Click a Seguidores
jueves, 31 de octubre de 2024
lunes, 28 de octubre de 2024
NIVELES DE CONCIENCIAS - LAS CONCIENCIAS (mente)
NIVELES DE CONCIENCIA
Algunas tradiciones del budismo Mahayana explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Estos niveles no deben entenderse como entidades separadas, sino como diversas capas o funciones que operan en conjunto.
El modelo de las primeras ocho conciencias se vincula con la escuela Yogācāra. Algunas corrientes posteriores incorporan una novena conciencia denominada amala, asociada con la pureza esencial y la naturaleza de Buda.
Las primeras seis conciencias.
Las primeras cinco conciencias corresponden a los cinco sentidos.
La conciencia visual percibe colores y formas.
La conciencia auditiva percibe sonidos.
La conciencia olfativa percibe olores.
La conciencia gustativa percibe sabores.
La conciencia corporal percibe sensaciones por medio del tacto.
Estas conciencias permiten que el mundo exterior entre en contacto con nuestra experiencia interior. Cada una recoge información vinculada con un órgano sensorial y la transmite a la sexta conciencia.
La sexta conciencia es la conciencia mental. Su función consiste en integrar, interpretar y evaluar la información recibida por los sentidos. Gracias a ella podemos reconocer objetos, formar pensamientos, recordar experiencias, imaginar situaciones y tomar decisiones.
Por ejemplo, el ojo capta una forma y un color. El oído registra un sonido. La sexta conciencia reúne estos datos y permite identificar aquello que percibimos.
Las primeras seis conciencias sostienen gran parte de nuestras actividades cotidianas. A través de ellas observamos el entorno, analizamos lo que sucede y respondemos ante cada situación.
La séptima conciencia.
En un nivel más profundo se encuentra la séptima conciencia, llamada manas -vijñána. Esta se relaciona con la construcción del ego y con la idea de poseer un yo individual, fijo y separado de los demás.
La séptima conciencia no depende de un estímulo exterior inmediato. Opera desde nuestra vida interior y se vincula con los juicios, los valores, los conceptos y la interpretación que hacemos de nosotros mismos.
En este nivel surgen el apego a la propia identidad, la arrogancia, la inseguridad, el egoísmo y numerosos conflictos. También aparece la capacidad de reflexionar sobre nuestra conducta, distinguir entre acciones beneficiosas y perjudiciales, y decidir si queremos cambiar nuestros hábitos.
La séptima conciencia cumple una función relevante en nuestra vida, pero puede llevarnos a interpretar el mundo desde una visión limitada. Cuando nos aferramos a la idea de un yo aislado, perdemos de vista la relación que existe entre todos los seres y fenómenos.
La octava conciencia.
Bajo la séptima conciencia se encuentra la octava, denominada ālaya-vijñāna. El término ālaya puede traducirse como depósito, almacén o receptáculo.
Esta conciencia conserva las huellas generadas por nuestras acciones, palabras y pensamientos. En la tradición budista, estas huellas reciben el nombre de semillas kármicas. Cada acción sea positiva o negativa deja una impresión que puede producir efectos cuando se presentan las condiciones adecuadas.
Las acciones constructivas, como la compasión, el autocontrol y la no violencia, pueden generar efectos beneficiosos. Las acciones destructivas, impulsadas por la ira, la ignorancia o el apego, pueden causar sufrimiento para nosotros y para quienes nos rodean.
La octava conciencia no debe entenderse como un depósito estático. Se trata de un flujo que recibe nuevas impresiones y manifiesta sus efectos según las causas y condiciones presentes. Los hábitos, las tendencias y las experiencias previas influyen en la forma en que percibimos y enfrentamos la realidad.
Desde la perspectiva budista, las primeras siete conciencias entran en un estado latente tras la muerte, mientras la octava conserva las semillas kármicas vinculadas con la continuidad de la vida a través de los ciclos de nacimiento y muerte.
La novena conciencia.
Algunas tradiciones del budismo Mahayana explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Las primeras ocho conciencias se relacionan con el pensamiento Yogācāra. En desarrollos posteriores, presentes también en enseñanzas vinculadas con el budismo Vajrayana, se incorpora una novena conciencia denominada amala-vijñāna. Esta representa la pureza esencial de la mente y se asocia con la naturaleza de Buda.
La novena conciencia se asocia con la naturaleza de Buda. Se encuentra libre de las impurezas kármicas acumuladas en la octava conciencia y representa la capacidad de transformar incluso las tendencias negativas más arraigadas.
Despertar esta conciencia permite manifestar sabiduría, compasión, valentía y una felicidad que no depende por completo de las circunstancias externas.
La budeidad no consiste en escapar de la realidad ni en negar las dificultades de la vida. Consiste en enfrentarlas desde una condición interior capaz de transformar el sufrimiento y generar valor para uno mismo y para los demás.
Esta es una visión vajrayana.
Una visión integrada.
Los distintos niveles de conciencia operan de forma conjunta.
Las primeras cinco conciencias recogen información por medio de los sentidos. La sexta la interpreta. La séptima construye la noción del yo. La octava conserva las huellas kármicas de nuestras acciones. La novena representa la capacidad de revelar nuestra naturaleza de Buda.
Esta enseñanza invita a observar nuestra vida interior con mayor atención. Cada pensamiento, palabra y acción deja una huella. Por ello, el cambio personal no depende solo de comprender una idea, sino también de cultivar hábitos que nos permitan actuar con mayor sabiduría, responsabilidad y compasión.
1
domingo, 27 de octubre de 2024
LA IMPERMANENCIA - QUÉ ES Y CÓMO NOS AFECTA. C7
LA IMPERMANENCIA — Qué es y cómo nos afecta
La impermanencia es una enseñanza central del budismo y se relaciona con la Primera Noble Verdad. Para comprender mejor este tema, se recomienda leer antes la entrada sobre las Cuatro Nobles Verdades.
El budismo nos enseña que todo lo condicionado está sujeto al cambio. Nada permanece igual para siempre.
Las hojas caen de los árboles.
Las ideas aparecen y desaparecen.
No todos los días son iguales.
La lluvia comienza y luego se detiene.
Las estaciones llegan y se van.
El presente se convierte en pasado en cada instante.
También nuestros pensamientos, emociones y sensaciones cambian. Surgen, permanecen durante un tiempo y luego se transforman o desaparecen.
La impermanencia no significa que todas las cosas cambien al mismo ritmo. Un árbol puede vivir muchos años. Una roca puede mantenerse durante siglos. Un automóvil puede durar décadas. Sin embargo, ninguno de ellos es permanente. Cada fenómeno posee su propio proceso de transformación.
Nuestra vida también está marcada por la impermanencia. Nacemos, crecemos, envejecemos y morimos. El cuerpo cambia de forma constante. Muchas células se renuevan en períodos distintos según su función. Algunas duran pocos días, otras varios meses y otras pocas pueden permanecer durante gran parte de nuestra vida. No somos un organismo estático. Nuestro cuerpo atraviesa procesos de cambio durante toda la existencia.
Comprender la impermanencia no busca generar pesimismo. Por el contrario, nos ayuda a observar la realidad con mayor claridad.
Gran parte del sufrimiento surge cuando creemos que las cosas deberían permanecer como deseamos. Nos apegamos a una persona, a una etapa de la vida, a una situación agradable o a un objeto. Cuando aquello cambia, se deteriora o desaparece, sufrimos.
Sufrimos cuando se rompe algo que apreciamos.
Sufrimos cuando termina una etapa feliz.
Sufrimos cuando enfermamos.
Sufrimos cuando muere una mascota o una persona cercana.
