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miércoles, 5 de marzo de 2025

EL SUFRIMIENTO HUMANO - deseo, apego, aferramiento ¿ Qué produce sufrimiento ?


                                     EL SUFRIMIENTO DEL SER HUMANO

El conocimiento de este tema será muy útil para nuestro diario vivir. Corresponde al tema de Las Cuatro Nobles Verdades.

Buda nos enseña, en su primer sermón sobre Las Cuatro Nobles Verdades, que los seres humanos estamos ligados al sufrimiento y a la insatisfacción, características presentes en nuestras vidas desde el nacimiento, pasando por la vejez y hasta la muerte. Sufrimos al separarnos de lo que amamos, al no conseguir lo que queremos, ante las enfermedades, en la lucha por la riqueza y en la búsqueda del reconocimiento y el poder. Sufrimos por la temporalidad de los goces, lamentando su fin, y también por la dificultad de alcanzar anhelos que consideramos indispensables para la realización de nuestra vida, sean estos verdaderos o no. Cuando nos entusiasmamos con un deseo, vamos en busca de su concreción con decisión, sin que ello responda siempre a una propuesta consciente de vida.

Si bien conocemos dichas experiencias y somos capaces de identificar aquello que nos produce insatisfacción, además de deducir que no es necesario repetir estos descontentos, no profundizamos en ello. No suele estar entre nuestras prioridades indagar al respecto. Sin embargo, es claro que no deseamos sufrir ni hacer sufrir a nuestros hijos ni a los demás.

El sufrimiento es un estado mental que experimentamos como resultado de los “engaños mentales” que surgen desde nuestro interior, desde nuestra mente. Al reaccionar con una mente egoísta o negativa, siempre aparecerá el sufrimiento, porque con esa actitud mezquina generaremos problemas. Para comenzar a revertir esta situación y reducir el sufrimiento, hay que partir por cambiar uno mismo. Buda nos enseña que el origen del sufrimiento está en el deseo y en el apego que el individuo desarrolla hacia las cosas y los seres que observa.

La mente suele generar concepciones erróneas de la realidad, ya que tiende a buscar la satisfacción de los propios deseos. Cuando vemos algo que nos gusta, lo observamos y nos atrae cada vez más. Le atribuimos cualidades y relaciones que a veces ni siquiera posee. También construimos ideas que refuerzan nuestro interés y hacen que nos satisfaga cada vez más. Con esa actitud, que sobreestima las cualidades de una cosa o de una persona, terminamos atrapados en ella. Surge así el apego y comenzamos a desearla de forma descontrolada, sentando las bases de la insatisfacción.

Debemos tener presente que el deseo se expresa a través de los seis sentidos, vista, olfato, oído, tacto, gusto y mente, donde cada uno aporta lo suyo. Por ejemplo, el olfato nos indica si un olor nos gusta, nos disgusta o nos resulta indiferente. La mente, cuando percibe un fenómeno como deseable, nos lleva a apegarnos o a desligarnos de él.

Convengamos en que, cuando deseamos algo que nos atrae y no lo obtenemos, experimentamos insatisfacción. Tomemos el ejemplo de una mascota que nos agrade y que no podamos comprar. También pensemos en lo que ocurre cuando se enferma o se pierde. Cualquiera de estas situaciones nos producirá insatisfacción debido al apego que generamos por el bienestar que estimamos que ella nos provoca. Sucede lo mismo con las personas cuando sentimos miedo ante la posibilidad de su alejamiento o cuando este se confirma.

Esto puede llevarnos al enojo, a los celos y a la avaricia, sobre todo cuando surge el riesgo de perder aquello que valoramos. Se trata de un factor mental perturbador, que trastorna y engaña la mente. Al observar un fenómeno, sea un ser, una cosa o un evento, lo considera una causa de felicidad o satisfacción. Esto nos lleva a actuar con la intención de poseer y retener aquello que nos agrada. En ese momento dejamos de apreciar la situación en toda su amplitud, porque aparece una influencia que nos puede llevar a actuar de manera incorrecta, egoísta, imprudente e incluso rencorosa. Uno trata de controlar aquello a lo que está apegado.

El apego es entonces un enemigo del amor cuando busca poseer, 
aferrar y fiscalizar. Incluso puede llevarnos a manipular situaciones y personas.
 En este contexto, el amor no tiene espacio para aparecer y ayudarnos.

El apego desea la propia felicidad y que se cumplan los propios deseos. El amor, en cambio, desea que las otras personas sean felices. Por tanto, el amor acompañado de apego genera infelicidad, y donde existe ese sufrimiento no puede haber amor. Debemos tratar de comprender, para nuestro propio beneficio, que amar con apego implica interés, por lo que el desinterés no tiene cabida.

