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lunes, 21 de septiembre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. II - ONTOLOGÍA DE LA INTER... Módulo: 3 de 11.

      COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: VISIÓN SISTEMA INTEGRAl (VSI).

              II    ONTOLOGÍA DE LA INTERDEPENDENCIA.


La ontología budista estudia la naturaleza de la realidad, en términos de cómo todos los fenómenos están interrelacionados y dependen unos de otros.

Las ideas del budismo al respecto son las siguientes:

           1.- Ningún fenómeno existe realmente por sí mismo o es independiente.

           2.- La creación depende de causas y condiciones a través de la Originación Dependiente. Nada existe por sí mismo, todo fenómeno o cosa surge dependiendo de causas y condiciones.

           3- La realidad es relacional por naturaleza; algo que se construye a través de las relaciones entre elementos o personas y que cambia o evoluciona con el tiempo, en lugar de ser algo fijo, estático o aislado como una entidad independiente. 

Esta filosofía se expresa particularmente en la escuela Mādhyamaka  ( Camino Medio ), fundada por Nagarjuna (siglo II d. C.). Sus principales contribuciones se refieren al desarrollo y profundización doctrinal:

La base de la vacuidad (śūnyatā) (vacío, pero no significa “nada”). Esta implica la ausencia de existencia inherente (no existencia por sí misma), reconoce la interdependencia y también el rechazo de alguna esencia permanente. 

La teoría de dos verdades o realidades: la convencional y la realidad última.

El no esencialismo que sostiene que los fenómenos pueden considerarse poseedores de una naturaleza propia, permanente e independiente. Pero en definitiva, no existe tal cosa como una esencia, una sustancia fija.

El rechazo al nihilismo: pues la vacuidad no significa que nada exista, sino que las cosas no tienen una esencia propia e independiente.

El rechazo al eternalismo (eterno): porque tampoco apoya la existencia de una realidad absoluta, fija e inmutable. No hay nada eterno (excepto el nirvana).

De esta forma, la filosofía budista concibe el llamado Camino Medio, evitando los extremos del eternalismo y el nihilismo, y demostrando que la realidad solo puede entenderse desde la interdependencia. El budismo enseña que todo existe gracias a una red de causas y condiciones: nada existe de forma completamente independiente ni permanece inmutable, igual para siempre. Esta idea se conoce como interdependencia y significa que los fenómenos surgen, cambian y desaparecen en relación con otros fenómenos. Dadas ciertas causas y condiciones, el fenómeno adquiere un resultado (concepto de la causalidad). Estos surgen, cambian y desaparecen en una red de interdependencia.          

Para ilustrar la interdependencia, recordemos un ejemplo bastante común que permite darse cuenta el cómo se esta relacionada con otros, basado en una planta: no existe por sí misma ni porque posea una esencia fija; depende de la semilla, el agua, la luz solar, el suelo y el clima. Si falta alguno de estos elementos, no habrá planta ni flor. 

Otra característica es la existencia condicionada donde los fenómenos no existen por sí mismos ni de manera independiente, sino que surgen y se mantienen en dependencia de causas, condiciones y relaciones. Así, nada existe de manera independiente, permanente o aislada. En el budismo, esta condición se relaciona con el samsara, caracterizado por el nacimiento, la muerte, el renacimiento y el dukkha; la comprensión de esta naturaleza permite avanzar hacia la liberación.

LA VACUIDAD (ŚŪNYATĀ) BUDISTA.

La vacuidad es una de las enseñanzas más profundas del budismo, especialmente en la tradición Mahayana y Vajrayana. Significa que todas las cosas o fenómenos, incluyéndonos a nosotros mismos, carecen de existencia independiente o esencia propia. Esto no quiere decir que nada exista, sino que “nada existe por sí mismo” o por si sólo, separado de las causas, condiciones, percepciones o relaciones que lo hacen posible. Por eso también se entiende como interdependencia o carencia de naturaleza inherente (no tienen existencia per se).

En términos simples, la vacuidad enseña que todo existe solo en dependencia de otras cosas.  Nada tiene una esencia fija o permanente.  Todo está en constante cambio y relación con todo lo demás. Es decir, todo es interdependiente. Veamos un Ejemplo: Una planta no existe por sí sola. Depende del sol, el agua, la tierra, el aire y también de quien la percibe como “planta”. Si quitas esas condiciones, la planta como tal deja de existir. Por eso se dice que la planta es vacía de existencia propia, aunque sigue existiendo de manera convencional. En la realidad convencional la distinguimos como tal, dado su etiqueta.

La misma idea se aplica al “yo”.  El “yo” no es algo fijo ni separado: depende del cuerpo, la mente, los recuerdos, las emociones, el lenguaje y las relaciones.  Por eso, el budismo enseña que “no hay un yo permanente o independiente”, lo cual libera del apego y del sufrimiento. En el fondo, es solo otro convencionalismo, no hay algo que se pueda decir eso es el yo. Este tema del yo se vera mas adelante.

Madhyamaka y Nāgārjuna.

El filósofo indio Nagarjuna (siglo II d.C.) desarrolló la doctrina de la vía media, Madhyamaka, que evita los dos extremos:

Eternalismo: creer que las cosas existen de forma permanente e independiente y el

Nihilismo: creer que nada existe en absoluto.

Nagarjuna enseñó que ambos extremos son falsos, pues las cosas existen, pero solo de manera dependiente. Su existencia es vacía de independencia, no vacía de realidad.

 “Todo lo que surge de causas y condiciones  se explica como vacío. Siendo dependiente, eso es lo que llamamos ‘vacuidad’. Nagarjuna, Mūlamadhyamakakārikā

Comprender la vacuidad no es solo un ejercicio intelectual: es una experiencia directa que transforma la percepción del mundo. En la meditación: el practicante observa cómo pensamientos, sensaciones y emociones surgen y desaparecen constantemente.  Nada es fijo ni puede llamarse “yo” o “mío”.  

En la vida diaria: Comprender que todo cambia permite soltar el apego. Soltar la idea de “mi dolor”, “mi orgullo”, “mi éxito” disuelve el ego y abre paso a la sabiduría de ver que el “yo” y los “otros” están interconectados cultivando además compasión.  Esta comprensión conduce al despertar o iluminación: a ver la realidad tal como es: vacía, interdependiente y llena de compasión.

Nagarjuna lo expresa en el verso 24.19 del Mūlamadhyamakakārikā, señala “que no hay ningún dharma (fenómeno) que no surja de forma dependiente y, por lo tanto, no hay ningún dharma que no sea vacío. Esto significa que todos los fenómenos están vacíos de svabhāva, es decir, de esencia propia. No existen por sí mismos, sino solo en relación con otros fenómenos, con causas, condiciones, partes y conceptos. Existen de forma convencional, pero no de forma absoluta”.

