MEDITAR 1
Meditar es una práctica central del budismo. Permite modificar los hábitos mentales y mejorar la manera en que funciona la mente, “logrando aumentar la comprensión y la sabiduría del practicante”.
Este proceso implica una transformación progresiva de los estados mentales. La mente se va familiarizando con una visión más clara de las cosas y comienza a surgir aquello que ya estaba latente en nuestro interior, como la lucidez, la calma y la sabiduría. Para ello, es necesario despejar los estados mentales que la obstruyen y la alteran, incluida la obsesión con el yo.
Este avance permite que el pensamiento y la acción se vuelvan más conscientes, beneficiosos y sabios. La meditación ayuda a habituar la mente con la virtud, es decir, a producir estados mentales positivos como la compasión, el amor, la paciencia y la generosidad.
Todos queremos ser mejores, pero mientras más lo deseamos, más vemos que no basta solo con quererlo. La razón es simple. No siempre somos capaces de cambiar nuestros hábitos solo mediante ideas o buenas intenciones. Un entendimiento intelectual del mundo y de las personas no es suficiente para transformar la conducta. Reflexionar y desear el cambio ayuda, pero no alcanza. Para modificar realmente nuestra manera de actuar, el Dharma reconoce una herramienta adecuada, que es la meditación.
Por medio de la meditación “se adiestra la mente”. Con la práctica se puede desarrollar una mayor capacidad de atención y concentración, lo que permite estar más presente en cada momento de la vida, al caminar, conversar, trabajar o meditar. Esto genera una armonía interna y una paz más estable.
En otras palabras, la meditación clarifica la mente al estimular nuestro “potencial de despertar”. Cuando esto ocurre, nos acercamos poco a poco a una percepción más clara de la naturaleza real de los fenómenos.
Cuando la mente logra sostener una atención prolongada, los perturbadores mentales, como el apego, el odio, la vanidad, los celos o la ira, pueden seguir apareciendo. Sin embargo, ya no se adhieren de la misma manera. No dominan la experiencia ni arrastran la conducta con tanta fuerza. En ese estado de mayor concentración y claridad, los perturbadores pierden poder y pasan sin instalarse.
Reducir los perturbadores mentales es una experiencia que puede observarse en la práctica. Para pacificarlos y alcanzar mayor paz interna, se medita en el oponente del perturbador correspondiente. Frente al odio se cultiva amor. Frente al apego se contempla la impermanencia. Frente a la ignorancia se desarrolla sabiduría.
De esta manera, nuestra mente ordinaria puede transformarse en una mente más lúcida, serena, compasiva y justa. Esta transformación surge del proceso de meditar en objetos virtuosos. Cuando la mente se familiariza con la virtud del objeto elegido, comienza a desarrollar estados internos más sanos y positivos.
De esta práctica nace una mente cada vez más tranquila y clara. El ser va madurando, porque se fortalece la inteligencia natural de la mente. A través de la sabiduría se despejan las confusiones adquiridas, se reducen las percepciones erróneas y se purifica la manera de conocer.
Así se puede avanzar hacia una mente más pura, calma y virtuosa, capaz de ver los fenómenos con mayor claridad. En el budismo, esto se relaciona con la comprensión de la realidad última de los fenómenos, es decir, la vacuidad.
Esto también se logra al comprender enseñanzas como la impermanencia, la muerte como proceso inevitable, el karma, la paciencia, el amor y la compasión. En definitiva, la meditación es un método para conocer y adiestrar la mente.
Solo así es posible guiar la mente, de forma progresiva, desde un estado reflexivo hacia niveles más profundos de conciencia. En su dimensión más alta, este camino apunta a superar la rigidez del yo y la dualidad entre sujeto y objeto, manifestando el mayor potencial espiritual del ser, que es la Iluminación.
Existen varios niveles de conciencia. Primero está la conciencia sensorial, relacionada con la percepción por medio de los sentidos. Luego aparece la conciencia reflexiva, con la cual experimentamos el mundo de la mente, pensamos y nos sabemos conscientes. Después se habla de una conciencia trascendental, que entra en contacto con la realidad última. Finalmente, se encuentra la conciencia absoluta, asociada al nivel de la Iluminación.
Resumen
Debemos familiarizar la mente con estados de conciencia positiva, compasiva y sabia. Todos necesitamos adiestrar la mente para no seguir siendo esclavos de ella. La práctica ayuda a transformar nuestra actitud hacia una forma más generosa, paciente y lúcida.
