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sábado, 31 de mayo de 2025

LAS POSTRACIONES BUDISTAS - ANTIDOTO CONTRA EL KARMA NEGATIVO - PURIFICA









LAS POSTRACIONES BUDISTAS

Las postraciones constituyen una práctica importante de respeto y devoción a las Tres Joyas. En la tradición budista, se consideran un antídoto contra el karma negativo y aflicciones como el orgullo, así como una forma de acumular méritos y cultivar la humildad. Al realizarlas, participan el cuerpo, la palabra y la mente, por lo que la práctica involucra a la persona de manera integral.

Tradicionalmente, se entiende que las postraciones se realizan ante todos los Budas y Bodhisattvas. Por ello, se llevan a cabo con respeto, confianza y gratitud. Asimismo, se considera que favorecen una profunda purificación de las acciones negativas acumuladas a través del cuerpo, la palabra y la mente.

Tipos de postraciones

Existen tres tipos principales de postraciones:

Gyangchag
es una postración completa o prolongada. En tibetano, gyang significa "extender" y chag significa "postración". En el Tíbet, algunas personas han practicado este tipo de postración a lo largo de grandes distancias, avanzando mediante postraciones sucesivas.

Kumchag
corresponde a una postración parcial o breve. Se realiza arrodillándose y tocando el suelo con la frente. La palabra kum se refiere a la contracción del cuerpo, en contraste con la extensión propia de la postración completa.

La postración simbólica
puede realizarse de pie o sentado mediante movimientos rituales de las manos. Se utiliza cuando no hay suficiente espacio para realizar una postración física completa o cuando las circunstancias personales lo requieren.

Cuándo postrarse

Es costumbre realizar postraciones al entrar en un templo, monasterio o centro de Dharma, idealmente frente al altar. También se suelen hacer al principio y al final de una lección, cuando el lama o el maestro entra o sale de la sala.

Al llegar ante un altar, es costumbre postrarse tres veces.

POSTRACIÓN CORTA (consta de tres pasos)

Paso A. De pie, mirando hacia el barro y/o el altar.

Primera posición:
Las manos están unidas y colocadas sobre la coronilla.

La tradición enseña que este gesto representa una postración ante el cuerpo de todos los Budas y Bodhisattvas. Está relacionado con la purificación de las acciones negativas realizadas a través del cuerpo y con la aspiración a desarrollar las cualidades físicas perfectas de un Buda.

Segunda posición:
Las manos juntas se colocan a la altura de la garganta.

Esta postura simboliza el respeto por las cualidades de la palabra iluminada de todos los budas y bodhisattvas. Se asocia con la purificación de acciones negativas como mentir, insultar o usar palabras dañinas, junto con la aspiración a desarrollar una palabra sabia y beneficiosa.

Tercera posición:
Las manos juntas se colocan a la altura del corazón.

Esta etapa representa una postración ante la mente omnisciente de los Budas y Bodhisattvas. La práctica está relacionada con la purificación de estados mentales dañinos como la codicia, la malicia o las visiones erróneas, así como con la aspiración a desarrollar la sabiduría.

Resumen de las tres purificaciones

  • Purifica el karma negativo asociado al cuerpo y aspira a las cualidades del cuerpo de Buda.

  • Purifica el karma negativo asociado con el habla y aspira a las cualidades del habla de Buda.

  • Purifica el karma negativo asociado a la mente y aspira a las cualidades de la mente de Buda.

Paso B. En el mismo lugar, nos ponemos en cuclillas gradualmente.

Cuarta posición.
Manos abiertas apoyadas en el suelo.

La mano derecha se apoya primero. Según la tradición, este gesto expresa respeto por las cualidades sublimes de los Budas y Bodhisattvas, así como la aspiración a superar los obstáculos que dificultan el camino espiritual.

Luego se apoya la mano izquierda. Esta acción se relaciona con los llamados cuatro factores de atracción presentes en los seres iluminados. Entre ellos se mencionan la generosidad, la amabilidad al hablar, la enseñanza adecuada para cada persona y la coherencia entre palabras y acciones.

Quinta posición.
Ambas rodillas descansan en el suelo.

Al apoyarse en la rodilla derecha, se recuerda la capacidad de los Budas para ayudar a liberar a los seres del samsara. Al apoyarse en la izquierda, se contempla la aspiración de guiar a los seres por el camino de la iluminación, representado por los treinta y siete factores del despertar.

Sexta posición.
Ya de rodillas, toque el suelo con la frente.

Tradicionalmente, este gesto se asocia con la aspiración a desarrollar la sabiduría simbolizada por ciertas cualidades de un Buda plenamente realizado.

Paso C. Ponte de pie de nuevo

Séptima posición

Regresa a la posición inicial.

En este momento, se cultiva la aspiración de beneficiar y liberar a todos los seres, sin excepción. Algunos comentarios tradicionales señalan que cuanto mayor sea la amplitud y la expresión del gesto, mayor será el mérito acumulado mediante la práctica.

POSTRACIÓN COMPLETA O PROLONGADA

La postración completa sigue las mismas etapas descritas anteriormente hasta la quinta posición.

A continuación, el practicante se estira completamente en el suelo y extiende los brazos hacia adelante, juntando las manos delante de la cabeza.

Según la tradición, este gesto simboliza la aspiración a alcanzar las cualidades perfectas de un ser iluminado. Entre ellas se menciona la ushnisha o protrusión craneal, uno de los principales signos atribuidos a los Budas y considerado una manifestación del mérito acumulado a través de innumerables acciones virtuosas.

Luego, continúe con la sexta y séptima posición descritas anteriormente.

Muchas tradiciones budistas recomiendan realizar postraciones con regularidad a lo largo de la vida, considerándolas una práctica valiosa para cultivar la humildad, el mérito, la devoción y la purificación.

Fuente: enseñanzas de Khenpo Puntzok Rinpoché y cursos budistas.

K D T.        1







 

jueves, 29 de mayo de 2025

QUÉ ES ORACIÓN Y DEDICACIÓN

 QUÉ ES ORACIÓN Y DEDICACIÓN

Es importante tener claro que dedicación no es lo mismo que oración. Uno normalmente dedica los méritos que obtiene de sus buenas acciones, que generan méritos y uno puede dedicar dichos méritos con una intención compasiva.

Todas las dedicaciones son oraciones y no todas las oraciones son dedicaciones”.

La diferencia fundamental es que la dedicación responde a algo que uno ya a realizado, lo que nos permite realizar la dedicación. Dichas acciones obedecen a tareas o pensamientos positivos tales como, recitación de mantras, ofrecimientos generosos, prácticas, una obra buena, postraciones, etc. Al dedicar le damos una dirección auspiciosa a esas acciones. Varios de los maestros que han escrito un libro, dedican los méritos en el mismo (a veces al final de la introducción).

Las buenas acciones generan méritos y la dedicación normalmente conlleva a un resultado positivo, como desear una mejor o larga vida a alguien, ya que en el fondo lo que hacemos es pedir que el mérito obtenido por nuestra práctica, por ejemplo, se lo dirijamos a la iluminación de todos los seres.

Después de meditar uno puede dedicar la energía positiva generada a la felicidad de todos los seres o a la realización de la iluminación de todos ellos. Si uno realizó una buena acción, como ayudar a una persona en el mismo monasterio u otro lugar, también los puede dedicar. En el budismo tibetano se usa mucho la transferencia del mérito, los practicantes lo hacen para proteger sus buenas raíces karmicas de estudiar budismo, como para fortalecer el viaje de aprendizaje del dharma.

Dedicar en el fondo es compartir las bendiciones karmicas 
que recibimos por una buena acción.

Thubten Chodren “es el poder de nuestra mente y karma virtuoso lo que crea una especie de campo de energía, que a su vez influye a los demás y les hace mas fácil acumular karma virtuoso”

La oración budista (también es reconocida por sadhana) por otro lado, es una práctica que busca lograr estados mentales positivos y realizaciones espirituales (eliminar obstáculos mentales y generar compasión y sabiduría para lograr el despertar). Se repiten versos y mantras acompañados de una contemplación profunda de su significado, por ejemplo, oración por la paz, oración de refugio, etc. Con las oraciones pedimos y suplicamos por algo. Las actividades de la oración budista, nos conectan con nuestra propio interior espiritual, para desarrollar emociones constructivas como la compasión, la paciencia, otros, que nos permitirán involucrarnos en acciones positivas para ayudar a los demás seres y avanzar en el camino espiritual.

Pabongka Rimpoché señala : “que debemos realizar las dedicaciones conscientes de las tres esferas: el que dedica, la acción dedicada y a quién va dirigida (los tres carecen de existencia inherente). Esto evita que nos aferremos a los méritos como existiendo verdadera-mente. Una dedicación realizada así tiene un gran poder”.

El poder de la dedicación budista convierte la acción positiva
en algo que fortalece el deseo de ayudar a los demás, fomenta la compasión y 
nos colabora en avanzar hacia la liberación del sufrimiento.

Dedicación:

- Dedico los méritos de esta práctica para que todos los seres logremos la iluminación.

- Dedico este mérito a todos los seres sintientes para que alcancen la liberación de los dolorosos agobios del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, del océano del samsara.