De esta enseñanza se pueden sacar varias conclusiones. Todos los fenómenos surgen en dependencia. Nada existe por sí mismo., por su propio lado. Si algo fuera independiente, no podría surgir, cambiar ni interactuar. Interdependencia y vacuidad apuntan a lo mismo. Decir que algo es interdependiente es decir que está vacío de esencia propia. Los fenómenos funcionan, pero no son absolutos. Producen efectos, cambian y cesan, aunque no tengan fundamento intrínseco. Además, la interdependencia no implica una unidad oculta detrás de todo. No hay un “todo” sólido, son solo relaciones que se dan. En resumen: porque todo surge en dependencia, nada posee naturaleza propia. Y porque nada posee naturaleza propia, todo puede surgir, cambiar y funcionar.

LAS DOS VERDADES O REALIDADES.

La realidad convencional: es la que experimentamos o vivenciamos en el día a día. Corresponde a lo que percibimos a través de fenómenos transitorios que se nos presentan y que cambian según causas y condiciones. Por eso se les llega a comparar con espejismos y sueños. Si bien estos fenómenos parecen reales y tangibles, dependen de múltiples causas y condiciones para que se den. 

Normalmente usamos convenciones o etiquetas para entendernos entre nosotros tales como auto, banco, hijo, Ana,  enfermo, etc. y en esta realidad percibimos las cosas como si fueran sólidas, independientes y estables. Vemos una persona, un árbol, una emoción o incluso nuestro propio “yo” y tendemos a pensar que existen por sí mismos, tal como aparecen. Si observamos con mayor profundidad, descubriremos que nada existe completamente por sí mismo. Recordemos el caso anterior de la planta que depende de una semilla, agua, tierra, luz, temperatura, y otras condiciones para sobrevivir. No podemos encontrar en ella una esencia independiente que exista, le de vida, y separada de todo lo demás. Las cosas o fenómenos existen de manera condicionada; surge según causa y condiciones, donde el resultado servirá luego de causa para que surja otro fenómeno.

La realidad última es la otra perspectiva, la realidad última se explica al llegar a comprender las cosas tal como ellas son realmente, lo que esta más allá de nuestra capacidad actual de comprensión.

Para llegar a entender esta realidad primero debemos comprender que los fenómenos:

  • surgen dependiendo de causas y condiciones,
  • no poseen una existencia independiente,
  • carecen de una esencia propia o permanente.
  • son transitorios.

Cuando el budismo habla de vacuidad (śūnyatā) (Vacío), no está diciendo que las cosas no existan, esta señalando que no existen de la manera independiente ni permanente como suponemos. Cuando logremos sabiduría vía las enseñanzas budistas podremos apreciar las características de los fenómenos, y darnos cuenta de la realidad ultima de los mismos. Pero claro, en esa etapa estaríamos viendo nuestro propio despertar.

Entonces, la realidad convencional se refiere a cómo funcionan y aparecen las cosas en nuestra experiencia cotidiana. El árbol existe, las personas existen, las causas producen efectos / resultados y utilizamos convencionalismos para desenvolvernos en este medio llamado universo, y la realidad última representaría la comprensión profunda de que esos fenómenos no poseen una esencia independiente (que permita la existencia per se) y que existen de manera condicionada y dependiente.

Se debe considerar que no son dos mundos diferentes, sino una misma realidad que se puede ver desde dos niveles o capacidades de comprensión diferentes. Cuando se supere la ignorancia mediante la contemplación y la práctica budista, respecto de como son realmente los fenómenos (todo surge de forma condicionada, son interdependientes, no poseen esencia independiente) lograremos la sabiduría necesaria para estar con la realidad última. Es decir, estaremos despiertos.

Debemos notar que la filosofía budista, especialmente la escuela Mādhyamaka Camino Medio), sostiene que todos los fenómenos son vacíos de existencia inherente. Esto no significa que no existan, según indicábamos, sino que existen de manera dependiente. Lo que permite aclarar el concepto de existencia condicionada. Existencia inherente es entonces el concepto que designa una supuesta existencia independiente y autosuficiente de los fenómenos, rechazada por el budismo al sostener que todo existe de manera dependiente.

Entonces podemos formar una secuencia ontológica, para la naturaleza de los fenómenos:

  • Interdependencia: los fenómenos existen en relación y dependencia unos de otros; nada existe de manera completamente independiente o aislado. Esta idea colabora a entender que no tienen esencia propia.
  • Existencia condicionada: los fenómenos surgen y se mantienen dependiendo de causas, condiciones y circunstancias. Se explica así el porqué dependen.
  • Existencia inherente: se cuestiona la idea de que los fenómenos posean una existencia propia, permanente e independiente de todo lo demás. No tienen existencia per se. No poseen una esencia.
  • Vacuidad (vacío): los fenómenos carecen de existencia inherente; esto no significa que no existan, sino que existen de manera interdependiente. Al analizar la existencia inherente, se comprende que los fenómenos carecen de ella.
  • Dos verdades: la convencional y la última realidad. La verdad convencional en la que los fenómenos funcionan y se relacionan en la experiencia diaria, y la verdad última, que indica la naturaleza vacía de existencia inherente.

                         Continúa ...

INDICE.

- Naturaleza de la Realidad.

- Madhyamaka (Camino Medio). Escuela Nagarjuna.

- Principales aportes de la escuela.

                   Aportes.

- Camino Medio

                  Caracteristicas.

- Secuencia Ontológica para naturaleza de los fenómenos.

- Frase de Nagarjuna.

                          Continúa ...

jueves, 17 de septiembre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. I-DIMENSIÓN EXISTENCIAL. Mód: 2 de 11.

 

UNA COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:  VISIÓN DE UN SISTEMA INTEGRAL.

                                                                                                              Módulo  2 de 11.


 PRIMERA PARTE: ARQUITECTURA FILOSÓFICA DEL BUDISMO.

 Desde el diagnóstico del sufrimiento hasta la comprensión de la   realidad.

Esta parte abarca la naturaleza del sufrimiento, sus causas, la estructura de la realidad y los medios para su transformación.

I - DIMENSIÓN EXISTENCIAL: DIAGNÓSTICO DEL SUFRIMIENTO.

LA VISION.

