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viernes, 22 de mayo de 2026

SAMSARA 1 – PERTURBACIÓN MENTAL - AFERRAMIENTO PROPIO (YO)

SAMSARA – PERTURBACIÓN MENTAL - AFERRAMIENTO PROPIO (YO)

En la entrada: “Cosmología – Samsara” encontrara datos del Samsara como componente del universo incluyendo sus leyes de comportamiento.

DEFINE SAMSARA.

Este término se refiere al ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, con todo lo que este comprende, incluidas las alegrías y descontentos que nos presenta.
Una característica del samsara, es la naturaleza de los fenómenos (1) cuyos vínculos, que no captamos mentalmente en su real magnitud, son razón suficiente por sí mismos para que nos generen angustia. Otro rasgo que también nos condiciona la existencia en el samsara, es todo lo se nos inculca y aprendemos en nuestra vida abarcados los dictámenes de nuestra sociedad (considérese dogmas, prejuicios, conocimiento, experiencias etc.), bases suficientes para que nuestros pensamientos y sentimientos oscilen entre felicidad e insatisfacción.

El samsara nos hace suponer a cada momento del día que “en ella se encuentra la felicidad y que ésta se concreta complaciendo nuestros deseos”, y nosotros, como estimamos que es verdad, generamos apego con la vida terrenal y nos afanamos en ese objetivo. Pero dicha afirmación no es correcta, y por lo tanto, se generan preocupaciones que son producto nada más que de nuestro aferramiento al yo. Todo esto nos ofrece un círculo vicioso, donde por la situación expuesta nos mantenemos padeciendo sufrimientos y mientras seamos personas que no logremos desprendernos de las causas del mismo, como el “aferramiento propio”, seguiremos bajo el ciclo de renacimientos.
 
En el samsara, existen seis reinos donde se puede renacer: son tres reinos de existencia inferiores y tres superiores. Los inferiores como se podrá deducir, no son los preferidos para vivir. Ellos son el reino animal, el de los espíritus ávidos o hambrientos y el de los infiernos, donde este último es el peor para subsistir dado a que priman sentimientos de ansiedad y agresividad además del calor o frío extremo que se hace sentir.
En el de espíritus ávidos nada de comer o beber les satisface, siempre necesitan más, tienen hambre o sed,  dado que el sistema digestivo no procesa los alimentos ni los bebestibles razón por la que siempre tienen hambre y sed. En el reino de los animales, los seres están con instintos primarios pensando en comer, dormir y reproducirse, y de que no sean comidos por los otros animales. Nada de favorables y deseables estos reinos menores.
Los reinos superiores son el humano, el de los semidioses y el de los dioses. En el de los humanos los seres van tras sus deseos creyendo que así serán felices. En el de semidioses los seres se pelean entre ellos ya que viven de sospechas y celos. Tienen celos de los dioses y sufren porque desean el poder. Los dioses por otro lado viven contentos y con bienestar en un reino de belleza. Dado que tienen apego a los placeres, “agotan los méritos acumulados” que les permiten el bienestar, por lo que en algún momento de seguro deben reiniciar el ciclo del samsara.
 
Las acciones que uno realiza durante la vida tienen directa relación con el reino que a uno le tocará vivir, dado que generar karma positivo o negativo induce a renacer en algún lugar específico del samsara. Si durante la vida se produce karma negativo, se está colaborando a renacer en los reinos inferiores, por el contrario, el buen karma que está relacionado con las acciones positivas que uno realiza, más las acciones de purificación de karma negativo, colaboran a renacer en los reinos superiores.
Finalmente es conveniente resaltar que solo en el reino de los seres humanos se tiene la posibilidad de eliminar el sufrimiento, superarse espiritualmente y, por tanto, escapar del ciclo del samsara. La forma de escapar del ciclo del samsara, consiguiendo la liberación del sufrimiento y sus causas, es alcanzando el nirvana o liberación personal a través de las enseñanzas que nos indica Buda.
 
Ver la entrada: Existencia y sus vínculos.
 
En el samsara uno se aferra a deseos superfluos.
 
Desde el reino de los humanos es posible salvarse del samsara, ya que solo en él es viable la Iluminación.
 
PERTURBACIÓN MENTAL

El que permanezcamos en el samsara tiene su explicación. Nuestra mente de repente se altera y se descontrola. Esto sucede dado que algún “agente mental perturbador” se presenta a ese propósito, alterando nuestra paz interior.

