COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: Visión de un sistema integral (V.S.I.) VI. ÉTICA FILOSÓFICA Mod.7a
VI. ÉTICA
FILOSÓFICA.
La
ética budista se basa en la interdependencia y la causalidad moral
(karma).
Las
acciones no se evalúan según un mandato externo, sino por sus causas,
intenciones y consecuencias dentro de la red causal de una misma experiencia. La
idea en el budismo es que cada acción, dada su intencionalidad,
deja una huella en la continuidad de la mente y contribuye a la creación o
atenuación del sufrimiento. Interdependencia ver en II Ontología.
Principios fundamentales:
1.-
La intención o voluntad (cetana) es el criterio moral básico. La calidad
ética de una acción depende de la motivación que la origina. La intención puede
tener una fuerza positiva o negativa a la acción.
2.-
La compasión (karuṇā) surge del
reconocimiento del sufrimiento de los demás y de la comprensión de la
interdependencia entre los seres. Por ello, busca aliviar ese sufrimiento y
promover su bienestar.
3.- El
ideal del Bodhisattva del Mahāyana (y Vajrayāna) es integrar la aspiración del
despertar mental con el deseo de ayudar a todos los seres en el desarrollo de
la bodhicitta (intención mental de ayudar a todos los seres a liberarse).
4.-
La sabiduría y la compasión son interdependientes: la sabiduría sin compasión
es incompleta, y la compasión sin sabiduría es incapaz de discernir el
sufrimiento y puede carecer del discernimiento necesario para aliviarlo.
Un acto de compasión puede confundirse con lástima”.
Fuente: Stanford
Encyclopedia of Philosophy, “Ethics
in Indian Buddhism”, “Theoretical Structure of Buddhist Ethics”.
En el
budismo, la calidad moral depende principalmente de la intención.
Dos acciones aparentemente iguales pueden producir karmas completamente
diferentes según el estado mental con el que se relacionen. En pocas palabras,
una acción realizada con una intención virtuosa tiende a generar karma
favorable, mientras que una motivada por la codicia, el odio o la ignorancia
produce el efecto contrario. Es evidente, entonces, que el karma no
significa algo predeterminado, sino causalidad ética y psicológica
basada en la intención. Por lo tanto, la ética (Śīla) budista se centra en facilitar elementos de guía conductual
y prácticas de purificación para las tres áreas del comportamiento
humano: cuerpo, palabra/verbo y mente. Consideremos que con el cuerpo se puede abrazar
tanto como golpear a un ser, con la palabra levantar el animo o se puede herir
o dar órdenes de herir, y con la mente se puede desear lo favorable o no
favorable, tres frentes que pueden producir karma positivo o negativo y que
para el caso no favorable, el budismo nos facilita el purificar dicho karma.
Lo
anterior esta relacionado con las Cuatro Nobles Verdades y especialmente con su
Óctuple Camino que incorpora las enseñanzas para el entrenamiento budista
divididas en tres áreas: Sabiduría, Ética y Disciplina Mental, cada una con sus
propios elementos de enseñanza.
La ética del
budismo no se limita a los principios morales, sino que también
abarca cómo entrenar la conducta y la mente (Citta). Cada pensamiento, palabra y acción (mente,
verbo y cuerpo) tiene un carácter kármico, donde las acciones intencionales dan
forma a las tendencias y condiciones futuras dentro del flujo de la
experiencia.
La
ética es una poderosa disciplina de transformación interior.
El cultivo consciente de acciones beneficiosas disminuye el apego, la aversión
y la ignorancia, lo que a su vez nos permite desarrollar nuestra concentración
y sabiduría. El comportamiento ético se convierte entonces en un código práctico,
más que en un código moral convencional, y por lo tanto, en una herramienta de
liberación.
El
budismo no fundamenta, lo que entendemos sino por sus causas, intenciones y
consecuencias. Nuestras acciones hábiles o positivas surgen de la generosidad,
la compasión y la sabiduría, y nos conducen al bienestar y liberación. Las acciones
no hábiles o negativas surgen de la codicia, la ira y la ignorancia, y
contribuyen al sufrimiento.