Cuando se ama sin ataduras, sin deseos de reciprocidad y de forma sincera y espontánea, nacen sentimientos de generosidad y una conducta lúcida, que nos permiten alcanzar un contento más perdurable.

Debemos esforzarnos por comprender que un fenómeno apreciable no debe perturbarnos. Por sí mismo no es capaz de perturbarnos ni de provocarnos algo similar. No tiene la potestad de hacerlo. Uno es quien ha permitido, a través de la propia mente, que ese fenómeno lo perturbe, debido a que piensa que aquel “objeto” es capaz de proporcionar felicidad. Ese es un grave error.

Un maestro enseñaba lo siguiente mediante un ejemplo. Cuando uno era joven y perdía un objeto, se sentía desdichado porque pensaba que ese objeto lo hacía feliz. Incluso lloraba con amargura. Si ese objeto apareciera hoy frente a uno, probablemente ya no produciría la misma atracción que en aquella época.

Esto ocurre porque esa creencia se basa en algo falso. Pensar “sin esto no puedo ser feliz” o “esto me hace feliz” significa vivir de ilusiones. No es posible que algo externo nos produzca felicidad, ya que no tiene la facultad de hacerlo. Piénselo.

Buda nos indica que “el sufrimiento es ajeno a la mente, ya que en su origen hay solo claridad, razón por la que puede cesar, y que para no sufrir debemos excluir sus causas”.

En el fondo, nos enseña que, si logramos disminuir el deseo, también reducimos el sufrimiento.

Si actuamos con amabilidad hacia nosotros mismos y hacia los demás, colaboramos a disminuir la insatisfacción y, por tanto, reducimos el daño que podemos causar. Al disminuir el apego y el deseo hacia las cosas de la vida, también se reduce el temor. La temporalidad deja de inquietarnos con tanta intensidad y podemos estar más tranquilos y contentos, dedicándonos con sinceridad al presente.

Con una mente más libre, equilibrada y tranquila, que podemos fortalecer mediante la meditación, nos alejaremos del sufrimiento y podremos mantener un estado de amor, con sentimientos y emociones más positivos, que perdurarán sin miedo y con alegría.

Esto es posible a través de la poderosa práctica de Los Cuatro Inconmensurables:

Amor
Permite alcanzar una mayor estabilidad afectiva.

Compasión
Permite desarrollar una actitud altruista.

Gozo
Permite alcanzar mayor tranquilidad y contento.

Ecuanimidad
Permite cultivar una mente basada en la rectitud y la probidad.

Esta práctica de meditación está diseñada para cultivar las virtudes señaladas y sirve además como antídoto frente a estados mentales negativos, como el odio, la avaricia y los celos.

                        Cualquier acto no virtuoso produce sufrimiento.

Eliminemos la creencia ilusoria de que algo externo a nosotros puede hacernos felices.

Con una mente apacible y más pura podemos superar la angustia que nos provocan las situaciones externas.

Existen, por supuesto, deseos de buena intención, como desear que alguien se recupere.

                   EL APEGO AL DESEO ES LO QUE PRODUCE SUFRIMIENTO.

Revise la entrada de: Las Cuatro Nobles Verdades, parte uno, Apego.

K Dondrup T.     1






 

jueves, 7 de noviembre de 2024

LAS CUATRO NOBLES VERDADES Parte 2 de 2.

LAS CUATRO NOBLES VERDADES — Parte 2 de 2

En la primera parte de este capítulo se explicó la Primera Noble Verdad. A continuación, abordaremos la Segunda, la Tercera y la Cuarta Nobles Verdades.

Las Cuatro Nobles Verdades son:

La existencia condicionada conlleva sufrimiento, insatisfacción e incomodidad.

El origen del sufrimiento está relacionado con la sed, el apego y la codicia.

El sufrimiento puede cesar.

Existe un camino para avanzar hacia su cesación, llamado el Noble Óctuple Sendero.


2. El origen del sufrimiento

El sufrimiento no surge de la nada. Depende de causas y condiciones.

Una de sus causas principales es la sed o la codicia, entendida como un deseo que se transforma en apego. Queremos poseer algo, conservarlo o evitar perderlo. También deseamos que ciertas personas, situaciones o estados emocionales permanezcan como esperamos.