Los perturbadores mentales principales conocidos como los “venenos mentales” son el apego, el odio y la ignorancia. El apego es el factor mental perturbador que observa un fenómeno y lo supone como causa de felicidad y por tanto lo desea. El odio nace producto de exagerar las malas características estimadas del fenómeno que se manifieste. La ignorancia, básicamente tiene relación con el desconocer la realidad última de los fenómenos, el “desconocimiento del mundo tal y como realmente es”. 

Hay otra definición de ignorancia que es de Dharmakirti y Chandrakirti que dice sin contradecir lo anterior, que “la ignorancia tiene que ver con aferramiento propio”.
 
Desde estas perturbaciones enunciadas nacen también los demás perturbadores secundarios como son el orgullo, los celos, la vanidad, la duda perturbadora, etc. los que son factores frecuentes de sufrimiento y que además nos impiden alcanzar la Iluminación, siendo por tanto, perjudiciales para nosotros ya que alteran nuestra paz mental produciendo un vivir inquieto, y motivo suficiente para que nos mantengamos en el samsara. Esto es porque dificultan que conservemos la paciencia (virtud que permite debilitar el odio) y otras virtudes, que sostengamos los principios éticos y los preceptos admitidos, que podamos generar karma positivo y también purificar el negativo (actuando correctamente), y finalmente, perjudicándonos ya que no tendremos la posibilidad de lograr una percepción directa de los fenómenos, a partir de su propia esencia, para poder percibir la “realidad última” de los mismos. Ellos están siempre entorpeciendo que mantengamos una paz interior que nos podría facilitar al menos una felicidad más continua, pero no, interrumpen nocivamente a cada rato.

Todos los perturbadores mentales son factibles de  mejorar mediante la práctica de la “meditación en los mismos”. Al mejorarlos, logramos estados más apacibles y  claridad mental, llegando por ello a ser más justos, asertivos y sabios, permitiendo alejarnos del sufrimiento y llegar finalmente a liberarnos del samsara.

Los agentes perturbadores impiden conservar la paz mental, generar karma positivo, purificar el negativo y llegar a lograr la percepción real de todos los fenómenos.

Al superar los perturbadores mentales – obstructores de la liberación - podemos dejar el samsara.
 
 
AFERRAMIENTO PROPIO.

Todo lo anterior se conjuga con el “aferramiento propio” (apego). Este término se refiere a nuestra mente conceptual que percibe y proyecta la idea de que todos los fenómenos tienen existencia inherente; vida por sí mismos, que existen por cuenta propia.

Así entendemos la realidad, apreciando que todo tiene existencia inherente y en particular el yo, materia en la que nos extenderemos porque “esta mente de aferramiento al yo, del ego que todos poseemos, es el origen de las perturbaciones mentales que engañan y hacen descontrolar a la mente”, nos hace actuar según sus caprichos al no ver las cosas como realmente son, y por tanto, es causa de sufrimiento del ser humano.

Uno genera una identificación y simpatía con el “yo”. Afirma yo soy médico, yo soy padre, yo soy hijo, yo soy rico, yo soy bueno etc., y cuando ve que uno de esos yo es amenazado, origina un apego espontaneo con él, en protección del mismo, ya que pensamos que realmente ese yo nominado es uno mismo. Pero no es uno mismo, apenas es solo lo que uno hace. ¿Entiende la idea?
Uno es el que ha generado una imagen llena de etiquetas, el que ha concebido un yo como un ideal de sí mismo.

Es tanta la adhesión al yo, que si se amenaza de pérdida o disminución de un bien propio, el ego brinca y expeditamente aflora el miedo de perder lo que consideramos nos contribuye a ser lo que somos. Y ahí aparece la ira y también la angustia, intranquilidad que se debe al ego, al autoestima, ¡al poseer que resulta en apego!

Creemos y nos comportamos sin aceptar que el yo es un nombre imputado por la mente, algo convencional que nos permite llevar las relaciones personales. La mente se engaña creyendo que el yo existe independiente, inherentemente y su error de percepción es que cree que existe de modo real. El yo existe pero conceptualmente, por ejemplo a través de un nombre (Luis) para poder referirnos a él, a una mente y cuerpo específico, una etiqueta para poder relacionarnos. No hay nada tras ese yo, lo usamos temporalmente en nuestra mente para asociarlo con alguien. La mente entonces etiqueta todo incluso las acciones del yo, como ejemplo: yo voy a volar. Recordemos que las etiquetas tienen existencia conceptual, como pensamiento en la mente, pero no en la realidad del universo.