Incluso podemos sufrir cuando finalizan las vacaciones.
El problema no está en que sintamos tristeza. La tristeza es una respuesta humana. El sufrimiento aumenta cuando rechazamos la naturaleza cambiante de la vida y deseamos que aquello que amamos permanezca intacto para siempre.
Sin embargo, la impermanencia no solo implica pérdida. También hace posible el crecimiento.
Si todo fuera permanente, no podríamos aprender.
No podríamos superar una dificultad.
No podríamos abandonar hábitos dañinos.
No podríamos sanar.
No podríamos avanzar por un camino espiritual.
No podríamos transformarnos en mejores personas.
La impermanencia también abre la puerta a la esperanza. Una emoción dolorosa puede cambiar. Un momento difícil puede terminar. Una persona puede aprender de sus errores. Una herida puede sanar. Una situación que parece insoportable no durará para siempre.
Por ello, comprender la impermanencia permite disminuir el apego y vivir con mayor serenidad. No se trata de dejar de amar, sino de amar sin aferrarnos. No se trata de rechazar la vida, sino de valorarla porque sabemos que cada instante es irrepetible.
Como enseña el Dhammapada: “Todas las cosas condicionadas son impermanentes”.
Esto significa que todo fenómeno que surge debido a causas y condiciones está sujeto al cambio. Nada aparece de forma aislada. Cada cosa depende de múltiples factores y, al cambiar esos factores, también cambia aquello que surgió a partir de ellos.
Una planta depende de una semilla, del agua, de la tierra, de la luz y del paso del tiempo.
Una relación depende del afecto, del cuidado, de la comunicación y de las circunstancias.
Una emoción depende de pensamientos, recuerdos, experiencias y condiciones del momento.
Los fenómenos no se explican por una única causa. Surgen a partir de una red de condiciones relacionadas entre sí. Esta comprensión se vincula con la originación dependiente. Todo lo condicionado surge debido a causas y condiciones y, por ello, está sujeto a transformación.
La impermanencia está frente a nuestros ojos durante todo el tiempo.
El día comienza y termina.
El cielo puede estar despejado y luego cubrirse de nubes.
Una emoción intensa puede disminuir.
Una idea puede cambiar.
Una etapa de la vida puede cerrarse para dar paso a otra.
Observar estos cambios nos ayuda a comprender que la vida no puede ser controlada por completo. También nos enseña a valorar el presente y a relacionarnos con nuestras experiencias de una forma más sabia.
Como expresó Milarepa: “Veo todo a mi alrededor como una enseñanza”.
La impermanencia puede convertirse en una maestra. Nos recuerda que cada experiencia posee un valor, que nada debe darse por garantizado y que siempre existe la posibilidad de aprender, cambiar y crecer.
1
jueves, 24 de octubre de 2024
SEMILLAS PARA UNA ACTITUD BUDISTA. Paz, Rótulos, Verdad, Asoka, Felicidad, Dios ...
SEMILLAS PARA UNA ACTITUD BUDISTA
Bajo este título incorporaremos algunas disposiciones que pueden ayudarnos a comprender mejor la práctica budista. Estas reflexiones se presentarán cada cierto tiempo a partir de enseñanzas, relatos y ejemplos vinculados con la tradición budista.
El propósito no es memorizar frases ni aceptar ideas sin examinarlas. Se trata de aprender a observar la vida con mayor lucidez, apertura y serenidad.
Buda como maestro humano.
Buda no fue presentado como un dios. Fue un ser humano que recorrió un camino de búsqueda, disciplina y comprensión.
Su enseñanza parte de una idea profunda. El ser humano puede transformarse. Puede observar su mente, reconocer las causas de su sufrimiento y trabajar para disminuirlas.
El camino budista no propone una obediencia ciega. Invita a desarrollar una comprensión nacida de la experiencia y de la reflexión.
Aprender a dudar.
Una actitud budista requiere apertura y discernimiento.
No es conveniente aceptar una enseñanza solo porque proviene de una tradición, de una autoridad o de una persona respetada. Tampoco se trata de rechazar una idea antes de comprenderla. La duda puede ser valiosa cuando nos impulsa a observar, preguntar y analizar.
Antes de aceptar una idea, conviene preguntarnos:
¿Produce daño o bienestar?
¿Aumenta la confusión o la claridad?
¿Fortalece el egoísmo o la compasión?
¿Nos ayuda a vivir con mayor serenidad?
La búsqueda espiritual no exige dejar de pensar. Exige aprender a pensar con mayor profundidad.
Más allá de los nombres.
Las etiquetas pueden ser útiles, pero no deben transformarse en barreras.
Podemos preguntarnos si el budismo es una religión, una filosofía o un camino espiritual. Sin embargo, el nombre no modifica aquello que buscamos comprender.
Lo importante no es la etiqueta. Lo importante es observar si una enseñanza nos ayuda a vivir con mayor sabiduría, compasión y equilibrio.
Respeto hacia otras creencias.
La tradición budista ha valorado la tolerancia y el respeto hacia otras formas de pensamiento. Un ejemplo importante se encuentra en el emperador Aśoka, quien gobernó India durante el siglo III antes de nuestra era y apoyó la difusión del budismo. En sus edictos promovió el respeto entre distintas tradiciones religiosas. Enseñó que no corresponde engrandecer la propia creencia mediante el desprecio hacia las demás.
Esta idea conserva su valor en el presente.
Respetar otras creencias no significa aceptar cada afirmación sin reflexión. Significa reconocer la dignidad de las personas, escuchar antes de juzgar y evitar el fanatismo.
La paz y la no violencia.
La práctica budista promueve una actitud de no violencia. La violencia no aparece solo en los actos físicos. También puede expresarse en nuestras palabras, pensamientos e intenciones.
Una palabra hiriente puede causar dolor.
Un prejuicio puede alejarnos de otra persona.
El resentimiento puede alterar nuestra paz interior.
El deseo de dañar a alguien también afecta nuestra mente.
Cultivar la no violencia significa observar nuestras acciones, nuestra forma de hablar y nuestros estados internos.
No siempre podremos evitar el enojo. Sin embargo, podemos aprender a reconocerlo antes de actuar desde él.
El deseo y la gratitud.
El budismo nos invita a observar el deseo. Desear algo no es en sí un problema. El sufrimiento aparece cuando nuestra tranquilidad depende por completo de obtener aquello que queremos.
Cuando creemos que nunca tenemos suficiente, la mente permanece inquieta.
Queremos más dinero.
Más reconocimiento.
Más objetos.
Más aprobación.
Más seguridad.
Más control.
El deseo puede crecer sin límite. Por ello, es importante distinguir entre lo que necesitamos para vivir con dignidad y aquello que deseamos porque creemos que nos dará una felicidad permanente.
La gratitud nos ayuda a valorar lo que tenemos sin renunciar a mejorar nuestra vida.
También debemos recordar que toda persona merece acceder a condiciones básicas para vivir con dignidad. Hablar de desapego no significa ignorar la pobreza, la desigualdad o las necesidades reales de las personas.
La verdad y el apego a las opiniones.
Buscar la verdad no consiste en imponer nuestras creencias.
Podemos expresar una convicción con honestidad. Sin embargo, debemos tener cuidado al afirmar que nuestra opinión es la única posible y que todo lo demás es falso.
En lugar de intentar comprender, buscamos defender nuestra postura.
En lugar de observar, juzgamos.
En lugar de dialogar, reaccionamos.
Una actitud budista requiere humildad.
Podemos pensar que tenemos razón y, al mismo tiempo, mantenernos abiertos a revisar nuestras ideas.
Los prejuicios y las etiquetas.