El
apego, la aversión y la ignorancia constituyen lo que se denomina venenos
budistas. La ignorancia impide comprender la verdadera naturaleza de la
realidad. Así surgen el deseo -apego y la aversión que llevan a actuar, pensar y
reaccionar de una manera condicionada generando karma que llama al sufrimiento,
por ello, la comprensión correcta (sabiduría) permite alejar y disminuir este
ciclo.
Entonces,
todas las acciones meritorias y bienintencionadas no solo
benefician a los demás, sino que también contribuyen a nuestra felicidad,
promueven el crecimiento personal, generan karma positivo y favorecen un renacimiento favorable.
Debemos ser conscientes de las diversas maneras y ocasiones para generar mérito
que en el budista es muy apreciado. Durante el día, desde la mañana hasta la
noche, podemos observar y controlar las acciones relacionadas con el cuerpo, la
palabra y la mente. Estas acciones deben estar guiadas por una buena intención
y una conducta virtuosa para generar mérito. La meditación genera
méritos al que la realiza y estos pueden dedicarse en beneficio de los
demás. La dedicación del mérito tiene asimismo beneficios
para quien realiza la acción.
APEGO – DESAPEGO / EGO - YO.
¿Cómo nos
relacionamos con el yo y qué ocurre cuando nos apegamos a él?
Este término (Yo) se refiere a nuestra mente conceptual, que percibe y proyecta la idea de que todos los
fenómenos tienen existencia inherente; vida propia, que existen por sí mismos. Así
es como entendemos la realidad, apreciando que todo tiene existencia
inherente y en particular el yo, un tema en el que profundizaremos porque
esta mente de aferrarse al yo, al ego que todos poseemos, es el origen
de las perturbaciones mentales que engañan y hacen que la mente pierda
el control, nos hace actuar según sus caprichos al no ver las cosas como
realmente son y, por lo tanto, es causa del sufrimiento.
Uno
genera una identificación y simpatía con el "yo". Dice: Soy médico o
soy mecánico, soy padre, soy hijo, soy rico, soy bueno, etc., y cuando ve que
uno de esos yoes está amenazado, crea un apego espontáneo hacia él, para
protegerse, ya que pensamos que ese yo designado es realmente uno mismo.
Pero tú no eres eso mismo, es solo lo que haces. Analiza la idea. Uno es
aquel que ha generado una imagen llena de etiquetas, aquel que se ha concebido
a sí mismo como un ideal de sí mismo.
Está
tan apegado al ego que, si se ve amenazado con la pérdida o disminución de algo
que le pertenece, el ego se activa rápidamente y aflora el miedo a perder aquello
que consideramos que nos define. Y entonces surge la ira, la angustia y la
inquietud que se deben al ego, a la autoestima, a la necesidad de poseer, ¡lo
cual genera apego!
Creemos
y actuamos sin aceptar que el yo es un nombre atribuido por la mente, algo
convencional que nos permite mantener relaciones personales. La mente se
engaña creyendo que el yo existe de forma independiente e inherente, y su error
de percepción radica en creer que existe de manera real. Existe, pero
conceptualmente, por ejemplo, a través de un nombre (Luis) para poder
referirnos a él, a una mente y un cuerpo específicos, una etiqueta para poder
relacionarnos con él. No hay nada detrás de ese yo; lo usamos temporalmente en
nuestra mente para asociarlo con alguien. La mente entonces etiqueta todo,
incluidas las acciones del yo, por ejemplo: voy a andar en bicicleta.
Recordemos que las etiquetas tienen existencia conceptual, como pensamiento en
la mente, pero no en la realidad del universo.
El
yo siempre exagera las cualidades de un ser o una cosa, y por lo
tanto nos apegamos a ello; también exagera las cualidades negativas,
disminuyendo las positivas de aquello que nos produce aversión. Este yo nos
causa sufrimiento al crear causas y condiciones para que la mente opere de tal
manera que produzca engaños y errores de percepción. El ego
es lo que nos lleva a ser agresivos, por ejemplo, considera a la
persona amada como imprescindible para su propia satisfacción, y eso es
estímulo suficiente para generar insatisfacción. Cabe señalar que cuando un ser querido quiere
alejarse o evitarnos, nos hace sufrir al inducirnos a pensar que parte de
nuestra propiedad, puesto que él lo considera de esa manera.
