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martes, 3 de noviembre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. VI ÉTICA FILOSÓFICA Mod.7a

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: Visión de un sistema integral (V.S.I.)   VI. ÉTICA FILOSÓFICA Mod.7a


                                    VI. ÉTICA FILOSÓFICA.       

La ética budista se basa en la interdependencia y la causalidad moral (karma).

Las acciones no se evalúan según un mandato externo, sino por sus causas, intenciones y consecuencias dentro de la red causal de una misma experiencia. La idea en el budismo es que cada acción, dada su intencionalidad, deja una huella en la continuidad de la mente y contribuye a la creación o atenuación del sufrimiento. Interdependencia ver en II Ontología.

 Principios fundamentales:

1.- La intención o voluntad (cetana) es el criterio moral básico. La calidad ética de una acción depende de la motivación que la origina. La intención puede tener una fuerza positiva o negativa a la acción.

2.- La compasión (karuṇā) surge del reconocimiento del sufrimiento de los demás y de la comprensión de la interdependencia entre los seres. Por ello, busca aliviar ese sufrimiento y promover su bienestar.

3.-  El ideal del Bodhisattva del Mahāyana (y Vajrayāna) es integrar la aspiración del despertar mental con el deseo de ayudar a todos los seres en el desarrollo de la bodhicitta (intención mental de ayudar a todos los seres a liberarse).

4.- La sabiduría y la compasión son interdependientes: la sabiduría sin compasión es incompleta, y la compasión sin sabiduría es incapaz de discernir el sufrimiento y puede carecer del discernimiento necesario para aliviarlo. Un acto de compasión puede confundirse con lástima”.

Fuente: Stanford Encyclopedia of Philosophy, “Ethics in Indian Buddhism”, “Theoretical Structure of Buddhist Ethics”.

 

En el budismo, la calidad moral depende principalmente de la intención. Dos acciones aparentemente iguales pueden producir karmas completamente diferentes según el estado mental con el que se relacionen. En pocas palabras, una acción realizada con una intención virtuosa tiende a generar karma favorable, mientras que una motivada por la codicia, el odio o la ignorancia produce el efecto contrario. Es evidente, entonces, que el karma no significa algo predeterminado, sino causalidad ética y psicológica basada en la intención. Por lo tanto, la ética (Śīla) budista se centra en facilitar elementos de guía conductual y prácticas de purificación para las tres áreas del comportamiento humano: cuerpo, palabra/verbo y mente. Consideremos que con el cuerpo se puede abrazar tanto como golpear a un ser, con la palabra levantar el animo o se puede herir o dar órdenes de herir, y con la mente se puede desear lo favorable o no favorable, tres frentes que pueden producir karma positivo o negativo y que para el caso no favorable, el budismo nos facilita el purificar dicho karma.

Lo anterior esta relacionado con las Cuatro Nobles Verdades y especialmente con su Óctuple Camino que incorpora las enseñanzas para el entrenamiento budista divididas en tres áreas: Sabiduría, Ética y Disciplina Mental, cada una con sus propios elementos de enseñanza.

La ética del budismo no se limita a los principios morales, sino que también abarca cómo entrenar la conducta y la mente (Citta). Cada pensamiento, palabra y acción (mente, verbo y cuerpo) tiene un carácter kármico, donde las acciones intencionales dan forma a las tendencias y condiciones futuras dentro del flujo de la experiencia.

La ética es una poderosa disciplina de transformación interior. El cultivo consciente de acciones beneficiosas disminuye el apego, la aversión y la ignorancia, lo que a su vez nos permite desarrollar nuestra concentración y sabiduría. El comportamiento ético se convierte entonces en un código práctico, más que en un código moral convencional, y por lo tanto, en una herramienta de liberación.

 

El budismo no fundamenta, lo que entendemos sino por sus causas, intenciones y consecuencias. Nuestras acciones hábiles o positivas surgen de la generosidad, la compasión y la sabiduría, y nos conducen al bienestar y liberación. Las acciones no hábiles o negativas surgen de la codicia, la ira y la ignorancia, y contribuyen al sufrimiento.

 

El apego, la aversión y la ignorancia constituyen lo que se denomina venenos budistas. La ignorancia impide comprender la verdadera naturaleza de la realidad. Así surgen el deseo -apego y la aversión que llevan a actuar, pensar y reaccionar de una manera condicionada generando karma que llama al sufrimiento, por ello, la comprensión correcta (sabiduría) permite alejar y disminuir este ciclo.

Entonces, todas las acciones meritorias y bienintencionadas no solo benefician a los demás, sino que también contribuyen a nuestra felicidad, promueven el crecimiento personal, generan karma positivo y favorecen un renacimiento favorable. Debemos ser conscientes de las diversas maneras y ocasiones para generar mérito que en el budista es muy apreciado. Durante el día, desde la mañana hasta la noche, podemos observar y controlar las acciones relacionadas con el cuerpo, la palabra y la mente. Estas acciones deben estar guiadas por una buena intención y una conducta virtuosa para generar mérito. La meditación genera méritos al que la realiza y estos pueden dedicarse en beneficio de los demás.                                      La dedicación del mérito tiene asimismo beneficios para quien realiza la acción.

APEGO – DESAPEGO / EGO - YO. 

¿Cómo nos relacionamos con el yo y qué ocurre cuando nos apegamos a él?

Este término (Yo) se refiere a nuestra mente conceptual, que percibe y proyecta la idea de que todos los fenómenos tienen existencia inherente; vida propia, que existen por sí mismos. Así es como entendemos la realidad, apreciando que todo tiene existencia inherente y en particular el yo, un tema en el que profundizaremos porque esta mente de aferrarse al yo, al ego que todos poseemos, es el origen de las perturbaciones mentales que engañan y hacen que la mente pierda el control, nos hace actuar según sus caprichos al no ver las cosas como realmente son y, por lo tanto, es causa del sufrimiento.

Uno genera una identificación y simpatía con el "yo". Dice: Soy médico o soy mecánico, soy padre, soy hijo, soy rico, soy bueno, etc., y cuando ve que uno de esos yoes está amenazado, crea un apego espontáneo hacia él, para protegerse, ya que pensamos que ese yo designado es realmente uno mismo. Pero tú no eres eso mismo, es solo lo que haces. Analiza la idea. Uno es aquel que ha generado una imagen llena de etiquetas, aquel que se ha concebido a sí mismo como un ideal de sí mismo.

Está tan apegado al ego que, si se ve amenazado con la pérdida o disminución de algo que le pertenece, el ego se activa rápidamente y aflora el miedo a perder aquello que consideramos que nos define. Y entonces surge la ira, la angustia y la inquietud que se deben al ego, a la autoestima, a la necesidad de poseer, ¡lo cual genera apego!

Creemos y actuamos sin aceptar que el yo es un nombre atribuido por la mente, algo convencional que nos permite mantener relaciones personales. La mente se engaña creyendo que el yo existe de forma independiente e inherente, y su error de percepción radica en creer que existe de manera real. Existe, pero conceptualmente, por ejemplo, a través de un nombre (Luis) para poder referirnos a él, a una mente y un cuerpo específicos, una etiqueta para poder relacionarnos con él. No hay nada detrás de ese yo; lo usamos temporalmente en nuestra mente para asociarlo con alguien. La mente entonces etiqueta todo, incluidas las acciones del yo, por ejemplo: voy a andar en bicicleta. Recordemos que las etiquetas tienen existencia conceptual, como pensamiento en la mente, pero no en la realidad del universo.