La filosofía budista parte de la perspectiva de que la existencia condicionada, es decir, nuestra existencia, implica un grado de insatisfacción o sufrimiento (dukkha). Este diagnóstico puede entenderse en tres matices:

El sufrimiento manifiesto implica dolor físico, enfermedad, pérdida, frustración y sufrimiento visible. Los animales también experimentan este tipo de sufrimiento e intentan evitarlo.

El sufrimiento que se asocia con el cambio: es la transformación de las cosas o de los fenómenos mismos. Dado que las experiencias placenteras no son permanentes, y su transformación o desaparición provoca descontento o sufrimiento. 

El sufrimiento estructural: el sufrimiento tiene su origen en la naturaleza misma de los "fenómenos condicionados": al ser compuestos, impermanentes e interdependientes, son intrínsecamente inestables y vulnerables; por lo tanto, la experiencia del bienestar está condicionada por causas y circunstancias específicas, de modo que cuando estas condiciones cambian, esa experiencia inevitablemente cambia o cesa, o si se quiere prolongarla, no se puede, y eso es motivo de sufrimiento.  

Dukkha no se limita al dolor psicológico, sino que apunta a la vulnerabilidad estructural de toda experiencia condicionada, la cual está sujeta a cambios constantes y, por lo tanto, es incapaz de ofrecer una satisfacción completa y permanente.

El sufrimiento no surge de la nada. Depende de causas y condiciones. Una de sus causas principales es la sed o la codicia del ser, entendida como un deseo que se transforma en apego. Queremos poseer algo, conservarlo o evitar perderlo. También deseamos que ciertas personas, situaciones o estados emocionales permanezcan como esperamos.

Existen deseos saludables, como el de aprender, ayudar a los demás o mejorar nuestra propia conducta. El sufrimiento surge cuando creemos que nuestra felicidad depende enteramente de obtener, conservar o controlar aquello que deseamos. Podemos aferrarnos a objetos, relaciones, ideas, opiniones, logros, recuerdos o expectativas, incentivando con ello la aparición del sufrimiento. Creemos que algo, una persona o una situación nos brindará una satisfacción duradera. Sin embargo, todo cambia. Cuando lo que deseamos no llega, surge la frustración. Cuando llega, aparece el miedo a perderlo. Cuando desaparece, sufrimos. En definitiva el apego (Rāga) genera inquietud porque nos lleva a exigir que la realidad se ajuste a nuestras expectativas.

También nos aferramos a la idea de un yo fijo y permanente; nos identificamos con nuestros pensamientos, opiniones, roles y experiencias como si fueran algo sólido. Sin embargo, nuestra identidad cambia con el tiempo. El cuerpo cambia, la mente cambia y las circunstancias cambian. Comprender esto no significa negar nuestra existencia. Significa observar que lo que llamamos yo depende de las causas y condiciones que se den.

Las acciones dañinas también producen sufrimiento. Cuando actuamos por ira, codicia, ignorancia o egoísmo, dañamos a los demás y alteramos nuestra propia mente. La práctica budista nos invita a cultivar acciones saludables, vinculadas a la generosidad, la compasión, la honestidad y el respeto. Es conveniente por lo tanto, distinguir entre necesidades y deseos. El budismo nos llama a contentarnos con lo que tenemos y a tener claras nuestras necesidades.

El sufrimiento es un estado mental que experimentamos como resultado de los “engaños mentales” que surgen desde nuestro interior, desde nuestra mente. Al reaccionar con una mente egoísta o negativa, siempre aparecerá el sufrimiento, porque con esa actitud mezquina generaremos problemas. Para comenzar a revertir esta situación y reducir el sufrimiento, hay que partir por cambiar uno mismo.   Buda (Buddha) nos enseña que el origen del sufrimiento está en el deseo y en el apego (este aparece de inmediato) que el individuo desarrolla hacia las cosas y los seres que observa. Debemos tener presente que el deseo se expresa a través de los seis sentidos, vista, olfato, oído, tacto, gusto y conciencia (mente), donde cada uno aporta lo suyo. Convengamos que, cuando deseamos algo que nos atrae y no lo obtenemos, experimentamos insatisfacción. Esto puede llevarnos al enojo, a los celos y a la avaricia, sobre todo cuando surge el riesgo de perder aquello que valoramos. Se trata de un factor mental perturbador. Al observar un fenómeno, sea un ser, una cosa o un evento, lo considera una causa de felicidad o satisfacción. Así nace la intención de poseer y retener aquello que nos agrada. En ese momento dejamos de apreciar la situación en toda su amplitud o real magnitud, porque aparece una influencia que nos puede llevar a actuar de manera incorrecta, egoísta, imprudente e incluso rencorosa.

La raíz de esta condición de dukkha es avidyā (ignorancia fundamental), entendida como una percepción distorsionada de la realidad que interpreta los fenómenos impermanentes, condicionados e interdependientes como permanentes, independientes y dotados de una esencia propia. Esta ignorancia está representada en los primeros doce eslabones del origen dependiente, ilustrados simbólicamente en la Rueda de la Vida (Bhavacakra), que explica paso a paso cómo surge y se perpetúa el ciclo de sufrimiento característico de nuestra existencia condicionada (Origen Dependiente). En general, estos eslabones representan el proceso por el cual los seres permanecen atrapados en el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento, conocido como samsara (saṃsāra); tema explicado al final de esta dimensión.

Principios importantes involucrados en esta dimensión (considerados en las Cuatro Nobles Verdades):

  • Impermanencia (Anitya): Todo cambia constantemente: las emociones, el cuerpo, las relaciones, las circunstancias, la naturaleza, incluso los pensamientos. Nada es fijo ni perdurable.
  • No-yo (Anātman): el ser humano no tiene un yo permanente.
  • Insustancialidad de los fenómenos o ausencia de esencia propia (nihsvabháva): ningún fenómeno o cosa tiene una esencia fija o permanente (una esencia que le permita vivir).
  • Origen dependiente (Pratītyasamutpāda): todo surge en dependencia de causas y condiciones; nada existe de forma aislada o independiente. Representada en la Rueda de la Vida.
  • Sufrimiento (Dukkha). Las 3 tipos que vimos anteriormente.
  • Posibilidad del cese del sufrimiento: uno puede terminar con el apego, el deseo y la ignorancia, dando lugar a la liberación o despertar del ser.

Con este fin, la filosofía budista parte del análisis de la experiencia, en lugar de partir de supuestos metafísicos. El dilema existencial se aborda mediante las Cuatro Nobles Verdades y su Óctuple Sendero, que es el primer sermón de Buda a los seis compañeros del ascetismo, en el Parque de los Ciervos en Sarnath cerca de Varanasi (India), constituyéndose así en la base de toda la filosofía budista. Estas presentan las enseñanzas que abarcan desde el diagnóstico del sufrimiento humano, pasando por sus causas, hasta la posibilidad de superarlo y el método para concretarlo. Así daba paso al Camino Medio entendido entre el placer de vida de palacio y la mortificación que el mismo tuvo que soportar como asceta. 