Cuando el ego te hace sentir bien en una dedicación,
es porque, la compasión budista ha dejado de funcionar.

martes, 27 de mayo de 2025

NGONDRO _ LAS CUATRO PRACTICAS PRELIMINARES - PURIFICAR

 Ngöndro - Las Cuatro Prácticas Preliminares - Purificación

Cuando uno ya lleva cierto tiempo practicando budismo tibetano, es posible sentir que ya ha llegado el momento de involucrarse en prácticas más avanzadas de las tradiciones budistas tibetanas. Esto se da ya que todo budista con algunos años de práctica lo deseará

Es posible que uno haya realizado algunas prácticas tántricas, recibido iniciaciones, se haya acostumbrado a cumplir con compromisos cotidianos. Pero uno mismo con su maestro pueden saber si se está preparado para comenzar las prácticas de Ngöndro, es decir, las prácticas de purificación preliminares al Tantra Supremo.

En el budismo tibetano , Ngöndro , ngon significa "antes" y dro significa "ir" (sánscrito : purvaka ) se refiere a las "prácticas o disciplinas preliminares", preparatorias o fundamentales comunes a las cuatro escuelas del budismo tibetano, que preceden al yoga de la deidad. Son las bases para la sadhana Vajrayana mas avanzada que logran realizaciones de Dzoghen, Heruka y Mahamudra segun cada escuela.

Las Prácticas Preliminares son prácticas de purificación. Son tan poderosas  que nos ayudan a limpiar karmas acumulados desde tiempo sin principio. 

Este involucra un proceso gradual que requiere de mucha paciencia y
 una profunda conexión con la práctica.

 Las Cuatro Practicas Preliminares (internas) son:   

1. Toma de Refugio en las Tres Joyas (Buda, Dharma y Sangha) *
2. Confesión y postraciones ante los 35 Budas.
3. Recitación del mantra de 100 sílabas de Vajrasattva.
4. Ofrecimiento del mandala.
(* La toma de refugio está incluida en las oraciones de la confesión a los 35 Budas)

Las cuatro prácticas de purificación fueron explicadas por el propio Buda Sakyamuni, aunque no fueron publicadas hasta cinco siglos después, en la universidad monástica de Nalanda, en la India. Hasta mediados del siglo XX se mantuvieron en secreto. la expansión de maestros tibetanos por todo el mundo occidental las hizo conocidas, aunque su práctica sigue reservada a practicantes avanzados del Vajrayana.

Esta práctica debe realizarse  bajo la guía de un maestro calificado.

Lo que hace especial a las Prácticas Preliminares es su gran número de repeticiones de la práctica, lo que hace posible que eliminen tanto karma negativo. Por lo general se habla de 100.000 repeticiones de cada una de las prácticas. Entonces el Ngöndro se considera completado cuando uno ha tomado refugio cien mil veces, se ha confesado y postrado ante cada uno de los 35 Budas cien mil veces, ha recitado el mantra de cien sílabas de Vajrasattva cien mil veces, y ha elaborado el ofrecimiento del mandala cien mil veces. Los retiros colaboran en poder avanzar el numero de prácticas.

Estas prácticas esenciales sirven como base para las prácticas mas profundas del Dharma, como el Anuttayoga Tantra.

La leyenda dice que Tsongkhapa (1357-1419), el gran maestro, quien realizó un retiro de cuatro años con ocho de sus discípulos, durante el cual cada uno de ellos acumuló 3.500.000 postraciones y 1.800.000 ofrendas de mandala. Incluso después hizo otro de cinco meses de muchas frutos.

Algunos beneficios de su práctica son:

El refugio y la bodhichita transforman positivamente nuestro modo de relacionarnos y enfrentar la vida.
Se genera gran mérito que al dedicarlo se puede beneficiar a muchas personas.
Se generan cualidades virtuosas que son semillas de grandes frutos personales.
Se superan los obstáculos que presenta el camino fácilmente.
Se facilita el camino a enseñanzas superiores. De tu maestro obtendrás profundos conocimientos.
Permiten acceder a un nivel espiritual Vajrayana mas profundo,

Se recomienda estudiar la vida de Milarepa y de Tsongkhapa respecto de esta práctica. Comprenderás profundamente de la experiencia de estos dos grandes maestros. 

KDT     2


lunes, 26 de mayo de 2025

REFLEXIÓN - AMOR COMPASIVO Y LÁSTIMA


REFLEXIÓN – AMOR COMPASIVO Y LÁSTIMA

Un maestro budista escribió:

"El verdadero amor compasivo que expone el budismo no tiene nada que ver con la lástima ni con el sentimentalismo. Esto se debe a que la lástima o el sentimentalismo no alcanzan para apoyar a otro a lograr la victoria en la vida; no sirven para aliviar realmente el sufrimiento e impartir alegría..."

Muchas personas suelen confundir el amor compasivo con la lástima, pero en la tradición budista ambos conceptos son diferentes. La lástima suele surgir cuando observamos el sufrimiento ajeno desde cierta distancia, sintiendo pena por quien atraviesa una situación difícil. En ocasiones puede incluso contener un matiz de superioridad, aunque no exista mala intención.

La compasión, en cambio, nace del reconocimiento de que todos los seres compartimos el deseo de ser felices y evitar el sufrimiento. Se fundamenta en el respeto por la dignidad de cada ser y en la comprensión de que nuestras vidas están profundamente relacionadas unas con otras.

Por ello, el amor compasivo no consiste solamente en sentir tristeza por los problemas de alguien. Implica un interés genuino por su bienestar y el deseo de ayudarlo a encontrar las causas de su felicidad y fortaleza. No busca generar dependencia ni complacencia, sino apoyar al otro para que desarrolle sus propias capacidades.

Desde esta perspectiva, la compasión es una actitud activa. Significa acompañar, alentar y brindar apoyo cuando es necesario. A veces consiste en escuchar, otras en ofrecer ayuda concreta, y en ocasiones simplemente en estar presente.

Por lo tanto, el amor compasivo hacia otro ser implica contribuir a su fortalecimiento interior. Es ayudarlo a encontrar ánimo para enfrentar las dificultades, alentarlo a confiar en sus capacidades y apoyarlo para que pueda desarrollar una mente más clara, equilibrada y abierta al bienestar propio y de los demás.


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domingo, 25 de mayo de 2025

MALA O JAPA MALA - CÓMO SE HACEN Y USAN

 

MALA O JAPA MALA

El mala, también llamado rosario budista, está formado por cuentas que se usan para llevar el registro de las recitaciones de un mantra. En muchas tradiciones tiene 108 cuentas, aunque también existen malas más pequeños, como los de 21, 24 o 27 cuentas, que suelen llevarse en la muñeca.

En el budismo tibetano, el mantra más conocido es Om Mani Padme Hum, asociado a Avalokiteshvara, bodhisattva de la compasión, llamado Chenrezig en la tradición tibetana. El mantra se utiliza como apoyo para calmar la mente, ordenar la atención y protegerla de emociones perturbadoras.

El uso del mala es anterior al budismo y tiene antecedentes en tradiciones de la India. Al comienzo habría sido una cuerda con nudos, usada para contar repeticiones durante la práctica espiritual. Con el tiempo fue tomando la forma de rosario con cuentas.

El número 108 tiene distintas explicaciones simbólicas. Una de ellas señala que representa los oscurecimientos mentales que impiden ver con claridad. Estos se relacionan con las experiencias agradables, desagradables y neutras, los seis sentidos, las respuestas de apego o rechazo, y los tres tiempos, pasado, presente y futuro. Desde esta mirada, recitar con el mala recuerda el trabajo interior de purificar la mente y superar los estados que generan sufrimiento.

Otra explicación relaciona el 108 con elementos astrológicos, como las doce casas y los nueve planetas. También se lo vincula con las 27 mansiones lunares y sus cuatro divisiones. Estas interpretaciones muestran que el número 108 tiene un valor simbólico amplio dentro de varias tradiciones espirituales de la India.

Los malas pueden estar hechos de madera, semillas o piedras semipreciosas. Son comunes los de semillas de bodhi, sándalo, ámbar, cuarzo, turquesa, jade, amatista, ojo de tigre, ónix, lapislázuli, cuarzo rosado y cristal de roca. En algunas prácticas, los materiales y colores se asocian con ciertos budas o bodhisattvas. Por ejemplo, el azul puede recordar al Buda de la Medicina, mientras que el verde suele asociarse con Tara Verde.

Algunos malas tienen cuentas separadoras en los puntos 27, 54 y 81. Estas ayudan a dividir el rosario en cuatro partes y facilitan el conteo de las recitaciones. Además, la mayoría de los malas de 108 cuentas tiene una cuenta principal, llamada cuenta gurú, que marca el inicio y el final del ciclo.

Cuando se completa una vuelta del mala, no se pasa por encima de la cuenta gurú. Lo correcto es girar el mala y comenzar el nuevo ciclo en sentido contrario. Este gesto expresa respeto hacia el maestro y hacia la práctica.

El hilo del mala también tiene un significado simbólico. Representa la continuidad de la enseñanza budista. En algunos casos está compuesto por tres fibras, que recuerdan las Tres Joyas, el Buda, el Dharma y la Sangha. En otros casos puede tener nueve fibras, asociadas a Vajradhara y a los grandes bodhisattvas.

Para usar el mala, se sostiene en la mano izquierda. Se comienza con la cuenta ubicada después de la cuenta gurú y se avanza una cuenta por cada recitación del mantra. En la práctica se integran tres aspectos del ser. La mano representa el cuerpo, la recitación representa la palabra y la visualización o concentración representa la mente. De esta manera, el mala ayuda a reunir cuerpo, palabra y mente en una misma práctica.