El yo siempre exagera las cualidades de un ser o una cosa, y por lo tanto nos apegamos a ello; también exagera las cualidades negativas, disminuyendo las positivas de aquello que nos produce aversión. Este yo nos causa sufrimiento al crear causas y condiciones para que la mente opere de tal manera que produzca engaños y errores de percepción. El ego es lo que nos lleva a ser agresivos, por ejemplo, considera a la persona amada como imprescindible para su propia satisfacción, y eso es estímulo suficiente para generar insatisfacción. Cabe señalar que cuando un ser querido quiere alejarse o evitarnos, nos hace sufrir al inducirnos a pensar que parte de nuestra propiedad, puesto que él lo considera de esa manera.

El yo, el "yo-ismo", genera la actitud egoísta y envidiosa. Propone: "No puedo vivir sin ti", y eso ya es motivo de angustia. Y esta frase no es adecuada. Por lo anterior, se dice que el apego al yo es una verdadera causa del sufrimiento.

En resumen: Cuanto más nos aferramos a un fenómeno, más nos alejamos de la posibilidad de conocer su verdadera realidad, de observarlo y experimentarlo auténticamente en el momento presente. El ego es el que nos impide alcanzar el conocimiento de quiénes somos realmente, porque nos impide ver nuestra propia naturaleza, porque siempre aflora con interés, y cuando hemos avanzado y estimamos que tendremos algún éxito en ese sentido, nos seduce y descuidamos el progreso, pero cuando las enseñanzas comienzan a surtir efecto, la persuasión del ego en nosotros disminuye irreversiblemente.

¡No hay nada a lo que aferrarse, nada que sea estable! Ni siquiera el pensamiento.

El proceso de desapego del ego es gradual y se logra mediante la práctica del Entrenamiento Superior del Óctuple Camino. Al distanciarse del yo, se encuentra mayor libertad, y al disolverlo, se elimina el apego a los fenómenos, es en este momento cuando los fenómenos pueden ser aprehendidos directamente. Por lo tanto, la persona ya estará liberada de los renacimientos del samsara.

KARMA BUDISTA

Introducción

El karma fundamenta la responsabilidad ética en la relación: intención, acción y consecuencia. En el budismo, las acciones intencionales de cuerpo, palabra y mente dejan consecuencias que pueden manifestarse incluso negativamente y de seguro en tiempo futuro. Por ello, nuestras decisiones tienen importancia más allá de sus efectos inmediatos. Esta continuidad puede extenderse más allá de la vida presente mediante el renacimiento. Sin embargo, no significa que exista un yo permanente que pase de una vida a otra. Se trata de una continuidad causal de procesos condicionados por la mente, como veremos en renacimiento.

De este modo, el karma permite comprender la responsabilidad ética sin recurrir a un yo permanente: somos responsables de nuestras acciones dado que nuestras intenciones y actos contribuyen a determinar las condiciones de nuestra experiencia futura, incluso más allá de la existencia actual.

Acción e intención.

Karma es un término que probablemente ha escuchado y utilizado muchas veces. Karma, es una palabra sánscrita que significa acción. Las acciones que normalmente realizamos sean mental (p.ej: pensar negativo o positivo), verbal (p.ej: dar una orden) o físicas (p.ej: dañar)  involucran karma, una “semilla, rastro, energía” que instalamos en nuestra mente y que en algún momento dado su maduración tendrá un efecto positivo, negativo o neutro en nuestras vidas. Se trata entonces de los resultados que experimentamos en algún instante, dado nuestras acciones pasadas. Según el karma, todo efecto de nuestras acciones se tiene que dar en algún momento sea en esta vida o una próxima.

Las acciones y las intenciones que involucremos pueden ser de tres tipos, distinguidas según la capacidad de generar resultados espirituales beneficiosos o no: virtuosas o positivas, no virtuosas o negativas y neutrales. Las acciones virtuosas generadoras de karma positivo nos encaminaran a un renacimiento en los reinos superiores con la posibilidad de disfrutar felicidad en ellos, y las no virtuosas -karma negativo- contribuyen a renacer en reinos inferiores, incluidos los sufrimientos de ese reino. 

La ley del karma nos indica que el efecto virtuoso o no, está determinada entonces por la naturaleza de la “intención” (positiva o negativa) (buena o mala) con que se realizó la acción, y que siendo estas acciones positivas se impriman rastros o “semillas virtuosas” en nuestra mente muy sutil, y las acciones negativas impriman “semillas no virtuosas”. Cuando se reúnan las condiciones necesarias, estos rastros o semillas impregnadas en la mente, producen su efecto positivo o negativo en nosotros, sea en esta vida o en la próxima. Por tanto, podemos deducir que cuando nacemos heredamos el karma y que también por ello a veces nos asombramos de ciertas cosas que se dan sin tener mayor explicación del porqué. No entendemos porqué se dio, pues es de karma de nuestra vida anterior que no recordamos.

La esencia del karma esta en la intención que uno infiere a la acción.

Debemos ser cuidadosos, ya que las acciones negativas refuerzan el sentido del ego y ellas están motivadas por la avaricia, odio, ignorancia, celos, etc. lo que siempre conlleva sufrimiento. En cambio las acciones basadas en intenciones virtuosas como el amor, la generosidad y compasión producen karma positivo y, por supuesto, efectos de felicidad. Una acción que producirá resultado neutro puede ser cuando uno decide qué camisa se va a poner o qué va a desayunar.

Debemos ser perseverantes en la intención correcta, ya que todo será favorable, todo se alineará a beneficiarte. Si se tiene una buena intención, el cómo hacer el bien siempre aflora. Dado lo anterior, es conveniente beneficiarnos creando karma positivo, renunciar a seguir actuando de forma errada (crear karma negativo) y purificar el que poseamos acumulado. La purificación del karma negativo se logra generando karma positivo, arrepintiéndose del negativo creado, realizando una práctica de purificación y evitando las acciones perjudiciales opuestas a los preceptos aceptados. Como el karma es acumulativo es importante purificar el negativo, ya que dependemos de lo que uno ha hecho, pensado y sentido en el pasado.

“El karma negativo, el aferramiento propio, el apego, el odio y la ignorancia” nos influyen en que no podamos vivir tranquilos, en paz, razón más que suficiente para que nos preocupemos de nuestro diario actuar.

Al empezar a seguir adecuadamente las enseñanzas que nos indica Buda, comienza a cambiar nuestro comportamiento a uno más virtuoso, involucrando una mayor armonía mental y por ende mayor felicidad. Esto se debe también a que se va concretando una mayor realización de Karma positivo en nuestra mente muy sutil. Buda nos transmite que uno es el único responsable de las circunstancias que le toquen vivir, ya que si ha llevado una vida impropia vivirá una próxima vida con problemas. Por el contrario, al practicar lo correcto renacerá con una mente en armonía y vivirá sin mayores sobresaltos.

El budismo nos dice que es posible dominar las intenciones bajo una conciencia de atención plena, y de realizar acciones virtuosas en beneficio de una vida más feliz (la atención mas plena se logra siguiendo el Óctuple Camino y meditando); así, siendo más conscientes en nuestro actuar vamos perfeccionando nuestra mente. 

Tipos de karma (3):

o   acciones virtuosas, que son la base para nacer en los reinos superiores.

o   acciones no virtuosas, que son la base para nacer en los reinos inferiores.

o   acciones neutras que no son acciones virtuosas o no virtuosas. Por ejemplo cuando uno decide que va a comer o vestir.