Las Cuatro Nobles Verdades son:

1-      Nuestra existencia está condicionada por el sufrimiento (dukkha), 

2-      El sufrimiento tiene una causa que le origina,

3-      Este sufrimiento es posible terminar y

4-      Existe un camino para acabar definitivamente con el sufrimiento. Este es el camino del Noble Óctuple Sendero budista. 

      Este reúne las actividades a desarrollar en la búsqueda del logro final, divididas en tres pilares: Sabiduría, Ética y Meditación (Prajñā, Śīla, Dhyāna).

Desde la perspectiva budista, las características básicas de la realidad se resumen en los Cuatro Sellos del Dharma (Catvāri dharmamudrāṇi) que representan principios fundamentales de esta tradición filosófica. Estos sellos describen las características esenciales de todos los fenómenos, es decir, explican la naturaleza de la  realidad y señalan el camino hacia la iluminación. En la tradición Mahāyāna, se consideran una referencia fundamental para comprender las doctrinas budistas. Por otro lado, en el budismo primitivo y el Theravāda se habla de tres sellos, considerando únicamente los tres primeros.

Comprender los Cuatro Sellos permite enfrentar las dificultades de la vida con una perspectiva basada en la aceptación del cambio, la reducción del apego y el desarrollo de la sabiduría.

Es necesario aclarar que los Cuatro Sellos del Dharma se presentan aquí en la Dimensión Existencial, dado su alcance transversal a todas las dimensiones de la estructura, ya que condensan la visión budista sobre la condición humana y la naturaleza de la existencia: la impermanencia de los fenómenos condicionados, la insatisfacción asociada al apego, la ausencia de una esencia o yo inherente y la posibilidad del Nirvana como liberación, las demás dimensiones se articulan a partir de este núcleo existencial. La ontología profundiza en la naturaleza de la realidad y la existencia, tal como se entienden a través de los sellos budistas; la epistemología examina cómo se conoce y se comprende esa realidad, aunando dicho conocimiento; la filosofía de la mente y la psicología fenomenológica analizan cómo la mente construye la experiencia y el sufrimiento; la ética filosófica y práctica derivan las implicaciones de esta comprensión con los principios de la conducta y la acción correctas; la lógica y el lenguaje exploran los límites de la conceptualización y la expresión de estos principios; la antropología reconsidera o reinterpreta la naturaleza del ser humano desde la idea del no-yo, es ¿qué es el ser humano desde la perspectiva budista?; la meditación es el método contemplativo para investigar y realizar experiencialmente los principios de los sellos; y la sabiduría y el nirvana expresan la comprensión profunda de la realidad tal como es, donde el nirvana representa la culminación del camino a través de la liberación (o la meta del camino budista). De esta manera, esta visión existencial actúa como un eje articulador que otorga coherencia sistémica a las diferentes dimensiones de la filosofía budista que apreciaremos.

      Los cuatro sellos son los siguientes.

  •   Todos los fenómenos condicionados son impermanentes.
  •   Todos los fenómenos contaminados por el apego son sufrimiento.
  •   Todos los fenómenos carecen de existencia inherente (existencia per se).
  •   El nirvana es la paz.

Estos sellos nos brindan criterios para comprender la realidad tal como es, basado en los fenómenos indicando, en primer lugar, que los fenómenos son impermanentes (y por lo mismo nos provocan sufrimiento; si no fuera así serian permanentes y no habría cambios), están marcados por la insatisfacción (dado el apego que se produce con el fenómeno sufrimos pues todo cambia, no hay ninguna satisfacción duradera) carecen de un yo permanente (estimamos que existe un yo) y que el nirvana (Nirvāṇa) es la liberación del sufrimiento, es decir, la liberación del condicionamiento generado por la ignorancia y el apego. El nirvana se describe tradicionalmente como paz suprema.

Los fenómenos son condicionados pues surgen de causas y condiciones. Una planta surge porque hay una semilla, agua, tierra, luz solar, aire, etc. Sino fuera así no nace ni viviría. Y luego sera causa para otro surgir, dado su semilla.

                          La Relación de los Cuatro Sellos con las Cuatro Nobles Verdades las podemos apreciar definitivamente dado las siguiente relaciones que se pueden desprender:

1.      La primera Noble Verdad reconoce la existencia del sufrimiento.

2.      La segunda identifica las causas.

3.      La tercera anuncia que se puede poner fin al sufrimiento.

4.      La cuarta presenta el camino para alcanzar la liberación.

Entonces entran en juego dado los sellos, los primeros tres conceptos conocidos como las tres características de la existencia o la naturaleza de la existencia que nos producen, como deciamos, insatisfacciones

- la impermanencia (anicca), 

- el sufrimiento o la insatisfacción (dukkha) y 

- la ausencia de un yo (anatta). 

El desconocimiento o falta real de claridad de estos elementos nos alimentan el apego, la ira y la ignorancia, y por lo tanto, sufrimiento (apego, ira e ignorancia son conocidos como los tres venenos de la mente pues nos hacen sufrir, los que apreciara mas adelante en el tema: trastorno mental.

Las características de la existencia están presentes en todos los fenómenos condicionados, que al no comprenderlas, sufrimos. Comprenderlas implica desarrollar sabiduría, mejorar nuestra vida y dar pasos concretos hacia la liberación o el despertar del ser humano. Al no comprenderlas nos mantendremos en sufrimiento.

LAS CUATRO NOBLES VERDADES : ENSEÑANZAS BASE DEL BUDISMO.

A través de las Cuatro Nobles Verdades, Buda explicó la naturaleza del sufrimiento, sus causas y la posibilidad de liberarnos de él. Esta enseñanza es trascendental para entender el budismo.

Estas enseñanzas no buscan transmitir una visión pesimista de la vida. Su propósito es ayudarnos a reconocer aquello que genera malestar para aprender a relacionarnos con la existencia de una forma más sabia.

Recordemos las Cuatro Nobles Verdades:

1-      Nuestra existencia está condicionada por el sufrimiento (dukkha), .

2-      El sufrimiento tiene una causa que le origina,

3-      Este sufrimiento es posible terminar y

4-      Existe un camino para acabar definitivamente con el sufrimiento. Este es el camino del Noble Óctuple Sendero budista.