“El yo siempre exagera las cualidades de un ser o de una cosa y por tanto nos apegamos a aquello, y también exagera las cualidades negativas disminuyendo las positivas de aquello a que sentimos aversión”. Este yo, nos provoca entonces sufrimiento al crear causas y condiciones para que la mente opere del modo de producir engaños y errores de percepción.

El yo es el que nos causa por ejemplo ser agresivos.
Este yo es el que no nos permite amar en forma sincera.

El yo considera lo amado como imperioso para satisfacerse y eso ya es estímulo suficiente para generar insatisfacciones.

Fíjese que cuando un ser amado se quiere alejar o evitarnos, el yo nos hace sufrir al inducirnos a pensar que parte de nuestra propiedad es la que se aleja, ya que la considera de esa forma.
El yo, el “yo-ismo”, siempre introduce una conducta o ánimo perjudicial en la persona, siempre suscita molestias, dado que es de una postura egoísta y envidiosa. Propone por ejemplo: “sin ti no puedo vivir” y eso ya es causa de angustias.

Por lo expuesto anteriormente, es que se afirma que auto-aferrarse al yo es causa real de sufrimiento.

Resumiendo, no hay nada en ese yo designado, de esa mera designación conceptual, inventada por nosotros y, sin embargo, nos aferramos sin haber nada a que aferrarse. Mientras más nos aferremos a un fenómeno, más nos alejamos de la posibilidad de conocer la verdadera realidad de los mismos, de observarlos y vivirlos auténticamente en el momento.

El ego es quien nos impide lograr el conocimiento de quienes somos en realidad, pues nos frena en poder llegar a ver nuestra propia naturaleza, porque aflora interesadamente antes, y cuando hemos avanzado y estimamos que tendremos algún logro en ese sentido, nos seduce y desatendemos el avanzar, pero cuando las enseñanzas comienzan a hacer sus efectos, la persuasión del ego en nosotros disminuye irreversiblemente.

¡No hay nada a que aferrarse, nada que sea estable! Ni siquiera el pensamiento.

El proceso de desatender el ego es gradual y se logra vía la práctica de los “Adiestramientos Superiores”. Cuando se va logrando un alejamiento del yo uno va encontrando más libertad, y cuando se pierde el yo, no hay aferramiento (o apego) a los fenómenos, se logra una emancipación total, ya que no hay un yo, un ego que intermedie. Es en este momento cuando se pueden aprehender los fenómenos en forma directa. Por ello, ya se está liberado de los renacimientos del samsara.

Este tema se amplía en la entrada: Vacuidad 1.

La raíz de nuestros problemas es la ignorancia que tenemos
respecto del aferramiento propio.
 
El ego causa que uno produzca aflicciones al ser.
 
Mientras más te aferras a tu pareja, mas inquietudes sufrirá la relación.
 
Eliminando la mente del aferramiento propio, nos libramos del yo,
del sufrimiento y del samsara.


K Dondrup T     1



miércoles, 13 de mayo de 2026

DEL CAMINO DE UN AMOR CONSCIENTE Y SANO

 DESDE EL CAMINO DE UN AMOR CONSCIENTE Y SANO

Esta entrada se genera para orientar a las personas sobre esos vínculos naturales que se presentan y nos permiten convivir de forma saludable, sin sufrir innecesariamente en esta vida.

 Es posible pensar y lograr un vivir con mayor libertad y plena paz interior. 

Según el budismo, el amor, el deseo, el apego y la dependencia están relacionados porque todos tienen que ver con la forma en que una persona se relaciona con los demás, pero no significan lo mismo. 

El amor puede entenderse como una forma sana de desear el bienestar o la felicidad del otro. No busca poseer, controlar ni exigir que la otra persona actúe según nuestras necesidades. En el budismo, el amor más puro se asemeja a la compasión, pues desea que el otro esté bien y no sufra. A menudo se utiliza el término «amor compasivo» para dar un matiz más completo y profundo al amor. Este es el tipo de amor budista que se debe ofrecer a todo ser vivo, deseándole felicidad y ausencia de sufrimiento.

