Click a Seguidores

sábado, 31 de octubre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13.

 COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:  Visión de un Sistema Integral (V.S.I.)

 IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13. 

                                       IV. FILOSOFÍA DE LA MENTE.     Mod 5b.

                                                     Continuación del módulo 5a.


      EL YO / COMO IDENTIDAD PERSONAL.

En nuestra experiencia diaria sentimos que hay un yo que piensa, siente, decide y actúa, que además lo  consideramos como estable y permanente a lo largo del tiempo. A partir de esta idea construimos y experimentamos nuestra identidad personal, distinguiéndonos de los demás y reconociéndonos como la misma persona a lo largo de nuestra vida.

¿Pero es tan así lo del yo?

El budismo no niega que exista una identidad convencional con nombre asignado y convencional (p.ej: Maria) para distinguirnos, pero cuestiona que exista un yo independiente, permanente e inherente. Si observamos con atención nuestra experiencia, podemos notar que el cuerpo y la mente (sensaciones, emociones, etc.) cambian constantemente y, así, no podría haber un yo fijo porque todo aquello que reconocemos como parte de nuestra experiencia está sujeto al cambio y depende de muchas condiciones.

Recordemos que los cinco agregados (skandhas) indican precisamente los distintos componentes que participan en nuestra experiencia de seres, donde ninguno de ellos, por sí solo, puede considerarse un yo permanente y tampoco su conjunto constituye una entidad independiente y fija. Por eso, el budismo sostiene que no existe un yo permanente, independiente e inmutable. Lo que llamamos yo surge de la relación entre distintos procesos físicos y mentales, que dependen de múltiples condiciones y se encuentran en constante transformación. El yo, por tanto, no es una entidad separada de estos procesos, sino una que hacemos sobre su funcionamiento conjunto. Nosotros lo identificamos como yo sin saber incluso que es eso.

Esto no significa que la persona no exista, significa que la persona existe de manera condicionada e interdependiente, pero no como una entidad fija e independiente. Una identificación con esa idea rígida del yo genera apego, rechazo, orgullo, miedo e incluso sufrimiento, especialmente cuando intentamos defender aquello que consideramos yo o mío. Al reconocer que el yo depende de condiciones y está en constante transformación, podemos relacionarnos con nosotros mismos y con los demás de una manera mas abierta en lo que es la existencia convencional.

Los cinco agregados permiten comprender fácilmente por qué el budismo cuestiona la existencia de un yo fijo. Considerando los agregdos:

El cuerpo cambia.
Las sensaciones cambian.
Las percepciones cambian.
Las formaciones mentales cambian.
La conciencia cambia.

 Y tampoco encontramos en ellos una entidad permanente e independiente. Aquello que llamamos persona surge de la interacción entre estos mismos procesos.

Usar la palabra yo, no es un error. El problema aparece cuando creemos que existe una esencia rígida que debe ser protegida, defendida y satisfecha en todo momento. El apego a esa idea puede generar sufrimiento. Detrás del yo no hay una esencia o algo que sea el yo. Pero sirve para identificarnos en el ámbito convencional.

¿Para qué sirve comprender que el yo es variable?    

Si entendemos que nuestras ideas, emociones, gustos, capacidades y formas de relacionarnos cambian constantemente, podemos aceptar mejor las cambios de la vida y afrontar las dificultades con mayor flexibilidad; incluyendo el sufrimiento. Y muy importante: nos ayuda a reconocer que los demás seres también cambian.

En definitiva, el budismo enseña que la identidad personal fija y separada es solo una ilusión mental que causa sufrimiento, y que en realidad somos un flujo constante de procesos interrelacionados (de los skandhas). Que dicha  identidad no es un objeto sólido, fijo, sino una serie de momentos cognitivos y pensamientos conectados por causas y condiciones.

“Entre más sólidamente aprehendemos la identidad propia, más sólidos se vuelven nuestros problemas. Una vez le pedí a un entrañable y viejo maestro de meditación de Sri Lanka que me enseñara la esencia del budismo; sólo rio y me dijo tres veces”: “Si no hay yo, no hay problema”. Jack Kornfield. Monje budista. La identidad y la ausencia del yo en el budismo. Revista de la U. de México.

                                                                En dimensión VI analizamos apego- despego / ego – yo.

 

    LA MEMORIA.

La memoria.

La memoria permite conservar y recuperar experiencias del pasado. Desde la perspectiva budista, aquello que recordamos no constituye un yo ni menos permanente, sino que forma parte de un proceso mental cambiante y condicionado. Al recordar, la mente selecciona y trae  experiencias pasadas, pero puede interpretarlas de manera diferente según nuestro estado mental presente (nuestras emociones y creencias actuales influyen en cómo entendemos lo que ocurrió). Por ello, también reconstruye un acontecimiento y puede cambiar nuestra relación con lo vivido sin ser concientes de ello.

No hay que olvidar que desde la perspectiva budista, nuestra experiencia está condicionada por numerosos factores: las sensaciones, las emociones, las percepciones y los pensamientos. La memoria tampoco funciona de manera aislada, lo que recordamos está influido por nuestras experiencias posteriores y por nuestro estado mental presente. Dado esto, podemos llegar a confundirnos en el recuerdo que conservamos, por lo que debemos observarlos con atención. Pudiera darse incluso que en lo original actuamos con ira y tristeza y ahora no.

Desde el mundo de la ciencia, la memoria es importante para el aprendizaje y para la adaptación al entorno. Desde el budismo, sin contradecir lo anterior, también puede comprenderse como una capacidad que nos ayuda a reconocer nuestros hábitos y aprender de la experiencia, favoreciendo el desarrollo espiritual.

La memoria nos permite recordar funciones básicas y rutinas. Si no fuera así, tendríamos que aprender a andar en bicicleta cada vez que la usáramos. También nos permite conservar experiencias, hábitos y formas de relacionarnos con lo que nos rodea, así como aprender nuevas conductas y prácticas. Sin memoria no podríamos recordar las enseñanzas budistas, aprender a utilizar un computador o realizar muchas actividades cotidianas. Gracias a ella podemos modificar nuestros hábitos y adaptarnos a nuevas situaciones.