Las Cuatro nobles verdades nos entregan principios muy importantes que se desarrollaran a continuación. Hay casos en que se hace una alusión menos significativa pues aparecen desarrolladas en la dimensión adecuada como lo es el Óctuple Sendero y los agregados.

LA PRIMERA NOBLE VERDAD. 1. La existencia esta condicionada por el sufrimiento.

La Primera Noble Verdad nos invita a reconocer la presencia del sufrimiento y de la insatisfacción en nuestra experiencia. Nacer, envejecer, enfermar y morir forman parte de la vida. También sufrimos cuando perdemos algo que valoramos, cuando no obtenemos aquello que deseamos o cuando atravesamos una situación que no queremos vivir.

Una decepción puede causarnos dolor.
Una enfermedad puede generar temor.
La pérdida de una persona cercana puede producir tristeza.
El fin de una etapa agradable puede dejarnos una sensación de vacío.

Incluso los momentos felices pueden contener cierta fragilidad porque sabemos que no durarán para siempre. Reconocer esto no significa negar la belleza de la vida. Tampoco implica vivir con desánimo.

La práctica budista nos invita a observar que el sufrimiento existe y que posee causas. Solo cuando reconocemos un problema podemos comenzar a trabajar sobre él.   Paráfrasis.

La existencia tiene sus propias características.

El budismo enseña que los fenómenos condicionados poseen ciertas características que debemos comprender a cabalidad.

Estas son:

·        la impermanencia.

·        la insatisfacción o sufrimiento.

·        la ausencia de un yo fijo e independiente.

Estas características suelen estudiarse como rasgos centrales de la existencia condicionada. No siempre resulta difícil entenderlas como ideas. El desafío consiste en incorporarlas a nuestra vida diaria.

Podemos saber que todo cambia y, aun así, sufrir cuando cambia aquello que amamos. Podemos saber que una emoción es pasajera y, aun así, creer que durará para siempre. Podemos saber que nuestra identidad se transforma con el tiempo y, aun así, aferrarnos a una imagen rígida de nosotros mismos.

La práctica budista busca que esta comprensión no quede limitada al plano intelectual.

La impermanencia.

La impermanencia indica que todo fenómeno condicionado está sujeto al cambio. Que nada permanece idéntico a sí mismo para siempre.

El cuerpo cambia.

Las células cambian.
La mente cambia.
Las emociones cambian.
Las relaciones cambian.
Las circunstancias cambian.
Las ideas cambian.

Un árbol no es igual hoy que ayer. Aunque no siempre lo notemos, el viento, el agua, la luz y el paso del tiempo lo transforman.  Lo mismo ocurre con nosotros. No somos la misma persona que éramos hace diez años. Tampoco somos la misma persona que éramos hace algunos meses.

Nuestro cuerpo cambia. Nuestros pensamientos aparecen y desaparecen. Nuestras emociones surgen, permanecen durante un tiempo y luego se transforman.

La impermanencia no es algo negativo en sí mismo.

Gracias al cambio podemos aprender.
Podemos sanar.
Podemos abandonar hábitos dañinos.
Podemos superar una etapa dolorosa.
Podemos desarrollar sabiduría y compasión.

¿Se imagina qué ocurriría si no cambiáramos? ¿Si las cosas nunca cambiaran?

El sufrimiento aumenta cuando deseamos que aquello que cambia permanezca intacto. Nos aferramos a una persona, una emoción, una etapa de la vida o una imagen de nosotros mismos. Cuando aquello se transforma, sentimos que la realidad nos ha fallado.

Comprender la impermanencia nos ayuda a relacionarnos con la vida con menos rigidez y mayor serenidad. No se trata de dejar de amar. Se trata de amar sin pretender que todo permanezca igual para siempre.

La ausencia de un yo fijo.

Otra enseñanza central del budismo es la ausencia de un yo fijo, independiente e inmutable.

En la vida diaria usamos palabras como yo, persona o individuo. Estas palabras son necesarias para comunicarnos. Sin embargo, el budismo nos invita a observar que aquello que llamamos yo no existe de forma aislada. Dependemos del cuerpo, del alimento, del aire, del agua, de nuestras relaciones, de la educación recibida, de nuestras experiencias y de muchas otras condiciones.

También cambiamos a cada instante.

Nuestros pensamientos cambian.
Nuestros recuerdos cambian.
Nuestro cuerpo cambia.
Nuestras opiniones cambian.
Nuestros estados emocionales cambian.

Por ello, el budismo cuestiona la idea de un yo sólido que permanece igual durante toda la vida. Esto no significa que no existamos. Significa que nuestra existencia depende de múltiples procesos relacionados entre sí.

El yo puede entenderse como una forma útil de nombrar ese conjunto cambiante de procesos físicos y mentales. Como una etiqueta para poder entendernos.

El sufrimiento aumenta cuando nos aferramos a una imagen rígida de nosotros mismos.

·        yo siempre he sido así.

·        esta opinión me define.

·        este dolor nunca terminará.

·        necesito que los demás reconozcan quién soy.

La práctica nos ayuda a observar que esas ideas también están sujetas al cambio. Por suerte que cambian.

La insatisfacción o sufrimiento.

La insatisfacción se relaciona con la dificultad de encontrar una seguridad duradera en fenómenos que cambian. Muchas veces buscamos felicidad en objetos, relaciones, logros o experiencias. Cuando obtenemos aquello que queríamos, podemos sentir alegría. Sin embargo, esa satisfacción suele depender de causas y condiciones.

Un objeto puede romperse.
Una relación puede cambiar.
Una emoción agradable puede terminar.
Un logro puede dejar de parecernos suficiente.

El problema no está en disfrutar aquello que tenemos. El problema aparece cuando exigimos que una experiencia temporal nos entregue una satisfacción permanente. Comprender esto nos permite valorar la vida sin aferrarnos a ella con desesperación.

Tres formas de sufrimiento.

Que ya vimos en introducción. En las distintas tradiciones budistas se explican tres formas de sufrimiento. Recordemos:

1. El sufrimiento evidente.

2. El sufrimiento asociado al cambio.

3. El sufrimiento estructural.

Los Cinco Agregados.

Un tema importante del budismo pues nos define como personas. El budismo analiza aquello que llamamos persona a través de cinco grupos o agregados. Estos agregados no deben entenderse como partes aisladas. Actúan de forma relacionada y se encuentran sujetos al cambio.

                                              Este tema se explica en la dimensión VIII Antropología.

Una enseñanza para la vida diaria: de la primera Noble Verdad.