Cuando conocemos a una persona, solemos clasificarla. La asociamos con su nacionalidad, su religión, su profesión, su edad, su forma de vestir o su manera de hablar.
Las etiquetas pueden ocultar a la persona real.
Juzgamos antes de conocer.
Suponemos antes de escuchar.
Reducimos una vida completa a una categoría.
La práctica budista nos invita a observar estos prejuicios y a no identificarnos de inmediato con ellos.
Una persona no puede resumirse en una sola característica.
Escuchar con apertura.
Para comprender una enseñanza, debemos aprender a escuchar.
Escuchar no significa aceptar todo. Significa dejar un espacio antes de responder.
Muchas veces oímos una idea y comenzamos a compararla de inmediato con nuestras creencias anteriores. Mientras la otra persona habla, nosotros ya estamos preparando una respuesta.
En esos momentos no escuchamos por completo.
Escuchar con apertura requiere suspender por un instante nuestros prejuicios, nuestras defensas y nuestros intereses personales. Solo después podremos analizar, aceptar o rechazar una idea con mayor claridad.
Una actitud para la vida cotidiana.
La actitud budista no se limita a estudiar conceptos. No basta con eso.
Se practica en la vida diaria -
Cuando escuchamos antes de responder.
Cuando evitamos herir con nuestras palabras.
Cuando reconocemos nuestros prejuicios.
Cuando agradecemos lo que tenemos.
Cuando distinguimos una necesidad real de un deseo pasajero.
Cuando respetamos otras creencias.
Cuando aceptamos que nuestras opiniones también pueden cambiar.
La libertad de pensamiento, la tolerancia y la compasión fueron enseñanzas valiosas en la época de Buda. Tal vez hoy sigan siendo igual de necesarias.
1
domingo, 20 de octubre de 2024
LAS CUATRO NOBLES VERDADES - PARTE 1 de 2.
LAS CUATRO NOBLES VERDADES — PARTE 1 DE 2
A través de las Cuatro Nobles Verdades, Buda explicó la naturaleza del sufrimiento, sus causas y la posibilidad de liberarnos de él.
Estas enseñanzas no buscan transmitir una visión pesimista de la vida. Su propósito es ayudarnos a reconocer aquello que genera malestar para aprender a relacionarnos con la existencia de una forma más sabia.
Las Cuatro Nobles Verdades son
La existencia condicionada está atravesada por el sufrimiento, la insatisfacción e incomodidad.
El origen del sufrimiento está relacionado con la sed, la avidez y el apego.
El sufrimiento puede cesar.
Existe un camino que conduce hacia su cese, llamado Noble Óctuple Sendero.
En esta primera parte abordaremos la Primera Noble Verdad. Abra una parte 2 de 2 para las otras tres verdades.
1. La existencia condicionada contiene sufrimiento.
La Primera Noble Verdad nos invita a reconocer la presencia del sufrimiento y de la insatisfacción en nuestra experiencia. Nacer, envejecer, enfermar y morir forman parte de la vida. También sufrimos cuando perdemos algo que valoramos, cuando no obtenemos aquello que deseamos o cuando atravesamos una situación que no queremos vivir.
Una decepción puede causarnos dolor.
Una enfermedad puede generar temor.
La pérdida de una persona cercana puede producir tristeza.
El fin de una etapa agradable puede dejarnos una sensación de vacío.
Incluso los momentos felices pueden contener cierta fragilidad porque sabemos que no durarán para siempre.
Reconocer esto no significa negar la belleza de la vida. Tampoco implica vivir con desánimo.
La práctica budista nos invita a observar que el sufrimiento existe y que posee causas. Solo cuando reconocemos un problema podemos comenzar a trabajar sobre él.
La existencia y sus características.
El budismo enseña que los fenómenos condicionados poseen ciertas características que debemos comprender a cabalidad.
Estas son:
la impermanencia.
la insatisfacción o sufrimiento.
la ausencia de un yo fijo e independiente.
Estas características suelen estudiarse como rasgos centrales de la existencia condicionada. No siempre resulta difícil entenderlas como ideas. El desafío consiste en incorporarlas a nuestra vida diaria.
Podemos saber que todo cambia y, aun así, sufrir cuando cambia aquello que amamos.
Podemos saber que una emoción es pasajera y, aun así, creer que durará para siempre.
Podemos saber que nuestra identidad se transforma con el tiempo y, aun así, aferrarnos a una imagen rígida de nosotros mismos.
La práctica budista busca que esta comprensión no quede limitada al plano intelectual.
La impermanencia.
La impermanencia indica que todo fenómeno condicionado está sujeto al cambio.
Nada permanece idéntico a sí mismo para siempre.
El cuerpo cambia.
La mente cambia.
Las emociones cambian.
Las relaciones cambian.
Las circunstancias cambian.
Las ideas cambian.
Un árbol no es igual hoy que ayer. Aunque no siempre lo notemos, el viento, el agua, la luz y el paso del tiempo lo transforman. Lo mismo ocurre con nosotros. No somos la misma persona que éramos hace diez años. Tampoco somos la misma persona que éramos hace algunos meses.
Nuestro cuerpo cambia. Nuestros pensamientos aparecen y desaparecen. Nuestras emociones surgen, permanecen durante un tiempo y luego se transforman.
La impermanencia no es algo negativo en sí mismo.
Gracias al cambio podemos aprender.
Podemos sanar.
Podemos abandonar hábitos dañinos.
Podemos superar una etapa dolorosa.
Podemos desarrollar sabiduría y compasión.
El sufrimiento aumenta cuando deseamos que aquello que cambia permanezca intacto.
Nos aferramos a una persona, una emoción, una etapa de la vida o una imagen de nosotros mismos. Cuando aquello se transforma, sentimos que la realidad nos ha fallado.
Comprender la impermanencia nos ayuda a relacionarnos con la vida con menos rigidez y mayor serenidad.
No se trata de dejar de amar. Se trata de amar sin pretender que todo permanezca igual para siempre.
La ausencia de un yo fijo.
Otra enseñanza central del budismo es la ausencia de un yo fijo, independiente e inmutable.
En la vida diaria usamos palabras como yo, persona o individuo. Estas palabras son necesarias para comunicarnos. Sin embargo, el budismo nos invita a observar que aquello que llamamos yo no existe de forma aislada.
Dependemos del cuerpo, del alimento, del aire, del agua, de nuestras relaciones, de la educación recibida, de nuestras experiencias y de muchas otras condiciones.
También cambiamos a cada instante.
Nuestros pensamientos cambian.
Nuestros recuerdos cambian.
Nuestro cuerpo cambia.
Nuestras opiniones cambian.
Nuestros estados emocionales cambian.
Por ello, el budismo cuestiona la idea de un yo sólido que permanece igual durante toda la vida. Esto no significa que no existamos. Significa que nuestra existencia depende de múltiples procesos relacionados entre sí.
El yo puede entenderse como una forma útil de nombrar ese conjunto cambiante de procesos físicos y mentales.
El sufrimiento aumenta cuando nos aferramos a una imagen rígida de nosotros mismos.
Pensamos .
yo siempre he sido así.
esta opinión me define.
este dolor nunca terminará.
necesito que los demás reconozcan quién soy.
La práctica nos ayuda a observar que esas ideas también están sujetas al cambio.
La insatisfacción o sufrimiento.
La insatisfacción se relaciona con la dificultad de encontrar una seguridad duradera en fenómenos que cambian.
Muchas veces buscamos felicidad en objetos, relaciones, logros o experiencias.
Cuando obtenemos aquello que queríamos, podemos sentir alegría. Sin embargo, esa satisfacción suele depender de causas y condiciones.