La memoria tiene un papel importante en el aprendizaje. En el budismo, durante siglos se ha utilizado la repetición oral y la recitación de textos y enseñanzas para conservar y transmitir el conocimiento. La repetición ayuda a mantener presentes determinadas enseñanzas y prácticas. Cuando consideramos algo importante, es más fácil recordarlo posteriormente.

Muchas actividades de nuestra vida diaria dependen de la memoria, como recordar la cita con un médico. La memoria por lo tanto también es importante para la práctica espiritual, pues nos permite recordar las enseñanzas y mantener determinados hábitos y normas en nuestra mente.

Hábitos, virtudes y plasticidad mental.

La práctica budista puede ayudarnos a disminuir algunos hábitos perjudiciales y desarrollar nuestras virtudes. El budismo tibetano presenta diversas prácticas destinadas al desarrollo de la mente, la atención plena y el crecimiento espiritual. Hay estudios científicos que han investigado algunos de estos efectos normalmente beneficiosos. La ciencia ha estudiado la capacidad del cerebro para cambiar a partir de la experiencia. Este fenómeno se conoce como plasticidad cerebral. El aprendizaje, la repetición y la práctica pueden producir cambios en las conexiones neuronales. Para profundizar en este tema, ver el apartado sobre meditación. 

Algunas investigaciones señalan efectos sobre la capacidad de atención, la regulación emocional y la relación entre el cerebro y el cuerpo. Esto no significa que la ciencia este confirmándo con ello las enseñanzas budistas. Sin embargo, permite establecer un diálogo entre la práctica meditativa y el estudio científico de la mente. Este campo de investigación (ciencia y budismo) se desarrolla desde hace varios años y continúa produciendo nuevos y excelentes resultados.                                        

La percepción y la memoria.

En el budismo, la percepción forma parte de los agregados o skandhas que componen nuestra experiencia. Lo que percibimos influye en lo que posteriormente podemos recordar. Por eso, prestar atención a nuestra experiencia puede ayudarnos a reconocer mejor nuestros pensamientos, emociones y hábitos.

De un proceso habitual podemos distinguir: la experiencia: contacto con lo que ocurre mediante los sentidos y la mente. La relación: donde la mente reconoce, compara y vincula la experiencia presente con experiencias anteriores y memoria: que conserva dichas experiencias y permite recordarlas y utilizarlas posteriormente.

Por ejemplo, al ver un árbol, primero tenemos la experiencia de su forma y color. Luego podemos reconocerlo como “árbol” porque lo relacionamos con experiencias anteriores.  En términos budistas, esto también ayuda a entender que nuestra experiencia presente no surge de manera aislada. Está condicionada por experiencias anteriores, hábitos, conceptos y recuerdos.

La mente sutil y el renacimiento.

En el budismo tibetano se enseña que la mente posee niveles sutiles que continúan después de la muerte física. Según esta tradición, la corriente de conciencia continúa su proceso después de la muerte y atraviesa un estado intermedio llamado bardo, antes de un nuevo renacimiento.

Desde esta perspectiva, la continuidad de la mente no se reduce solamente al cuerpo físico.

Vidas anteriores.

Una pregunta que surge naturalmente es por qué no recordamos de manera clara nuestras vidas anteriores. Desde la perspectiva budista, la mayoría de las personas no posee la concentración y el entrenamiento necesarios para acceder a esos recuerdos.

Se enseña que un Buda puede recordar sus vidas anteriores. Las personas comunes no han desarrollado esa capacidad, aunque determinadas prácticas de concentración y meditación pueden favorecer el desarrollo de capacidades mentales especiales.

El significado y el reconocimiento de un tulku.

La palabra tulku pertenece al budismo tibetano. Se utiliza para referirse a un maestro considerado una manifestación o emanación de un practicante con un alto nivel de realización espiritual. El concepto está relacionado con la continuidad de la conciencia y el renacimiento. Un ejemplo conocido es el Dalai Lama que se le relaciona en el budismo tibetano. El Dalái Lama es considerado una emanación de Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión; Chenrezig en tibetano.

En el budismo tibetano existe una tradición para reconocer a un tulku. El proceso puede incluir preguntas relacionadas con la vida del maestro fallecido y el reconocimiento de objetos que le pertenecieron. En algunos casos, este proceso se realiza cuando el posible tulku todavía es un niño.

Dentro de esta tradición, el reconocimiento se interpreta como una señal de continuidad con el maestro anterior y de determinadas cualidades espirituales del mismo.

Síntesis (memoria):

La memoria permite registrar, conservar y recuperar información.

Desde la ciencia, cumple una función esencial en el aprendizaje y en la adaptación al entorno.

Desde el budismo, también ayuda a observar los hábitos mentales, sostener la práctica y avanzar en el camino espiritual.

La meditación puede colaborar con el reconocimiento y la transformación gradual de patrones mentales.

El budismo tibetano agrega una dimensión espiritual al relacionar la memoria con la continuidad de la conciencia y el renacimiento.

SABIDURÍA Y CONOCIMIENTO BUDISTA.

Sabiduría y conocimiento.

Muchas personas relacionan la sabiduría con tener muchos conocimientos y poder responder cualquier pregunta. Desde la perspectiva budista, sin embargo, saber mucho no significa necesariamente ser sabio. La sabiduría tiene más relación con comprender profundamente la realidad y saber cómo actuar frente a ella.

El conocimiento y la sabiduría están relacionados, pero no son lo mismo. Una persona puede tener muchos conocimientos y, aun así, no saber utilizarlos de una manera adecuada. La sabiduría permite comprender mejor una situación y actuar teniendo en cuenta las consecuencias de nuestras decisiones, tanto para nosotros como para los demás.

En el budismo, la sabiduría se relaciona con comprender la naturaleza de los fenómenos. Esto incluye reconocer su impermanencia, interdependencia y vacuidad. La vacuidad no significa que las cosas no existan, sino que no existen de manera independiente, fija y permanente. Todo depende de causas y condiciones.

Esto también se puede aplicar a la idea que tenemos de nosotros mismos. El “yo” puede parecer algo sólido y permanente, pero cambia constantemente y depende de nuestras experiencias, relaciones, pensamientos y circunstancias. Desde esta perspectiva, el yo existe de manera convencional, pero no como una entidad independiente de todo lo demás. Es una convención.

La relación entre sabiduría y compasión (*).