La Primera Noble Verdad no busca que vivamos con temor. Busca que observemos nuestra experiencia con honestidad. Cuando comprendemos que todo cambia, aprendemos a valorar el presente. Cuando reconocemos que nuestras emociones son pasajeras, dejamos de identificarnos por completo con ellas. Cuando observamos que nuestra identidad no es rígida, descubrimos que podemos aprender y transformarnos. Cuando dejamos de exigir una felicidad permanente a cosas que no pueden entregarla, disminuirá nuestra frustración.

La práctica budista no consiste en escapar de la vida. Consiste en comprenderla con mayor claridad para vivir con más sabiduría, compasión y libertad interior.

La insustancialidad: no hay una esencia fija y permanente,

No existe una esencia que les permita vivir a los fenómenos, surgen de causas y condiciones. No hay una esencia fija y permanente para este proceso, sino causas y condiciones.

Origen dependiente o condicionado.

Una planta surge por una semilla necesitando además tierra, agua, aire, calor etc. para subsistir. Si alguno de estos elementos falla, lo mas seguro que la planta muera. Esta planta se convertirá en causa para una próxima planta: por su semilla. La Rueda de la vida explica en su primer anillo en forma muy clara este concepto..

LA SEGUNDA NOBLE VERDAD: el sufrimiento tiene una causa que le origina.

El sufrimiento no surge de la nada. Depende de causas y condiciones. Una de sus causas principales es la sed o la codicia, entendida como un deseo que se transforma en apego. Queremos poseer algo, conservarlo o evitar perderlo. También deseamos que ciertas personas, situaciones o estados emocionales permanezcan como esperamos que estén.

El problema no reside en ningún tipo de deseo. Existen deseos saludables, como aprender, ayudar a los demás o mejorar nuestra conducta. El sufrimiento surge cuando creemos que nuestra felicidad depende enteramente de obtener, conservar o controlar aquello que deseamos. Grave error , la felicidad no la pueden entregar las cosas, ellas no tienen ese privilegio.

Podemos aferrarnos a objetos, relaciones, ideas, opiniones, logros, recuerdos o expectativas. Pero, creemos que algo, una persona o una situación nos brindará una satisfacción duradera. Sin embargo, todo cambia. Cuando lo que deseamos no llega, surge la frustración. Cuando llega, aparece el miedo a perderlo. Cuando desaparece, sufrimos.

El apego genera inquietud porque nos lleva a exigir que la realidad se ajuste a nuestras expectativas.

También nos aferramos a la idea de un yo fijo y permanente. Nos identificamos con nuestros pensamientos, opiniones, roles y experiencias como si fueran algo sólido. Sin embargo, nuestra identidad cambia con el tiempo. El cuerpo cambia, la mente cambia y las circunstancias cambian.

Comprender esto no significa negar nuestra existencia. Significa observar que lo que llamamos yo depende de múltiples causas y condiciones.

Las acciones dañinas también producen sufrimiento. Cuando actuamos por ira, codicia, ignorancia o egoísmo, dañamos a los demás y alteramos nuestra propia mente. Por lo tanto, la práctica budista nos invita a cultivar acciones saludables, vinculadas a la generosidad, la compasión, la honestidad y el respeto.

Es conveniente distinguir entre necesidades y deseos. Todas las personas necesitan condiciones básicas para vivir con dignidad, como alimentación, vivienda, atención médica y refugio. Reconocer el apego no significa ignorar estas necesidades ni justificar la desigualdad.

La práctica consiste en observar cuándo un deseo responde a una necesidad real y cuándo surge de una insatisfacción que nunca desaparece.

3. TERCERA NOBLE VERDAD: El sufrimiento es posible terminar

La Tercera Noble Verdad afirma que el sufrimiento puede disminuir e incluso cesar.

Esto ocurre cuando se debilitan y abandonan las causas que lo alimentan, como el apego, la codicia y la ignorancia.   No se trata de reprimir las emociones ni de escapar de la realidad. Se trata de comprender de dónde provienen nuestras reacciones y aprender a relacionarnos con ellas de una manera diferente.

Cuando dejamos de aferrarnos con tanta fuerza a nuestros deseos, opiniones y miedos, la mente encuentra una mayor libertad. La paz no depende únicamente de que cambien las circunstancias externas. También depende y principalmente de transformar nuestra forma de ver, sentir y actuar.

El budismo enseña que es posible avanzar hacia una profunda liberación del sufrimiento mediante el cultivo de la  sabiduría, la ética y la parte mental. Este proceso requiere estudio, observación, práctica y paciencia.

4. CUARTA NOBLE VERDAD. Existe un camino para acabar definitivamente con el sufrimiento. Este es el camino del Noble Óctuple Sendero budista.

La Cuarta Noble Verdad enseña que existe una manera de trabajar en las causas del sufrimiento. Este camino se llama el Noble Óctuple Sendero. Sus componentes se relacionan entre sí y se refuerzan mutuamente. El sendero (8 etapas) está dividido en tres áreas de enseñanzas.

A- sabiduría.

B- conducta ética.

C- disciplina mental.

                              Este tema del Óctuple Sendero se desarrolla en Ética Práctica, IX dimensión.

LA RUEDA DE LA VIDA.

La Rueda de la Vida (Bhavacakra) es una representación simbólica de la existencia condicionada dentro del samsara (saṃsāra), es decir, el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento al que permanecen sujetos todos los seres mientras exista ignorancia y apego. Esta imagen es utilizada dentro del budismo como una enseñanza visual acerca del sufrimiento, las causas que lo originan y la manera de liberarse de él mediante la comprensión del Dharma.

La rueda se encuentra sostenida por Yama, señor de la muerte, quien simboliza la impermanencia y el carácter transitorio de toda existencia condicionada. Dentro de la rueda aparecen distintos círculos concéntricos que representan las causas del sufrimiento, los diferentes estados de existencia y el proceso continuo del renacimiento.

Vemos que el señor de la muerte rodea con sus extremidades esta gran rueda que contiene los círculos concéntricos y sus dos brazos y piernas aparecen alrededor representando las tragedias de nacimiento, la vejez, la enfermedad. Las calaveras que le cuelgan a Yama nos recuerdan la mortalidad y la impermanencia. Algunos malas tienen incluso una o más figuras de calaveras recordando la muerte.

En la esquina superior izquierda, sobre Yama, esta la luna que representa a la Tierra Pura y/o la iluminación. Esto demuestra que se puede renacer en una tierra pura como la de Amitabha, quedando fuera de la existencia cíclica. En la esquina superior derecha esta la imagen de Buda señalando la luna como la salida de la existencia cíclica, vía la práctica del despertar. 