El
yo, el "yo-ismo", genera la actitud egoísta y envidiosa. Propone:
"No puedo vivir sin ti", y eso ya es motivo de angustia. Y
esta frase no es adecuada. Por lo anterior, se dice que el apego al yo
es una verdadera causa del sufrimiento.
En
resumen: Cuanto más nos aferramos a un fenómeno, más nos alejamos de la
posibilidad de conocer su verdadera realidad, de observarlo y experimentarlo
auténticamente en el momento presente. El ego es el que nos impide
alcanzar el conocimiento de quiénes somos realmente, porque nos impide ver
nuestra propia naturaleza, porque siempre aflora con interés, y cuando hemos
avanzado y estimamos que tendremos algún éxito en ese sentido, nos seduce y
descuidamos el progreso, pero cuando las enseñanzas comienzan a surtir efecto,
la persuasión del ego en nosotros disminuye irreversiblemente.
¡No
hay nada a lo que aferrarse, nada que sea estable! Ni siquiera el pensamiento.
El
proceso de desapego del ego es gradual y se logra mediante la práctica
del Entrenamiento Superior del Óctuple Camino. Al distanciarse del yo, se
encuentra mayor libertad, y al disolverlo, se elimina el apego a los fenómenos,
es en este momento cuando los fenómenos pueden ser aprehendidos directamente.
Por lo tanto, la persona ya estará liberada de los renacimientos del samsara.
KARMA BUDISTA
Introducción
El karma fundamenta la responsabilidad ética
en la relación: intención, acción y consecuencia. En el
budismo, las acciones intencionales de cuerpo, palabra y mente dejan
consecuencias que pueden manifestarse incluso negativamente y de seguro en
tiempo futuro. Por ello, nuestras decisiones tienen importancia más allá de sus
efectos inmediatos. Esta continuidad puede extenderse más allá de la vida
presente mediante el renacimiento. Sin embargo, no significa
que exista un yo permanente que pase de una vida a otra. Se trata de una continuidad causal de procesos condicionados por la
mente, como veremos en renacimiento.
De este modo, el karma permite comprender la responsabilidad
ética sin recurrir a un yo permanente: somos
responsables de nuestras acciones dado que nuestras intenciones y actos
contribuyen a determinar las condiciones de nuestra experiencia futura,
incluso más allá de la existencia actual.
Acción e intención.
Karma es un término que
probablemente ha escuchado y utilizado muchas veces. Karma, es una
palabra sánscrita que significa acción. Las acciones que normalmente realizamos
sean mental (p.ej: pensar negativo o positivo), verbal (p.ej: dar una orden) o
físicas (p.ej: dañar) involucran karma, una “semilla, rastro, energía”
que instalamos en nuestra mente y que en algún momento dado su maduración
tendrá un efecto positivo, negativo o neutro en nuestras vidas. Se trata
entonces de los resultados que experimentamos en algún instante, dado nuestras
acciones pasadas. Según el karma, todo efecto de nuestras acciones se
tiene que dar en algún momento sea en esta vida o una próxima.
Las acciones y las intenciones
que involucremos pueden ser de tres tipos, distinguidas según la capacidad de
generar resultados espirituales beneficiosos o no: virtuosas o positivas, no
virtuosas o negativas y neutrales. Las acciones virtuosas generadoras de
karma positivo nos encaminaran a un renacimiento en los reinos superiores con
la posibilidad de disfrutar felicidad en ellos, y las no virtuosas -karma
negativo- contribuyen a renacer en reinos inferiores, incluidos los
sufrimientos de ese reino.
La ley del karma nos indica que
el efecto virtuoso o no, está determinada entonces por la naturaleza de la “intención”
(positiva o negativa) (buena o mala) con que se realizó la acción, y que siendo
estas acciones positivas se impriman rastros o “semillas virtuosas” en nuestra
mente muy sutil, y las acciones negativas impriman “semillas no virtuosas”.