En el budismo, la sabiduría y la compasión se desarrollan juntas. La compasión nos lleva a considerar el bienestar de los demás, mientras que la sabiduría nos ayuda a comprender cómo actuar ante cada situación.

Una buena intención no siempre produce una buena acción. Podemos querer ayudar a alguien y, sin embargo, equivocarnos en la manera de hacerlo. La sabiduría permite reconocer mejor la situación y encontrar una respuesta adecuada. Por eso, compasión y sabiduría se necesitan mutuamente.

El desarrollo de la sabiduría requiere estudio, reflexión, experiencia y práctica. No basta con conocer algunas definiciones sobre la vacuidad, la impermanencia o la interdependencia. Es necesario llevar estas enseñanzas a la experiencia y observar cómo influyen en nuestra manera de pensar y actuar.

El Dalai Lama explica en El corazón de la sabiduría la relación entre el método y la sabiduría. El método se relaciona con la intención de beneficiar a los demás, mientras que la sabiduría permite comprender la naturaleza de la realidad.

En resumen, la sabiduría budista no consiste simplemente en acumular conocimientos. Implica aprender a observar la realidad de una manera diferente y reconocer que todo cambia y depende de causas y condiciones. También implica comprender que las cosas no poseen una existencia independiente y permanente.

Cultivar esta comprensión puede ayudarnos a disminuir el apego y la ignorancia, y a relacionarnos con las experiencias de una manera más clara. Por eso, la sabiduría no es solamente algo que se estudia: también es algo que se desarrolla mediante la práctica.

(*) Fuente base: Dalai Lama, El corazón de la sabiduría y El camino del bodhisattva. Elaboración y paráfrasis a partir de estas fuentes y material de biblioteca personal.

TRANSFORMACIÓN DE LA MENTE Y LIBERACIÓN.

Desde la perspectiva budista, la liberación personal comienza con la transformación de la mente. El sufrimiento no depende solamente de lo que sucede, sino también de la forma en que interpretamos y reaccionamos ante aquello que vivimos, tema detallado al inicio de sufrimiento.

La práctica busca reconocer los estados mentales que generan sufrimiento, como el apego, el avidez y la ignorancia, y desarrollar una manera diferente de relacionarnos con ellos. A través de la atención plena, la comprensión y la práctica, con lo que la mente puede dejar de reaccionar de forma automática.

Esta transformación permite comprender de otra manera la impermanencia, la ausencia de un yo fijo y la relación entre todas las cosas o fenómenos. La liberación, en este sentido, no consiste en escapar de la experiencia, sino en dejar de estar condicionados por las formas de aferramiento que mantienen el sufrimiento.

El camino budista propone así una transformación progresiva de la mente. Al disminuir el apego y la ignorancia, con lo que también disminuyen las causas que mantienen el sufrimiento y se abre la real  posibilidad de alcanzar la liberación.

En la segunda parte de este trabajo sobre el budismo explicamos la forma práctica de lograr el objetivo espiritual. Se desarrollan temas como Meditación y otros.

Se recomienda revisar "estudios científicos de 2025 y 2026" , que hay sobre la conciencia, la percepción, la memoria y la construcción del yo desde el diálogo entre budismo y ciencias cognitivas. 

Fin Filosofía de la Mente (Mod 5a más 5b). Continuar en Mod 6.


sábado, 17 de octubre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5a de 13.

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: Visión de un Sistema Integral (V.S.I.)     IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5a de 13. 

                                IV. FILOSOFÍA DE LA MENTE.     Mod 5a

LA FILOSOFÍA BUDISTA DE LA MENTE está diseñada para entender cómo se forma la experiencia consciente (mental), cómo funciona y cómo se puede mejorar mediante el entrenamiento mental. Entre sus componentes centrales para entenderla, se distingue principalmente como estamos conformados y características propias de la mente:

1.- La teoría de los cinco agregados (skandhas) explica la constitución dinámica de la experiencia personal. Estamos formados por cinco skandhas (agregados): forma (cuerpo y fenómenos materiales), sensación, percepción, formaciones mentales (intenciones, emociones, pensamientos, hábitos, disposiciones mentales en general) y conciencia.

2.- La transitoriedad de la conciencia, entendiendo los estados mentales como eventos fugaces y condicionados. Este es el estado natural de los mismos.

3.- El proceso de autoformación de la "identidad" el que se convierte en un proceso dinámico y cambiante según las condiciones y el entorno, y no en algo fijo como lo percibimos; no hay una esencia fija, pues no existe. Lo que es claro es que esta en constante cambio.

4.- La capacidad de cambiar y mejorar los sentimientos perturbadores a través de la meditación. Lo que confirma que la mente es flexible, moldeable.

Buda nos enseña también que todos podemos despertar pues contamos con la naturaleza de Buda (Bhuddha Dathu), que fue lo que le permitió a él (Sidharta) la Iluminación.    Fuente base: El trabajo de Barbara O´Brien – 08/2018. Se registra en el Pali Tipitika (Pabhassara Sutta, Anguttara Nikaya 1.49-52) - Thanissaro Bhikkhu.                

“En la escuela Yogācāra , particularmente con los maestros Asaṅga y Vasubandhu , también hay profundizaciones e ideas fundamentales:

  •  La conciencia base (ālaya-vijñāna). Es un continuo de semillas o potencialidades kármicas (positivas y negativas) y de los hábitos mentales del ser. A menudo es llamada metafóricamente "conciencia almacén", ya que los almacena.
  •  El esquema cognitivo condicionado que organiza la experiencia. En esta tradición, la experiencia del mundo siempre está facilitada por estructuras cognitivas, hábitos mentales y disposiciones kármicas.
  •  Una visión dinámica o cambiante de la mente, que es un flujo continuo de procesos condicionados y en constante transformación”.                                                                                                                                                 Fuente: Stanford Encyclopedia of, “Yogācāra”, secciones sobre psicología filosófica y ālayavijñāna.

La filosofía mental permite comprender la naturaleza de la mente, la conciencia y los procesos mentales, así como la forma en que los pensamientos, emociones y percepciones condicionan nuestra experiencia. Temas que veremos más adelante. También permite descubrir cómo la mente puede ser entrenada mediante la atención conciente y la meditación, para disminuir el sufrimiento y desarrollar mayor claridad mental y sabiduría.