El mala debe tratarse con respeto, no como una joya ni como un simple adorno. En la tradición budista se considera un objeto de práctica espiritual. Por eso no se deja en el suelo ni se usa de cualquier manera. Si cae, se puede recoger con cuidado, tocar la coronilla con él y recitar Om Ah Hung tres veces.

En síntesis, el mala no es solo un instrumento para contar el canto de mantras. Es un apoyo para cultivar atención, disciplina, respeto y purificación interior. Su valor no está en el objeto por sí mismo, sino en la intención y la práctica que acompaña.


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sábado, 24 de mayo de 2025

PARA CONVERSAR PROVECHOSAMENTE - no EGO


PARA CONVERSAR PROVECHOSAMENTE

Conversar bien no significa solo hablar. También significa escuchar, respetar, cuidar el tono y procurar que el encuentro sea útil para todos. Una conversación provechosa necesita verdad, moderación y buena disposición. Cuando hay duda, es mejor preguntar o guardar silencio antes que inventar una respuesta.

El propósito no debe ser lucirse ni ganar una discusión. Lo importante es aportar desde un lugar sincero, sin dejar que el ego tome el control. Ser un aporte es distinto a creerse un aporte.

Escuchar con interés

Escuchar es una forma de generosidad. Si alguien está contando algo, corresponde prestarle atención y dejar que termine su idea. No es necesario interrumpir, corregir o anticipar respuestas. Primero hay que entender. Si algo no queda claro, se puede pedir una explicación con sencillez. Mirar de frente y mostrar interés ayuda a que la otra persona se sienta respetada.

Mantenerse en el tema

Una conversación se debilita cuando se traen asuntos antiguos o temas que no vienen al caso. Eso confunde el diálogo y aleja la atención de lo que se está tratando. Mantenerse en el asunto ayuda a que la conversación avance y llegue a algún entendimiento.

Hacer preguntas abiertas

Las preguntas abiertas permiten que la otra persona explique mejor lo que piensa o siente. No buscan una respuesta corta de sí o no, sino abrir espacio para comprender. Preguntar bien también es una manera de escuchar.

Usar el silencio

El silencio puede ser útil. Permite ordenar las ideas, pensar antes de responder y recibir mejor lo que se está escuchando. No todo espacio vacío necesita ser llenado con palabras. A veces una pausa ayuda más que una respuesta rápida.

No dominar la conversación

Hablar demasiado puede cerrar el diálogo. La otra persona también necesita espacio para expresarse. Cuando uno deja de intentar controlar la conversación, el intercambio se vuelve más amable y equilibrado.

Aprender del otro

Siempre se puede aprender algo de los demás. No es necesario parecer experto en todo. Cuando uno no sabe, lo mejor es reconocerlo. Inventar una respuesta solo confunde y resta valor a la conversación.

Ser claro, calmado y directo

La claridad ayuda mucho. Conviene evitar insultos, burlas, sarcasmos hirientes y faltas de respeto. Todo eso ensucia el mensaje y pone a la otra persona a la defensiva. Es mejor hablar con calma, sinceridad y precisión.

No comparar experiencias

Cuando alguien cuenta una experiencia, no siempre necesita que la comparemos con la nuestra. Puede parecer empatía, pero muchas veces desvía la conversación. Si alguien comparte un dolor, una alegría o un logro, lo primero es recibirlo, no competir ni trasladar el centro hacia uno mismo.

Evitar bromas pesadas

El humor puede aliviar una conversación, pero también puede herir. Es distinto contar algo gracioso que burlarse de alguien presente o ausente. Las bromas pesadas rompen la confianza y empobrecen el diálogo.

Responder con cuidado

Conviene responder cuando la otra persona haya terminado de hablar. Si uno sabe, responde. Si no sabe, lo reconoce. No hay provecho en enojarse, inventar o contestar desde la ansiedad. Escuchar con buena disposición permite responder con más bondad y claridad.

No desacreditar ni insultar

Desacreditar al otro no mejora ningún argumento. El insulto corta el diálogo y transforma una conversación en pelea. Se puede estar en desacuerdo sin rebajar a la otra persona.

Aceptar la crítica y otra opinión

A veces un comentario puede parecer injusto. En ese caso conviene respirar, no reaccionar de inmediato y tratar de entender qué siente o piensa la otra persona. Solo después se puede responder con más acierto. Si se considera que el otro está equivocado, se puede decir con respeto, sin insistir de más.

Admitir discrepancias

No todas las conversaciones terminan en acuerdo. Hay que aceptar que otras personas puedan ver las cosas de otra manera. Respetar una opinión distinta no significa incorporarla como propia. A veces basta con reconocer la diferencia y terminar en buenos términos.

Terminar bien el diálogo

Una buena conversación también se nota en la forma en que termina. Agradecer el tiempo, la atención y la disposición del otro demuestra madurez y buena voluntad. No siempre se gana algo teniendo la última palabra. Muchas veces se gana más cuidando la relación.

Del camino

Para alcanzar un diálogo sano y provechoso, conviene evitar ambientes poco adecuados para conversar, personas que agreden o incitan a excesos, estados mentales alterados, la impaciencia y el ego. Una conversación con respeto puede abrir entendimiento. Una conversación dominada por el ego solo aumenta la confusión.

KDT        1







 

martes, 20 de mayo de 2025

REFLEXIÓN SOBRE ESCRITURA BUDISTA. UN PUNTO DE VISTA

 

REFLEXIÓN SOBRE ESCRITURA BUDISTA. UN PUNTO DE VISTA

Uno podría preguntarse de quién son la luna o el sol. La respuesta parece simple. Son de todos. Pertenecen al mundo entero, porque entregan vida, luz, calor y equilibrio a los seres humanos, a los animales, a la vegetación y a muchas otras formas de existencia. Por eso no tendría sentido que alguien quisiera adueñarse de ellos.

Cuando me pregunto de quién son las enseñanzas de Buda, llego a una respuesta parecida. Buda enseñó el Dharma a sus seguidores, monjes y monjas, y también a todos quienes estuvieran dispuestos a escuchar y practicar. Sus enseñanzas fueron transmitidas de distintas formas y luego conservadas, estudiadas y explicadas por grandes maestros, como Nagarjuna, lamas, tulkus y practicantes avanzados que las desarrollaron para beneficio de otros.

No tengo duda de que la intención de Buda fue que sus enseñanzas estuvieran disponibles para todo ser que quisiera estudiarlas y transformar su vida. Por eso, cuando escribo sobre budismo, recuerdo que no estoy frente a algo cerrado ni reservado para unos pocos. Estoy frente a una tradición viva, amplia y profunda, que puede iluminar la vida de quien se acerque a ella con respeto.

Cuando escribo sobre otros temas, también siento que el budismo está presente en mi corazón. Sus enseñanzas me acompañan, me orientan y me ayudan a buscar un sentido más correcto. ¿Cómo podría alejarme de ellas? ¿Cómo no van a estar presentes en mi forma de mirar, pensar y escribir? Sería una alegría que mis ideas estuvieran impregnadas de esa ética, aunque sea de forma sencilla.

Tal vez mi escritura no sea la mejor para el lector, o quizá el fondo de mis textos no siempre logre explicar con claridad los temas del budismo tibetano. Aun así, escribo con el mejor esfuerzo que puedo entregar. Confío en que, con práctica, estudio y virtud, esas limitaciones podrán mejorar.

También recuerdo a los seguidores de Buda que memorizaban enseñanzas completas para conservarlas y transmitirlas sin distorsión. En una oportunidad hice un curso con esa metodología y no fue fácil. Al comienzo me costó mucho, pero con esfuerzo fui avanzando y, con el tiempo, la práctica se volvió más natural. Ananda, por ejemplo, recordaba los discursos de Buda y fue un pilar importante, junto a otros discípulos, para que esas enseñanzas no se perdieran.

Muchos lamas y maestros han escrito libros valiosos sobre budismo. Al leerlos, me parece justo recordar cuál fue la fuente principal de ese conocimiento. Cada maestro aporta comprensión, experiencia y profundidad, pero todos beben de una enseñanza que tiene como origen el despertar de Buda. Por eso también pienso que estos escritos deberían hacerse cada vez más accesibles para quienes desean aprender.

Buda entregó sus enseñanzas para todo ser que desee superarse, comprender su mente y avanzar espiritual y personalmente. Esa es la razón por la que escribir sobre budismo debe hacerse con respeto, humildad y deseo sincero de beneficiar.


K Dondruup T          1








FÁBULA - BUDA, LA ROCA Y EL PERDÓN

FÁBULA : BUDA, LA ROCA Y EL PERDÓN

Adaptación de una fábula budista tradicional

Devadatta, primo de Buda, sentía celos de su sabiduría y de la admiración que otros tenían por él. Su envidia creció tanto que un día decidió hacerle daño.

Mientras Buda caminaba cerca de una colina, Devadatta empujó una roca pesada desde lo alto. La piedra cayó muy cerca, pero no logró herirlo.

Buda vio lo ocurrido, pero no perdió la calma. Siguió su camino con serenidad.

Días después, se encontró con Devadatta y lo saludó con respeto. El primo, sorprendido, le preguntó

—¿No estás enojado conmigo?

Buda respondió

—No.

Devadatta, confundido, insistió

—¿Por qué? Yo intenté hacerte daño.

Entonces Buda le dijo

—Porque tú ya no eres el mismo que arrojó la roca, y yo ya no soy el mismo que estuvo allí cuando cayó.