También permite convertir las causas del sufrimiento en condiciones para una felicidad más estable. Como tenemos el potencial de cambiar progresivamente nuestra conciencia, conviene iniciar ese trabajo desde ahora, reduciendo los distractores negativos y cultivando paz mental.
Sin embargo, esta transformación no ocurre sin esfuerzo. El crecimiento espiritual es paulatino. Requiere constancia, disciplina y tiempo.
Recuerde
Meditar nos acerca a una felicidad más verdadera.
Nota
No se habla aquí de conocimiento o erudición como sabiduría, sino de una comprensión interior que transforma la mente.
Cápsulas
Meditar tiene como propósito recuperar la naturaleza de la mente, nuestra conciencia original, para llegar a ser lo que verdaderamente somos.
La meditación permite comprender y adiestrar la mente. Ayuda a lograr paz interna, mayor concentración y un actuar más libre y virtuoso. Perturbadores como el apego, el odio y la ignorancia pierden fuerza cuando la mente se entrena.
Meditar permite entrar en una relación más profunda con el funcionamiento de la vida y del universo.
Meditar permite llevar la conciencia hacia sus niveles más altos, desde un estado reflexivo hasta una conciencia absoluta, asociada a la Iluminación.
Cuánto tiempo meditar
Se recomienda meditar todos los días y, si es posible, a la misma hora y en el mismo lugar.
Se puede comenzar con pocos minutos diarios para formar el hábito. Luego se puede avanzar gradualmente hasta llegar a veinte minutos al día.
Con una práctica regular, la mente desarrolla los cambios necesarios para sostener períodos más largos de meditación con mayor comodidad y agrado.
Literatura
En torno a la meditación existe mucha literatura, y parte de ella tiene un trasfondo comercial. También hay distintas técnicas que, aunque comparten una base común, presentan diferencias en su aplicación.
Por esta razón, es importante consultar con un maestro calificado, con conocimiento y experiencia, para recibir una orientación adecuada.
La meditación permite un cambio mental profundo. En la medida en que esa transformación ocurre, mejora nuestra forma de ser, de actuar y de mirar la vida.
K D T 1
Meditar.
Meditar es la práctica budista primordial, que hace posible modificar los hábitos mentales perfeccionando la manera de funcionar de la misma, “logrando aumentar la comprensión y sabiduría del practicante”. Esta mejora involucra un cambio evolutivo de los estados de la propia mente, familiarizándola con una visión más real de las cosas, haciendo surgir lo que está latente en nuestro propio interior, que es lucidez, al despejarla de los estados mentales que la obstruyen y alteran, incluida la obsesión al yo .
Este avance, que es definitivo, permite que el pensar y actuar se beneficien íntegra y sabiamente, de forma más provechosa y consciente. Esta herramienta nos ayuda a habituar la mente con una virtud, es decir, producir estados mentales positivos como la compasión, el amor, y la paciencia entre otros.
Todos queremos ser buenos y mientras más lo deseamos, más nos damos cuenta que no es posible avanzar así. La razón es que no somos capaces de cambiar esos hábitos, de esa manera. Un entendimiento intelectual del mundo y de las personas no es suficiente para cambiar nuestra conducta, el solo reflexionar y desearlo no es suficiente. Para cambiar o convertir algo sobre nuestra conducta existe una herramienta adecuada, identificada en el Dharma, como la meditación.
Por la vía de la meditación “se adiestra la mente”, pudiendo lograr una gran capacidad de atención y concentración para darnos cuenta de cada momento de nuestra existencia, cuando caminamos, conversamos, meditamos, trabajamos, pues nos ha generado una armonía y paz interna más duradera. En otras palabras, nos clarifica al estimular nuestro “potencial de despertar”. En esta situación, es que hemos dado un paso a que nos abarque la claridad mental, en el sentido que podremos estar cada vez más cerca de la naturaleza real de los fenómenos que somos capaces de percibir. Cuando se logra mantener la mente en un nivel de atención prolongada, allí donde deja de haber un yo, podrán presentarse situaciones que originen los perturbadores mentales (el apego, el odio, la vanidad, los celos, etc.), pero no podrán anexarse a uno, no nos afectarán, ya que se ha logrado un estado de concentración superior o claridad mental tal, en que es imposible que se nos aferren y nos perturben, y por lo tanto siguen su camino. Llegar a reducir los perturbadores mentales ya es algo verificable científicamente, y para pacificarlos y gozar de paz interna, se debe meditar en el oponente del perturbador mental en cuestión.