Cuando se reúnan las condiciones necesarias, estos rastros o semillas
impregnadas en la mente, producen su efecto positivo o negativo en nosotros,
sea en esta vida o en la próxima. Por tanto, podemos deducir que cuando nacemos
heredamos el karma y que también por ello a veces nos asombramos
de ciertas cosas que se dan sin tener mayor explicación del porqué. No
entendemos porqué se dio, pues es de karma de nuestra vida anterior que no
recordamos.
La esencia del karma esta en la intención que
uno infiere a la acción.
Debemos ser cuidadosos, ya que
las acciones negativas refuerzan el sentido del ego y ellas están motivadas por
la avaricia, odio, ignorancia, celos, etc. lo que siempre conlleva sufrimiento.
En cambio las acciones basadas en intenciones virtuosas como el amor, la
generosidad y compasión producen karma positivo y, por supuesto, efectos de
felicidad. Una acción que producirá resultado neutro puede ser cuando uno
decide qué camisa se va a poner o qué va a desayunar.
Debemos ser perseverantes en la
intención correcta, ya que todo será favorable, todo se alineará a
beneficiarte. Si se tiene una buena intención, el cómo hacer el bien siempre
aflora. Dado lo anterior, es conveniente beneficiarnos creando karma positivo,
renunciar a seguir actuando de forma errada (crear karma negativo) y purificar
el que poseamos acumulado. La purificación del karma negativo se logra
generando karma positivo, arrepintiéndose del negativo creado, realizando una
práctica de purificación y evitando las acciones perjudiciales opuestas a los
preceptos aceptados. Como el karma es acumulativo es importante purificar el
negativo, ya que dependemos de lo que uno ha hecho, pensado y sentido en el
pasado.
“El karma negativo, el
aferramiento propio, el apego, el odio y la ignorancia” nos influyen en que no
podamos vivir tranquilos, en paz, razón más que suficiente para que nos
preocupemos de nuestro diario actuar.
Al empezar a seguir adecuadamente
las enseñanzas que nos indica Buda, comienza a cambiar nuestro comportamiento a
uno más virtuoso, involucrando una mayor armonía mental y por ende mayor
felicidad. Esto se debe también a que se va concretando una mayor realización
de Karma positivo en nuestra mente muy sutil. Buda nos transmite que uno es el
único responsable de las circunstancias que le toquen vivir, ya que si ha
llevado una vida impropia vivirá una próxima vida con problemas. Por el
contrario, al practicar lo correcto renacerá con una mente en armonía y vivirá
sin mayores sobresaltos.
El budismo nos dice que es
posible dominar las intenciones bajo una conciencia de atención plena, y
de realizar acciones virtuosas en beneficio de una vida más feliz (la atención
mas plena se logra siguiendo el Óctuple Camino y meditando); así, siendo más
conscientes en nuestro actuar vamos perfeccionando nuestra mente.
Tipos de karma (3):
o
acciones
virtuosas, que son la base para nacer en los reinos superiores.
o
acciones
no virtuosas, que son la base para nacer en los reinos inferiores.
o
acciones
neutras que no son acciones virtuosas o no virtuosas. Por ejemplo cuando uno
decide que va a comer o vestir.
“Aquello que es producido por el
deseo, odio o engaño es no virtuoso. Aquello producido por el no-apego,
no-odio y no-engaño es virtuoso”. Nagarjuna.
Acciones de mucho mérito.
Las acciones que producen harto
merito son el desear la iluminación (tal cual fuera un Bodhisattva), entrenarse
en la ecuanimidad (vía meditación) y trasmitir las enseñanzas budistas. Debemos
recordar que hay que cumplir con los preceptos adoptados.
Karma particular y Universal.
El efecto del karma de un ser no
se limita sólo a la persona que realizo la acción, el karma asocia una fuerza
colectiva que determina el destino incluso del universo, es decir, su
destrucción y su creación involucrando los acontecimientos potenciales que
ocurrirán en él. Se puede hablar de karma asociado a un país e incluso a una
familia.