Luego agregó

—Quien comprende que todo cambia aprende a soltar el rencor. Quien mira con compasión puede perdonar.

Moraleja

Aferrarse al enojo nos mantiene atrapados en un momento que ya pasó.   1

viernes, 16 de mayo de 2025

REFLEXION - OFRECER LA LUZ

 

OFRECER LA LUZ. REFLEXIÓN

La luz tiene un significado muy importante en el budismo. Representa la sabiduría, la claridad, la iluminación y la posibilidad de disipar la oscuridad de la ignorancia. Cuando se ofrece una luz, no se trata solo de encender una vela o una lámpara, sino de hacer un gesto de gratitud, confianza y aspiración espiritual.

Ofrecer luz recuerda la presencia iluminadora de Buda y su enseñanza. Así como una llama permite ver en medio de la oscuridad, el Dharma ayuda a ver con más claridad la mente, las acciones y el camino para liberarse del sufrimiento.

En una práctica budista, la luz puede acompañarse con oraciones, mantras o una reflexión sencilla. Su sentido no está en pedir algo de forma superficial, sino en crear una intención positiva. Al ofrecerla, uno puede desear que disminuyan los obstáculos, que aumente la claridad y que todos los seres encuentren paz y bienestar.

La luz simboliza el despertar de la mente, la liberación del samsara, la protección espiritual, las cualidades de Buda y la disipación de la ignorancia. También puede representar el deseo de que la sabiduría ilumine la propia vida y la de los demás.

Por eso, en una actividad budista suele ser adecuado mantener una luz encendida. Puede ser una vela, una lámpara o cualquier luz ofrecida con respeto. Lo importante no es el tamaño del ofrecimiento, sino la intención con que se realiza.

Este ofrecimiento puede hacerse en distintas situaciones de la vida. Por ejemplo, por el nacimiento de un hijo, un matrimonio, una graduación, un cumpleaños, un aniversario, una despedida, un viaje, una enfermedad, una etapa difícil, la muerte de un ser querido, el bienestar de una mascota o el buen desarrollo de un proyecto positivo.

Ofrecer luz es una forma de expresar devoción y confianza en Buda, el Dharma y la Sangha. También es una manera de recordar que siempre se puede cultivar más claridad, aun en tiempos difíciles.

Una oración sencilla podría ser:

Ofrezco esta luz a Buda, al Dharma y a la Sangha, con el deseo de que todos los seres sintientes encuentren paz, claridad y felicidad.

Al finalizar, se pueden dedicar los méritos para beneficio de todos los seres.


K Dondrup T.         1





miércoles, 14 de mayo de 2025

LA CAMPANA Y EL VAJRA: LA GRAN DUPLA _ SIMBOLISMO Y COMPOSICIÓN

                                      LA CAMPANA Y EL VAJRA. LA GRAN DUPLA

La campana tibetana y el vajra, también llamado dorje en tibetano, son dos instrumentos rituales muy importantes en el budismo tántrico. Normalmente se usan juntos, porque representan dos aspectos inseparables del camino espiritual.

La campana se asocia con el principio femenino y con la sabiduría. En especial, representa la sabiduría que comprende la vacuidad, es decir, la ausencia de existencia inherente de los fenómenos. Su sonido recuerda que todo aparece, vibra y desaparece, sin una identidad fija.

El vajra, por su parte, se asocia con el principio masculino, el método, la compasión y los medios hábiles. También se le llama cetro diamantino, porque simboliza una fuerza estable, clara e indestructible. En sánscrito, la palabra vajra puede relacionarse con el rayo y con el diamante. El rayo expresa poder y energía. El diamante expresa firmeza, pureza y resistencia.

Por eso, la campana y el vajra no se entienden como objetos separados. La campana representa la sabiduría y el vajra representa el método compasivo. En la práctica budista, ambos deben unirse. La sabiduría sin compasión puede volverse fría, y la compasión sin sabiduría puede perder dirección. Cuando ambas cualidades trabajan juntas, el camino hacia la iluminación se vuelve completo.

Durante el ritual, el vajra se sostiene en la mano derecha y la campana en la mano izquierda. Este gesto expresa la unión del método y la sabiduría. No se trata solo de una postura externa, sino de recordar que toda práctica debe integrar claridad, compasión, disciplina y comprensión profunda.

La campana tiene varios elementos simbólicos. Su espacio interior puede representar la sabiduría que comprende la vacuidad. Su sonido expresa esa misma enseñanza, porque surge, se expande y luego desaparece. También puede tener símbolos como pétalos de loto, figuras femeninas, dakinis o una vasija, que recuerdan el logro espiritual y la energía de la sabiduría.

El vajra también posee una forma cargada de significado. En el centro suele tener una esfera, que representa la totalidad y la realidad última. Desde esa esfera surgen lotos hacia ambos lados, como símbolo del nacimiento de la manifestación. De los lotos salen rayos o radios que se curvan y vuelven al eje central. Esta forma recuerda que la diversidad de los fenómenos vuelve a una misma realidad profunda.

Los vajras pueden tener tres, cinco o nueve radios. En muchos casos, los cinco radios se relacionan con los cinco Budas y las cinco sabidurías. Estas sabidurías expresan distintas formas de una mente despierta. La sabiduría del Dharmadhatu, asociada con Vairochana, comprende la realidad en su totalidad. La sabiduría semejante a un espejo, asociada con Akshobhya, refleja las cosas tal como son. La sabiduría de la igualdad, asociada con Ratnasambhava, ve todos los fenómenos con ecuanimidad. La sabiduría discriminativa, asociada con Amitabha, distingue con claridad sin caer en confusión. La sabiduría que todo lo realiza, asociada con Amoghasiddhi, actúa para beneficio de los seres.

Otro nivel de simbolismo relaciona los radios del vajra con los cinco elementos, los cinco agregados y los cinco venenos mentales. Así, el vajra puede expresar tanto el mundo condicionado como el mundo iluminado. Samsara y nirvana aparecen como dos modos de comprender la realidad, no como realidades completamente separadas.

En algunos vajras también aparece la figura del makara, un ser de origen mitológico que une elementos de distintos mundos, como el agua y la tierra. Por eso puede entenderse como símbolo de la unión de opuestos.

En resumen, la campana y el vajra forman una dupla esencial. La campana recuerda la sabiduría que comprende la vacuidad. El vajra recuerda la compasión activa, la firmeza y los medios hábiles. Juntos expresan una enseñanza central del budismo tántrico. La iluminación requiere unir sabiduría y compasión, claridad y acción, comprensión profunda y beneficio para los seres.

Fuentes consultadas

Biblioteca ,Urgyen Sangharakshita, Simbolismo del camino tántrico, Ediciones del Centro Budista de la Ciudad de México.
Vessantana, textos sobre el vajra y la campana.
Materiales disponibles en Issuu.

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lunes, 12 de mayo de 2025

PRINCIPALES TITULOS BUDISTAS


PRINCIPALES TÍTULOS BUDISTAS

Los títulos como Khenpo, Geshe, Drubpon, Khenchen, Rinpoché y otros se usan dentro del budismo tibetano para reconocer grados de estudio, práctica, autoridad espiritual o responsabilidad dentro de un linaje. Estos títulos pueden ser otorgados por autoridades religiosas, monasterios, maestros reconocidos o instituciones propias de cada tradición.

No todos los títulos significan lo mismo. Algunos indican formación académica, otros experiencia meditativa, otros autoridad dentro de un monasterio y otros reconocimiento espiritual. Por eso conviene distinguirlos.

KHENPO

Khenpo, del tibetano mkhan po, significa abad o maestro erudito. Aunque en tibetano también existe la palabra lopon para maestro, el título Khenpo se usa para referirse a un maestro con alta formación filosófica y monástica.

En tradiciones como Nyingma, Kagyu y Sakya, el título se obtiene después de varios años de estudio formal. En muchos casos, el monje debe completar una formación extensa en filosofía budista, textos clásicos, lógica, disciplina monástica y comentarios tradicionales. Luego puede enseñar dentro de monasterios, centros de estudio o comunidades budistas.

Un título comparable dentro de la tradición Gelug es el de Geshe.

JE KHENPO

Je Khenpo es el título de la máxima autoridad religiosa de Bután. Representa la cabeza de la comunidad monástica del país y cumple un papel central en la tradición budista butanesa.

KHENCHEN

Khenchen significa “gran Khenpo” o “Khenpo mayor”. Se usa para maestros de gran experiencia, con una trayectoria amplia de estudio, enseñanza y práctica. No se refiere solo a la edad, sino también al reconocimiento recibido por su sabiduría y servicio al Dharma.

GESHE O GUESHE

Geshe, del tibetano dge bshes, viene de una expresión que significa “amigo virtuoso”. Es un título académico de alto nivel dentro del budismo tibetano, sobre todo en la tradición Gelug. En el caso femenino se usa Geshema.

Este título se obtiene después de completar estudios monásticos formales en filosofía budista, lógica, ética, metafísica, disciplina monástica y debate. En Occidente suele compararse con un doctorado en filosofía budista, aunque pertenece a un sistema religioso y monástico propio.

El camino de un Geshe exige años de estudio, memorización, debate público y práctica. En muchos casos, quienes completan esta formación continúan sus estudios en universidades tántricas, como Gyuto o Gyume, donde profundizan en enseñanzas del Vajrayana.

En las tradiciones Kagyu y Nyingma existen caminos de formación distintos, con gran énfasis en los comentarios clásicos, la meditación y los retiros prolongados.