Un objeto puede romperse.
Una relación puede cambiar.
Una emoción agradable puede terminar.
Un logro puede dejar de parecernos suficiente.
El problema no está en disfrutar aquello que tenemos.
El problema aparece cuando exigimos que una experiencia temporal nos entregue una satisfacción permanente. Comprender esto nos permite valorar la vida sin aferrarnos a ella con desesperación.
Tres formas de sufrimiento.
En distintas tradiciones budistas se explican tres formas de sufrimiento.
1. El sufrimiento evidente.
Es el dolor físico o emocional que reconocemos con facilidad. Incluye una enfermedad, una herida, una pérdida, una decepción o una situación desagradable.
También los animales experimentan esta clase de sufrimiento y buscan evitarlo.
2. El sufrimiento asociado al cambio.
Surge cuando una experiencia agradable termina o deja de producir la satisfacción que esperábamos.
Una persona puede desear un objeto durante mucho tiempo. Cuando por fin lo obtiene, siente alegría. Después de un período, el entusiasmo disminuye y aparece un nuevo deseo.
Esto no significa que debamos rechazar toda experiencia agradable. Significa que no debemos esperar de ella una felicidad definitiva.
3. El sufrimiento propio de la existencia condicionada.
Esta forma de sufrimiento es más sutil. Se relaciona con el hecho de que vivimos sujetos a causas y condiciones que cambian.
Nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestras emociones no están por completo bajo nuestro control.
Un recuerdo puede alterar nuestro ánimo.
Una palabra puede despertar ira.
Una experiencia agradable puede generar apego.
Una preocupación puede ocupar nuestra mente durante horas.
Comprender esta forma de sufrimiento requiere observar con cuidado nuestra experiencia.
Los Cinco Agregados.
El budismo analiza aquello que llamamos persona a través de cinco grupos o agregados.
Estos agregados no deben entenderse como partes aisladas. Actúan de forma relacionada y se encuentran sujetos al cambio.
1. Forma o materia.
Este agregado incluye el cuerpo y los elementos físicos de nuestra experiencia.
También abarca los órganos de los sentidos y los objetos que percibimos a través de ellos.
El cuerpo cambia desde el nacimiento hasta la muerte. Depende de muchas condiciones para existir y mantenerse.
2. Sensaciones.
Las sensaciones pueden ser agradables, desagradables o neutras.
Surgen cuando entramos en contacto con una experiencia.
Podemos sentir placer al probar una comida.
Podemos sentir molestia ante un ruido intenso.
Podemos experimentar una sensación neutra frente a algo que no despierta interés.
Las sensaciones cambian y no duran para siempre.
3. Percepción.
La percepción nos permite reconocer e identificar aquello que experimentamos.
Gracias a ella distinguimos un color, una voz, un rostro o una idea.
La percepción se apoya en experiencias anteriores y puede estar condicionada por nuestros recuerdos, hábitos y expectativas. Por ello, dos personas pueden interpretar una misma situación de formas distintas.
4. Formaciones mentales.
Este agregado incluye impulsos, intenciones, hábitos y estados mentales.
Entre ellos se encuentran la generosidad, la ira, la compasión, el deseo, la paciencia, la envidia y la atención. Estas formaciones influyen en nuestra conducta.
En el budismo, el karma se relaciona con las acciones intencionales y sus consecuencias.
No debe entenderse como un sistema automático de premios y castigos. Nuestras acciones dejan huellas. Una conducta guiada por la ira puede generar sufrimiento. Una conducta guiada por la compasión puede favorecer el bienestar. Depende en el fondo de la intención buena o mala que empuja.
5. Conciencia (o mente).
La conciencia registra la presencia de una experiencia.
Existe conciencia visual cuando vemos una forma.
Existe conciencia auditiva cuando escuchamos un sonido.
Existe conciencia mental cuando aparece un pensamiento.
La conciencia no actúa de forma aislada. Se relaciona con los otros agregados.
Por ejemplo, podemos ver un objeto, reconocerlo, sentir agrado y luego desear poseerlo.
Los agregados y la idea del yo.
Los cinco agregados permiten comprender por qué el budismo cuestiona la existencia de un yo fijo.
El cuerpo cambia.
Las sensaciones cambian.
Las percepciones cambian.
Las formaciones mentales cambian.
La conciencia cambia.
No encontramos en ellos una entidad permanente e independiente. Aquello que llamamos persona surge de la interacción entre estos procesos.
Usar la palabra yo, no es un error. El problema aparece cuando creemos que existe una esencia rígida que debe ser protegida, defendida y satisfecha en todo momento.
El apego a esa idea puede generar sufrimiento.
Detras del yo no hay una esencia o algo que sea el yo. Pero sirve para identificarnos.
Una enseñanza para la vida diaria.
La Primera Noble Verdad no busca que vivamos con temor. Busca que observemos nuestra experiencia con honestidad.
Cuando comprendemos que todo cambia, aprendemos a valorar el presente.
Cuando reconocemos que nuestras emociones son pasajeras, dejamos de identificarnos por completo con ellas.
Cuando observamos que nuestra identidad no es rígida, descubrimos que podemos aprender y transformarnos.
Cuando dejamos de exigir una felicidad permanente a cosas que no pueden entregarla, disminuye nuestra frustración.
La práctica budista no consiste en escapar de la vida. Consiste en comprenderla con mayor claridad para vivir con más sabiduría, compasión y libertad interior.
En la segunda parte abordaremos el origen del sufrimiento, su posible cese y el Noble Óctuple Sendero.
1
martes, 15 de octubre de 2024
BUDA "EL DESPIERTO"- Nacimiento / Iluminación / Paranirvana / Enseñanzas
BUDA, “EL DESPIERTO” — Nacimiento, iluminación y parinirvana.
En esta entrada abordaremos tres temas:
el significado de la palabra Buda.
el nacimiento, la iluminación y el parinirvana de Buda Shakyamuni.
algunas enseñanzas que nos permiten acercarnos a su pensamiento.
Buda, el despierto
La palabra Buda significa “el despierto”. No es un nombre propio. Es un título que se utiliza para referirse a quien ha despertado de la ignorancia y ha alcanzado una comprensión profunda de la realidad.
Siddhartha Gautama es conocido como Buda Shakyamuni. La palabra Shakyamuni puede traducirse como “el sabio del clan de los Shakya”, grupo al que perteneció.
También recibe el nombre de Tathagata, expresión utilizada en distintos textos budistas y cuya interpretación ha dado lugar a diversas traducciones.
Buda no debe entenderse como un dios creador. Fue un maestro que recorrió un camino de búsqueda, disciplina y transformación interior. A través de su experiencia, enseñó que el sufrimiento posee causas y que es posible trabajar sobre ellas.
Durante su vida transmitió enseñanzas destinadas a disminuir la ignorancia, el apego y el odio. Su propósito fue ayudar a otros seres a avanzar hacia una vida con mayor sabiduría, compasión y libertad interior.
La posibilidad del despertar.
A veces observamos a Buda como una figura distante, separada de nuestra experiencia cotidiana.
Podemos admirar su sabiduría y, al mismo tiempo, pensar que su camino está fuera de nuestro alcance. Sin embargo, las enseñanzas budistas nos invitan a comenzar desde nuestra propia vida.
Podemos observar nuestros pensamientos.
Podemos reconocer nuestros hábitos.
Podemos trabajar con nuestras emociones.
Podemos aprender a disminuir el apego y la ira.
Podemos desarrollar compasión.
Podemos actuar con mayor claridad.
En distintas tradiciones mahayana y tibetanas se enseña que todos los seres poseen el potencial de alcanzar el despertar. Esta posibilidad suele expresarse mediante la idea de la naturaleza de Buda.