“Aquello que es producido por el deseo, odio  o engaño es no virtuoso. Aquello producido por el no-apego, no-odio y no-engaño es virtuoso”. Nagarjuna.

Acciones de mucho mérito.

Las acciones que producen harto merito son el desear la iluminación (tal cual fuera un Bodhisattva), entrenarse en la ecuanimidad (vía meditación) y trasmitir las enseñanzas budistas. Debemos recordar que hay que cumplir con los preceptos adoptados.

Karma particular y Universal.

El efecto del karma de un ser no se limita sólo a la persona que realizo la acción, el karma asocia una fuerza colectiva que determina el destino incluso del universo, es decir, su destrucción y su creación involucrando los acontecimientos potenciales que ocurrirán en él. Se puede hablar de karma asociado a un país e incluso a una familia.

Vasubandhu.

Este maestro explica el hecho de que todos los seres (humanos) infernales ven el mismo mundo infernal porque la condición de la maduración de su karma es idéntica (idéntica maduración  de su karma).

Tener en cuenta:

De acuerdo a la ley del karma , una sensación de felicidad madura de karma positivo y una de infelicidad de karma negativo.

Para lograr méritos y crear karma positivo y purificar el negativo que tengamos acumulado es importante renunciar a realizar actos contrarios a los preceptos o votos aceptados.

Nuestro karma, por ejemplo, es responsable de que otra persona nos moleste, o nos grite. No se debe enganchar con esta negatividad.

Nuestras acciones determinan lo que somos y, consecuentemente, somos el resultado de nuestras acciones del ahora y del pasado.

Karma en Relación con el Renacer.

La creencia budista considera el renacimiento luego del proceso de la muerte. Se regresa a la vida mortal la que puede ser en forma auspiciosa o no, es decir, en reinos superiores o no dependiendo del karma creado y de la forma en que enfrentamos la muerte. Cuando uno muere puede hacerlo con la mente tranquila o con la mente alterada, hechas las paces con la vida o no. Uno debe hacerlo lo más serenamente posible, es decir, auspiciado por la resolución de asuntos pendientes (solucionar un problema con un familiar, pagar o aclarar una deuda con un amigo, etc.).

Los maestros insisten en que se debe morir sin apego. Hay que morir con una mente tranquila, que de seguro nos favorece para renacer en un reino afortunado. Si se muere con la mente alterada (sea por rencor, odio, miedo u otro negativo) se incita a renacer en un reino inferior.

Por otro lado, recordemos que tanto las acciones perjudiciales y positivas cometidas en nuestra vida inciden en el reino del renacer y, por supuesto, la calidad de vida involucrada en ese lugar. El karma producto de los actos e intenciones positivas, induce a renacer en los reinos superiores, en el de los humanos -desde el cual se puede alcanzar la Iluminación- y el de los dioses, teniendo bienestar en ellos. En cambio, el karma negativo provoca renacer en alguno de los reinos inferiores, el de los infiernos, el de los espíritus ávidos y el reino animal, este último el mejor de estos tres. 

La relación del karma negativo y el renacer de uno también tiene relación directa con efectos futuros, por ejemplo, si uno ha matado, al renacer tendrá una vida breve y vivirá en un lugar pobre; si ha cometido parricidio o suicidio seguramente renacerá en el infierno. Si ha robado vivirá careciendo de bienes materiales, y así con las otras acciones perjudiciales como son la mala conducta sexual, el mentir (te engañarán), la codicia (vivir con pocos recursos) el pronunciar palabras ofensivas, el sostener teorías erróneas (vivir sin alcanzar la sabiduría). 

Conclusión: En la medida que aumente nuestra capacidad de amor, crezca nuestra paciencia y disminuya nuestro odio, preocupados de mejorar nuestro karma, auspiciamos un renacer en el reino de los seres humanos del samsara. La acción dependiendo de la intención imprime rastros positivos y negativos en nuestra mente muy sutil, por ello, la calidad de nuestra vida dependerá de la naturaleza de nuestras acciones por lo que detrás de cada acción debe haber siempre una buena intención.

Buda nos enseña que todo es nuestra mente. Somos lo que creamos en ella. En la medida que uno estudie budismo se dará cuenta de esta verdad, de que es una verdad irrefutable, y de lo beneficioso que es tenerla clara. Las cosas le saldrán mas fáciles de enfrentar con esta sabiduría. 

La ley universal de la causalidad se manifiesta en otras leyes que regulan por ejemplo el orden moral, es el caso del Karma, la ley expresada como causa - efecto, que involucra una “retribución moral de las acciones”. A buenas acciones, resultados o efectos positivos.


Continúa en Mod. 7b

sábado, 31 de octubre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. V PSICOLOGÍA FENOMENOLÓGICA Mod.6

 

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:  Visión de un sistema integral (V.S.I.)

 V. PSICOLOGÍA FENOMENOLÓGICA Mod.6

                             V. PSICOLOGÍA FENOMENOLÓGICA BUDISTA.

Introducción.

La psicología fenomenológica budista considera las enseñanzas filosóficas y las prácticas contemplativas del budismo, especialmente las desarrolladas en el Abhidharma y la escuela Yogācāra. Su objetivo es estudiar la estructura de la experiencia consciente desde la perspectiva de quien la vive, es decir, tal como la experimenta cada persona momento a momento. Este enfoque considera la introspección y la meditación como herramientas valiosas para explorar y comprender la mente.

Existen tres puntos de encuentro que permiten establecer un diálogo entre el budismo y la fenomenología.

1. La suspensión de los juicios.

La fenomenología propone examinar la experiencia evitando dar por supuestas nuestras interpretaciones habituales. Por su parte, prácticas budistas como Vipassanā y la atención plena (mindfulness) entrenan la observación de pensamientos, sensaciones y emociones, procurando reconocerlos sin reaccionar automáticamente ante ellos. Es decir en el budismo, para la meditación Vipassana o Mindfulness cumple una función idéntica: observar los pensamientos y sensaciones puras sin juzgarlos, etiquetarlos o reaccionar a ellos.

2. La relación entre la mente y sus objetos.

Tanto algunas corrientes fenomenológicas como las tradiciones budistas examinan cómo se presentan los objetos en la experiencia consciente. Desde ciertas perspectivas budistas, la cognición y aquello que se conoce deben comprenderse atendiendo a sus respectivas condiciones. Sin embargo, ambas tradiciones no interpretan esta relación de la misma manera.

El budismo coincide en que la mente y sus objetos son interdependientes; no existe un sujeto percibiendo de forma aislada a un mundo independiente.

3. El cuestionamiento de un yo permanente.

El budismo rechaza la existencia de un yo independiente, inmutable y permanente. Lo que habitualmente llamamos «yo» puede comprenderse mediante procesos físicos y mentales cambiantes. Esta perspectiva encuentra puntos de diálogo con determinadas corrientes fenomenológicas, aunque no todas las interpretaciones fenomenológicas del yo coinciden con la doctrina budista de la ausencia de un yo permanente. Esto  es claro rechazo al esencialismo.

   Referencia: Zahavi, Dan. Phenomenology: The Basics (2019), y Stanford Encyclopedia of Philosophy, entrada «Phenomenology». Estas referencias permiten profundizar en el estudio de la experiencia subjetiva y sus estructuras.

Los cinco agregados de la experiencia.