ESTUDIOS DE UN LAMA O MONJE TIBETANO

En muchos monasterios tibetanos, los niños ingresan a temprana edad para recibir formación religiosa. Durante los primeros años aprenden oraciones, rituales, textos, disciplina monástica y bases del budismo. Con el tiempo pueden recibir votos de novicio y, más adelante, votos completos de monje o monja.

El monje con ordenación completa recibe el nombre de gelong. La monja con ordenación completa recibe el nombre de gelongma. Esta formación incluye estudio, memorización, práctica, exámenes y debates públicos.

En algunas tradiciones, además de los estudios, se considera importante realizar retiros de meditación. Uno de los retiros más conocidos dura tres años, tres meses y tres días. Este retiro permite profundizar en prácticas contemplativas y acostumbrar el cuerpo y la mente a una vida de disciplina espiritual.

No todos los lamas han seguido el mismo camino. Algunos son monjes, otros no. Algunos reciben reconocimiento por estudios, otros por meditación, linaje, retiro, enseñanza o por ser reconocidos como tulkus.

DALAI LAMA

Dalai Lama viene de la palabra mongola dalai, que significa océano, y de la palabra tibetana lama, que significa maestro espiritual. El título suele traducirse como “océano de sabiduría”.

El Dalai Lama pertenece a la tradición Gelug, aunque es respetado por muchos linajes del budismo tibetano. No es el jefe formal de la escuela Gelug, ya que ese cargo corresponde al Ganden Tripa. Sin embargo, el Dalai Lama ha tenido una enorme importancia religiosa, cultural e histórica para el Tíbet.

El Decimocuarto Dalai Lama es Tenzin Gyatso, nacido como Lhamo Thondup. Es considerado una manifestación de Chenrezig, Avalokiteshvara en sánscrito, bodhisattva de la compasión.

El título fue dado en 1578 por el líder mongol Altan Khan a Sonam Gyatso, quien pasó a ser reconocido como el Tercer Dalai Lama. Los dos anteriores recibieron el título de forma póstuma.

Tras la muerte de un Dalai Lama, se busca su reencarnación, llamada tulku, siguiendo señales y procedimientos tradicionales. El Panchen Lama cumple un papel importante en este reconocimiento, y el Dalai Lama también participa en el reconocimiento del Panchen Lama.

DRUBPON

Drubpon es un título honorífico usado en algunas tradiciones tibetanas, en especial dentro del linaje Drikung Kagyu. Se refiere a un maestro de meditación con experiencia profunda en la práctica.

Un Drubpon suele guiar retiros, enseñar métodos de meditación y acompañar a practicantes avanzados. Más que un título académico, indica realización práctica y experiencia contemplativa.

LAMA

Lama, del tibetano bla ma, significa maestro espiritual o guía. En el budismo tibetano, el lama es quien puede orientar a otros en el camino hacia la liberación y la iluminación.

No debe confundirse lama con monje. Un monje pertenece a la vida monástica y sigue votos específicos. Un lama, en cambio, es un maestro espiritual. Puede ser monje o no serlo.

Los lamas pueden ser reconocidos por distintos caminos. Algunos son tulkus, es decir, reencarnaciones reconocidas de maestros anteriores. Otros reciben el título por estudio, práctica, retiro, transmisión de linaje o reconocimiento de sus propios maestros.

La figura del lama es central en el Vajrayana, porque el maestro guía la práctica tántrica y transmite instrucciones que no se aprenden solo desde los libros.

PANCHEN LAMA

El Panchen Lama es una de las figuras religiosas más importantes de la tradición Gelug. Su título significa “gran sabio”. Está vinculado al monasterio de Tashilhunpo y se le considera una emanación del Buda Amitabha, el Buda de la Luz Infinita.

Una de sus funciones tradicionales más conocidas es participar en el reconocimiento de la reencarnación del Dalai Lama. A su vez, el Dalai Lama participa en el reconocimiento del Panchen Lama.

LAS TRES RAÍCES EN EL VAJRAYANA

En el Vajrayana tibetano, el lama forma parte de las tres raíces, junto con el yidam y el protector. El lama representa la raíz de la bendición, el yidam la raíz de la realización y el protector la raíz de la actividad.

Por eso, en el camino tántrico, el maestro espiritual no es solo un profesor. Es una guía directa para la práctica y la transformación interior.

RINPOCHÉ

Rinpoché significa “joya preciosa”. Es un título de respeto usado para maestros importantes dentro del budismo tibetano.

Muchas veces se aplica a tulkus, es decir, maestros reconocidos como reencarnaciones de figuras espirituales anteriores. Estos maestros suelen recibir formación desde la infancia para continuar la actividad de su encarnación previa.

También puede llamarse Rinpoché a practicantes excepcionales por su sabiduría, práctica o contribución al Dharma.

KARMAPA

Karmapa significa “aquel que realiza la actividad iluminada”. Es el título del jefe de la escuela Karma Kagyu.

El Primer Karmapa fue Düsum Khyenpa, quien vivió entre 1110 y 1193. Fue discípulo de Gampopa y es considerado una figura clave en la historia del budismo tibetano.

La tradición sostiene que los Karmapas pueden elegir su renacimiento para beneficiar a los seres. La sede histórica de los Karmapas fue el monasterio de Tsurphu, en el Tíbet. En el exilio, uno de los centros más importantes ha sido el monasterio de Rumtek, en Sikkim, India.

TENZIN

Tenzin es un nombre tibetano que significa “sostenedor de las enseñanzas” o “quien sostiene el Dharma”. También puede aparecer escrito como Tenzing o Stanzin. Esta última forma se usa con frecuencia en regiones como Ladakh.

Es un nombre muy común en el mundo tibetano y está asociado a la idea de conservar, proteger y transmitir las enseñanzas de Buda.

K Dondrup T        1








 

sábado, 10 de mayo de 2025

REFLEXIÓN SOBRE COMO ESTAMOS ENTREGANDO LAS ENSEÑANZAS DE BUDA

    

REFLEXIÓN SOBRE CÓMO ENTREGAMOS LAS ENSEÑANZAS BUDISTAS

Hace bastantes años que estudio budismo tibetano. He enseñado a alumnos particulares y también en empresas, siempre sin fines de lucro. En empresas, a veces solicito que se me pague el transporte y, en algunas oportunidades, permiso para algún gasto documentado, que luego uso para comprar un recuerdo para los mismos alumnos.

En la época de Buda, el maestro entregaba sus conocimientos a quien quisiera recibirlos. No buscaba retribución. Sí hubo reyes y mercaderes que le hicieron donaciones, como lugares adecuados para albergar a sus seguidores, sobre todo durante la época del monzón.

Me pregunto qué pensaría Buda sobre la forma en que hoy entregamos sus enseñanzas.

Por un lado, se cobra por cada clase o curso a valores que muchos no pueden pagar. Cada libro de estudio tiene un costo alto, aunque debo admitir que no conozco bien el sistema de Asia. Muchas agrupaciones budistas poseen editoriales o producen artículos budistas como un negocio, no siempre para acercar las enseñanzas a quienes buscan conocerlas. Nuestros servicios y productos suelen ser caros, y eso se convierte en una barrera difícil de traspasar para muchas personas.

En mi caso personal, siempre he tenido que pagar. No he tenido clases ni libros gratis.

¿No podríamos implementar, al menos una vez a la semana, una clase gratuita de filosofía budista o un curso base, circular y abierto durante todo el año?

Si reviso mi biblioteca budista, el 80% de los libros supera fácilmente los US$40. Por supuesto, algunos son de escritores que son investigadores y no necesariamente budistas. Varios también me los han regalado por distintas razones, siempre relacionadas con una intención positiva.

¿Cómo creemos que Buda exponía sus enseñanzas a la gente y a los monjes en su época?

Trabajé más de un año como administrador de un centro budista ad honorem y traté de implementar de a poco estas ideas. Avancé, pero no llegué a lo que esperaba. Se requiere más esfuerzo.

En el camino conversé este tema con maestros y seguidores. Si bien la idea fue recibida con aceptación, concuerdo con ellos en que no será fácil, debido a las estructuras que ya existen. Pero insisto en que hay que hacer el esfuerzo, porque sé que se puede. Para ello es necesario dejar de lado ciertos intereses particulares y abrazar el noble sentido de buscar un camino que ayude a disminuir el sufrimiento de las personas, tal como lo enseñaba Buda.

Mientras más personas conozcan las bases filosóficas del budismo, más personas podrán acercarse a una intención noble, abracen o no formalmente el budismo. Esto tiene relación con una orientación mental, ética y filosófica.

En el camino también encontré grandes sorpresas, como un centro budista que, con donaciones, construyó una bella y gran estupa en una pradera preciosa. También conocí la institución española Budadharma, que señala en su página web que entrega cursos sin costo y se mantiene con donaciones.

¿Qué pensaría Buda del sistema comercial que hemos instalado en el mundo?

Estimo que hay grandes diferencias con el esquema que él impulsaba. Algunos dirán que son otros tiempos y que existen otras justificaciones, pero no podemos negar que nos estamos alejando de las ideas de ética y austeridad que predicaba.

Nuestro objetivo debería ser entregar estas bellas y profundas enseñanzas a todo aquel que lo desee, ampliar la sangha, atraer a más personas hacia su desarrollo espiritual y personal, y ayudar a que crezca una base de personas más conscientes y bondadosas en este mundo.

Busquemos soluciones creativas.