Vasubandhu.
Este maestro explica el hecho de
que todos los seres (humanos) infernales ven el mismo mundo infernal porque la
condición de la maduración de su karma es idéntica (idéntica maduración
de su karma).
Tener en cuenta:
De acuerdo a la ley del karma , una sensación de felicidad madura
de karma positivo y una de infelicidad de karma negativo.
Para lograr méritos y crear karma positivo y purificar el negativo
que tengamos acumulado es importante renunciar a realizar actos contrarios a
los preceptos o votos aceptados.
Nuestro karma, por ejemplo, es responsable de que otra persona nos
moleste, o nos grite. No se debe enganchar con esta negatividad.
Nuestras acciones determinan lo que somos y,
consecuentemente, somos el resultado de nuestras acciones del ahora y del
pasado.
Karma en Relación con el
Renacer.
La creencia budista considera el renacimiento
luego del proceso de la muerte. Se regresa a la vida mortal la que puede ser en
forma auspiciosa o no, es decir, en reinos superiores o no dependiendo del
karma creado y de la forma en que enfrentamos la muerte. Cuando uno muere
puede hacerlo con la mente tranquila o con la mente alterada, hechas las paces
con la vida o no. Uno debe hacerlo lo más serenamente posible, es decir,
auspiciado por la resolución de asuntos pendientes (solucionar un problema con
un familiar, pagar o aclarar una deuda con un amigo, etc.).
Los maestros insisten en que se
debe morir sin apego. Hay que morir con una mente tranquila, que de
seguro nos favorece para renacer en un reino afortunado. Si se muere con la
mente alterada (sea por rencor, odio, miedo u otro negativo) se incita a
renacer en un reino inferior.
Por otro lado, recordemos que
tanto las acciones perjudiciales y positivas cometidas en nuestra vida inciden
en el reino del renacer y, por supuesto, la calidad de vida involucrada en ese
lugar. El karma producto de los actos e intenciones positivas, induce a renacer
en los reinos superiores, en el de los humanos -desde el cual se puede alcanzar
la Iluminación- y el de los dioses, teniendo bienestar en ellos. En cambio, el
karma negativo provoca renacer en alguno de los reinos inferiores, el de los
infiernos, el de los espíritus ávidos y el reino animal, este último el mejor
de estos tres.
La relación del karma negativo y
el renacer de uno también tiene relación directa con efectos futuros, por
ejemplo, si uno ha matado, al renacer tendrá una vida breve y
vivirá en un lugar pobre; si ha cometido parricidio o suicidio seguramente
renacerá en el infierno. Si ha robado vivirá careciendo de bienes
materiales, y así con las otras acciones perjudiciales como son la mala
conducta sexual, el mentir (te engañarán), la codicia (vivir con pocos
recursos) el pronunciar palabras ofensivas, el sostener teorías erróneas (vivir
sin alcanzar la sabiduría).
Conclusión: En la medida que aumente nuestra
capacidad de amor, crezca nuestra paciencia y disminuya nuestro odio,
preocupados de mejorar nuestro karma, auspiciamos un renacer en el reino de los
seres humanos del samsara. La acción dependiendo de la intención imprime
rastros positivos y negativos en nuestra mente muy sutil, por ello, la calidad
de nuestra vida dependerá de la naturaleza de nuestras acciones por lo que
detrás de cada acción debe haber siempre una buena intención.
Buda nos enseña que todo es nuestra mente.
Somos lo que creamos en ella. En
la medida que uno estudie budismo se dará cuenta de esta verdad, de que es una
verdad irrefutable, y de lo beneficioso que es tenerla clara. Las cosas le
saldrán mas fáciles de enfrentar con esta sabiduría.
La ley universal de la causalidad se manifiesta en otras leyes que
regulan por ejemplo el orden moral, es el caso del Karma, la ley expresada como
causa - efecto, que involucra una “retribución moral de las acciones”. A buenas
acciones, resultados o efectos positivos.
Continúa en Mod. 7b