La psicología budista analiza la experiencia humana mediante modelos sistemáticos, entre ellos los desarrollados en el Abhidharma. Uno de los más conocidos es el de los cinco agregados (skandhas), que permite examinar los componentes de la experiencia que habitualmente asociamos con un yo estable e independiente.

Estos son:

1. Forma (Rūpa): comprende el cuerpo físico y los aspectos materiales de la experiencia, incluidos los órganos de los sentidos y sus objetos.

2. Sensación (Vedanā): es el tono afectivo básico de la experiencia, que puede ser agradable, desagradable o neutro.

3. Percepción (Saṃjñā): permite reconocer y distinguir las características de aquello que experimentamos. Por ejemplo, identificar un objeto como un automóvil o un árbol.

4. Formaciones mentales (Saṃskāra): comprenden las disposiciones volitivas y otros factores mentales, como las intenciones, los hábitos y las tendencias condicionadas que intervienen en nuestra experiencia.

5. Conciencia (Vijñāna): se refiere a la conciencia que surge en relación con los sentidos y sus objetos, o con la actividad mental. No debe entenderse simplemente como un espacio en el que se unifican los otros cuatro agregados.

Desde esta perspectiva, la experiencia personal se comprende como un conjunto de procesos condicionados e interrelacionados, en lugar de atribuirse a un yo permanente e independiente.

    Fuente budista: Khandha Sutta (SN 22.48), discurso sobre los cinco agregados, perteneciente al Saṃyutta Nikāya.

La interdependencia

Otro principio fundamental del budismo es el origen dependiente (pratītyasamutpāda), según el cual los fenómenos surgen en dependencia de causas y condiciones.

Nada surge de manera completamente aislada. Un pensamiento o una emoción pueden depender de experiencias anteriores, percepciones, recuerdos, hábitos y circunstancias presentes. Comprender estas relaciones permite reconocer que nuestra experiencia no es fija ni independiente de las condiciones que la hacen posible.

El origen dependiente constituye una enseñanza fundamental del budismo y permite comprender cómo determinadas condiciones contribuyen al surgimiento y mantenimiento del sufrimiento.

    Fuente budista complementaria: Paṭiccasamuppāda Sutta (SN 12.1), perteneciente al Saṃyutta Nikāya, sobre el origen dependiente.

La escuela Yogācāra y la conciencia.

La escuela Yogācāra desarrolló modelos filosóficos y psicológicos para explicar el funcionamiento de la conciencia y la manera en que se configura nuestra experiencia. Entre sus conceptos más conocidos se encuentra ālayavijñāna, traducido habitualmente como “conciencia de depósito” o “conciencia almacén”. En determinadas interpretaciones de Yogācāra, este concepto permite explicar la continuidad de las tendencias y disposiciones que condicionan nuestras experiencias posteriores.

No debe confundirse con un alma permanente ni con un yo inmutable. La tradición Yogācāra lo entiende dentro de un proceso condicionado y cambiante.

La relación entre conciencia, percepción y realidad constituye uno de los temas más complejos de esta escuela. Sus diferentes textos e interpretaciones no sostienen necesariamente una única posición acerca de la existencia del mundo exterior.

    Fuente: Stanford Encyclopedia of Philosophy, entrada «Yogācāra», especialmente las secciones dedicadas a la psicología filosófica budista y a ālayavijñāna.

Aplicaciones psicológicas y terapéuticas.

Algunas ideas y prácticas relacionadas con la atención consciente han influido en distintos enfoques contemporáneos de la psicología.

1. Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena (MBSR).

Es un programa desarrollado por Jon Kabat-Zinn en 1979. Incorpora prácticas de atención plena y meditación para ayudar a las personas a relacionarse de otra manera con el estrés, el dolor y las dificultades cotidianas.

2. Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).

Este enfoque psicológico trabaja la aceptación de las experiencias internas, la flexibilidad psicológica y la acción orientada por valores personales. Enseña, entre otras cosas, a observar los pensamientos como acontecimientos mentales, en lugar de considerarlos automáticamente verdades absolutas.

Aunque existen puntos de contacto con algunas enseñanzas budistas sobre el apego y la relación con el sufrimiento, la ACT es una terapia psicológica contemporánea con fundamentos y objetivos propios.

3. Ciencias contemplativas y neurofenomenología.

La neurofenomenología, impulsada por el científico y filósofo chileno Francisco Varela, busca establecer un diálogo entre la descripción rigurosa de la experiencia vivida en primera persona y los datos obtenidos mediante la investigación científica, incluidos los estudios sobre la actividad cerebral.

En su artículo de 1996, «Neurophenomenology: A Methodological Remedy for the Hard Problem», Varela propuso relacionar sistemáticamente la experiencia subjetiva con la investigación de los procesos cognitivos y neurobiológicos.

Este enfoque abre posibilidades para investigar la relación entre la experiencia subjetiva, la práctica contemplativa y los procesos cerebrales, sin reducir necesariamente la primera a una mera descripción de los segundos.

    Fuentes: Kabat-Zinn, Jon, sobre el programa MBSR; Association for Contextual Behavioral Science, sobre la ACT; y Varela, Francisco J. (1996), sobre neurofenomenología.

La experiencia como punto de partida

Hay mucho más que decir acerca de la metodología budista y su relación con el pensamiento occidental, porque se trata de una tradición inmensamente vasta. Sin embargo, quizás lo esencial sea más sencillo de lo que parece: prestar atención a nuestra propia vida, aprender a relacionarnos con lo que nos ocurre en el presente y entrenar la mente para observar la experiencia con mayor claridad.

Se trata de desarrollar la capacidad de permanecer cerca de nuestra propia experiencia, incluso cuando resulta difícil, sin quedar atrapados automáticamente en nuestros pensamientos, emociones o reacciones.

La práctica contemplativa no consiste simplemente en observar lo que sucede, sino también en desarrollar una comprensión más profunda de las condiciones que intervienen en nuestra experiencia y en nuestras respuestas ante ella.

Filosofía de la mente y psicología fenomenológica

Mientras que la filosofía de la mente se ocupa de cuestiones como la naturaleza de la conciencia, su relación con el cuerpo y los procesos mentales, la fenomenología estudia las estructuras de la experiencia tal como se viven desde la perspectiva de quien las experimenta. Examina las percepciones, las emociones, los recuerdos y los estados mentales que intervienen en la experiencia de cada persona, así como la manera en que esta experiencia adquiere significado.

Conviene señalar que la psicología fenomenológica y la fenomenología filosófica están relacionadas, pero no son necesariamente la misma disciplina. La primera estudia la experiencia humana desde una perspectiva psicológica, atendiendo a cómo las personas perciben, sienten, piensan y viven sus experiencias. La segunda es una tradición filosófica dedicada al análisis de la experiencia tal como se presenta a la conciencia, buscando comprender sus estructuras y significados.

En el contexto budista, la observación de la experiencia también puede contribuir a comprender las condiciones que originan el sufrimiento y las posibilidades de transformarlo.

Algunos principios importantes para comprender esta temática son los siguientes:

1. La experiencia y el yo.

La experiencia puede analizarse como un conjunto de procesos mentales y físicos dinámicos, sin necesidad de postular un yo permanente e independiente.

2. Las emociones aflictivas.

Desde la perspectiva budista, determinadas formas de sufrimiento se relacionan con la ignorancia, el apego y la aversión.