Hagamos el bien en beneficio de este universo. Entreguemos nuestro conocimiento con amor compasivo. Miremos al prójimo como hermano en nuestros principios.

Ampliemos la capacidad de enseñanza budista honrando a Buda.

Que los niños que nacen se encuentren con un mundo mejor.

Que Budas y Bodhisattvas nos acompañen en estas intenciones.

K Dondrup Y.        1









 REFLEXIÓN SOBRE COMO ENTREGAMOS LAS ENSEÑANZAS BUDISTAS.

Hace bastantes años que estudio budismo tibetano. He enseñado directamente a alumnos particulares y tambien en empresas y siempre sin fines de lucro. En empresas solicito a veces, se me pague el transporte y en algunas oportunidades permiso para algún gasto documentado, que lo uso para regalo-recuerdo a los mismos alumnos.

En la época de Buda, este maestro entregaba sus conocimientos a quien lo deseara. No buscaba retribución. Si hubo reyes y mercaderes que le hicieron donaciones a Buda, como por ejemplo, lugares adecuados para que albergaran sus seguidores; sobre todo en la época de monzón.

Me pregunto ¿qué pensaría Buda con la forma que entregamos hoy sus enseñanzas?.

Por un lado se cobra cada clase o curso a valores que muchos no pueden acceder, cada libro de estudio tiene un alto costo (debo admitir que no conozco el sistema de Asia).

Muchas agrupaciones budistas poseen editoriales como un  negocio, y/o la confección de articulos budistas, no necesariamente para facilitar que la gente se empape de nuestra convicción. Nuestros servicios y productos son muy caros, convirtiendo ello en una barrera dificil de traspasar para muchas personas.

En el caso personal siempre he tenido que pagar. No he tenido clases ni libros gratis.

 ¿No podríamos implementar una vez a la semana, al menos, una clase de filosofía o curso budista base circular y gratis para todo el año?

Si reviso mi biblioteca budista, el 80% exceden facilmente los US$ 40 (por supuesto hay de algunos escritores que son investigadores y no necesariamente budistas). Varios tambien se han regalado por distintas razones, siempre relacionadas con una intención positiva.

¿Cómo piensa Ud que Buda exponía en su época las enseñanzas a la gente y monjes?

Trabajé un año como administrador de un centro budista ad-honorem y traté de implementar de a poco estas ideas. Avancé, pero no llegué a lo que esperaba. Se requiere más esfuerzo.

En el camino encontré maestros y seguidores a los que conversé el tema. Si bien fue recibida con aceptación la idea, concuerdo con ellos que no será nada de facíl dado las estructuras ya implementadas. Pero insisto, hay que hacer el esfuerzo pues sé que se puede, dejando de lado ciertos intereses particulares y abrazando el noble sentido de buscar un camino para disminuir el sufrimiento de las personas tal como lo deseaba Buda. Mientras más personas conozcan las bases filosóficas del budismo, más personas con esa noble intención, abracen o no el budismo. Es algo relativo más a la orientación mental y filosófica de las mismas.

En el camino también encontré grandes sorpresas, como el de un centro budista que con donaciones construyo una bella y gran estupa en una pradera preciosa. La institución española Budadharma que dice en su web que entrega los cursos sin costo y se mantiene con donaciones.

¿Qué pensaria Buda del sistema comercial que hemos implantado en el mundo?

Estimo que hay grandes diferencias con el esquema que él impulsaba. Me dirán que son otros tiempos y otras justificaciones , pero no pueden negar que nos estamos alejamdo de la ideas de ética y de austeridad que predicaba.

Nuestro objetivo debe ser entregar estas bellas y profundas enseñanzas a todo el que lo desee, ampliar la sangha atrayendo más personas para su desarrollo espiritual y personal y, auspiciar crezca la base de buenas personas en este mundo.

Busquemos soluciones creativas.

¡Hagamos el bien en beneficio de este universo! ¡Entreguemos nuestro conocimiento con amor compasivo! ¡Miremos al prójimo como hermanos de nuestros principios! 

¡Ampliemos la capacidad de enseñanza budista honrando a Buda! 

Que los niños que nacen, se encuentren con un mundo mejor.

Que Budas y Bodhisattvas nos colaboren en estas intenciones.



 


viernes, 9 de mayo de 2025

ALTAR BUDISTA - CÓMO SE COMPONE


EL ALTAR BUDISTA

El altar budista es un espacio destinado a la práctica, la meditación, las ofrendas y el recuerdo de las Tres Joyas: el Buda, el Dharma y la Sangha. En tibetano, el altar puede relacionarse con la idea de “presentación de ofrendas”, ya que allí se disponen objetos sagrados y elementos simbólicos que ayudan a orientar la mente hacia el despertar.

Ofrendar no significa que Buda necesite algo de nosotros. La ofrenda es una práctica que ayuda a cultivar mérito, gratitud, generosidad y sabiduría. También permite transformar una acción sencilla, como llenar un cuenco con agua, en una práctica espiritual.

El altar debe ubicarse en un espacio limpio, tranquilo y ordenado. Idealmente, los objetos sagrados deben estar en un lugar elevado o, al menos, a la altura de la cabeza cuando la persona está sentada frente a ellos. Esto expresa respeto y recuerda que la práctica no se realiza de cualquier manera, sino con atención y devoción.

Los objetos del altar

Un altar budista suele contener tres elementos principales, que representan el cuerpo, la palabra y la mente iluminada.

La imagen o estatua del Buda Shakyamuni representa el cuerpo iluminado.
Un texto budista representa la palabra o enseñanza del Buda.
Una estupa representa la mente iluminada.

La disposición tradicional puede variar según el linaje, pero en muchos altares se coloca el texto, la imagen de Buda y la estupa en un orden respetuoso y armónico. Lo importante es que el altar inspire la práctica y mantenga una relación clara con las Tres Joyas.

El altar debe tener, al menos, una imagen del Buda Shakyamuni. También pueden colocarse thangkas, fotografías o imágenes de otros Budas, Bodhisattvas o deidades de meditación, como Tara Verde. En un altar tibetano, estas imágenes suelen ubicarse respetando la centralidad de Buda Shakyamuni. También se pueden colocar fotos de los maestros espirituales, generalmente en un lugar adecuado y respetuoso.

La campana y el dorje también pueden estar presentes en el altar, 
especialmente cuando se realizan prácticas del Vajrayana.

Las ofrendas

Es costumbre ofrecer siete u ocho cuencos limpios con agua. Estos representan, de izquierda a derecha, las ofrendas tradicionales hechas a un invitado honorable:

Agua para beber: Argham.

Agua para lavar los pies: Padyam.

Flores: Pushpa.

Incienso: Dhupe.

Luz o lámpara: Aloke.

Agua perfumada: Gandhe.

Comida: Naividya.

Música: Shabda.

Generalmente se usan siete cuencos, porque la música puede ofrecerse mediante la voz, por ejemplo al recitar oraciones, mantras o alabanzas.

Cuando se ofrece el agua, se puede imaginar que no es agua común, sino un néctar puro, agradable a todos los sentidos. La intención es fundamental. No se trata de entregar objetos materiales por obligación, sino de cultivar una mente generosa, limpia y abierta.

Cómo preparar los cuencos

Antes de hacer las ofrendas, es costumbre lavarse las manos. También se puede purificar el altar con incienso, imaginando que el humo llena el lugar y beneficia a todos los seres con sabiduría, compasión y la fuerza de la iluminación.

Luego se genera bodhichita, es decir, la intención de practicar para el beneficio de todos los seres. También se puede rendir homenaje a los Budas y hacer tres postraciones antes de comenzar.

Los cuencos deben estar limpios. Con un paño limpio, pueden limpiarse tres veces en el sentido de las agujas del reloj, como símbolo de purificación de las negatividades del cuerpo, la palabra y la mente. Luego pueden limpiarse tres veces en sentido contrario, como símbolo de recibir las bendiciones del cuerpo, la palabra y la mente de Buda.

La forma tradicional es comenzar con los cuencos apilados boca abajo. Un cuenco vacío no debe dejarse boca arriba en el altar, porque simboliza que no se está ofreciendo nada.

Con una jarra de agua, se coloca un poco de agua en el primer cuenco y luego se sigue con los demás. También se puede verter agua del primer cuenco al segundo, del segundo al tercero y así sucesivamente, hasta que todos tengan una pequeña cantidad de agua. Después se alinean y se llenan con cuidado.

Los cuencos deben quedar en línea recta, muy cerca unos de otros, pero sin tocarse. Tradicionalmente, la distancia entre un cuenco y otro corresponde al ancho de un grano de arroz. También se deja un pequeño espacio entre el agua y el borde del cuenco, aproximadamente del tamaño de un grano de arroz.

Mientras se vierte el agua, se puede recitar el mantra OM AH HUM. Este mantra también puede recitarse al encender velas o incienso, con la intención de purificar las ofrendas y evitar obstáculos en la práctica.

Algunos cuencos pueden llenarse con agua y otros con arroz, especialmente los que representan flores, incienso, luz, comida o música. El arroz puede cambiarse semanalmente.

Por la mañana, los cuencos se colocan de izquierda a derecha. Por la noche, se recogen de derecha a izquierda.

El agua se ofrece en la mañana y se retira por la noche.

Sentido espiritual de la práctica

Realizar el mantenimiento del altar es, en sí mismo, una práctica budista. No es solo ordenar objetos. Es entrenar la atención, la disciplina, la humildad y la intención correcta.