No significa que ya seamos budas en nuestra conducta diaria. Significa que la ignorancia y las perturbaciones mentales no constituyen una esencia inmutable. Es posible trabajar sobre ellas y avanzar hacia una mente con mayor lucidez.
La práctica budista no exige alcanzar de inmediato un estado extraordinario. Comienza con pequeños actos:
observar antes de reaccionar.
escuchar antes de juzgar.
evitar causar daño.
cuidar nuestras palabras.
reconocer un pensamiento negativo sin dejarnos arrastrar por él.
cultivar generosidad y compasión.
El camino espiritual se construye a partir de estas acciones.
Una mirada desde la tradición tibetana
Desde la tradición budista tibetana, un Buda es un ser que ha abandonado la ignorancia y las perturbaciones mentales, y que ha desarrollado una sabiduría profunda acompañada de compasión.
Este enfoque pertenece al ámbito de la enseñanza espiritual. No debe confundirse con una reconstrucción histórica de la vida de Siddhartha Gautama. Los relatos tradicionales y el estudio histórico responden a preguntas distintas y pueden enriquecerse entre sí cuando se presentan con claridad.
La tradición también habla de 84.000 enseñanzas transmitidas por Buda. Esta cifra no debe entenderse como un inventario histórico exacto. Expresa la amplitud de sus enseñanzas y la diversidad de disposiciones mentales de los seres.
No todas las personas necesitan escuchar lo mismo.
Una enseñanza puede ser útil para quien enfrenta la ira.
Otra puede ayudar a quien vive dominado por el apego.
Otra puede orientar a quien busca comprender la impermanencia.
Otra puede favorecer el desarrollo de la compasión.
El Dharma ofrece distintos caminos de entrada porque las personas poseen experiencias y dificultades diferentes.
Nacimiento, iluminación y parinirvana
Las fechas exactas de la vida de Siddhartha Gautama han sido objeto de debate.
Distintas tradiciones budistas y estudios históricos han propuesto cronologías diferentes. En esta entrada utilizaremos la cronología tradicional adoptada por nuestro linaje.
Nacimiento — 623 a. C.
Iluminación o despertar — alrededor de 588 a. C.
Parinirvana — 543 a. C.
De acuerdo con esta cronología, Siddhartha Gautama alcanzó la iluminación cerca de los 35 años y entró en el parinirvana a los 80 años.
Existen otras fechas tradicionales y académicas. Algunas sitúan su vida en períodos posteriores. Debido a la distancia histórica y a la diversidad de fuentes, no existe una fecha aceptada por todos.
Lo esencial para la práctica no reside en resolver por completo esta discusión cronológica, sino en comprender el sentido de estos tres momentos.
Nacimiento.
Siddhartha Gautama nació en el clan de los Shakya.
Los relatos tradicionales describen una vida protegida durante sus primeros años. Sin embargo, el encuentro con la enfermedad, la vejez y la muerte lo llevó a preguntarse por la naturaleza del sufrimiento.
Estas preguntas orientaron su búsqueda espiritual.
Iluminación.
Después de años de aprendizaje y práctica, Siddhartha Gautama comprendió que ni la búsqueda constante de placeres ni el castigo extremo del cuerpo conducían a la liberación. Su propuesta fue el Camino Medio.
Según la tradición, alcanzó el despertar bajo el árbol de la bodhi. A partir de ese momento fue llamado Buda.
La iluminación no debe reducirse a la adquisición de conocimientos. Consiste en una transformación profunda de la forma de comprender la realidad y de relacionarse con ella. Ver entrada Iluminación.
Parinirvana.
Buda continuó enseñando durante décadas. Vivió como maestro y como miembro de una comunidad monástica. Transmitió sus enseñanzas a personas de distintos orígenes y condiciones sociales.
Al morir cerca de los 80 años, entró en el parinirvana. Este término se utiliza para referirse al fallecimiento de un ser que ha alcanzado la liberación y ya no se encuentra sujeto al ciclo del renacimiento.
Maitreya.
Según la tradición budista, el próximo buda de nuestro mundo será Maitreya.
Su figura se vincula con la bondad amorosa y con la continuidad del Dharma.
La referencia a Maitreya nos recuerda que las enseñanzas no se limitan a una etapa histórica. El camino hacia la sabiduría y la compasión conserva su importancia mientras los seres continúen experimentando sufrimiento.
Enseñanzas para reflexionar.
En internet circulan muchas frases atribuidas al Buda que no poseen una fuente clara.
Por ello, en lugar de recopilar expresiones motivacionales de origen incierto, es preferible apoyarnos en enseñanzas presentes en textos budistas reconocidos.
Las traducciones pueden variar. A continuación se presentan formulaciones cercanas al sentido de algunos versos del Dhammapada y de otros discursos budistas.
1. Cultivar el bien y trabajar con la mente.
“Evitar el mal, cultivar el bien y purificar la propia mente. Esta es la enseñanza de los budas”.
Dhammapada, verso 183.
La práctica budista no consiste solo en estudiar conceptos. También exige observar nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos.
Podemos preguntarnos:
¿Esta acción genera daño o bienestar?
¿Esta palabra aporta claridad o aumenta el conflicto?
¿Este pensamiento fortalece la compasión o alimenta el resentimiento?
La transformación comienza en la vida diaria.
2. El odio no se extingue con más odio.
“El odio nunca cesa mediante el odio. El odio cesa mediante la ausencia de odio”.
Dhammapada, verso 5.
Responder al odio con odio puede intensificar el sufrimiento. Esto no significa aceptar una injusticia ni permanecer pasivos frente al daño. Significa evitar que la ira gobierne nuestra conducta.
Es posible actuar con firmeza sin alimentar el deseo de destruir a otra persona.
3. La mente mal orientada puede causarnos un gran daño.
“Una mente mal dirigida puede hacernos más daño que un enemigo”.
Dhammapada, verso 42.
Una persona puede perjudicarnos desde el exterior. Sin embargo, también podemos prolongar ese daño mediante el resentimiento, la obsesión o el miedo.
Trabajar con la mente no significa negar nuestros problemas. Significa evitar que una experiencia dolorosa ocupe por completo nuestra vida interior.
4. Vivir sin odio entre quienes odian.
“Vivamos felices, sin odiar a quienes odian. Entre quienes viven con odio, permanezcamos libres de odio”.
Dhammapada, verso 197.
Esta enseñanza no propone ingenuidad. Nos recuerda que no siempre podemos controlar la conducta de los demás, pero sí podemos trabajar con nuestra propia respuesta.
5. La importancia del contento.
“La salud es el mayor regalo, el contento es la mayor riqueza y el nirvana es la mayor dicha”.
Dhammapada, verso 204.
El contento no consiste en renunciar a toda aspiración. Consiste en evitar que nuestra tranquilidad dependa de acumular sin límite.
Podemos trabajar, crecer y mejorar nuestras condiciones de vida sin quedar atrapados en una insatisfacción constante.
6. Evitar la envidia.
“No se debe despreciar lo que se ha recibido ni envidiar las ganancias de otros”.
Dhammapada, verso 365.
Compararnos de forma constante con otras personas puede debilitar nuestra paz interior.
La envidia nos hace olvidar aquello que ya tenemos. Reconocer nuestros bienes, vínculos y oportunidades no significa ignorar los problemas de la vida. Significa aprender a apreciar sin quedar dominados por la comparación.
7. El dolor y la segunda flecha.
Ante una experiencia dolorosa, sentimos una primera flecha.
Luego podemos añadir una segunda flecha mediante la resistencia, la angustia, el resentimiento o los pensamientos que aumentan nuestro sufrimiento.