Por lo tanto, la filosofía de la mente constituye la base teórica para comprender cómo se puede lograr la transformación interna de la persona, allanando el camino para el análisis fenomenológico de la experiencia desarrollado en una siguiente dimensión.

ESTADOS MENTALES PERTURBADORES (KLEŚAS).

El hecho de que permanezcamos en el samsara tiene su explicación. Nuestra mente se ve perturbada por distintos factores mentales que afectan nuestra percepción y nuestra manera de relacionarnos con lo que experimentamos.

Entre otras cosas ello nos impide mantener la tranquilidad, los principios éticos y el ver la realidad de las fenómenos y situaciones que se dan.

Los principales perturbaciones son conocidas como los “venenos mentales”: el apego, la aversión y la ignorancia. El apego surge cuando vemos algo como una fuente de felicidad y lo deseamos. La aversión aparece cuando exageramos las características negativas de aquello que percibimos y queremos rechazarlo. La ignorancia consiste, en esencia, en no reconocer la verdadera naturaleza de los fenómenos, aspecto relacionado con la diferencia entre la verdad convencional y la verdad última.

De estas perturbaciones surgen también otras, como el orgullo, los celos, la vanidad y la duda perturbadora. Estas afectan nuestra paz mental y de seguro pueden convertirse en causas de nuestro sufrimiento. También dificultan el desarrollo de virtudes como la paciencia, el cumplimiento de los principios éticos y la generación de karma positivo. De esta manera, contribuyen a mantenernos dentro del samsara.

Estas perturbaciones aparecen constantemente y afectan nuestra tranquilidad. Muchas veces no sabemos reconocerlas ni controlarlas, por lo que terminamos actuando bajo su influencia perturbadora.

La práctica de la meditación es lo único que puede ayudarnos a reconocer, reducir y transformar estos estados mentales perturbadores. Dentro de la tradición budista se habla de una clasificación de 51 factores mentales. Al trabajar sobre ellos podemos desarrollar mayor paz y claridad mental, junto con cualidades como la compasión y la sabiduría. De esta manera, podemos disminuir las causas del sufrimiento y avanzar en el camino hacia la liberación del samsara.

NIVELES DE CONCIENCIA.

El budismo Mahayana explica la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Estos niveles no deben entenderse como entidades separadas, sino como diversas capas o funciones que operan en conjunto. El modelo de las primeras ocho conciencias se vincula con la escuela Yogācāra. Algunas corrientes posteriores incorporan una novena asociada con la pureza esencial y la naturaleza de Buda.

Las primeras seis conciencias.

Las primeras cinco conciencias corresponden a los cinco sentidos.

1.      La conciencia visual percibe colores y formas (tamaño, brillo y contraste, movimiento, ubicación).

2.      La conciencia auditiva percibe sonidos.

3.      La conciencia olfativa percibe olores.

4.      La conciencia gustativa percibe sabores.

5.      La conciencia corporal percibe sensaciones - por medio del tacto.

Estas conciencias permiten que el mundo exterior entre en contacto con nuestra experiencia interior. Cada una recoge información vinculada con un órgano sensorial y la transmite a la sexta conciencia.   La sexta conciencia es la conciencia mental. Su función consiste en integrar, interpretar y evaluar la información recibida por los sentidos. Gracias a ella podemos reconocer objetos, formar pensamientos, recordar experiencias, imaginar situaciones y tomar decisiones.

Por ejemplo, el ojo capta ciertas formas, colores, tamaño de lo que vemos. El oído registra sonidos. La sexta conciencia reúne estos datos y permite identificar aquello que percibimos. En resumen, las primeras seis conciencias sostienen gran parte de nuestras actividades cotidianas. A través de ellas observamos el entorno, analizamos lo que sucede y respondemos ante cada situación.

La séptima conciencia.

En un nivel más profundo se encuentra la séptima conciencia, llamada manas -vijñána. Esta se relaciona con la construcción del ego y con la idea de poseer un yo individual, fijo y separado de lo demás. La séptima conciencia no depende de un estímulo exterior inmediato. Opera desde nuestra vida interior y se vincula con los juicios, los valores, los conceptos y la interpretación que hacemos de nosotros mismos.

En este nivel surgen el apego a la propia identidad, la arrogancia, la inseguridad, el egoísmo y suma de  conflictos. También aparece la capacidad de reflexionar sobre nuestra conducta, distinguir entre acciones beneficiosas y perjudiciales, y decidir si queremos cambiar nuestros hábitos.                        

La séptima conciencia cumple una función relevante en nuestra vida, nos da una gran visión pero puede llevarnos a interpretar el mundo desde una visión limitada. Por tanto cuando nos aferramos a la idea de un yo aislado, perdemos de vista la relación que existe entre todos los seres y fenómenos.

La octava conciencia.

Bajo la séptima conciencia se encuentra la octava, denominada ālaya-vijñāna. El término ālaya puede traducirse como almacén o receptáculo. Esta conciencia conserva las huellas generadas por nuestras acciones, palabras y pensamientos. En la tradición budista, estas huellas reciben el nombre de semillas kármicas. Cada acción sea positiva o negativa deja una impresión que puede producir efectos similares cuando se presentan las condiciones adecuadas, para que estas semillas maduren. Este “almacén” conserva la energía de nuestro karma.

Las acciones constructivas, como la compasión, el autocontrol y la no violencia, pueden generar efectos beneficiosos. Las acciones destructivas, impulsadas por la ira, la ignorancia o el apego, pueden causar sufrimiento para nosotros y para quienes nos rodean.                                                                                                                                                  La octava conciencia no debe entenderse como un depósito estático. No es un estanque con arena o avena. Se trata de un flujo que recibe nuevas impresiones y manifiesta sus efectos según las causas y condiciones que se presentan. Es razonable concluir que los hábitos, las tendencias y las experiencias previas influyen la forma en que percibimos y enfrentamos la realidad. Si bien pueden surgir efectos en nuestras vidas, continuamente creamos nuevas causas que afectan el flujo de la energía kármica.

Desde la perspectiva budista, las primeras siete conciencias entran en un estado latente tras la muerte. La octava conserva las semillas kármicas vinculadas con la continuidad de la vida a través de los ciclos de nacimiento y muerte.