Al hacer las ofrendas, se pueden cultivar las seis paramitas:

Generosidad, porque se ofrece algo con buena intención.

Ética, porque las ofrendas deben obtenerse de forma honesta.

Paciencia, porque se realiza la práctica con calma y respeto.

Perseverancia, porque se repite la ofrenda cada día.

Concentración, porque se cuida cada gesto, mantra y visualización.

Sabiduría, porque se recuerda que la ofrenda no tiene valor solo por el objeto, sino por la motivación que la sostiene.

Después de hacer las ofrendas, se dedica el mérito para la pronta iluminación de todos los seres sintientes.

Cómo retirar las ofrendas

Al final del día, se vacían los cuencos uno por uno. Se seca cada cuenco con un paño limpio y se apilan boca abajo o se dejan boca abajo en su lugar del altar. No se deben dejar cuencos vacíos boca arriba.

Si es posible, el agua ofrecida puede entregarse a plantas o a un jardín. Las flores pueden dejarse en un lugar limpio al aire libre. Las frutas y alimentos pueden permanecer un tiempo en el altar y luego consumirse con respeto.

El invitado de honor del altar es siempre Buda. Por eso, cada gesto debe hacerse con cuidado, gratitud y buena motivación.

Nota sobre el mantra de Vajrasattva

El mantra de Vajrasattva puede recitarse al llenar los cuencos, ya que se utiliza como práctica de purificación.

OM VAJRASATTVA SAMAYA

MANUPALAYA

VAJRASATTVA TVENOPATISHTHA

DRIDHO ME BHAVA

SUTOSHYO ME BHAVA

SUPOSHYO ME BHAVA

ANURAKTO ME BHAVA

SARVA SIDDHIM ME PRAYACCHA

SARVA KARMA SU CHA ME

CHITTAM SHRIYAM KURU HUM

HA HA HA HA HO

BHAGAVAN SARVA TATHAGATA

VAJRA MA ME MUNCHA

VAJRI BHAVA

MAHA SAMAYA SATTVA

AH HUM PHAT

Al comenzar con “Om Vajrasattva Samaya”, se recuerda el compromiso espiritual asumido en una práctica de purificación. En una sadhana o práctica de visualización, el practicante establece un vínculo con la figura visualizada y procura mantener esa práctica con respeto, continuidad y buena motivación.

KDT:    1









domingo, 4 de mayo de 2025

El MUNDO REAL Y MATERIA CUANTICA - realidad última -

                                         

                               EL MUNDO REAL Y LA MATERIA CUÁNTICA

La realidad última.

Si pudiéramos comprender la naturaleza profunda de la realidad, tal vez notaríamos con más claridad la interdependencia de todas las cosas. Esta idea está muy presente en el budismo, especialmente cuando se habla de impermanencia, vacuidad y origen dependiente.

En la vida diaria percibimos objetos con límites claros. Vemos un árbol, un auto, una planta, una mesa o un anillo, y creemos que cada cosa existe de forma separada. Nuestros sentidos nos muestran un mundo estable, sólido y reconocible.

Sin embargo, el budismo recuerda que todo fenómeno es impermanente. Nada permanece igual para siempre. Cada objeto surge por causas y condiciones, cambia con el tiempo y finalmente desaparece. Desde esta perspectiva, las cosas no existen de manera aislada, sino en relación con todo aquello que las produce y sostiene.

En el mundo cotidiano, muchas relaciones de causa y efecto parecen previsibles. Si lanzamos una pelota, podemos calcular hacia dónde irá. Si una semilla recibe agua, tierra y luz, puede crecer. La realidad ordinaria funciona, en gran parte, bajo patrones que podemos observar.

Pero cuando miramos la materia en niveles más pequeños, la situación se vuelve menos intuitiva.

La materia vista desde lo pequeño.

Todo objeto físico está compuesto por moléculas. Las moléculas están formadas por átomos, y los átomos contienen partículas subatómicas. Esta descripción no significa que los objetos sean una ilusión, sino que la solidez que percibimos no es tan simple como parece.

Una mesa parece completamente sólida porque nuestros sentidos la perciben así. Pero, en una escala atómica, la materia está formada por estructuras diminutas, interacciones y espacios que no podemos ver a simple vista. Lo que sentimos como firmeza surge de la forma en que las partículas interactúan entre sí, no de una solidez absoluta.

Por eso, la física moderna puede servir como una imagen útil para reflexionar. Nos recuerda que la realidad no siempre es igual a como aparece ante los sentidos. Aun así, es importante no confundir esta idea con la enseñanza budista. El budismo no depende de la física cuántica para ser válido, y la física cuántica no prueba por sí sola las enseñanzas budistas.

Ambas miradas pueden dialogar, pero pertenecen a campos distintos.

La percepción y los límites de los sentidos.

Nuestros sentidos no captan toda la realidad. Vemos ciertos colores, escuchamos ciertos sonidos y tocamos objetos dentro de los límites de nuestro cuerpo. No percibimos directamente los átomos ni las partículas subatómicas.

Esto no significa que el mundo no exista. Significa que lo percibimos de una manera condicionada por nuestros sentidos, nuestra memoria, nuestro lenguaje y nuestra mente.

Aquí aparece una relación interesante con el budismo. La mente no solo recibe el mundo, también lo interpreta. Reconocemos una mesa porque la hemos aprendido como mesa. Distinguimos un objeto de otro porque nuestra mente organiza la experiencia. En ese sentido, la realidad que vivimos no es una copia pura de lo externo, sino una experiencia construida a partir de percepción, memoria, lenguaje y conciencia.

Solidez e interdependencia.

Cuando tocamos un objeto, lo sentimos sólido. Parece existir un límite claro entre el objeto y nosotros. Sin embargo, desde una mirada física, esa sensación surge por interacciones entre estructuras atómicas. No tocamos una “solidez absoluta”, sino una red de relaciones y fuerzas que se manifiestan como resistencia.

Desde una mirada budista, esto puede recordarnos que las cosas no poseen una existencia fija e independiente. Existen, pero existen en dependencia de causas, condiciones, partes, nombres y percepciones.

Así, una mesa es mesa porque tiene partes, función, forma, nombre y uso. Si separamos sus partes, deja de ser mesa. Si cambia su función o contexto, cambia también la manera en que la entendemos. Esto se acerca a la enseñanza budista de la vacuidad, que no significa inexistencia, sino ausencia de existencia independiente y permanente.

La materia no es tan fija como parece.

La ciencia moderna ha mostrado que la materia no es estática en el sentido común que solemos imaginar. Los átomos y moléculas poseen movimiento, estructura e interacción. Dentro de ellos existe mucho más espacio del que nuestra percepción podría suponer. Hay espacio y el movimiento, que es muy rápido, no alcanzariamos a siquiera verlo. 

Esto puede ayudarnos a comprender una intuición budista importante. Lo que aparece como fijo, separado y permanente, en realidad está cambiando y depende de múltiples condiciones.

La continuidad del mundo que experimentamos también depende de la memoria. Recordamos que una persona, una casa o un objeto “son los mismos” a través del tiempo, aunque en realidad estén cambiando. La mente une momentos distintos y les da continuidad.

Una reflexión sobre el observador.

En física cuántica se habla a veces del observador, pero conviene aclarar algo importante. En ciencia, el observador no significa necesariamente una mente humana mirando con intención. En muchos casos, se refiere al acto de medición o a la interacción de un sistema con otro.

Por eso sería incorrecto decir que la mente crea una realidad física solo porque existe el problema de la medición en la física cuántica. Esta idea pertenece más a interpretaciones espirituales o filosóficas que a una conclusión científica aceptada.

Aun así, desde el budismo sí podemos afirmar que la mente participa en la forma en que vivimos la realidad. Nuestras expectativas, emociones y hábitos mentales influyen en nuestra experiencia. Una misma situación puede ser vivida con miedo, enojo, calma o compasión, según el estado mental de quien la experimenta. En ese sentido, la mente no necesariamente crea el mundo externo, pero sí transforma la forma en que lo habitamos.

Sobre el agua, las palabras y la intención.

Algunas personas citan los experimentos de Masaru Emoto sobre el agua para afirmar que las palabras y emociones modifican su estructura. Sin embargo, esos experimentos no son aceptados como evidencia científica sólida. Aun así, como reflexión simbólica, la idea puede tener valor. Si gran parte de nuestro cuerpo está compuesto por agua, y si nuestra vida mental influye en nuestra salud, conducta y relación con los demás, entonces tiene sentido preguntarnos cómo nos tratamos, cómo hablamos y qué intención ponemos en nuestras acciones.

No necesitamos probar científicamente que una palabra cambia los cristales del agua para comprender que una palabra puede herir, calmar, animar o destruir la confianza de una persona. Una palabra dicha con agresión puede sembrar miedo. Una palabra dicha con cuidado puede entregar seguridad. Una palabra nacida desde la compasión puede abrir un espacio de paz.

Conclusión.

La física moderna y el budismo pueden encontrarse en una intuición común: la realidad no es tan sólida, separada ni permanente como parece. Pero ese encuentro debe hacerse con cuidado, sin forzar la ciencia para demostrar creencias espirituales ni reducir el budismo a conceptos físicos.

El budismo enseña que los fenómenos surgen por causas y condiciones, que todo cambia y que la mente participa en nuestra experiencia del mundo. La ciencia, por su parte, muestra que la materia posee una complejidad profunda que nuestros sentidos no alcanzan a percibir directamente.