No siempre podemos evitar la primera flecha.
La práctica nos ayuda a reconocer cuándo estamos agregando la segunda.
Algunas imágenes útiles.
Existen frases que no corresponden a citas verificadas del Buda, pero pueden utilizarse como imágenes para reflexionar si no se le atribuyen de forma directa.
Es mejor usar pantuflas que intentar alfombrar el mundo.
No podemos controlar todas las circunstancias. El mundo no siempre se ajustará a nuestras preferencias.
Sin embargo, podemos desarrollar recursos internos para transitar sus dificultades con mayor equilibrio.
No es más rico quien posee más, sino quien necesita menos.
El deseo puede crecer sin límite.
Apreciar aquello que tenemos no significa abandonar nuestras metas. Significa evitar que nuestra felicidad dependa de una búsqueda que nunca termina.
Escuchar también requiere dejar espacio.
Cuando escuchamos una enseñanza, solemos compararla de inmediato con nuestras opiniones anteriores.
A veces no escuchamos para comprender. Escuchamos para confirmar nuestras ideas o preparar una respuesta.
Aprender exige dejar un espacio interior. Después podremos reflexionar, aceptar o rechazar aquello que hemos oído con mayor claridad.
Cierre
Conocer a Buda no consiste solo en aprender datos sobre su vida. También implica acercarnos a sus enseñanzas y observar cómo pueden orientar nuestra experiencia.
La práctica comienza cuando reconocemos nuestras dificultades sin juzgarnos con dureza. Continúa cuando trabajamos con la mente, cuidamos nuestras acciones y desarrollamos compasión hacia los demás.
No se trata de transformarnos de un día para otro.
Se trata de dar pasos conscientes hacia una vida con mayor lucidez, sabiduría y paz interior.
1
lunes, 14 de octubre de 2024
LA ILUMINACIÓN, EL DESPERTAR DEL SER HUMANO - OBJETIVO CENTRAL DEL BUDISMO
La iluminación del ser humano es uno de los objetivos centrales del budismo.
El budismo propone un camino de desarrollo personal basado en el Camino Medio, la meditación y la práctica de sus enseñanzas. Su propósito es ampliar la conciencia, disminuir el sufrimiento y cultivar cualidades como la compasión, la paciencia y la generosidad.
La iluminación puede entenderse como un estado profundo de lucidez. La persona logra comprender la realidad con mayor claridad y deja atrás perturbaciones mentales como el apego, el odio, la ignorancia, los celos, la vanidad y el orgullo. También reconoce que los fenómenos cambian, que aferrarse a ellos genera insatisfacción y que nada posee una existencia fija e independiente.
Desde esta mirada, un Buda es alguien que ha superado los prejuicios, las confusiones y los condicionamientos mentales que afectan la forma habitual de percibir el mundo. No se trata solo de acumular conocimientos, sino de desarrollar una nueva forma de comprender la realidad.
La iluminación permite distinguir entre dos niveles de verdad. Por una parte, existe la verdad convencional, que corresponde a la manera cotidiana en que percibimos las cosas. Por otra, se encuentra la verdad última, que permite comprender la naturaleza profunda de los fenómenos y su vacuidad, es decir, que no existen de manera aislada ni permanente.
Para alcanzar este estado no es necesario viajar ni buscar algo externo. Según algunas corrientes budistas, cada persona posee la naturaleza de Buda, entendida como la capacidad de despertar y desarrollar sabiduría. Este proceso requiere práctica, disciplina y un trabajo constante sobre la mente.
El Dharma, nombre que reciben las enseñanzas de Buda, orienta este camino. Al aplicar estas enseñanzas, la persona puede notar cambios en su forma de actuar y relacionarse con los demás. Con el tiempo, disminuyen las emociones negativas y se fortalecen cualidades como el amor, la compasión y la generosidad.
La iluminación no ocurre de forma inmediata. Es el resultado de un proceso de aprendizaje y transformación personal. A medida que disminuye la ignorancia, surge una comprensión más profunda de la realidad. Por eso, el budismo plantea que todo ser humano posee el potencial de despertar.
sábado, 12 de octubre de 2024
CAMINO DE ILUMINACIÓN DE SIDHARTA BUDA
El Asceta.
En esa época y hasta nuestros días, en India es bastante común ver este tipo de personas, los ascetas. El ascetismo es una práctica de perfeccionamiento espiritual que Involucra un estilo de vida basado en el esfuerzo y la disciplina, alejado de las personas, observando hábitos muy austeros y sacrificados, como el vivir en condiciones básicas de alimentación, períodos de silencio y ayunos, castigos auto-impuestos e incluso el celibato. Lo habitual era que contaran con algo para cortarse el pelo, un cuenco para mendigar el alimento diario, y una túnica para vestir. Normalmente habitaban distante de la ciudad, en una ermita, en los bosques o donde se pudiera cobijar alejado de la población. Para el perfeccionamiento espiritual practicaban distintos métodos y disciplinas, obteniendo, por supuesto, resultados muy diversos, donde la meditación era el recurso base.
Maestros de Sidharta.
En estos tiempos era normal escoger a un maestro como guía espiritual, participando de sus prácticas y enseñanzas como también del grupo de seguidores. Usualmente lo seleccionaban por la reputación que obtenían respecto de los resultados o logros.
Sidharta y sus nuevos seguidores, llegaron hasta Alara Kalama, uno de los más célebres maestros la parte norte de la India. Su sistema, a través de diferentes estadios de la meditación permitía alcanzar un nivel descrito por algunos autores como la “inexistencia sustancial de las cosas”. Sidharta logró en el tiempo grandes avances en este método, por lo que Alara advirtiendo que podría irse, le manifestó un día que ya no tenía más que enseñarle, y le ofreció que se quedara para ser un maestro en su grupo. Sidharta agradeció la propuesta y se despidió con amabilidad, pues el ansiado objetivo de la Iluminación aún no lo alcanzaba.
Gautama y sus amigos partieron nuevamente a buscar otro maestro, quien con un nuevo método y sabiduría les permitiera descubrir cómo escapar del sufrimiento que es lo que les preocupaba.
Al tiempo de caminar se encontraron con el maestro Udraka Ramaputra (pali: Uddaka Ramaputta), que encabezaba una escuela de más de setecientos seguidores que vivían en los bosques, dedicados a una avanzada forma de concentración mental. La doctrina de este maestro era más elaborada que la de Alara, pues, había dominado un nivel más de la misma. Nuevamente, pasado un tiempo Sjdharta renuncia al culminar las enseñanzas, porque concluye, que aunque su percepción es más profunda, no le es posible alcanzar la liberación y sigue atrapado en “el mundo de los sentidos”.
Recorriendo llegaron a un bello lugar. Era el mediodía. Se instalaron en un sector arbolado que los cubriría de las inclemencias del tiempo, cerca de un río y un poblado que les permitiría mendigar sus alimentos. Era el lugar perfecto para insistir en su objetivo.
Se dispusieron a practicar la mortificación del cuerpo como disciplina espiritual, ya que las anteriores no le permitieron alcanzar la Iluminación (1). Esta práctica era bastante utilizada en la época por maestros y grupos espirituales. Era tan violenta que consideraba efectuar la meditación sin respirar, lo que les producía fuertes dolores. Además consideraba comer solo algunas cosas muy básicas y trasladarse lo menos posible. Pronto dejaron de mendigar y comenzaron a alimentarse de algunas frutas, raíces y hojas de plantas comestibles. Utilizaron este método por un tiempo en que dado que las respuestas a sus preguntas no llegaban, comenzaron a ser más extremos, llegando a rehusar el agua y la comida.