La “novena conciencia”.

Algunas tradiciones Mahayanas explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Las primeras ocho conciencias se relacionan con el pensamiento Yogācāra. En desarrollos posteriores, presentes también en enseñanzas vinculadas con el budismo Vajrayana, se nomina una novena conciencia: amala-vijñāna; esta es la que representa la pureza esencial de la mente o conciencia plenamente despierta y se asocia con la naturaleza de Buda.

Esta se encuentra libre de todas las impurezas kármicas acumuladas en la octava conciencia y representa la capacidad de transformar incluso las tendencias negativas más enraizadas en positivas o purificarlas.

Despertar esta conciencia permite manifestar sabiduría, compasión, y una felicidad que no depende de las circunstancias externas. La budeidad no es escapar de la realidad ni negar las dificultades de la vida. Las enfrenta desde una condición interior que es capaz de transformar el sufrimiento y generar valor para uno mismo y para los demás.

                     Resumen.

Los distintos niveles de conciencia operan de forma conjunta. Las primeras cinco conciencias recogen información por medio de los sentidos. La sexta la interpreta. La séptima construye la noción del yo. La octava conserva las huellas kármicas de nuestras acciones. La novena representa la capacidad de revelar nuestra naturaleza de Buda.  Nuestra vida interior es muy importante pues cada pensamiento, palabra y acción deja una huella en alaya. Por ello, el cambio personal no depende solo de comprender una idea, sino de cultivar hábitos que nos permitan actuar con mayor sabiduría y compasión.

...  continúa en Mod 5b 

martes, 29 de septiembre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. III EPISTEMOLOGÍA CONOCIMIENTO Mod 4 de 13.

              COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: VISIÓN DE UN SISTEMA INTEGRAl (VSI).

   DIMENSIÓN:   III EPISTEMOLOGÍA: TEORIA DEL CONOCIMIENTO.         Mod: 4 de 13


IGNORANCIA FUNDAMENTAL.

La epistemología, se refiere al estudio filosófico del conocimiento, sus fundamentos, métodos y criterios de validez, y adquiere una dimensión particular desde la perspectiva budista: la ignorancia fundamental (avidyá) que no tiene que ver necesariamente con la falta de información, sino en la profunda distorsión de la percepción de la realidad y de uno mismo. No somos capaces de percibir la realidad tal cual es. Así podemos creer que si alcanzamos tal o cual meta, seremos felices para siempre.

La ignorancia consiste en no reconocer la naturaleza cambiante de todas las cosas: la impermanencia de los fenómenos. Esta comprensión errónea constituye una de las bases del sufrimiento condicionado y de mantenernos en el ciclo del samsara.

SUFRIMIENTO CONDICIONADO

En el budismo, el sufrimiento no aparece sin causas. Surge y se mantiene debido a determinadas causas y condiciones. Donde las consecuencias de estas causas y condiciones se convertirán en causa próxima.

Una de las causas fundamentales es la ignorancia, es decir, no comprender cómo son realmente las cosas. A partir de ella surgen el apego, el rechazo y otras formas de confusión que pueden generar sufrimiento.  

Por eso, el sufrimiento condicionado no significa que todo sufrimiento sea inevitable. Significa que, si cambian las causas y condiciones que lo producen, también puede cambiar el sufrimiento.  Por ejemplo, cuando sentimos ansiedad antes de hablar en público, que es muy común, no existe una causa única. Intervienen distintas causas y condiciones: el miedo a equivocarnos, experiencias anteriores, lo que pensamos que los demás esperan de nosotros, el cansancio y la importancia que le estemos dando al resultado. Cuando estas condiciones se combinan, aparece la ansiedad. Si algunas cambian, también puede cambiar el resultado de nuestra experiencia.

Comprender esto permite observar nuestra experiencia y preguntarnos:
¿Qué está dando origen a este sufrimiento y qué puedo transformar en mi?

LAS PRINCIPALES FORMAS EN QUE CONOCEMOS SON:

o   Percepción ordinaria: conocimiento de los fenómenos mediante los sentidos y la experiencia cotidiana.

o   Inferencia lógica: conocimiento que se obtiene mediante el razonamiento a partir de evidencias o datos que se aceptan como verdaderos.

o   Experiencia directa: es la forma de conocimiento desarrollada por la tradición budista mediante la práctica contemplativa. Es decir, observación atenta de la experiencia tal como ella ocurre, buscando reconocer su naturaleza sin limitarse por conceptos, teorías o creencias.

El budismo desarrolla y profundiza estas formas de conocimiento mediante un análisis racional y contemplativo. La sabiduría analítica examina críticamente nuestras percepciones y creencias habituales acerca de nosotros mismos, los fenómenos y la realidad. Este análisis permite cuestionar las apariencias y comprender racionalmente la naturaleza de lo que experimentamos; y La razón y la experiencia contemplativa se complementan: el análisis racional orienta la comprensión y la meditación permite profundizarla hasta convertirla en experiencia directa. De este modo, determinadas verdades no solo se comprenden conceptualmente, sino que pueden ser realizadas mediante la contemplación.

VACUIDAD = INTERDEPENDENCIA, Y YO.   

En la epistemología budista, vacuidad - interdependencia y yo pueden entenderse como aspectos relacionados con la manera en que conocemos y construimos nuestra experiencia. Esta materia se desarrolló en Ontología desde la visión principal que le corresponde y evitar así la duplicidad temática.

La Vacuidad indica que nada existe por sí mismo ni de manera independiente. Todo depende de causas y de determinadas condiciones. Por eso, las cosas o fenómenos no tienen una esencia fija e inmutable. En este sentido, la vacuidad está relacionada con la interdependencia: todo surge y existe en relación con otras cosas. Por ejemplo, un árbol: depende de semillas, tierra, agua, luz solar, aire y otras condiciones. También puedes recordar el ejemplo que usamos con una planta. La interdependencia muestra que nuestro conocimiento también surge de relaciones y condiciones. Lo que percibimos, pensamos e interpretamos está influido por nuestra experiencia, nuestros conceptos y nuestros estados mentales. En general vacuidad e interdependencia están estrechamente relacionadas.