3. Los hábitos perceptivos y cognitivos.

Nuestra manera habitual de interpretar la realidad está condicionada por experiencias anteriores, hábitos mentales, emociones y procesos de aprendizaje.

4. La observación consciente.

La atención plena permite observar pensamientos, sensaciones y emociones mientras surgen, favoreciendo una comprensión más clara de los procesos que intervienen en la experiencia.

5. La transformación de la mente.

Mediante la observación, la práctica contemplativa y el desarrollo de la comprensión, es posible modificar gradualmente nuestra relación con los procesos mentales y cultivar una mayor claridad y estabilidad.

    Fuente: Stanford Encyclopedia of Philosophy, entrada «Phenomenology», para los fundamentos de la fenomenología y el estudio de la experiencia consciente.

La fenomenología y la experiencia humana.

La fenomenología nos invita a comprender la experiencia humana como un proceso integral: cómo percibimos el mundo, cómo lo experimentamos desde nuestro cuerpo y nuestra mente, cómo nos reconocemos a nosotros mismos, cómo nos relacionamos con los demás y cómo damos significado a lo que vivimos.

Por lo tanto, no se interesa únicamente por lo que ocurre, sino también por cómo lo vivimos y qué sentido adquiere para nosotros. La experiencia humana se convierte así en un punto de partida fundamental para comprender a la persona.

En las tradiciones budistas, la observación directa de la experiencia ocupa un lugar central en la práctica contemplativa. Mediante la atención y la meditación, podemos examinar cómo intervienen los procesos perceptivos, conceptuales y emocionales en nuestra manera de experimentar la realidad.

La psicología budista no se limita a describir la mente: también busca comprender los procesos que intervienen en la experiencia y, mediante la práctica y el cultivo de la comprensión, transformar nuestra relación con el sufrimiento.

En definitiva, la observación directa de la experiencia encuentra en la contemplación y la meditación budistas métodos para explorar la mente de manera profunda, no solamente desde el pensamiento conceptual, sino también desde la experiencia vivida.

Bibliografía y fuentes de consulta.

Al final de este trabajo se incluyen más fuentes.

1. Fenomenología

Zahavi, Dan. Phenomenology: The Basics. Routledge, 2019.

Stanford Encyclopedia of Philosophy. «Phenomenology».

2. Psicología budista y escuela Yogācāra

Stanford Encyclopedia of Philosophy. «Yogācāra».

3. Los cinco agregados

Saṃyutta Nikāya 22.48, Khandha Sutta. ´Vasubandhu : Abhidharmakosa.

4. Origen dependiente

Saṃyutta Nikāya 12.1, Paṭiccasamuppāda Sutta.

5. Reducción del estrés basada en mindfulness

Kabat-Zinn, Jon. Información sobre su trayectoria y el desarrollo del programa MBSR.

6. Terapia de Aceptación y Compromiso

Association for Contextual Behavioral Science (ACBS). Información sobre los fundamentos de la ACT.

7. Neurofenomenología

Varela, Francisco J. (1996). «Neurophenomenology: A Methodological Remedy for the Hard Problem». Journal of Consciousness Studies, 3(4), 330-349.


 

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13.

 COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:  Visión de un Sistema Integral (V.S.I.)

 IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5b de 13. 

                                       IV. FILOSOFÍA DE LA MENTE.     Mod 5b.

                                                     Continuación del módulo 5a.


      EL YO / COMO IDENTIDAD PERSONAL.

En nuestra experiencia diaria sentimos que hay un yo que piensa, siente, decide y actúa, que además lo  consideramos como estable y permanente a lo largo del tiempo. A partir de esta idea construimos y experimentamos nuestra identidad personal, distinguiéndonos de los demás y reconociéndonos como la misma persona a lo largo de nuestra vida.

¿Pero es tan así lo del yo?

El budismo no niega que exista una identidad convencional con nombre asignado y convencional (p.ej: Maria) para distinguirnos, pero cuestiona que exista un yo independiente, permanente e inherente. Si observamos con atención nuestra experiencia, podemos notar que el cuerpo y la mente (sensaciones, emociones, etc.) cambian constantemente y, así, no podría haber un yo fijo porque todo aquello que reconocemos como parte de nuestra experiencia está sujeto al cambio y depende de muchas condiciones.

Recordemos que los cinco agregados (skandhas) indican precisamente los distintos componentes que participan en nuestra experiencia de seres, donde ninguno de ellos, por sí solo, puede considerarse un yo permanente y tampoco su conjunto constituye una entidad independiente y fija. Por eso, el budismo sostiene que no existe un yo permanente, independiente e inmutable. Lo que llamamos yo surge de la relación entre distintos procesos físicos y mentales, que dependen de múltiples condiciones y se encuentran en constante transformación. El yo, por tanto, no es una entidad separada de estos procesos, sino una que hacemos sobre su funcionamiento conjunto. Nosotros lo identificamos como yo sin saber incluso que es eso.

Esto no significa que la persona no exista, significa que la persona existe de manera condicionada e interdependiente, pero no como una entidad fija e independiente. Una identificación con esa idea rígida del yo genera apego, rechazo, orgullo, miedo e incluso sufrimiento, especialmente cuando intentamos defender aquello que consideramos yo o mío. Al reconocer que el yo depende de condiciones y está en constante transformación, podemos relacionarnos con nosotros mismos y con los demás de una manera mas abierta en lo que es la existencia convencional.

Los cinco agregados permiten comprender fácilmente por qué el budismo cuestiona la existencia de un yo fijo. Considerando los agregdos:

El cuerpo cambia.
Las sensaciones cambian.
Las percepciones cambian.
Las formaciones mentales cambian.
La conciencia cambia.

 Y tampoco encontramos en ellos una entidad permanente e independiente. Aquello que llamamos persona surge de la interacción entre estos mismos procesos.

Usar la palabra yo, no es un error. El problema aparece cuando creemos que existe una esencia rígida que debe ser protegida, defendida y satisfecha en todo momento. El apego a esa idea puede generar sufrimiento. Detrás del yo no hay una esencia o algo que sea el yo. Pero sirve para identificarnos en el ámbito convencional.

¿Para qué sirve comprender que el yo es variable?    

Si entendemos que nuestras ideas, emociones, gustos, capacidades y formas de relacionarnos cambian constantemente, podemos aceptar mejor las cambios de la vida y afrontar las dificultades con mayor flexibilidad; incluyendo el sufrimiento. Y muy importante: nos ayuda a reconocer que los demás seres también cambian.

En definitiva, el budismo enseña que la identidad personal fija y separada es solo una ilusión mental que causa sufrimiento, y que en realidad somos un flujo constante de procesos interrelacionados (de los skandhas). Que dicha  identidad no es un objeto sólido, fijo, sino una serie de momentos cognitivos y pensamientos conectados por causas y condiciones.

“Entre más sólidamente aprehendemos la identidad propia, más sólidos se vuelven nuestros problemas. Una vez le pedí a un entrañable y viejo maestro de meditación de Sri Lanka que me enseñara la esencia del budismo; sólo rio y me dijo tres veces”: “Si no hay yo, no hay problema”. Jack Kornfield. Monje budista. La identidad y la ausencia del yo en el budismo. Revista de la U. de México.

                                                                En dimensión VI analizamos apego- despego / ego – yo.

 

    LA MEMORIA.

La memoria.