El primer circulo abrazado por él, es el sistema de los doce eslabones o nidanas (nidos).

El círculo exterior: los 12 nidanas.

El círculo exterior representa los 12 nidanas o eslabones de la originación dependiente, que explican cómo surge y se perpetúa el sufrimiento dentro del saṃsāra. Cada nido tiene un nombre y está representado por una imagen simbólica. Las nidanas son:

1.- Ignorancia.

Indicando que existe ignorancia respecto al Dharma y la verdadera naturaleza de la realidad. En el budismo, se distingue una realidad convencional, la que percibimos a diario, y una realidad última, cuya comprensión requiere un mayor desarrollo espiritual.

Un ciego representa esta condición, ya que no puede ver la verdad y tiene una comprensión limitada de la realidad. La ignorancia favorece la ilusión de un yo permanente.

2.- Formaciones kármicas.

Según la ignorancia, surgen acciones, impulsos volitivos y karmas positivos, negativos o neutros que dan forma al karma futuro (Karma contenido en la conciencia sutil que se trasladó desde la muerte).

Un alfarero que crea artesanías con agua y arcilla simboliza la fuerza creativa de las actividades volitivas, capaces de moldear el futuro del ser. Las fuerzas volitivas del pasado condicionan una nueva existencia. La consciencia surgirá en dependencia de estas actividades.

3.- Conciencia.

Surge un nuevo flujo de conciencia condicionado por el karma, que se introduce en una matriz femenina elegida.

Un mono que salta incontrolablemente de una rama a otra simboliza una conciencia inquieta y básica, asociada a los sentidos. Algunos maestros señalan que la conciencia surge cuando el espermatozoide y el óvulo se unen. La conciencia sería el impulso inicial a partir del cual nace el organismo psicofísico.

4.- Nombre y forma.

La consciencia comienza a tomar forma.

Tres hombres en una barca representan el cuerpo, la palabra y la mente. Los skandhas o agregados se despliegan lentamente en la matriz. Las energías volitivas se unen a las energías físico-biológicas para iniciar la formación de un nuevo ser humano.

5.- Las seis fuentes o los seis sentidos.

El ser entra al mundo para experimentar e interpretar sus impresiones del entorno.

Una casa con seis ventanas simboliza los cinco sentidos y la mente. Gracias a estos es posible percibir el mundo exterior y, según esta percepción, surge el contacto.

6.- Contacto.

Se establece contacto con el mundo de los objetos.

Los amantes simbolizan el encuentro entre la mente y el mundo exterior. El contacto psicofísico interactúa con los objetos y, dependiendo de estas impresiones sensoriales, surge la sensación.

7.- Sensación.

Se experimentan las percepciones del mundo de los objetos.

Un hombre con una flecha en el ojo representa la intensidad de las sensaciones, que pueden ser placenteras, dolorosas o neutras. El placer y el dolor se experimentan en distintos grados. De la sensación surge el deseo.

8.- El deseo.

La percepción genera deseo o sed.

Un hombre bebiendo simboliza la sed de vivir y el deseo que embriaga al ser. De los objetos deseados surge el apego.

9.- El deseo de apego.

llegamos al aferrarse: a la vida y a los objetos.

Un mono aferrado a un árbol frutal representa el apego a los placeres sensoriales, las opiniones, los dogmas y otros condicionamientos de la existencia. Del apego surge el devenir.

10.- El devenir.

El proceso kármico del devenir existencial conduce a una nueva existencia.

Una mujer embarazada simboliza el surgimiento de una nueva vida condicionada por el karma.

11.- Renacimiento.

Aquí ya tiene lugar el nacimiento.

Una mujer que da a luz representa el renacimiento en el ámbito determinado por el karma acumulado. Esta nueva vida constituye la condición para la aparición de la vejez y la muerte.

12.- Vejez y muerte.

Todo nacimiento inevitablemente conduce a la vejez y la muerte. Un anciano carga un cadáver: simboliza la naturaleza transitoria de toda existencia condicionada. Impermanencia.

Todos los seres que permanecen atrapados en el ciclo del samsara experimentarán sufrimiento debido al origen condicionado de los doce nidanas. La liberación solo se alcanza comprendiendo la realidad, abandonando la ignorancia y siguiendo el camino enseñado y descubierto por Buda.

Luego, más el interior aparece el círculo: los seis reinos.

En este círculo estan los seis reinos de existencia dentro del samsara, donde los seres pueden renacer según su karma:

1. Reino de los dioses.

2. Reino de los semidioses.

3. Reino humano.

4. Reino animal.

5. El reino de los espíritus hambrientos.

6. Reino del infierno.

Cada reino simboliza estados de existencia marcados por diferentes formas de sufrimiento, ignorancia y apego. Estos se explican en detalle en el tema Samsara que viene a continuación.

Los distintos Budas que aparecen en la Rueda de la Vida simbolizan la salvación de cada uno de los estados de conciencia que allí se presentan. Avalokiteshvara, el Buda de la compasión, observó desde lo alto los seis reinos y decidió salvar a los seres de tales sufrimientos; por lo tanto, una imagen de este Buda aparece en cada reino.

Los seres irán tomando renacimiento uno tras otro en alguno de los seis reinos que se muestran dependiendo de su ignorancia, ira y apego. Se entiende que se da nacimiento una y otra vez, a las criaturas de los seis tipos de existencia: dioses o devas, asuras o semidioses, seres humanos, animales, espíritus hambrientos o pretas, y moradores del infierno o narakas. Cada uno de los mismos es representado en el segmento circular de la Rueda (los seis reinos).

El círculo del karma.

Este círculo representa el karma y el movimiento de los seres dentro de la existencia. Generalmente se divide en dos mitades (son dos mitades en que en una suben seres y en otra bajan seres):

Una parte clara o luminosa, donde los seres ascienden a estados más favorables debido a acciones positivas.

Una parte oscura, donde los seres caen en estados inferiores de sufrimiento como resultado de acciones negativas.

Este círculo enseña que las acciones físicas, verbales y mentales producen consecuencias que condicionan las experiencias futuras. 

El círculo más interno y último.

En el centro de la rueda aparecen tres animales que representan los tres venenos, considerados las principales causas del sufrimiento y del ciclo samsárico:

El cerdo , que simboliza la ignorancia.

La serpiente , que representa el odio (o la aversión).

El gallo , que simboliza el deseo (o el apego).

Estos tres venenos se encuentran mordiéndose la cola entre sí, lo que indica que se alimentan mutuamente y mantienen a los seres atrapados en el samsara. La ignorancia engendra deseo y rechazo; a su vez, el deseo y la aversión refuerzan la ignorancia.