Tras semanas su cuerpo desmejoró. Con esa evidente falta de alimentación, Sidharta se desmayó ante tanto esfuerzo. Ya más recuperado con comidas que unas jóvenes solidarias del pueblo le llevaban y convencido de que estas prácticas extremas no aportaban el progreso espiritual que buscaba, dedujo que sería conveniente encontrar una vía intermedia (“Camino medio”), apartada de los bordes de la privación y de los de la vida de lujos.
Convencido de estos argumentos, se acercó a sus amigos, que estaban practicando con él y les planteó su determinación de cambiar el tipo de disciplina. Por supuesto que se molestaron ante la decisión de Sidharta, de dejar el método convenido, y enfadados resolvieron apartarse de él y seguir en sus propios intentos.
A estas alturas, Sidharta ya era bastante conocido entre los ascetas e individuos de la región, por sus especiales capacidades manifestadas, que incluían haber igualado con cierta facilidad los métodos de sus anteriores maestros.
Iluminación de Sidharta.
Se sentó a meditar con el propósito de no levantarse de allí hasta que se iluminara, aunque le costara la vida. Entró en profunda concentración para lograr un estado de conciencia pura.
Durante su meditación, el Mara Devaputra (Mara: demonios, lo maligno, quien obstaculiza el logro de la Iluminación) trató de interrumpir su concentración para evitar el gran acontecimiento. Primero trató de asustarlo y desconcentrarlo mostrando terribles espíritus demoniacos que le disparaban lanzas y flechas, bolas de fuego, incluso le lanzaban piedras y grandes rocas. Nada de lo anterior pudo lograr su objetivo, Sidharta no se desconcentró. Ante ello, Mara insistió provocándole con bellas doncellas que le danzaron a su alrededor, sin siquiera llegar a distraerlo. Sidharta permaneció inalterable a todas las provocaciones y tentaciones recibidas, venciendo así los demonios de este mundo. Este episodio generó que posteriormente le reconocieran por el Buda Victorioso.
Se estima que pasó algunos días en trance, alcanzando finalmente lo que describen algunos autores como “la última mente de un ser sin limitaciones”, “el encuentro con la naturaleza más profunda de uno mismo”, sin embargo, lo más acertado podría ser el conocimiento absoluto y el amor y compasión infinitos, es decir, la Iluminación.
Para su objetivo tuvo que pasar por los distintos niveles de la meditación, consiguiendo una intensa concentración y una claridad mental tal, que se libró de las pasiones más allá de toda sensación, consiguiendo en una paz suprema el logro de la libertad de las causas samsáricas (samsara: ciclo ininterrumpido de nacimientos y muertes), consiguiendo así el conocimiento absoluto.
En un primer estado de gran concentración, comprende que la condición de enfermedad, vejez y muerte es el nacimiento y que las insatisfacciones personales tienen como condición el apego. Materia que también lo decidió a emprender la busqueda de solución a ello. Advierte en consecuencia, que los perturbadores mentales nos generan sufrimiento e influyen en la felicidad temporal, y que uno es quien da sentido a un yo conceptual, el que nos condiciona en como apreciar la vida.
Luego, libre de toda obstrucción mental y con un entendimiento claro de la naturaleza de la mente, pudo experimentar la visión de conocer las características de sus incontables vidas y renacimientos en detalle, y apreciar también las de los demás seres. Advirtió que nacemos y morimos de acuerdo al karma de cada uno. Observó así el sufrimiento, las causas que le generan, la posibilidad de eliminación y también el camino para la liberación del mismo.
Luego, en un día de mayo (occidental), emerge de su meditación convertido en “un ser despierto”, un iluminado, en Buda.
Sidharta en esos entonces tenía treinta y cinco años de edad, seis más desde que dejó su familia en busca de su ideal.
El camino de la experiencia hacia la liberación la denominó "Camino medio”, indicando con ello un rechazo a los extremos que había experimentado en su búsqueda espiritual, siendo uno de ellos el de los placeres mundanos y el otro el de la mortificación, ambos innecesarios e inconducentes al logro de la meta de Iluminación.
Enseñó, por tanto, que el logro de la liberación del samsara, se encuentra evitando los extremos que presenta la vida y aplicando las pautas contenidas en el concepto de Camino medio.
Para el budista esto está muy claro, él sabe que posee cualidades naturales para ello y que al adoptar ese camino se favorece como persona, se beneficia a sí mismo y a los demás con su generosidad y el despliegue natural de las virtudes que desarrolle, llegando en el tiempo, a superar el sufrimiento, eliminar su ignorancia y obtener la sabiduría que da el conocimiento superior.
Nacimiento/Iluminación/Paranirvana
miércoles, 9 de octubre de 2024
DHARMA Y LA RUEDA DEL DHARMA - Las enseñanzas y etapas.
DHARMA Y LA RUEDA DEL DHARMA
Las enseñanzas y etapas
INTRODUCCIÓN
Cada vez más hombres y mujeres se preocupan por los valores humanos y espirituales. Comprenden que cada día son más necesarios para vivir en armonía y advierten que nuestra sociedad se está perjudicando ante la falta de estos. Anhelan redescubrirlos y reforzarlos para no seguir deslizándonos hacia un abismo, conscientes de que la vida es mucho más que las cosas materiales.
En la actualidad, el egoísmo, la vanidad y la falta de amor forman parte de la vida diaria. Prevalece tanto el interés por la fama y el poder que las personas se están enfermando de una forma pocas veces observada.
Se están formando personas más engreídas, codiciosas y estresadas, incapaces de considerar que pueden vivir con regocijo y equilibrio, sin caer en la vanidad ni en la ambición excesiva. En realidad, muchas personas se sienten frustradas con el modo de vida actual y con los efectos internos que este conlleva.
¿Por qué acercarnos al budismo?
Porque nos invita a reconsiderar nuestra forma de vida y nos inspira a vivir de una manera más consciente, feliz, ecuánime, generosa y libre.
El budismo nos ayuda a madurar, a crecer en el plano espiritual y a convertirnos en mejores seres humanos. También favorece nuestra salud mental, el bienestar y el equilibrio emocional.
Nos permite desarrollar nuestra conciencia y liberarnos de toxinas mentales como el apego, el odio, la vanidad, la codicia, los celos y la ignorancia espiritual. De esta forma, podemos apreciar la vida y actuar con mayor lucidez.
Las personas, aun considerándose inteligentes, muchas veces no desarrollan un modelo interior que les permita perfeccionarse y beneficiar a los demás mediante la sabiduría que entrega el conocimiento superior.
Se debe dar un propósito a nuestras vidas,
en un sentido profundo del ser humano,
tal que nos permita progresar y ser mejores personas.
COSTUMBRE BUDISTA, EL DHARMA Y LA RUEDA DEL DHARMA
Costumbre budista
En la época de Buda y en periodos anteriores, los conocimientos se transmitían de forma oral desde el maestro hacia el alumno.
Las materias de enseñanza se organizaban bajo ciertos criterios temáticos y se subdividían en módulos con títulos de identificación. El objetivo era que el discípulo pudiera captar, memorizar y recordar las enseñanzas con mayor facilidad.
Como parte del aprendizaje, los educandos debían recitar lo aprendido, por lo general al inicio de la siguiente instrucción. Este método perdura hasta la actualidad.
Muchos discípulos poseían una gran memoria y eran capaces de recordar enseñanzas extensas sin omitir detalles. Este fue el caso de Ananda, asistente de Buda. De esta forma, se aseguraba la correcta transmisión de las enseñanzas.