Desde la perspectiva del yo, también puede ser analizado como una construcción mental. Normalmente tendemos a percibir un “yo” permanente e independiente, pero al observar directamente nuestra experiencia meditativa descubrimos que aquello que llamamos “yo” cambia y depende de diversos factores. Por tanto no es algo fijo ni independiente.

La epistemología budista entonces, no se limita a estudiar qué conocemos, sino también cómo conocemos y cómo nuestras propias construcciones mentales pueden condicionar lo que creemos conocer. La meditación y la experiencia directa que en ella se da, permiten investigar estos procesos y transformar progresivamente nuestra manera de comprender la realidad.

            A CONTINUACIÓN SE DESARROLLA EL TEMA DE :                                                              FUENTES, TRANSMISIÓN Y VALIDACIÓN DEL CONOCIMIENTO.

FUENTES DEL CONOCIMIENTO BUDISTA.

Tipitaka o Tripitaka.

Primero debemos destacar el Tipitaka o Tripitaka (Tipitaka del pali ti ‘tres’ y pitaka ‘cestos, canastas’) (Tripitaka en sànscrito), conocido también como Canon Pali  (Canon: textos en lenguaje pali que constituyen el cuerpo doctrinal budista), representa la colección de los antiguos textos budistas, del cuerpo doctrinal y fundacional del Theravāda y el Mahāyāna. Muchos años después se creó en función principal de estos mismos, el Canon Vajrayāna. El Tripitaka esta compuesto por tres cestos:

▪  Sūtra -pitaka. La canasta que contiene las explicaciones orales y dialogadas.

▪  Vinaya-pitaka. La canasta de la disciplina.

▪  Abhidharma-pitaka. La canasta de lo concerniente al Dharma”

Durante el Primer Concilio Budista realizado como tres meses después de la muerte de Buda, Ananda (ayudante muy cercano de Buda) recitó completo el sūtra Pitaka y Upali el Vinaya Pitaka. Los asistentes aceptaron las recitaciones y se continuó preservando el Dharma oralmente. Durante el reinado del gran Rey Asoka se conservó y se llevó a escrito en hojas de palma, durante el Cuarto Concilio budista, el siglo I a.C. aproximadamente.

El Tripitaka y el cesto de los sutras: Sūtra Pitaka.

Los sutras son textos sagrados que recogen las enseñanzas de Buddha Gautama y aportes de otros grandes maestros budistas, donde muchos de ellos hacen comentarios sobre temas de enseñanzas ampliando las mismas. Estos son parte fundamental de la literatura budista y se relacionan con otros géneros, como los Jātakas (relatos de la vida anterior de Buda), los Avadānas (relatos especiales sobre karma y acciones virtuosas) y los Śāstras (tratados filosóficos y doctrinales), que contribuyen a transmitir, ilustrar y desarrollar las enseñanzas budistas.

A continuación, un resumen de TRES SŪTRAS IMPORTANTES: 

Sutras de la Perfección de la Sabiduría (Prajñāpāramitā sūtra). Estos textos son la base de la filosofía Mahāyana y su tema central es la sabiduría trascendente o prajñāpāramitā. El más famoso de esta colección es el Sutra del Corazón (Explica el concepto de "vacuidad"). Esto significa que nada en el universo existe de forma independiente o permanente; todo está interconectado y en constante cambio.

Sutra del Loto (Saddharmapuṇḍarīkasūtra). Es uno de los textos importantes del budismo Mahāyana asociado al loto que crece en agua turbia pero su flor la entrega pura e inmaculada. Simboliza cómo cualquier ser humano puede alcanzar la iluminación y la pureza en medio de los problemas de la vida cotidiana. Todos tenemos la capacidad de despertar independiente de la situación en que el ser se encuentre. Enseña que todos los caminos espirituales son métodos hábiles que conducen al mismo despertar.

El Sutra de la Guirnalda (Avatamsakasútra). También conocido como el Sutra del Ornamento Floral o sūtra- Buddhavatamsaka. Es uno de los textos más extensos y tan profundo como los anteriores. Describe la visión cósmica indicando que hay mundos, espacio y seres infinitos y un número incontable de Budas. Su filosofía central es la interpenetración (la red de Indra): todos los fenómenos del universo se reflejan y se contienen entre sí. Ayuda a percibir el universo como un todo perfecto donde una pequeña acción afecta al conjunto. Es vida y cosmos. 

Centros de estudio.

La Universidad de Nalanda, situada en el actual estado de Bihar, India, fue uno de los principales centros de enseñanza budista del mundo antiguo. Surgió en el siglo V d. C. y funcionó durante varios siglos, llegando a albergar a miles de estudiantes y maestros. Contaba con una gran biblioteca que guardaba numerosos manuscritos y textos budistas.

Hacia fines del siglo XII, Nalanda sufrió ataques de invasores turcos musulmanes y gran parte de sus manuscritos se perdió en la destrucción. Sus ruinas fueron excavadas durante el siglo XIX.

Muchos siglos después, hace unos 60 años, el Tíbet sufrió otra gran pérdida cultural. Durante la Revolución Cultural china, iniciada en 1966, numerosos monasterios fueron destruidos y muchos textos y objetos religiosos desaparecieron. Esto afectó profundamente la conservación de las enseñanzas y tradiciones budistas tibetanas.

En 2010, el Parlamento de la India aprobó una ley para levantar nuevamente la Universidad de Nalanda. En 2014 recibió a su primera promoción de estudiantes. El Estado de Bihar asignó 455 acres de terreno para el campus universitario en 2011, y las construcciones del nuevo campus se realizaron entre 2017 y 2023. Fuente: Nalanda University, Annual Report.

Hoy las principales universidades del mundo tienen cátedras y cursos sobre budismo. Tambien hay monasterios que enseñan y reciben residentes, junto a centros budistas para estudio y meditación.

TRANSMISIÓN DEL CONOCIMIENTO.

Oral – Memorización. En la época de Buda, este enseñaba a los oyentes vía oral. Enseñaba y después repetían de memoria para ir confirmando y mejorar algùn concepto. En los monasterios esta forma era lo usual para la enseñanza, donde aún hoy se utiliza este método. Hubo cercanos a Buda que repetían la materia casi sin equivocarse, por ejemplo Ananda.