El deseo, por otro lado, surge cuando la persona busca obtener algo para sentirse satisfecha. Puede ser el deseo de una persona, una experiencia, una emoción, seguridad o algún bien material. El problema no radica simplemente en desear, sino en creer que esta satisfacción será permanente y que constituye y constituirá una fuente de felicidad (1). 

El apego surge cuando ese deseo inicial se transforma en dependencia. Es decir, cuando la persona empieza a creer que necesita a alguien o algo para ser feliz. En ese momento, el vínculo deja de ser libre y se vuelve dependiente, es decir, se convierte en fuente de temor y sufrimiento, pues surge el miedo a perder o incluso dañar aquello que se considera indispensable (2). 

Como dijimos en la entrada anterior, el apego es una forma más intensa de dependencia. Es el intento de retener algo, controlar una situación o evitar el cambio. Esto produce sufrimiento porque todo en este universo es impermanente (3), nada permanece igual para siempre: ni las personas, ni las emociones, ni las relaciones, ni los pensamientos, ni las nubes. 

No podemos evitar que el cambio ocurra,
porque las cosas son impermanentes por naturaleza.

Cuando las vemos como si fueran permanentes, sufrimos, ya que todavía no logramos comprender la verdadera realidad de los fenómenos. Esa realidad puede ser comprendida plenamente cuando se alcanza un estado de despertar o iluminación. Para llegar a ello, el camino budista entrega enseñanzas y prácticas que entrenan la mente. A medida que estas enseñanzas se van integrando, la persona desarrolla mayor sabiduría, avanza espiritualmente y transforma poco a poco su manera de percibir la realidad.

El sufrimiento aparece cuando el deseo se vuelve apego y el apego se transforma en aferramiento. Todo esto es casi simultaneo. Habiendo deseo llega el apego dado nuestra ignorancia natural. Entonces, cuando la persona intenta retener, dominar o impedir el cambio, aparece el aferramiento, que finalmente conduce al sufrimiento, porque como decíamos, para el budismo todo es impermanente. Por ello, la aceptación, la compasión y el desapego permiten amar con mayor libertad, equilibrio interior y paz.

                 El problema no es amar, sino confundir amor con posesión. 

Para el budismo, el amor puede ser una energía positiva cuando nace desde la compasión, la generosidad y el deseo sincero de bienestar hacia el otro. La compasión permite amar sin poseer, es querer el bienestar del otro, no solo desde lo que esa persona entrega, sino desde el reconocimiento de que también sufre, cambia y necesita libertad. El amor es sano cuando se une a la compasión, porque busca el bienestar del otro sin llegar a controlarlo. Pero si el amor se mezcla con el deseo, se transforma en apego, ya que la persona empieza a necesitar del otro para sentirse completa. Luego, ese apego puede convertirse en aferramiento, cuando se intenta retener, controlar o impedir el cambio. Para el budismo, este proceso genera sufrimiento. Por eso, la compasión funciona como una salida: permite amar sin depender, aceptar el cambio y relacionarse con más libertad.

Finalmente, podemos entender la libertad interior como la capacidad de mantenerse en paz y actuar en conciencia sin depender completamente de las circunstancias externas. Implica no vivir dominado por el miedo, la necesidad de aprobación, el apego o las expectativas de los demás, conceptos ya vistos. Por tanto concluimos que una persona con libertad interior puede atravesar dificultades, dolor o cambios, pero conserva la estabilidad emocional, claridad y coherencia con sus valores. Esta libertad nace del autoconocimiento, la aceptación de la realidad y el desapego (como lo permiten las enseñanzas budistas) entendiendo que no todo puede controlarse y que la verdadera tranquilidad depende más de la manera en que se responde a la vida que de lo que ocurre afuera de uno. 

El amor consciente se basa en una relación donde existe afecto y conexión, pero sin la necesidad de poseer o controlar al otro. Surge de la compasión, la aceptación y la libertad interior, comprendiendo que las personas cambian y que nada es permanente. En este tipo de amor, se busca el bienestar mutuo, respetando la individualidad y evitando la dependencia emocional de la otra persona para alcanzar la felicidad o la seguridad.