Solo después de muchos años de la muerte de Buda, sus enseñanzas fueron escritas por los monjes budistas.
El Dharma
Cuando se menciona el término Dharma, se alude al conjunto de las enseñanzas de Buda.
Tras alcanzar la iluminación, Buda formuló su visión sobre la naturaleza de la vida mediante las Cuatro Nobles Verdades. Al ponerlas en práctica, desarrollamos aprendizajes en nuestra mente que permiten mejorar nuestra calidad de vida, alejarnos del ego y cultivar paz y felicidad interior.
En la medida en que se avanza en las enseñanzas del Dharma, se comprende el beneficio de disminuir el apego, el odio, la avaricia, la vanidad y otras emociones negativas que provocan sufrimiento. Esta comprensión nos impulsa a alejarnos de ellas, convencidos del bienestar que esto puede generar.
Hay que considerar que un maestro del Dharma cumple una tarea relevante, ya que orienta al discípulo para que alcance una comprensión profunda de la materia.
La práctica del Dharma tiene lugar en la mente. La meditación permite entrenarla mediante pensamientos virtuosos, los cuales pueden llegar a expresarse de forma natural y constante. Por ejemplo, al utilizar el mantra de Avalokiteshvara para meditar, se busca desarrollar la virtud de la compasión. Este entrenamiento, basado en una conducta ética y en la meditación, permite que la perseverancia dé los frutos esperados dentro de la vida espiritual budista.
El propósito consiste en protegernos del sufrimiento y de los problemas, adquirir una mente en armonía y liberarnos de las perturbaciones mentales. Cuando estas aparecen, nos impiden observar la realidad tal como es.
El Dharma permite alcanzar una comprensión sabia de la realidad y avanzar hacia la iluminación o despertar personal.
Buda mostró un camino orientado hacia la naturaleza búdica, la verdad última y el despertar interior de cada persona.
La Rueda del Dharma
Las primeras enseñanzas de Buda fueron impartidas cuarenta y nueve días después de alcanzar la iluminación, en Sarnath, cerca de Benarés, donde se encontraban sus cinco antiguos compañeros de peregrinaje.
Este acontecimiento es considerado como el primer giro de la Rueda del Dharma, es decir, el inicio de las enseñanzas.
Estas primeras enseñanzas incluyen el sutra de las Cuatro Nobles Verdades, considerado uno de los fundamentos del budismo.
Tiempo después, Buda realizó el segundo giro de la Rueda del Dharma al enseñar el sutra de la Perfección de la Sabiduría. En este desarrolla su visión sobre la naturaleza última de los fenómenos y la vacuidad, entendida como la ausencia de una existencia inherente.
En el tercer giro de la Rueda del Dharma, enseñó el sutra que Discierne la Intención. Estas enseñanzas son relevantes dentro del budismo Mahayana, ya que incorporan la idea de budeidad o naturaleza búdica.
Véase la entrada La Rueda del Dharma.
viernes, 4 de octubre de 2024
LAS TRASCENDENTES CUATRO NOBLES VERDADES - La esencia de las enseñanzas
Los enormes avances tecnológicos, económicos y cientìficos han transformado tanto la humanidad como el planeta en el que vivimos. Algunos han sido positivos pero otros han sido terriblemente negativos e, incluso, destructivos. Y aunque los avances tecnológicos han solucionado muchas dificultades superficiales a las que enfrentó la humanidad, los problemas humanos fundamentales todavia permanecen tal y como siempre han existido.
Tanto en los paises ricos como en los que se encuentran en vías de desarrollo, encontramos las mismas dificultades humanas básicas - insatisfacción y falta de armonía, pobreza o prejuicio - y vemos que, como siempre, esos problemas han sido creados principalmente por los propios seres humanos. En este mundo que ha cambiado de manera tan radical pero que todavía padece los mismos problemas fundamentales de siempre, creo que se pueden sacar enormes beneficios de la revisión de la vieja sabiduría. Por esta razón elegi escribir esta serie de libros.
Muchas personas han oido hablar de varios temas budistas, pero nunca han recibido una sólida visión deI conjunto que partiera de una enseñanza fundamental, como las Cuatro Nobles Verdades, y hayan progresado sistemáticamente hacia las enseñanzas más profundas, como las del Tantra yoga más elevado. Las Cuatro Nobles Verdades son la esencia de toda la enseñanza y la práctica del budismo. Dentro de ellas se encierran las raíces de la filosofía budista y de todo el sendero que conduce a la iluminación. Cualquier cosa que estudiemos despúes de ver las Cuatro Nobles Verdades se remitirá a esta trascendental enseñanza y, a su vez, esta enseñanza se revelará en todas las demàs cosas que estudiemos. Las Cuatro Nobles verdades son una explicaciòn de la condición humana. Si examinamos nuestra vida, no serà difìcil ver como continuamente estamos buscando una forma de felicidad y tratamos de evitar los escollos y las insatisfacciones que parecen asolar nuestra existencia, y esto es tan cierto para los que vivimos en este mundo moderno y tecnològico como lo fué para las personas que vivìan en la època de Buda. Y ahora, al igual que entonces, seguiremos equivocàndonos continuamente.
Todo lo que Buda nos enseñó fue a apartarnos del sufrimiento que con tanta "ignorancia" nos infligimos a nosotros mismos y a tratar de encontrar una felicidad profunda y duradera. No es un problema de trascendencia, sino de accesibilidad".
Geshe Tashi Tsering
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Las pràcticas indicadas por las Cuatro Nobles Verdades nos ayudan a desarrollar felicidad estable y duradera y a incrementar notablemente nuestra compasión, ética y sabiduría. La felicidad es algo interno, mental, y no proviene de afuera, de un muñeco o un auto, pues ellos no tienen la facultad de hacernos feliz, sino es una reación mental. El sufrimiento por otro lado, es el resultado de nuestras propias acciones y nuestros propios estados mentales. Estamos reconociéndo que nosotros mismos no colaboramos a nuestra tranquilidad y que la "mente" es el centro de todo lo que estamos exponiendo, por tanto, de ella debieramos preocuparnos con mas prolijidad. Según el budismo, "estamos compuestos por cuerpo y mente”.
Las Cuatro Nobles Verdades indican el camino para alcanzar la iluminación, esta se produce en nuestra mente, por lo que entenderlas y seguir su práctica es dar un paso a una etapa de iluminación que acabará con el sufrimiento y permitirá vivir un estado de paz mental y libertad.
Las personas somos las indicadas para cambiar nuestra sociedad y entorno, podemos hacerlo, más aún cuando tenemos un camino indicado por Buda para lograr personas sanas, bien intencionadas. Reaccionemos, podemos alcanzar personas más felices, más probas, más sabias y compasivas. De nosotros depende. Esta es una razón por las que promuevo el budismo. Si logro colaborar en que una de ellas irradie esas virtudes, será para mi, un resultado máximo. Valió la pena el esfuerzo.
Ver entrada Las Cuatro Noble Verdades.1 y 2.
K. Dondrup T.
martes, 1 de octubre de 2024
BUDA - COMO ERA BUDA
MUERTE DE BUDA - PARANIRVANA
MUERTE DE BUDA - PARINIRVANA A pesar de sus ochenta años, Buda seguía realizando sus actividades diarias com...
-
RESUMEN DEL TEMA DEL TANTRA BUDISTA A continuación, se presenta un resumen del tantra budista para organizar las ideas principales del tem...
-
Frases de Buda. Con extra final. A. "El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional". Al dolor remedios, al sufrimient...
-
RUEDA DE LA VIDA - Explicación completa. 1. Creative Commons - atribution 2.0 Generic Licence ...



_page-0001.jpg)