Ambas miradas pueden inspirarnos a vivir con más humildad. Lo que creemos fijo puede cambiar. Lo que creemos separado puede estar relacionado. Lo que creemos completamente externo también está filtrado por nuestra mente. Por eso, comprender la realidad no es solo estudiar el mundo. También es observar cómo miramos, cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos.

Ver entrada budista sobre la realidad: las dos verdades.

KDT.    1









viernes, 2 de mayo de 2025

ESCUELA MADHYAMAKA - una mirada a la filosofía


ESCUELA MADHYAMAKA

Resumen introductorio.

La escuela Madhyamaka es una de las corrientes filosóficas más importantes del budismo Mahayana. Su nombre puede traducirse como “camino medio”, porque busca evitar los extremos del eternalismo y del nihilismo.

Sus seguidores se conocen como madhyamikas. La escuela se asocia principalmente con Nagarjuna, maestro indio de los siglos II y III d.C., y con su discípulo Aryadeva. Su texto más importante es el Mula-madhyamaka-karika, donde Nagarjuna desarrolla la enseñanza de la vacuidad.

Madhyamaka se relaciona con tres conceptos centrales: vacuidad, origen dependiente y rechazo de una existencia inherente. Según esta visión, los fenómenos existen de forma convencional, pero no poseen una esencia fija, independiente y permanente.

La escuela Yogacara, también llamada “Solo Mente”, se desarrolló en paralelo dentro del Mahayana y se asocia a Asanga y Vasubandhu, entre los siglos IV y V. Ambas escuelas influyeron de forma decisiva en la filosofía budista, especialmente en el budismo tibetano.

Madhyamaka también está muy vinculada a la literatura de la Prajñaparamita, conocida como la “perfección de la sabiduría”. Su objetivo no es solo comprender la realidad, sino avanzar hacia la iluminación para beneficiar a todos los seres.

La vacuidad

El concepto más importante de Madhyamaka es la vacuidad, en sánscrito shunyata. Esta enseñanza no significa que nada exista. Significa que las cosas no existen por sí mismas, de manera independiente, fija o separada.

Todo fenómeno surge por causas y condiciones. Una planta, por ejemplo, necesita tierra, agua, luz, temperatura, tiempo y muchas otras condiciones. No aparece por sí sola ni permanece igual para siempre. Por eso se dice que está vacía de existencia inherente.

La vacuidad no niega el mundo. Lo que niega es que las cosas tengan una esencia propia y permanente. Los fenómenos funcionan, producen efectos y pueden ser experimentados, pero existen de manera dependiente.

Por eso, Madhyamaka no es nihilismo. Tampoco es eternalismo. No afirma que todo sea una nada, ni que las cosas existan de forma eterna y absoluta. Su propuesta es el camino medio.

Origen dependiente (Originación dependiente).

Para Nagarjuna, la vacuidad y el origen dependiente están profundamente unidos. Dado que las cosas surgen en dependencia de causas y condiciones, y por ello están vacías de existencia propia. Y porque están vacías de existencia propia, pueden cambiar, relacionarse y funcionar.

Esta idea permite entender que nada existe aislado. Cada fenómeno depende de partes, causas, condiciones, nombre, función y percepción. Una mesa existe como mesa porque tiene ciertas partes, una forma, una utilidad y un reconocimiento convencional. Si esas condiciones cambian, también cambia aquello que llamamos mesa.

Así, la realidad no se comprende como una suma de cosas cerradas en sí mismas, sino como una red de relaciones.

Las dos verdades

Madhyamaka utiliza la enseñanza de las dos verdades: la verdad convencional y la verdad última.

La verdad convencional es la forma en que vivimos y nombramos el mundo cotidiano. Decimos “persona”, “árbol”, “casa”, “dolor”, “camino” o “enseñanza”, y esas palabras funcionan dentro de la experiencia común.

La verdad última muestra que esos fenómenos no poseen una existencia independiente o inherente. No son falsos en el sentido simple de la palabra, pero tampoco existen como la mente ordinaria suele imaginarlos.

Ambas verdades no se contradicen. La verdad convencional permite actuar, comunicarse y practicar. La verdad última permite comprender la vacuidad de los fenómenos y liberarse del apego a una realidad rígida.

Incluso la vacuidad es vacía. Esto significa que la vacuidad tampoco debe tomarse como una sustancia, una cosa o una verdad fija a la cual aferrarse.

Prasangika y Svatantrika.

A partir de los comentarios que se hizo al pensamiento de Nagarjuna surgieron dos formas principales de interpretar el método Madhyamaka: Prasangika y Svatantrika.

Prasangika

Prasangika se relaciona con el método de la consecuencia o reducción al absurdo. Cuando hay por ejemplo un debate se trata de llevar al absurdo el comentario antagonista. Su desarrollo se asocia a Buddhapalita y más tarde a Chandrakirti.

Este enfoque no busca construir una tesis propia fuerte. Su método consiste en mostrar las consecuencias contradictorias de las ideas sostenidas por el adversario. En vez de afirmar “esta es la realidad”, muestra que las posiciones rígidas no se sostienen cuando se examinan profundamente. En términos simples, Prasangika no entrega una respuesta cerrada, sino que desmonta o desarmar las falsas certezas para que la mente pueda ver más allá de sus construcciones.

Svatantrika

Svatantrika se asocia a Bhavaviveka, también llamado Bhavya. Su método acepta el uso de argumentos propios para explicar la vacuidad y defender la visión Madhyamaka.

A diferencia de Prasangika, Svatantrika utiliza razonamientos más autónomos y explicaciones positivas. Busca guiar al practicante mediante argumentos, ejemplos y análisis lógico. La diferencia entre ambas no está tanto en la enseñanza central, ya que ambas aceptan la vacuidad y el origen dependiente, sino en el modo de razonar y explicar.

Prasangika tiende a desarmar posiciones equivocadas. Svatantrika tiende a construir argumentos para conducir a la comprensión.

Desarrollo histórico.

La escuela Madhyamaka nace con Nagarjuna, quien profundiza la enseñanza de la vacuidad a partir de las enseñanzas del Buda y de los sutras de la Prajñaparamita. Su discípulo Aryadeva continuó y defendió esta visión.

En una segunda etapa aparecen Buddhapalita y Bhavaviveka, quienes comentan a Nagarjuna y desarrollan métodos distintos de argumentación. Buddhapalita queda asociado al enfoque Prasangika, mientras que Bhavaviveka se vincula con el enfoque Svatantrika.

Más tarde, Chandrakirti y Shantideva dieron gran fuerza a la interpretación Madhyamaka. Chandrakirti defendió el método Prasangika y se volvió una figura muy influyente en el budismo tibetano. Shantideva, por su parte, integró la visión de la vacuidad con el ideal del bodhisattva y la práctica de la compasión.

Luego, maestros como Shantarakshita y Kamalashila combinaron elementos de Madhyamaka con aspectos de Yogacara, aportando al desarrollo filosófico y monástico del budismo en el Tíbet.

En el budismo tibetano, Madhyamaka llegó a ser considerada por muchas escuelas como una de las visiones filosóficas más profundas. Maestros como Longchenpa y Tsongkhapa la estudiaron, comentaron y transmitieron desde sus propias tradiciones.

Madhyamaka y el camino espiritual.

Madhyamaka no es solo una filosofía abstracta. Su finalidad es liberar la mente del apego a una realidad fija. Mientras creemos que las cosas existen de forma sólida, permanente e independiente, nos aferramos a ellas, las rechazamos o construimos identidad en torno a ellas.

Al comprender la vacuidad, la mente puede relacionarse con los fenómenos de una forma menos rígida. Esto no elimina la responsabilidad ética. Al contrario, como todo surge de causas y condiciones, nuestras acciones importan. Por eso, la vacuidad no debilita la compasión. La profundiza. Si todos los seres existen en relación, entonces el sufrimiento de los demás no es ajeno. El camino del bodhisattva consiste en unir sabiduría y compasión para avanzar hacia la iluminación en beneficio de todos los seres.

Nirvana y samsara

Una de las ideas más profundas de Madhyamaka es que nirvana y samsara no son dos realidades completamente separadas. Cuando los fenómenos se ven desde la ignorancia, aparecen como samsara. Cuando se comprende su verdadera naturaleza (aparece sabiduria), se revela la posibilidad de liberación.

Esto no significa que el sufrimiento no exista. Significa que el sufrimiento depende de causas, condiciones, ignorancia y apego. Al transformar esas causas, también puede transformarse la experiencia.

La verdadera naturaleza de los fenómenos es la vacuidad. Comprenderla no es negar el mundo, sino verlo sin aferrarse a él como si fuera sólido, permanente e independiente.

Síntesis final

Madhyamaka enseña que todo fenómeno es condicionado, relativo, dependiente y vacío de existencia inherente. Su propuesta es el camino medio, evitando tanto la idea de una existencia absoluta (eternidad) como la idea de una inexistencia total (nihilismo).

Nagarjuna mostró que la vacuidad y el origen dependiente no son enseñanzas separadas. Todo está vacío porque todo surge en dependencia. Y porque todo surge en dependencia, nada posee una esencia fija.

Esta visión se convirtió en una base fundamental del budismo Mahayana y del budismo tibetano. Su estudio permite comprender con mayor profundidad la realidad, la mente, la compasión y el camino hacia la iluminación.

Para ampliar esta visión, ver entradas: Escuela Madhyamaka, Madhyamaka y su difusión, Nagarjuna y los nagas, Prasangika y Svatantrika.

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