Consecuentemente a lo anterior, nuestra mente ordinaria la podemos transformar en una mente extraordinaria. Esta mente lúcida, calma, compasiva y justa surge del proceso de meditar en objetos virtuosos. Cuando se medita en objetos virtuosos nuestra mente se familiariza con la virtud del objeto en cuestión, y por ello va experimentando un crecer de estados a más virtuosos. De la práctica indicada, va surgiendo una mente cada vez más serena y lúcida, que evoluciona definitivamente nuestro ser, porque hemos estado madurando la inteligencia natural de la mente (la mente es naturalmente inteligente). Por el proceso de generar sabiduría vamos despejando la mente de las malezas adquiridas, limitando las percepciones erróneas y purificando nuestro conocimiento, hasta alcanzar una mente más pura, calma y virtuosa que nos permite una visión directa de las cosas o fenómenos tal cual son, la realidad última de los fenómenos, la vacuidad (1). Esto también se logra porque nos permite, por ejemplo, tener clara comprensión de que todo es impermanente, que la muerte es un proceso inevitable, y comprender el alcance del karma, de la paciencia, el amor y la compasión. Es en definitiva el método que nos permite conocer y adiestrar la mente.
Solo así es posible guiar la mente progresivamente de un estado reflexivo a uno superior (sin un yo, sin la dualidad objeto-sujeto), a uno que manifiesta su mayor potencial de conocimiento; en otras palabras, “al ser a su óptima cualidad de ser espiritual”, la Iluminación.
Hay varios niveles de conciencia reconocidos, empezando por la sensorial, la asociada a la percepción a través de los sentidos. Luego la conciencia reflexiva, con la que experimentamos el mundo de la mente, reflexionamos y nos sabemos conscientes. Sigue la conciencia trascendental, aquella que se contacta con la realidad última y finalmente la conciencia absoluta, donde se da el nivel de Iluminación.
Resumiendo: Debemos familiarizar nuestra mente con estados de conciencia positiva, compasiva y de sabiduría. Todos debemos adiestrar nuestra mente para no seguir siendo su sirviente, transformar nuestra actitud a una más generosa y sabia, convertir las causas que producen sufrimiento en condimentos estables de felicidad, y ya que tenemos el potencial para lograr los cambios progresivos de conciencia, realizarlo desde ya, erradicar prontamente los distractores negativos y superarnos. Lograr paz mental que nos permitirá alcanzar sabiduría. Sin embargo, todo este cambio o transformación a opciones virtuosas en la mente no está exento de sacrificio. El crecimiento del nivel espiritual es paulatino, y por tanto requiere esfuerzo, constancia y tiempo.
Recuerde: “La mente es la raíz de todo”.
Meditar nos lleva a la felicidad verdadera.
Nota: (1) No estamos hablando de conocimiento y erudición como sabiduría.
CAPSULAS.
Meditar tiene como propósito recuperar la “naturaleza de la mente”, nuestra conciencia original, para ser lo que realmente somos.
La meditación permite comprender y adiestrar la mente, lograr paz interna, mayor concentración y un actuar más libre y virtuoso. Los perturbadores como el apego, odio, y la ignorancia nos dejaran vivir tranquilos.
Meditar concede llegar a ser uno con el funcionamiento del universo.
Meditar permite definitivamente llevar la conciencia a sus mayores niveles, desde un nivel reflexivo a uno absoluto: la Iluminación.
Cuánto tiempo meditar.
Se recomienda meditar diariamente y si es posible a la misma hora cada día en el mismo lugar. Se puede iniciar con pocos minutos diariamente para lograr acostumbrarse, hasta llegar a 20 minutos diarios.
Con una práctica regular de meditación diaria, se alcanzan los cambios mentales necesarios, que favorecen aguantar con agrado incluso tiempos bastantes mayores en esta actividad.
Literatura.
Otro aspecto importante del ámbito de la meditación es que existe mucha literatura, y mucha de ella, con un trasfondo comercial. También coexisten algunas técnicas de meditación que si bien mantienen la base común, tienen sus diferencias aplicativas, razón más que suficiente para intuir lo importante que es consultar con un maestro altamente calificado, con amplio conocimiento y experiencia, para meditar.
La meditación permite un cambio mental profundo y en la medida que se va produciendo esta evolución, prospera nuestra forma de ser y ver la vida.
K.Dondrup T.