El problema no reside en ningún tipo de deseo. Existen deseos saludables, como aprender, ayudar a los demás o mejorar nuestra conducta. El sufrimiento surge cuando creemos que nuestra felicidad depende enteramente de obtener, conservar o controlar aquello que deseamos.

Podemos aferrarnos a objetos, relaciones, ideas, opiniones, logros, recuerdos o expectativas.

Creemos que algo, una persona o una situación nos brindará una satisfacción duradera. Sin embargo, todo cambia. Cuando lo que deseamos no llega, surge la frustración. Cuando llega, aparece el miedo a perderlo. Cuando desaparece, sufrimos.

El apego genera inquietud porque nos lleva a exigir que la realidad se ajuste a nuestras expectativas.

También nos aferramos a la idea de un yo fijo y permanente. Nos identificamos con nuestros pensamientos, opiniones, roles y experiencias como si fueran algo sólido. Sin embargo, nuestra identidad cambia con el tiempo. El cuerpo cambia, la mente cambia y las circunstancias cambian.

Comprender esto no significa negar nuestra existencia. Significa observar que lo que llamamos yo depende de múltiples causas y condiciones.

Las acciones dañinas también producen sufrimiento. Cuando actuamos por ira, codicia, ignorancia o egoísmo, dañamos a los demás y alteramos nuestra propia mente. Por lo tanto, la práctica budista nos invita a cultivar acciones saludables, vinculadas a la generosidad, la compasión, la honestidad y el respeto.

También es conveniente distinguir entre necesidades y deseos.

Todas las personas necesitan condiciones básicas para vivir con dignidad, como alimentación, vivienda, atención médica y refugio. Reconocer el apego no significa ignorar estas necesidades ni justificar la desigualdad.

La práctica consiste en observar cuándo un deseo responde a una necesidad real y cuándo surge de una insatisfacción que nunca desaparece.

3. El sufrimiento puede cesar

La Tercera Noble Verdad afirma que el sufrimiento puede disminuir e incluso cesar.

Esto ocurre cuando se debilitan y abandonan las causas que lo alimentan, como el apego, la codicia y la ignorancia.   No se trata de reprimir las emociones ni de escapar de la realidad. Se trata de comprender de dónde provienen nuestras reacciones y aprender a relacionarnos con ellas de una manera diferente.

Cuando dejamos de aferrarnos con tanta fuerza a nuestros deseos, opiniones y miedos, la mente encuentra una mayor libertad.

La paz no depende únicamente de que cambien las circunstancias externas. También depende de transformar nuestra forma de ver, sentir y actuar.

El budismo enseña que es posible avanzar hacia una profunda liberación del sufrimiento mediante el cultivo de la sabiduría, la conducta ética y la disciplina mental.

Este proceso requiere estudio, observación, práctica y paciencia.

4. El Noble Óctuple Sendero

La Cuarta Noble Verdad enseña que existe una manera de trabajar en las causas del sufrimiento.

Este camino se llama el Noble Óctuple Sendero.

No consta de ocho etapas aisladas. Sus componentes se relacionan entre sí y se refuerzan mutuamente.

El sendero suele estar dividido en tres áreas.

A- sabiduría.

B- conducta ética.

C- disciplina mental.


A - Sabiduría

1. Comprensión correcta

La comprensión correcta consiste en observar la realidad con mayor claridad.

Incluye la comprensión de las Cuatro Nobles Verdades y el reconocimiento de que los fenómenos condicionados están sujetos a cambios. La comprensión no depende únicamente del estudio. También requiere observar nuestra experiencia cotidiana.

Podemos preguntarnos:

¿Qué situaciones me generan sufrimiento?

¿Qué deseos se convierten en apego?

¿Qué emociones alteran mi comportamiento?

¿Qué hábitos fortalecen la calma y la compasión?

La práctica nos ayuda a reconocer que muchas cosas que parecen permanentes son transitorias.

Cuando comprendemos mejor la naturaleza cambiante de la vida, disminuye la rigidez con la que nos aferramos a nuestras expectativas.

2. Pensamiento correcto

El pensamiento correcto se relaciona con la intención que guía nuestras acciones.  Antes de actuar o hablar, surge una intención.

Podemos alimentar pensamientos de odio, egoísmo y resentimiento. Pero también podemos cultivar la generosidad, la compasión y la renuncia al daño.

El pensamiento correcto no exige que los pensamientos negativos nunca aparezcan. Estos pueden surgir por hábito o por experiencias previas.

La práctica consiste en reconocerlas, no alimentarlas y guiar la mente hacia estados más saludables.

B - Conducta ética.

3. Palabra correcta

La Palabra Correcta nos invita a cuidar nuestra forma de comunicarnos.

