera darse incluso que en lo original actuamos con ira y tristeza y ahora no.
Desde el mundo de la ciencia, la memoria es importante
para el aprendizaje y para la adaptación al entorno. Desde el budismo, sin
contradecir lo anterior, también puede comprenderse como una capacidad que nos
ayuda a reconocer nuestros hábitos y aprender de la experiencia, favoreciendo
el desarrollo espiritual.
La memoria nos permite recordar funciones
básicas y rutinas. Si no fuera así, tendríamos que aprender a andar en
bicicleta cada vez que la usáramos. También nos permite conservar experiencias,
hábitos y formas de relacionarnos con lo que nos rodea, así como aprender
nuevas conductas y prácticas. Sin memoria no podríamos recordar las enseñanzas
budistas, aprender a utilizar un computador o realizar muchas actividades
cotidianas. Gracias a ella podemos modificar nuestros hábitos y adaptarnos a
nuevas situaciones.
La memoria tiene un papel importante en el
aprendizaje. En el budismo, durante siglos se ha utilizado la repetición oral y
la recitación de textos y enseñanzas para conservar y transmitir el
conocimiento. La repetición ayuda a mantener presentes determinadas enseñanzas
y prácticas. Cuando consideramos algo importante, es más fácil recordarlo
posteriormente.
Muchas actividades de nuestra vida diaria
dependen de la memoria, como recordar la cita con un médico. La memoria por lo
tanto también es importante para la práctica espiritual, pues nos permite
recordar las enseñanzas y mantener determinados hábitos y normas en nuestra
mente.
Hábitos, virtudes y plasticidad
mental.
La práctica budista puede ayudarnos a disminuir algunos hábitos perjudiciales y desarrollar nuestras virtudes. El budismo tibetano presenta diversas prácticas destinadas al desarrollo de la mente, la atención plena y el crecimiento espiritual. Hay estudios científicos que han investigado algunos de estos efectos normalmente beneficiosos. La ciencia ha estudiado la capacidad del cerebro para cambiar a partir de la experiencia. Este fenómeno se conoce como plasticidad cerebral. El aprendizaje, la repetición y la práctica pueden producir cambios en las conexiones neuronales. Para profundizar en este tema, ver el apartado sobre meditación.
Algunas investigaciones señalan efectos sobre la capacidad de atención, la regulación emocional y la relación entre el cerebro y el cuerpo. Esto no significa que la ciencia este confirmándo con ello las enseñanzas budistas. Sin embargo, permite establecer un diálogo entre la práctica meditativa y el estudio científico de la mente. Este campo de investigación (ciencia y budismo) se desarrolla desde hace varios años y continúa produciendo nuevos y excelentes resultados.
La percepción y la memoria.
En el budismo, la percepción forma
parte de los agregados o skandhas
que componen nuestra experiencia. Lo que percibimos influye en lo que
posteriormente podemos recordar. Por eso, prestar atención a nuestra
experiencia puede ayudarnos a reconocer mejor nuestros pensamientos, emociones
y hábitos.
De un proceso habitual podemos distinguir: la experiencia: contacto con lo que ocurre mediante los sentidos y la mente. La relación: donde la mente reconoce, compara y vincula la experiencia presente con experiencias anteriores y memoria: que conserva dichas experiencias y permite recordarlas y utilizarlas posteriormente.
Por ejemplo, al ver un árbol, primero tenemos la experiencia de su forma y color. Luego podemos reconocerlo como “árbol” porque lo relacionamos con experiencias anteriores. En términos budistas, esto también ayuda a entender que nuestra experiencia presente no surge de manera aislada. Está condicionada por experiencias anteriores, hábitos, conceptos y recuerdos.
La mente sutil y el renacimiento.
En el budismo tibetano se enseña que la mente
posee niveles sutiles que continúan después de la muerte física. Según esta
tradición, la corriente de conciencia continúa su proceso después de la muerte
y atraviesa un estado intermedio llamado bardo,
antes de un nuevo renacimiento.
Desde esta perspectiva, la continuidad de la
mente no se reduce solamente al cuerpo físico.
Vidas anteriores.
Una pregunta que surge naturalmente es por
qué no recordamos de manera clara nuestras vidas anteriores. Desde la
perspectiva budista, la mayoría de las personas no posee la concentración y el
entrenamiento necesarios para acceder a esos recuerdos.
Se enseña que un Buda puede recordar sus
vidas anteriores. Las personas comunes no han desarrollado esa capacidad,
aunque determinadas prácticas de concentración y meditación pueden favorecer el
desarrollo de capacidades mentales especiales.
El significado y el reconocimiento de
un tulku.
La palabra tulku
pertenece al budismo tibetano. Se utiliza para referirse a un maestro
considerado una manifestación o emanación de un practicante con un alto nivel
de realización espiritual. El concepto está relacionado con la continuidad de
la conciencia y el renacimiento. Un ejemplo conocido es el Dalai Lama que se le relaciona en el
En el budismo tibetano existe una tradición
para reconocer a un tulku. El
proceso puede incluir preguntas relacionadas con la vida del maestro fallecido
y el reconocimiento de objetos que le pertenecieron. En algunos casos, este
proceso se realiza cuando el posible tulku
todavía es un niño.
Dentro de esta tradición, el reconocimiento
se interpreta como una señal de continuidad con el maestro anterior y de
determinadas cualidades espirituales del mismo.