La memoria permite conservar y recuperar experiencias del pasado. Desde la perspectiva budista, aquello que recordamos no constituye un yo ni menos permanente, sino que forma parte de un proceso mental cambiante y condicionado. Al recordar, la mente selecciona y trae  experiencias pasadas, pero puede interpretarlas de manera diferente según nuestro estado mental presente (nuestras emociones y creencias actuales influyen en cómo entendemos lo que ocurrió). Por ello, también reconstruye un acontecimiento y puede cambiar nuestra relación con lo vivido sin ser concientes de ello.

No hay que olvidar que desde la perspectiva budista, nuestra experiencia está condicionada por numerosos factores: las sensaciones, las emociones, las percepciones y los pensamientos. La memoria tampoco funciona de manera aislada, lo que recordamos está influido por nuestras experiencias posteriores y por nuestro estado mental presente. Dado esto, podemos llegar a confundirnos en el recuerdo que conservamos, por lo que debemos observarlos con atención. Pudiera darse incluso que en lo original actuamos con ira y tristeza y ahora no.

Desde el mundo de la ciencia, la memoria es importante para el aprendizaje y para la adaptación al entorno. Desde el budismo, sin contradecir lo anterior, también puede comprenderse como una capacidad que nos ayuda a reconocer nuestros hábitos y aprender de la experiencia, favoreciendo el desarrollo espiritual.

La memoria nos permite recordar funciones básicas y rutinas. Si no fuera así, tendríamos que aprender a andar en bicicleta cada vez que la usáramos. También nos permite conservar experiencias, hábitos y formas de relacionarnos con lo que nos rodea, así como aprender nuevas conductas y prácticas. Sin memoria no podríamos recordar las enseñanzas budistas, aprender a utilizar un computador o realizar muchas actividades cotidianas. Gracias a ella podemos modificar nuestros hábitos y adaptarnos a nuevas situaciones.

La memoria tiene un papel importante en el aprendizaje. En el budismo, durante siglos se ha utilizado la repetición oral y la recitación de textos y enseñanzas para conservar y transmitir el conocimiento. La repetición ayuda a mantener presentes determinadas enseñanzas y prácticas. Cuando consideramos algo importante, es más fácil recordarlo posteriormente.

Muchas actividades de nuestra vida diaria dependen de la memoria, como recordar la cita con un médico. La memoria por lo tanto también es importante para la práctica espiritual, pues nos permite recordar las enseñanzas y mantener determinados hábitos y normas en nuestra mente.

Hábitos, virtudes y plasticidad mental.

La práctica budista puede ayudarnos a disminuir algunos hábitos perjudiciales y desarrollar nuestras virtudes. El budismo tibetano presenta diversas prácticas destinadas al desarrollo de la mente, la atención plena y el crecimiento espiritual. Hay estudios científicos que han investigado algunos de estos efectos normalmente beneficiosos. La ciencia ha estudiado la capacidad del cerebro para cambiar a partir de la experiencia. Este fenómeno se conoce como plasticidad cerebral. El aprendizaje, la repetición y la práctica pueden producir cambios en las conexiones neuronales. Para profundizar en este tema, ver el apartado sobre meditación. 

Algunas investigaciones señalan efectos sobre la capacidad de atención, la regulación emocional y la relación entre el cerebro y el cuerpo. Esto no significa que la ciencia este confirmándo con ello las enseñanzas budistas. Sin embargo, permite establecer un diálogo entre la práctica meditativa y el estudio científico de la mente. Este campo de investigación (ciencia y budismo) se desarrolla desde hace varios años y continúa produciendo nuevos y excelentes resultados.                                        

La percepción y la memoria.

En el budismo, la percepción forma parte de los agregados o skandhas que componen nuestra experiencia. Lo que percibimos influye en lo que posteriormente podemos recordar. Por eso, prestar atención a nuestra experiencia puede ayudarnos a reconocer mejor nuestros pensamientos, emociones y hábitos.

De un proceso habitual podemos distinguir: la experiencia: contacto con lo que ocurre mediante los sentidos y la mente. La relación: donde la mente reconoce, compara y vincula la experiencia presente con experiencias anteriores y memoria: que conserva dichas experiencias y permite recordarlas y utilizarlas posteriormente.

Por ejemplo, al ver un árbol, primero tenemos la experiencia de su forma y color. Luego podemos reconocerlo como “árbol” porque lo relacionamos con experiencias anteriores.  En términos budistas, esto también ayuda a entender que nuestra experiencia presente no surge de manera aislada. Está condicionada por experiencias anteriores, hábitos, conceptos y recuerdos.

La mente sutil y el renacimiento.

En el budismo tibetano se enseña que la mente posee niveles sutiles que continúan después de la muerte física. Según esta tradición, la corriente de conciencia continúa su proceso después de la muerte y atraviesa un estado intermedio llamado bardo, antes de un nuevo renacimiento.

Desde esta perspectiva, la continuidad de la mente no se reduce solamente al cuerpo físico.

Vidas anteriores.

Una pregunta que surge naturalmente es por qué no recordamos de manera clara nuestras vidas anteriores. Desde la perspectiva budista, la mayoría de las personas no posee la concentración y el entrenamiento necesarios para acceder a esos recuerdos.

Se enseña que un Buda puede recordar sus vidas anteriores. Las personas comunes no han desarrollado esa capacidad, aunque determinadas prácticas de concentración y meditación pueden favorecer el desarrollo de capacidades mentales especiales.

El significado y el reconocimiento de un tulku.

La palabra tulku pertenece al budismo tibetano. Se utiliza para referirse a un maestro considerado una manifestación o emanación de un practicante con un alto nivel de realización espiritual. El concepto está relacionado con la continuidad de la conciencia y el renacimiento. Un ejemplo conocido es el Dalai Lama que se le relaciona en el budismo tibetano. El Dalái Lama es considerado una emanación de Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión; Chenrezig en tibetano.

En el budismo tibetano existe una tradición para reconocer a un tulku. El proceso puede incluir preguntas relacionadas con la vida del maestro fallecido y el reconocimiento de objetos que le pertenecieron. En algunos casos, este proceso se realiza cuando el posible tulku todavía es un niño.

Dentro de esta tradición, el reconocimiento se interpreta como una señal de continuidad con el maestro anterior y de determinadas cualidades espirituales del mismo.

Síntesis (memoria):

La memoria permite registrar, conservar y recuperar información.

Desde la ciencia, cumple una función esencial en el aprendizaje y en la adaptación al entorno.

Desde el budismo, también ayuda a observar los hábitos mentales, sostener la práctica y avanzar en el camino espiritual.

La meditación puede colaborar con el reconocimiento y la transformación gradual de patrones mentales.

El budismo tibetano agrega una dimensión espiritual al relacionar la memoria con la continuidad de la conciencia y el renacimiento.

SABIDURÍA Y CONOCIMIENTO BUDISTA.

Sabiduría y conocimiento.

Muchas personas relacionan la sabiduría con tener muchos conocimientos y poder responder cualquier pregunta. Desde la perspectiva budista, sin embargo, saber mucho no significa necesariamente ser sabio. La sabiduría tiene más relación con comprender profundamente la realidad y saber cómo actuar frente a ella.

El conocimiento y la sabiduría están relacionados, pero no son lo mismo. Una persona puede tener muchos conocimientos y, aun así, no saber utilizarlos de una manera adecuada. La sabiduría permite comprender mejor una situación y actuar teniendo en cuenta las consecuencias de nuestras decisiones, tanto para nosotros como para los demás.