Estos tres animales se muerden la cola entre sí formando un círculo que genera nuevos deseos. Son, en sí mismos, las principales causas de una existencia sin iluminación. Representan los tres venenos que nos impiden salir del samsara (deseo, odio e ignorancia) y que son la raíz de todos los klésas, emociones negativas que se nos presentan en la vida. Se unen mordiéndose la cola, lo que ilustra que el deseo, el odio y la ignorancia están relacionados y se potencian mutuamente, y forman parte de la mayoría de los estados mentales negativos, ya que se componen de mezclas basadas en estos tres.

Recuerda que el deseo de "poseer" solo sirve para fortalecer nuestro ego y siempre será perjudicial. Esto no significa que algunos deseos puedan ser positivos, como el de que alguien se mejore.

La generosidad reemplaza el deseo y el apego, por lo que siempre se debe cultivar la actitud de dar.

El amor ahuyenta y disipa el odio . Un buen antídoto es la paciencia. Debe cultivarse mediante la meditación y también trabajando en nuestras relaciones con los demás. 

La sabiduría reemplaza a la ignorancia . Siguiendo el camino budista, la Cuarta Noble Verdad permitirá al ser humano ampliar su visión y ser más consciente de sí mismo, evitando actuar torpemente o de forma inapropiada, y permitiéndole ser consciente de sus emociones.

SAMSARA.  SAṂSĀRA.

Este término se refiere al ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, con todo lo que este comprende, incluidas las alegrías y descontentos que nos presenta.

Una característica del samsara, es la naturaleza de los fenómenos cuyos vínculos, que no captamos mentalmente en su real magnitud, son razón suficiente por sí mismos para que nos generen angustia. Otro rasgo que también nos condiciona la existencia en el samsara, es todo lo se nos inculca y aprendemos en nuestra vida abarcados los dictámenes de nuestra sociedad (considérese dogmas, prejuicios, conocimiento, experiencias etc.), bases suficientes para que nuestros pensamientos y sentimientos oscilen entre felicidad e insatisfacción.

El samsara nos hace suponer a cada momento del día que “en ella se encuentra la felicidad y que ésta se concreta complaciendo nuestros deseos”, y nosotros, como estimamos que es verdad, generamos apego con la vida terrenal y nos afanamos en ese objetivo. Pero dicha afirmación no es correcta, y por lo tanto, se generan preocupaciones que son producto nada más que de nuestro aferramiento al yo. Todo esto nos ofrece un círculo vicioso, donde por la situación expuesta nos mantenemos padeciendo sufrimientos y mientras seamos personas que no logremos desprendernos de las causas del mismo, como el “aferramiento propio”, seguiremos bajo el ciclo de renacimientos.

En el samsara, existen seis reinos donde se puede renacer: son tres reinos de existencia inferiores y tres superiores. Los inferiores como se podrá deducir, no son los preferidos para vivir. Ellos son el reino animal, el de los espíritus ávidos o hambrientos y el de los infiernos, donde este último es el peor para subsistir dado a que priman sentimientos de ansiedad y agresividad además del calor o frío extremo que se hace sentir.

En el de espíritus ávidos nada de comer o beber les satisface, siempre necesitan más, tienen hambre o sed,  dado que el sistema digestivo no procesa los alimentos ni los bebestibles razón por la que siempre tienen hambre y sed. En el reino de los animales, los seres están con instintos primarios pensando en comer, dormir y reproducirse, y de que no sean comidos por los otros animales. Nada de favorables y deseables estos reinos menores.

Los reinos superiores son el humano, el de los semidioses y el de los dioses. En el de los humanos los seres van tras sus deseos creyendo que así serán felices. En el de semidioses los seres se pelean entre ellos ya que viven de sospechas y celos. Tienen celos de los dioses y sufren porque desean el poder. Los dioses por otro lado viven contentos y con bienestar en un reino de belleza. Dado que tienen apego a los placeres, “agotan los méritos acumulados” que les permiten el bienestar, por lo que en algún momento de seguro deben reiniciar el ciclo del samsara.

Las acciones que uno realiza durante la vida tienen directa relación con el reino que a uno le tocará vivir, dado que generar karma positivo o negativo induce a renacer en algún lugar específico del samsara. Si durante la vida se produce karma negativo, se está colaborando a renacer en los reinos inferiores, por el contrario, el buen karma que está relacionado con las acciones positivas que uno realiza, más las acciones de purificación de karma negativo, colaboran a renacer en los reinos superiores.

Finalmente es conveniente resaltar que solo en el reino de los seres humanos se tiene la posibilidad de eliminar el sufrimiento, superarse espiritualmente y, por tanto, escapar del ciclo del samsara. La forma de escapar del ciclo samsarico, es consiguiendo la liberación del sufrimiento y sus causas, alcanzando el nirvana o liberación personal a través de las enseñanzas que nos indica Buda (Especialmente en su Cuarta Noble Verdad).

Más adelante, en la Dimensión del Nirvana, profundizaremos en el concepto de nirvana.


Continúa ...

               INDICE: DIMENSIÓN EXISTENCIAL:.

                                      

PRIMERA PARTE - ARQUITECTURA FILOSÓFICA DEL BUDISMO.                  

            desde diagnostico del sufrimiento hasta la comprensión de la realidad                 

I DIMENSION EXISTENCIAL - DIAGOSTICO DEL SUFRIMIENTO.                      

- Sufrimiento - dukkha.

- El sufrimiento y efectos.             

- Ignorancia fundamental - avigya.              

- Deseo - apego.                

- Apego ira ignorancia.                  

- Engaños mentales.                      

- Los fenómenos  budistas.             

- Principios que instala esta dimensión:                     

             impermanencia

             no yo   

             insustancialidad            

             origen dependiente            

             sufrimiento       

             cese del sufrimiento            

- Sermón de las 4 nobles verdades:                       

             camino medio  

             las cuatro nobles verdades           

             pilares de la enseñanza: sabiduría, ética, meditación       

- Sellos de la realidad.                   

- Explicación de las dimensiones.                  

- Relación cuatro sellos y 4 nobles verdades.            

- Características de la existencia:                      

             Fenómenos condicionados son impermanentes

             Fenómenos contaminados x apego son sufrimiento      

             Fenómenos no tienen existencia inherente   

- La rueda de la vida:   

              Introducción.

               Circulo de las 12 nidanas.

               Circulo de los 6 reinos.

               Circulo del karma - seres suben y bajan.

               Circulo más interno: los tres venenos.

- Samsara
               Samsara.


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