Síntesis (memoria):
La memoria permite registrar,
conservar y recuperar información.
Desde la ciencia, cumple una
función esencial en el aprendizaje y en la adaptación al entorno.
Desde el budismo, también ayuda a
observar los hábitos mentales, sostener la práctica y avanzar en el camino
espiritual.
La meditación puede colaborar con
el reconocimiento y la transformación gradual de patrones mentales.
El budismo tibetano agrega una
dimensión espiritual al relacionar la memoria con la continuidad de la
conciencia y el renacimiento.
SABIDURÍA Y CONOCIMIENTO
BUDISTA.
Sabiduría y conocimiento.
Muchas personas relacionan la sabiduría con
tener muchos conocimientos y poder responder cualquier pregunta. Desde la
perspectiva budista, sin embargo, saber mucho no significa necesariamente ser
sabio. La sabiduría tiene más relación con comprender profundamente la realidad
y saber cómo actuar frente a ella.
El conocimiento y la sabiduría
están relacionados, pero no son lo mismo. Una persona puede tener muchos
conocimientos y, aun así, no saber utilizarlos de una manera adecuada. La
sabiduría permite comprender mejor una situación y actuar teniendo en cuenta
las consecuencias de nuestras decisiones, tanto para nosotros como para los
demás.
En el budismo, la sabiduría se relaciona con
comprender la naturaleza de los fenómenos. Esto incluye reconocer su impermanencia,
interdependencia y vacuidad. La vacuidad no significa que las cosas no
existan, sino que no existen de manera independiente, fija y permanente. Todo
depende de causas y condiciones.
Esto también se puede aplicar a la idea que
tenemos de nosotros mismos. El “yo” puede parecer algo sólido y permanente,
pero cambia constantemente y depende de nuestras experiencias, relaciones,
pensamientos y circunstancias. Desde esta perspectiva, el yo existe de manera
convencional, pero no como una entidad independiente de todo lo demás. Es una
convención.
La relación entre sabiduría y
compasión (*).
En el budismo, la sabiduría y la compasión se
desarrollan juntas. La compasión nos lleva a considerar el bienestar de los
demás, mientras que la sabiduría nos ayuda a comprender cómo actuar ante cada
situación.
Una buena intención no siempre produce una
buena acción. Podemos querer ayudar a alguien y, sin embargo, equivocarnos en
la manera de hacerlo. La sabiduría permite reconocer mejor la situación y
encontrar una respuesta adecuada. Por eso, compasión y sabiduría se necesitan
mutuamente.
El desarrollo de la sabiduría requiere
estudio, reflexión, experiencia y práctica. No basta con conocer algunas
definiciones sobre la vacuidad, la impermanencia o la interdependencia. Es
necesario llevar estas enseñanzas a la experiencia y observar cómo influyen en
nuestra manera de pensar y actuar.
El Dalai Lama explica en El corazón de la sabiduría la relación entre el método y la sabiduría. El método se relaciona con la intención de beneficiar a los demás, mientras que la sabiduría permite comprender la naturaleza de la realidad.
En resumen, la sabiduría budista no
consiste simplemente en acumular conocimientos. Implica aprender a observar la
realidad de una manera diferente y reconocer que todo cambia y depende de
causas y condiciones. También implica comprender que las cosas no poseen una
existencia independiente y permanente.
Cultivar esta comprensión puede ayudarnos a
disminuir el apego y la ignorancia, y a relacionarnos con las experiencias de
una manera más clara. Por eso, la sabiduría no es solamente algo que se
estudia: también es algo que se desarrolla mediante la práctica.
(*) Fuente base: Dalai Lama, El
corazón de la sabiduría y El
camino del bodhisattva. Elaboración y paráfrasis a partir de
estas fuentes y material de biblioteca personal.
TRANSFORMACIÓN
DE LA MENTE Y LIBERACIÓN.
Desde la perspectiva budista, la liberación personal
comienza con la transformación de la mente. El sufrimiento no depende solamente
de lo que sucede, sino también de la forma en que interpretamos y reaccionamos
ante aquello que vivimos, tema detallado al inicio de sufrimiento.
La práctica busca reconocer los estados
mentales que generan sufrimiento, como el apego, el avidez y la ignorancia, y
desarrollar una manera diferente de relacionarnos con ellos. A través de la
atención plena, la comprensión y la práctica, con lo que la mente puede dejar
de reaccionar de forma automática.
Esta transformación permite comprender de
otra manera la impermanencia, la ausencia de un yo fijo y la relación entre
todas las cosas o fenómenos. La liberación, en este sentido, no consiste en
escapar de la experiencia, sino en dejar de estar condicionados por las formas
de aferramiento que mantienen el sufrimiento.
El camino budista propone así una
transformación progresiva de la mente. Al disminuir el apego y la ignorancia, con
lo que también disminuyen las causas que mantienen el sufrimiento y se abre la
real posibilidad de alcanzar la
liberación.
En la segunda parte de este trabajo sobre el
budismo explicamos la forma práctica de lograr el objetivo espiritual. Se desarrollan
temas como Meditación y otros.
Se recomienda revisar "estudios científicos de 2025 y 2026" , que hay sobre la conciencia, la percepción, la memoria y la construcción del yo desde el diálogo entre budismo y ciencias cognitivas.
Fin Filosofía de la Mente (Mod 5a más 5b). Continuar en Mod 6.