En el budismo, la sabiduría se relaciona con comprender la naturaleza de los fenómenos. Esto incluye reconocer su impermanencia, interdependencia y vacuidad. La vacuidad no significa que las cosas no existan, sino que no existen de manera independiente, fija y permanente. Todo depende de causas y condiciones.

Esto también se puede aplicar a la idea que tenemos de nosotros mismos. El “yo” puede parecer algo sólido y permanente, pero cambia constantemente y depende de nuestras experiencias, relaciones, pensamientos y circunstancias. Desde esta perspectiva, el yo existe de manera convencional, pero no como una entidad independiente de todo lo demás. Es una convención.

La relación entre sabiduría y compasión (*).

En el budismo, la sabiduría y la compasión se desarrollan juntas. La compasión nos lleva a considerar el bienestar de los demás, mientras que la sabiduría nos ayuda a comprender cómo actuar ante cada situación.

Una buena intención no siempre produce una buena acción. Podemos querer ayudar a alguien y, sin embargo, equivocarnos en la manera de hacerlo. La sabiduría permite reconocer mejor la situación y encontrar una respuesta adecuada. Por eso, compasión y sabiduría se necesitan mutuamente.

El desarrollo de la sabiduría requiere estudio, reflexión, experiencia y práctica. No basta con conocer algunas definiciones sobre la vacuidad, la impermanencia o la interdependencia. Es necesario llevar estas enseñanzas a la experiencia y observar cómo influyen en nuestra manera de pensar y actuar.

El Dalai Lama explica en El corazón de la sabiduría la relación entre el método y la sabiduría. El método se relaciona con la intención de beneficiar a los demás, mientras que la sabiduría permite comprender la naturaleza de la realidad.

En resumen, la sabiduría budista no consiste simplemente en acumular conocimientos. Implica aprender a observar la realidad de una manera diferente y reconocer que todo cambia y depende de causas y condiciones. También implica comprender que las cosas no poseen una existencia independiente y permanente.

Cultivar esta comprensión puede ayudarnos a disminuir el apego y la ignorancia, y a relacionarnos con las experiencias de una manera más clara. Por eso, la sabiduría no es solamente algo que se estudia: también es algo que se desarrolla mediante la práctica.

(*) Fuente base: Dalai Lama, El corazón de la sabiduría y El camino del bodhisattva. Elaboración y paráfrasis a partir de estas fuentes y material de biblioteca personal.

TRANSFORMACIÓN DE LA MENTE Y LIBERACIÓN.

Desde la perspectiva budista, la liberación personal comienza con la transformación de la mente. El sufrimiento no depende solamente de lo que sucede, sino también de la forma en que interpretamos y reaccionamos ante aquello que vivimos, tema detallado al inicio de sufrimiento.

La práctica busca reconocer los estados mentales que generan sufrimiento, como el apego, el avidez y la ignorancia, y desarrollar una manera diferente de relacionarnos con ellos. A través de la atención plena, la comprensión y la práctica, con lo que la mente puede dejar de reaccionar de forma automática.

Esta transformación permite comprender de otra manera la impermanencia, la ausencia de un yo fijo y la relación entre todas las cosas o fenómenos. La liberación, en este sentido, no consiste en escapar de la experiencia, sino en dejar de estar condicionados por las formas de aferramiento que mantienen el sufrimiento.

El camino budista propone así una transformación progresiva de la mente. Al disminuir el apego y la ignorancia, con lo que también disminuyen las causas que mantienen el sufrimiento y se abre la real  posibilidad de alcanzar la liberación.

En la segunda parte de este trabajo sobre el budismo explicamos la forma práctica de lograr el objetivo espiritual. Se desarrollan temas como Meditación y otros.

Se recomienda revisar "estudios científicos de 2025 y 2026" , que hay sobre la conciencia, la percepción, la memoria y la construcción del yo desde el diálogo entre budismo y ciencias cognitivas. 

Fin Filosofía de la Mente (Mod 5a más 5b). Continuar en Mod 6.


sábado, 17 de octubre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5a de 13.

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: Visión de un Sistema Integral (V.S.I.)     IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5a de 13. 

                                IV. FILOSOFÍA DE LA MENTE.     Mod 5a

LA FILOSOFÍA BUDISTA DE LA MENTE está diseñada para entender cómo se forma la experiencia consciente (mental), cómo funciona y cómo se puede mejorar mediante el entrenamiento mental. Entre sus componentes centrales para entenderla, se distingue principalmente como estamos conformados y características propias de la mente:

1.- La teoría de los cinco agregados (skandhas) explica la constitución dinámica de la experiencia personal. Estamos formados por cinco skandhas (agregados): forma (cuerpo y fenómenos materiales), sensación, percepción, formaciones mentales (intenciones, emociones, pensamientos, hábitos, disposiciones mentales en general) y conciencia.

2.- La transitoriedad de la conciencia, entendiendo los estados mentales como eventos fugaces y condicionados. Este es el estado natural de los mismos.

3.- El proceso de autoformación de la "identidad" el que se convierte en un proceso dinámico y cambiante según las condiciones y el entorno, y no en algo fijo como lo percibimos; no hay una esencia fija, pues no existe. Lo que es claro es que esta en constante cambio.

4.- La capacidad de cambiar y mejorar los sentimientos perturbadores a través de la meditación. Lo que confirma que la mente es flexible, moldeable.

Buda nos enseña también que todos podemos despertar pues contamos con la naturaleza de Buda (Bhuddha Dathu), que fue lo que le permitió a él (Sidharta) la Iluminación.    Fuente base: El trabajo de Barbara O´Brien – 08/2018. Se registra en el Pali Tipitika (Pabhassara Sutta, Anguttara Nikaya 1.49-52) - Thanissaro Bhikkhu.                

“En la escuela Yogācāra , particularmente con los maestros Asaṅga y Vasubandhu , también hay profundizaciones e ideas fundamentales:

  •  La conciencia base (ālaya-vijñāna). Es un continuo de semillas o potencialidades kármicas (positivas y negativas) y de los hábitos mentales del ser. A menudo es llamada metafóricamente "conciencia almacén", ya que los almacena.
  •  El esquema cognitivo condicionado que organiza la experiencia. En esta tradición, la experiencia del mundo siempre está facilitada por estructuras cognitivas, hábitos mentales y disposiciones kármicas.
  •  Una visión dinámica o cambiante de la mente, que es un flujo continuo de procesos condicionados y en constante transformación”.                                                                                                                                                 Fuente: Stanford Encyclopedia of, “Yogācāra”, secciones sobre psicología filosófica y ālayavijñāna.

La filosofía mental permite comprender la naturaleza de la mente, la conciencia y los procesos mentales, así como la forma en que los pensamientos, emociones y percepciones condicionan nuestra experiencia. Temas que veremos más adelante. También permite descubrir cómo la mente puede ser entrenada mediante la atención conciente y la meditación, para disminuir el sufrimiento y desarrollar mayor claridad mental y sabiduría.

Por lo tanto, la filosofía de la mente constituye la base teórica para comprender cómo se puede lograr la transformación interna de la persona, allanando el camino para el análisis fenomenológico de la experiencia desarrollado en una siguiente dimensión.

ESTADOS MENTALES PERTURBADORES (KLEŚAS).

El hecho de que permanezcamos en el samsara tiene su explicación. Nuestra mente se ve perturbada por distintos factores mentales que afectan nuestra percepción y nuestra manera de relacionarnos con lo que experimentamos.