Linaje budista; este permite que se transmita legítimamente la enseñanza. El linaje permite una sucesión de transmisión de enseñanzas, en una cadena ininterrumpida de transmisión y prácticas que va desde el Buda histórico (Siddhartha Gautama) hasta los maestros, practicantes y estudiantes de hoy. Esta sucesión de maestro a discípulo garantiza la autenticidad y pureza del conocimiento espiritual.

Por ejemplo el linaje de la escuela Drikung Kagyu es: Vajradhara trasmitió las enseñanzas a Tilopa que fueron traspasadas a su discípulo, el Mahasiddha Naropa (1016-1100), y fueron sistematizadas como Las Seis Yogas de Naropa, meditaciones que son consideradas como enseñanza esencial en el linaje Kagyu. Naropa transmitió a Marpa (1012–1097), “El traductor” viajó del Tíbet a India para recibir instrucciones y posteriormente volvió al Tíbet y difundió las enseñanzas del Dharma. El discípulo más importante de Marpa fue Jetsun Milarepa (1040-1123). Uno de los grandes yoguis del Tíbet. A través de su perseverancia y habilidad para aceptar todas las circunstancias, logró la profunda realización de la naturaleza de la realidad última. Sus enseñanzas están grabadas en las 100 mil canciones de Milarepa y otras colecciones. Las enseñanzas de Milarepa fueron continuadas por Gampopa (1079-1153), quien a una edad avanzada conoció a Milarepa y practicando bajo su alero recibió y realizó el verdadero significado de las completas enseñanzas. Uno de los discípulos más importantes de Gampopa fue Phagmodrupa Dorje Gyalpo (1110-1170), que a su vez fue el maestro de Kyobpa Jigten Sumgön (1143-1217), quien estableció su propio linaje con el Monasterio Drikung Thil, en el área de Drikung, dando origen así al linaje Drikung Kagyu. Fuente base: Drikung Kagyu.

Iniciación budista. Se incorpora lo que se denomina iniciación budista porque estamos en el lugar para aquellos elementos que transforman y orientan la conducta. Las iniciaciones son requeridas en el budismo para ayudar en el despertar de nuestro potencial de budeidad interior, nuestra Naturaleza Búdica. Se realiza con un maestro calificado que concede permiso para iniciar ciertas prácticas (meditativas) que fomentan que las semillas interiores despierten, crezcan y nos conduzcan al logro final. En dicho momento se esta recibiendo un empoderamiento especifico donde, por ejemplo, se visualiza el Buda Chenrezig por lo que se despiertan semillas de la compasión. En esta iniciación se toman votos y el refugio budista si fuera requerido. Después de recibir el empoderamiento se puede practicar la sadhana correspondiente. Las iniciaciones dependen de cada escuela, pero el objetivo final es el mismo. Esta es una ceremonia sencilla que te convierte en un practicante laico (también hay mas avanzadas). En resumen, se toma refugio en las Tres Joyas y se empodera la persona que recibe energías especificas para que se desarrollen vía la meditación acercándote a la mente de Buda.

PRINCIPIOS DEL CONOCIMIENTO.

Veamos cuales son:

o   Experiencia directa: conocer algo mediante la percepción o experiencia inmediata.

o   Inferencia: llegar a un conocimiento a partir de razones o indicios. Permite obtener un conocimiento a partir de una razón válida y de su relación necesaria con aquello que se concluye, ejemplo usual: sabemos que donde hay humo hay fuego. 

o   Conocimiento válido: distinguir entre lo que conocemos correctamente y lo que surge de una percepción o interpretación equivocada.

o   Relación entre experiencia y conceptos: reconocer que nuestras palabras y conceptos organizan la experiencia, pero no necesariamente muestran la realidad tal como es. Ejemplo: observamos un árbol: la experiencia es la percepcion concreta de ese árbol: su forma , color, tamaño. Luego el concepto árbol lo usamos para identificar dicho arbol y relacionarlo con otros ejemplares que hemos conocido. Esto permite demostrar que la experiencia nos puso en contacto con lo particular y los conceptos nos permiten organizar y generalizar lo que experimentamos.

Con Dignāga y Dharmakīrti, la epistemología budista alcanza un alto grado de desarrollo y refinamiento. Sus aportes permiten profundizar en cómo conocemos, cómo distinguimos el conocimiento válido del error y cómo funcionan los conceptos y el lenguaje.

Entre sus principales aportes están:

  • El conocimiento válido (pramāṇa): desarrollan una explicación sistemática de las formas de conocimiento que pueden considerarse válidas, principalmente la percepción directa (pratyakṣa), entendida como conocimiento directo sin elaboración conceptual, y la inferencia (anumāna), entendida como conocimiento que surge mediante una relación lógica entre una razón y una conclusión.
  • La percepción y el error: analizan la diferencia entre aquello que conocemos directamente y las interpretaciones que la mente construye sobre lo percibido. Esto permite comprender cómo podemos equivocarnos al atribuir a las cosas características que no poseen por sí mismas.
  • La inferencia: explican cómo podemos obtener un conocimiento válido a partir de una relación necesaria entre una razón y aquello que queremos demostrar. Por ejemplo, al observar humo en una montaña podemos inferir la presencia de fuego.
  • Los conceptos y los universales: desarrollan la teoría del (apoha) o exclusión, según la cual los conceptos funcionan mediante la distinción: comprendemos algo también al diferenciarlo de aquello que no es. De este modo, cuestionan la existencia de universales como realidades independientes. Por ejemplo, reconocemos un árbol diferenciándolo de aquello que no es árbol.
  • La crítica de la reificación conceptual: muestran que podemos confundir nuestras categorías y conceptos con realidades que existen por sí mismas. Usamos palabras para organizar y comunicar nuestra experiencia, pero esas palabras no revelan necesariamente la naturaleza última de las cosas. El problema aparece cuando confundimos esas categorías con realidades independientes.
  • Lenguaje y conocimiento: el lenguaje permite comunicar y organizar la experiencia. Sin embargo, las palabras son convencionales y no representan necesariamente una realidad independiente tal como existe en sí misma.

En conjunto, estos aportes profundizan la epistemología budista y ayudan a comprender la relación entre experiencia, percepción, conceptos, lenguaje y conocimiento válido. Fuente base: Stanford Encyclopedia of Philosophy, Dignāga y Dharmakīrti, paráfrasis.