Consiste en evitar las mentiras, los insultos, los chismes dañinos y las palabras que dividen a las personas.

También nos invita a preguntarnos si lo que vamos a decir es cierto, necesario y respetuoso.

Las palabras tienen consecuencias. Pueden aliviar el sufrimiento o aumentarlo. Pueden generar confianza o provocar conflictos.

Hablar con cautela no significa guardar silencio ante la injusticia. Significa expresarnos sin odio y con responsabilidad.

4. Acción correcta

La acción correcta consiste en evitar comportamientos que perjudiquen a los demás o a nosotros mismos.

Una guía básica para la vida cotidiana se encuentra en los Cinco Preceptos.

abstenerse de quitar la vida

Abstente de tomar lo que no te ha sido dado.

abstenerse de conductas sexuales dañinas

absténgase de mentir

Abstenerse de sustancias intoxicantes que alteren la atención y el juicio.

Estos preceptos no deben entenderse solo como prohibiciones. También invitan a sus contrapartes a cultivar:

respeto por la vida

generosidad

responsabilidad emocional

honestidad

claridad mental


5. Sustento justo

El sustento justo consiste en ganarse la vida sin causar daño.

La tradición budista cuestiona las actividades relacionadas con el comercio de armas, seres vivos, carne, sustancias intoxicantes y venenos.

Este principio nos invita a reflexionar sobre cómo nuestro trabajo afecta a otras personas, a los animales y al medio ambiente.

No siempre es fácil estar a la altura de este ideal. Sin embargo, podemos progresar tomando decisiones más conscientes y reduciendo el daño siempre que sea posible.

C- Disciplina mental

6. Esfuerzo correcto

El esfuerzo correcto consiste en dirigir la energía de la mente hacia estados saludables.

Implica cuatro tareas:

1 prevenir estados dañinos que aún no han surgido.

2 abandonar estados dañinos que ya han aparecido.

3 cultivar estados beneficiosos.

4 mantener y fortalecer esos estados.

No se trata de rechazar violentamente un pensamiento negativo, sino de reconocerlo e impedir que domine nuestro comportamiento.

Entre los obstáculos que suelen dificultar esta práctica se encuentran:

el deseo compulsivo

animadversión

pereza y apatía

inquietud y ansiedad

la duda paralizante

Reconocer estos obstáculos es el primer paso para poder superarlos.

7. Atención correcta

La atención correcta consiste en desarrollar una presencia clara frente a lo que sucede dentro y fuera de nosotros.

La mente suele divagar entre recuerdos, preocupaciones, deseos y miedos. Por lo tanto, muchas veces actuamos sin percibir con claridad lo que sentimos o pensamos.

La atención nos ayuda a regresar al presente. Podemos observar el cuerpo, las sensaciones, los pensamientos y los estados emocionales sin identificarnos completamente con ellos.

Una emoción no es permanente.

Un solo pensamiento no define nuestra identidad por completo.

Una reacción puede observarse antes de que se convierta en una acción.

La atención nos permite responder con mayor sabiduría.

8. Concentración correcta

La concentración correcta consiste en cultivar una mente estable y menos dispersa.

La meditación es una de las prácticas que ayudan a desarrollar esta capacidad.

Cuando la mente se calma, podemos observar nuestros pensamientos, emociones y hábitos con mayor claridad.

La concentración no pretende desconectarnos del mundo, sino fortalecer la lucidez necesaria para comprenderlo y actuar con mayor equilibrio.

Un camino para la vida cotidiana

El Noble Óctuple Sendero no debe reducirse a una teoría.

Se practica en la vida cotidiana.

cuando cuidamos nuestras palabras

cuando evitamos el daño

cuando actuamos con honestidad

cuando observamos nuestros deseos

cuando reconocemos una emoción antes de reaccionar

cuando cultivamos la generosidad

cuando intentamos vivir con más atención.


La práctica budista integra cuerpo, palabra y mente.

Su propósito es reducir el sufrimiento, cultivar la sabiduría y avanzar hacia una vida con mayor libertad interior.

Cierre

Hasta ahora hemos presentado una visión general de las Cuatro Nobles Verdades.

Estas enseñanzas constituyen la base para comprender otros temas del budismo, como la mente, la meditación, el origen dependiente, los preceptos, el samsara, el nirvana y la impermanencia. Cada uno de estos temas te permite profundizar en la misma cuestión.

¿Cómo podemos comprender mejor las causas del sufrimiento y aprender a vivir con mayor sabiduría, serenidad y compasión?

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