Entre otras cosas ello nos impide mantener la tranquilidad, los principios éticos y el ver la realidad de las fenómenos y situaciones que se dan.

Los principales perturbaciones son conocidas como los “venenos mentales”: el apego, la aversión y la ignorancia. El apego surge cuando vemos algo como una fuente de felicidad y lo deseamos. La aversión aparece cuando exageramos las características negativas de aquello que percibimos y queremos rechazarlo. La ignorancia consiste, en esencia, en no reconocer la verdadera naturaleza de los fenómenos, aspecto relacionado con la diferencia entre la verdad convencional y la verdad última.

De estas perturbaciones surgen también otras, como el orgullo, los celos, la vanidad y la duda perturbadora. Estas afectan nuestra paz mental y de seguro pueden convertirse en causas de nuestro sufrimiento. También dificultan el desarrollo de virtudes como la paciencia, el cumplimiento de los principios éticos y la generación de karma positivo. De esta manera, contribuyen a mantenernos dentro del samsara.

Estas perturbaciones aparecen constantemente y afectan nuestra tranquilidad. Muchas veces no sabemos reconocerlas ni controlarlas, por lo que terminamos actuando bajo su influencia perturbadora.

La práctica de la meditación es lo único que puede ayudarnos a reconocer, reducir y transformar estos estados mentales perturbadores. Dentro de la tradición budista se habla de una clasificación de 51 factores mentales. Al trabajar sobre ellos podemos desarrollar mayor paz y claridad mental, junto con cualidades como la compasión y la sabiduría. De esta manera, podemos disminuir las causas del sufrimiento y avanzar en el camino hacia la liberación del samsara.

NIVELES DE CONCIENCIA.

El budismo Mahayana explica la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Estos niveles no deben entenderse como entidades separadas, sino como diversas capas o funciones que operan en conjunto. El modelo de las primeras ocho conciencias se vincula con la escuela Yogācāra. Algunas corrientes posteriores incorporan una novena asociada con la pureza esencial y la naturaleza de Buda.

Las primeras seis conciencias.

Las primeras cinco conciencias corresponden a los cinco sentidos.

1.      La conciencia visual percibe colores y formas (tamaño, brillo y contraste, movimiento, ubicación).

2.      La conciencia auditiva percibe sonidos.

3.      La conciencia olfativa percibe olores.

4.      La conciencia gustativa percibe sabores.

5.      La conciencia corporal percibe sensaciones - por medio del tacto.

Estas conciencias permiten que el mundo exterior entre en contacto con nuestra experiencia interior. Cada una recoge información vinculada con un órgano sensorial y la transmite a la sexta conciencia.   La sexta conciencia es la conciencia mental. Su función consiste en integrar, interpretar y evaluar la información recibida por los sentidos. Gracias a ella podemos reconocer objetos, formar pensamientos, recordar experiencias, imaginar situaciones y tomar decisiones.

Por ejemplo, el ojo capta ciertas formas, colores, tamaño de lo que vemos. El oído registra sonidos. La sexta conciencia reúne estos datos y permite identificar aquello que percibimos. En resumen, las primeras seis conciencias sostienen gran parte de nuestras actividades cotidianas. A través de ellas observamos el entorno, analizamos lo que sucede y respondemos ante cada situación.

La séptima conciencia.

En un nivel más profundo se encuentra la séptima conciencia, llamada manas -vijñána. Esta se relaciona con la construcción del ego y con la idea de poseer un yo individual, fijo y separado de lo demás. La séptima conciencia no depende de un estímulo exterior inmediato. Opera desde nuestra vida interior y se vincula con los juicios, los valores, los conceptos y la interpretación que hacemos de nosotros mismos.

En este nivel surgen el apego a la propia identidad, la arrogancia, la inseguridad, el egoísmo y suma de  conflictos. También aparece la capacidad de reflexionar sobre nuestra conducta, distinguir entre acciones beneficiosas y perjudiciales, y decidir si queremos cambiar nuestros hábitos.                        

La séptima conciencia cumple una función relevante en nuestra vida, nos da una gran visión pero puede llevarnos a interpretar el mundo desde una visión limitada. Por tanto cuando nos aferramos a la idea de un yo aislado, perdemos de vista la relación que existe entre todos los seres y fenómenos.

La octava conciencia.

Bajo la séptima conciencia se encuentra la octava, denominada ālaya-vijñāna. El término ālaya puede traducirse como almacén o receptáculo. Esta conciencia conserva las huellas generadas por nuestras acciones, palabras y pensamientos. En la tradición budista, estas huellas reciben el nombre de semillas kármicas. Cada acción sea positiva o negativa deja una impresión que puede producir efectos similares cuando se presentan las condiciones adecuadas, para que estas semillas maduren. Este “almacén” conserva la energía de nuestro karma.

Las acciones constructivas, como la compasión, el autocontrol y la no violencia, pueden generar efectos beneficiosos. Las acciones destructivas, impulsadas por la ira, la ignorancia o el apego, pueden causar sufrimiento para nosotros y para quienes nos rodean.                                                                                                                                                  La octava conciencia no debe entenderse como un depósito estático. No es un estanque con arena o avena. Se trata de un flujo que recibe nuevas impresiones y manifiesta sus efectos según las causas y condiciones que se presentan. Es razonable concluir que los hábitos, las tendencias y las experiencias previas influyen la forma en que percibimos y enfrentamos la realidad. Si bien pueden surgir efectos en nuestras vidas, continuamente creamos nuevas causas que afectan el flujo de la energía kármica.

Desde la perspectiva budista, las primeras siete conciencias entran en un estado latente tras la muerte. La octava conserva las semillas kármicas vinculadas con la continuidad de la vida a través de los ciclos de nacimiento y muerte.

La “novena conciencia”.

Algunas tradiciones Mahayanas explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Las primeras ocho conciencias se relacionan con el pensamiento Yogācāra. En desarrollos posteriores, presentes también en enseñanzas vinculadas con el budismo Vajrayana, se nomina una novena conciencia: amala-vijñāna; esta es la que representa la pureza esencial de la mente o conciencia plenamente despierta y se asocia con la naturaleza de Buda.

Esta se encuentra libre de todas las impurezas kármicas acumuladas en la octava conciencia y representa la capacidad de transformar incluso las tendencias negativas más enraizadas en positivas o purificarlas.

Despertar esta conciencia permite manifestar sabiduría, compasión, y una felicidad que no depende de las circunstancias externas. La budeidad no es escapar de la realidad ni negar las dificultades de la vida. Las enfrenta desde una condición interior que es capaz de transformar el sufrimiento y generar valor para uno mismo y para los demás.

                     Resumen.

Los distintos niveles de conciencia operan de forma conjunta. Las primeras cinco conciencias recogen información por medio de los sentidos. La sexta la interpreta. La séptima construye la noción del yo. La octava conserva las huellas kármicas de nuestras acciones. La novena representa la capacidad de revelar nuestra naturaleza de Buda.  Nuestra vida interior es muy importante pues cada pensamiento, palabra y acción deja una huella en alaya. Por ello, el cambio personal no depende solo de comprender una idea, sino de cultivar hábitos que nos permitan actuar con mayor sabiduría y compasión.

...  continúa en Mod 5b 

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. VI ÉTICA FILOSÓFICA Mod.7a

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:  Visión de un sistema integral  (V.S.I.)   VI. ÉTICA FILOSÓFICA Mod.7a                                  ...