 

LA DUALIDAD Y NO DUALIDAD

Introducción.

Las cuatro tradiciones del budismo tibetano comparten fundamentos filosóficos, entre ellos las enseñanzas de Nagarjuna de la escuela Madhyamaka, conocida como Camino Medio.

Esta la filosofía considera las dos verdades, la verdad convencional que reconoce las diferencias y funciones que utilizamos en la experiencia cotidiana y, la verdad última, que señala que los fenómenos carecen de existencia inherente y surgen de manera interdependiente.

Desde la perspectiva convencional distinguimos entre sujeto y objeto, es decir, entre quien observa y lo que es observado. Esto plantea de inmediato una pregunta: ¿existirá la misma separación en la perspectiva de la verdad última?

Dualidad y no dualidad.

El budismo Mahayana desarrolla prácticas de ética, meditación, compasión y sabiduría orientadas a comprender la realidad con mayor profundidad. En este contexto aparece la no dualidad, entendida como la ausencia de una separación absoluta entre sujeto y objeto.

Las tradiciones del budismo tibetano expresan esta comprensión mediante diferentes enseñanzas y prácticas:

  • Mahāmudrā, el Gran Sello, especialmente desarrollada en las tradiciones Kagyu y en Gelug.
  • Dzogchen, la Gran Perfección, en la tradición Nyingma.
  • Khorde Yerme, la no diferenciación de samsara y nirvana, de la tradición Sakya. Es decir, desde la comprensión de la realidad última, no son dos realidades independientes y separadas.

Nagarjuna indica en su libro (Mūlamadhyamakakārikā) que muchas de nuestras categorías dependen de su relación con aquello que consideramos su opuesto. Por ejemplo, comprendemos lo bueno en relación con lo malo, y lo malo en relación con lo bueno. Algo semejante ocurre con otras oposiciones como: amor y odio, alto y bajo, bello y feo. Estas distinciones son útiles en el ámbito convencional.

La no dualidad.

El término sánscrito advaita significa “no dualidad” y pertenece principalmente a la tradición filosófica hindú. En el contexto budista, la idea de no dualidad se expresa de manera diferente y se relaciona especialmente con la vacuidad y la concepción de la ausencia de existencia inherente.

Desde nuestra percepción habitual tendemos a pensar que existe un “yo” independiente que observa el mundo separado de él. La comprensión de la vacuidad cuestiona esta separación absoluta. Esto no significa que sujeto y objeto sean lo mismo, sino que ninguno existe por sí mismo, de manera independiente de las condiciones y relaciones que los constituyen.

La no dualidad no elimina las diferencias que usamos en la vida cotidiana. Señala que esas diferencias no existen de manera independiente o absoluta.

En las enseñanzas del budismo tibetano, esta comprensión se relaciona con la realización de la naturaleza de la mente y de la realidad, especialmente mediante prácticas profundas de meditación.

La no dualidad comprende entender que:

  • Los fenómenos son vacíos, es decir, carecen de existencia inherente.
  • Surgen de manera dependiente y relacional.
  • No existe un “yo” independiente y permanente.
  • La separación absoluta entre sujeto y objeto no existe de manera inherente.
  • La comprensión de la no dualidad no es solamente intelectual; las tradiciones budistas la relacionan con la experiencia meditativa.
  • La verdad última no consiste en otra realidad separada de la realidad convencional.

La no dualidad no significa que las diferencias desaparezcan en nuestra experiencia cotidiana. Seguimos distinguiendo entre sujeto y objeto, entre una persona y otra, y entre las diferentes cosas que nos rodean.

Sin embargo, desde la perspectiva de la verdad última, no existe una separación inherente y absoluta entre sujeto y objeto. Ambos carecen de existencia independiente y surgen de manera interdependiente. Por ello, la no dualidad no afirma que sujeto y objeto sean una misma cosa, sino que la separación que establecemos entre ellos no existe por sí misma ni es de naturaleza independiente.

Entonces, la no dualidad no significa que dejemos de distinguir entre las cosas, si significa comprender que esas separaciones no son absolutas ni independientes.

Nonduality: A Study in Comparative Philosophy (Humanity Books, 1996), libro del maestro zen David Loy dice:

“El principio central del budismo Madhyamika, que el samsara es el nirvana, es difícil de comprender de otra manera que no sea como una afirmación de las dos formas diferentes de percepción: dual y no dual. La percepción dualista de un mundo de objetos discretos (uno de ellos yo mismo ) que se crean y se destruyen constituye el samsara. Cuando no surgen percepciones dualistas, hay nirvana. Dicho de otro modo, el nirvana es la verdadera naturaleza no dual del samsara”

Resumen

Usamos los términos alto y bajo, grueso y delgado, sujeto y objeto, blanco y negro, que son categorías útiles en ciertos contextos, como para orientarnos en la vida diaria, pero no existen por sí solas ni tienen un significado fijo e independiente. Siempre dependen de una comparación, de un punto de vista y de ciertas condiciones.

La filosofía Madhyamaka no propone eliminar estas diferencias. Enseña a usarlas sin considerarlas verdades absolutas. Son solo formas prácticas de nombrar y ordenar la experiencia, pero no indican que existe una esencia permanente de las cosas. 

Fuente técnica - "La no-dualidad en el budismo tibetano”, escrito por Lama Rinchen Gyaltsen . Paráfrasis y elaboración. Nondualism in mahayana Buddhism, Barbara O´Brien, unpdated on March 9, 2019. + biblioteca personal.       

INDICE GENERAL.

Ignorancia fundamental

avidyá

relación con sufrimiento condicionado

Sufrimiento condicionado

causas y condiciones

Formas en que conocemos

percepción ordinaria

inferencia lógica

experiencia directa

Vacuidad - interdependencia y yo

qué y cómo

Fuentes del conocimiento

tripitaka y más

tres sutras

Trasmisión del conocimiento

oral

linaje

iniciación

Principios del conocimiento

examinar

diferenciar

importancia experiencia

Validación y aporte del Dignaga y Dharmakirti

conocimiento válido

percepción y error

inferencia

los conceptos y los universales

la crítica de la reificación conceptual

Dualidad y no dualidad





 


COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13.

  COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:  Visión de un Sistema Integral (V.S.I.)  IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13.                       ...