En cambio, el amor posesivo nace del deseo y el apego intensos. La relación se transforma en una necesidad de retener, controlar o asegurar a la otra persona por miedo a perderla. Este apego genera inseguridad, celos, ansiedad y sufrimiento, pues intenta perpetuar algo que es naturalmente cambiante. Desde la perspectiva budista, este tipo de amor produce dolor precisamente porque confunde el amor con la dependencia emocional y la necesidad de posesión.

El budismo ofrece una guía para transitar por la vida con mayor consciencia, menor resistencia y una comprensión más profunda del sufrimiento humano. Desde esta perspectiva, la compasión no se entiende como una debilidad moral, sino como una forma elevada de inteligencia y reconocimiento de la interdependencia entre todos los seres. Por lo tanto, propone transformar nuestra manera de relacionarnos, cultivando conexiones más conscientes, libres y compasivas, basadas en el respeto, la comprensión y la interdependencia entre los seres.

Notas:

(1). El término felicidad se explica en la entrada felicidad, cuya lectura se recomienda.

(2). El concepto de deseo y apego se explica más adelante en la entrada de “Apego y apego”, en la entrada: Primera Noble Verdad.

(3). El concepto de impermanencia aparece en la entrada del mismo nombre y en Primera Noble Verdad.

K. Dondrup T.

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viernes, 8 de mayo de 2026

EL APEGO Y EL AFERRAMIENTO


EL APEGO Y EL AFERRAMIENTO.

APEGO / AFERRAMIENTO.

Desde la mirada budista, el apego aparece cuando una persona se aferra a algo como si pudiera darle seguridad permanente. Puede ser una relación, una emoción, una idea, una etapa de la vida o incluso una expectativa. El problema no está en querer o valorar algo, sino en creer que eso debe permanecer igual para que uno pueda estar bien.

El budismo enseña que todo cambia. Cambian las personas, los vínculos, los pensamientos y también la forma en que cada uno entiende su propia vida. Por eso, cuando la mente intenta convertir algo cambiante en una seguridad absoluta, aparece el sufrimiento. En ese sentido, el apego nace de una confusión: pensar que la felicidad depende completamente de algo externo.

Desapegarse no significa dejar de amar ni volverse indiferente. Más bien, significa aprender a relacionarse con los demás sin posesión ni dependencia. Se puede amar, cuidar y comprometerse, pero sin intentar controlar al otro. Por ejemplo, una relación sana permite acompañar, apoyar y querer el bien de la otra persona, mientras que una relación basada en apego genera miedo, celos, ansiedad o necesidad constante de confirmación.

Un ejemplo claro sería pensar: “sin esta persona no puedo vivir” o “si se aleja, mi vida se termina”. Desde el budismo, el problema no es amar a esa persona, sino convertirla en la única fuente de bienestar. Cuando eso ocurre, el vínculo deja de vivirse con libertad y comienza a sentirse como una necesidad.

También es importante distinguir el apego del amor, la compasión y la responsabilidad. La compasión busca aliviar el sufrimiento de otro sin poseerlo. El amor bondadoso desea sinceramente que la otra persona esté bien, incluso si no actúa exactamente como uno espera. La responsabilidad ética implica cuidar a un hijo, una pareja, un familiar o una persona enferma, pero sin transformar ese cuidado en control o dependencia.

En la vida cotidiana, el apego puede reconocerse cuando un deseo se vuelve insaciable, cuando se pierde el autocontrol o cuando aparece un malestar intenso si la persona u objeto de apego no está presente. En esos casos, la mente empieza a girar alrededor de preguntas como dónde está la otra persona, qué está haciendo o si todavía siente lo mismo. Esa inseguridad termina alimentando más sufrimiento.

Sin embargo, no todo vínculo fuerte es negativo. En psicología se habla del apego seguro, especialmente en la infancia. Un niño necesita cariño, contención, afecto y presencia adulta para sentirse protegido. Ese tipo de vínculo puede ayudarlo a desarrollar confianza, autoestima y seguridad para explorar el mundo. El problema aparece cuando el cuidado se transforma en sobreprotección, cuando el adulto decide todo por el niño o evita que enfrente pequeñas frustraciones normales para su edad.

Por eso, dar amor no significa controlar. Acompañar a un niño, una pareja o un ser querido no debería quitarle autonomía. Una forma sana de cuidar sería transmitir: “te quiero, estoy aquí para ayudarte y también confío en que puedes intentarlo”. En cambio, una forma dependiente de cuidar sería resolver todo por miedo a que el otro sufra.

En resumen, el apego no se supera dejando de querer, sino aprendiendo a querer de otra manera. El budismo propone transformar el aferramiento en amor compasivo: un amor que cuida sin poseer, acompaña sin controlar y acepta que todo cambia. Soltar los apegos permite vivir con más conciencia, menos miedo y mayor paz interior.


CONCLUSIÓNES:

La compasión dice: “que estés bien, incluso si no es conmigo”. ¡¡¡Bello!!!.

Amar sin apego, es construir vínculos sanos donde existe el afecto, compromiso y cuidado pero, sin llegar a perder la identidad personal. Si esto último se da, de que amor o felicidad hablamos.

En el budismo el apego y aferramiento no son deseables y tampoco son lo mismo que amor. Cuando hay dependencia hay aferramiento, por tanto, un amor dependiente no es sano. No hay amor puro.

El riesgo del apego es que el vínculo emocional puede transformarse fácilmente en dependencia. En vez de ser una relación sana, la persona puede empezar a necesitar al otro para sentirse seguro, validado o completa.

Espero puedas entender porque se dice que el apego / aferramiento te acerca a un futuro amo.
. . . . . . . . . . . . . . . . .

Es bueno conversar a cualquier edad sobre el apego. Hay que tener claro el tema para un actuar más saludable en la vida. Me he encontrado con adultos que en las clases se han sorprendido a bien, al plantearles la visión budista del tema que he tratado de explicar en este texto.

Nota:
: el apego y el aferramiento están estrechamente relacionados, aunque el aferramiento es una forma más intensa de apego. 

Alcance:
Varios autores los usan como sinónimos, en textos simples.

Ver entrada: Impermanencia, Apego, Primera Noble Verdad, Felicidad,
K. Dondrup T. Fuente:
1

sábado, 28 de junio de 2025

LA RENUNCIA 1 - UNA EXPERIENCIA INTERIOR

 


 LA RENUNCIA.    1   UNA EXPERIENCIA INTERIOR

Debemos recordar que el Samsara representa el sufrimiento, el ciclo de renacimientos sin fin. También que para disfrutar de libertad y felicidad duradera debemos librarnos del Samsara, por lo que tenemos que erradicar básicamente el “aferramiento propio” de nuestro continuo mental, siendo ello posible solo en el reino humano, en base de la práctica de los “Adiestramientos Superiores”. 

Cuando uno desea reducir alguna conducta que sabe le produce problemas, lo que trata de hacer es alejarse de ella, evitando con ello sus causas, estimulando su mente a mantener a firme el compromiso adquirido, es decir, resueltamente decide renunciar a ella convencido de lo favorable que es despojarse de la misma para su vida (uno renuncia a varias cosas en la vida – p ej: lugares no convenientes- convencido de la pobreza del aporte). Dado que uno es capaz de reconocer la ignorancia espiritual y las angustias e insatisfacciones que inevitablemente le presenta, por opción propia “Renuncia” al samsara anhelando la liberación desde el mismo para darle sentido a su vida, no deseando repetir el ciclo de renacimiento, desprenderse del aferramiento propio y del dominio de una mente egoísta e ignorante que le induce solo a equivocaciones y sufrimientos. 

Al sostener una mente de “Renuncia” se genera una experiencia interior que concibe una actitud natural de disminución del apego a las cosas, de mayor libertad y de una comprensión lúcida de la vida. 

Entonces la “Renuncia”  es básica para realmente lograr los beneficios de la práctica del Dharma. Si no practicas realmente convencido no avanzarás, será difícil alcanzar las realizaciones que ofrece. Sucede lo mismo que cuando realizas algo de lo que no estás convencido, difícilmente verás resultados relevantes. Posterior a la “Renuncia” corresponde la “Toma de Refugio”.

Buda realizó su “Renuncia” a los veintinueve años e inició la búsqueda de solución al sufrimiento de las personas.


CAPSULAS


El amor anula el odio. La generosidad la avaricia.


Adoptada la mente de renuncia con intención honesta, 

se comienza a reducir la atracción de los placeres insulsos del Samsara.


K Dondrup T 2012     2


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