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viernes, 22 de mayo de 2026

SAMSARA 1 – PERTURBACIÓN MENTAL - AFERRAMIENTO PROPIO (YO)

SAMSARA – PERTURBACIÓN MENTAL - AFERRAMIENTO PROPIO (YO)

En la entrada: “Cosmología – Samsara” encontrara datos del Samsara como componente del universo incluyendo sus leyes de comportamiento.

DEFINE SAMSARA.

Este término se refiere al ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, con todo lo que este comprende, incluidas las alegrías y descontentos que nos presenta.
Una característica del samsara, es la naturaleza de los fenómenos (1) cuyos vínculos, que no captamos mentalmente en su real magnitud, son razón suficiente por sí mismos para que nos generen angustia. Otro rasgo que también nos condiciona la existencia en el samsara, es todo lo se nos inculca y aprendemos en nuestra vida abarcados los dictámenes de nuestra sociedad (considérese dogmas, prejuicios, conocimiento, experiencias etc.), bases suficientes para que nuestros pensamientos y sentimientos oscilen entre felicidad e insatisfacción.

El samsara nos hace suponer a cada momento del día que “en ella se encuentra la felicidad y que ésta se concreta complaciendo nuestros deseos”, y nosotros, como estimamos que es verdad, generamos apego con la vida terrenal y nos afanamos en ese objetivo. Pero dicha afirmación no es correcta, y por lo tanto, se generan preocupaciones que son producto nada más que de nuestro aferramiento al yo. Todo esto nos ofrece un círculo vicioso, donde por la situación expuesta nos mantenemos padeciendo sufrimientos y mientras seamos personas que no logremos desprendernos de las causas del mismo, como el “aferramiento propio”, seguiremos bajo el ciclo de renacimientos.
 
En el samsara, existen seis reinos donde se puede renacer: son tres reinos de existencia inferiores y tres superiores. Los inferiores como se podrá deducir, no son los preferidos para vivir. Ellos son el reino animal, el de los espíritus ávidos o hambrientos y el de los infiernos, donde este último es el peor para subsistir dado a que priman sentimientos de ansiedad y agresividad además del calor o frío extremo que se hace sentir.
En el de espíritus ávidos nada de comer o beber les satisface, siempre necesitan más, tienen hambre o sed,  dado que el sistema digestivo no procesa los alimentos ni los bebestibles razón por la que siempre tienen hambre y sed. En el reino de los animales, los seres están con instintos primarios pensando en comer, dormir y reproducirse, y de que no sean comidos por los otros animales. Nada de favorables y deseables estos reinos menores.
Los reinos superiores son el humano, el de los semidioses y el de los dioses. En el de los humanos los seres van tras sus deseos creyendo que así serán felices. En el de semidioses los seres se pelean entre ellos ya que viven de sospechas y celos. Tienen celos de los dioses y sufren porque desean el poder. Los dioses por otro lado viven contentos y con bienestar en un reino de belleza. Dado que tienen apego a los placeres, “agotan los méritos acumulados” que les permiten el bienestar, por lo que en algún momento de seguro deben reiniciar el ciclo del samsara.
 
Las acciones que uno realiza durante la vida tienen directa relación con el reino que a uno le tocará vivir, dado que generar karma positivo o negativo induce a renacer en algún lugar específico del samsara. Si durante la vida se produce karma negativo, se está colaborando a renacer en los reinos inferiores, por el contrario, el buen karma que está relacionado con las acciones positivas que uno realiza, más las acciones de purificación de karma negativo, colaboran a renacer en los reinos superiores.
Finalmente es conveniente resaltar que solo en el reino de los seres humanos se tiene la posibilidad de eliminar el sufrimiento, superarse espiritualmente y, por tanto, escapar del ciclo del samsara. La forma de escapar del ciclo del samsara, consiguiendo la liberación del sufrimiento y sus causas, es alcanzando el nirvana o liberación personal a través de las enseñanzas que nos indica Buda.
 
Ver la entrada: Existencia y sus vínculos.
 
En el samsara uno se aferra a deseos superfluos.
 
Desde el reino de los humanos es posible salvarse del samsara, ya que solo en él es viable la Iluminación.
 
PERTURBACIÓN MENTAL

El que permanezcamos en el samsara tiene su explicación. Nuestra mente de repente se altera y se descontrola. Esto sucede dado que algún “agente mental perturbador” se presenta a ese propósito, alterando nuestra paz interior.

Los perturbadores mentales principales conocidos como los “venenos mentales” son el apego, el odio y la ignorancia. El apego es el factor mental perturbador que observa un fenómeno y lo supone como causa de felicidad y por tanto lo desea. El odio nace producto de exagerar las malas características estimadas del fenómeno que se manifieste. La ignorancia, básicamente tiene relación con el desconocer la realidad última de los fenómenos, el “desconocimiento del mundo tal y como realmente es”. 

Hay otra definición de ignorancia que es de Dharmakirti y Chandrakirti que dice sin contradecir lo anterior, que “la ignorancia tiene que ver con aferramiento propio”.
 
Desde estas perturbaciones enunciadas nacen también los demás perturbadores secundarios como son el orgullo, los celos, la vanidad, la duda perturbadora, etc. los que son factores frecuentes de sufrimiento y que además nos impiden alcanzar la Iluminación, siendo por tanto, perjudiciales para nosotros ya que alteran nuestra paz mental produciendo un vivir inquieto, y motivo suficiente para que nos mantengamos en el samsara. Esto es porque dificultan que conservemos la paciencia (virtud que permite debilitar el odio) y otras virtudes, que sostengamos los principios éticos y los preceptos admitidos, que podamos generar karma positivo y también purificar el negativo (actuando correctamente), y finalmente, perjudicándonos ya que no tendremos la posibilidad de lograr una percepción directa de los fenómenos, a partir de su propia esencia, para poder percibir la “realidad última” de los mismos. Ellos están siempre entorpeciendo que mantengamos una paz interior que nos podría facilitar al menos una felicidad más continua, pero no, interrumpen nocivamente a cada rato.

Todos los perturbadores mentales son factibles de  mejorar mediante la práctica de la “meditación en los mismos”. Al mejorarlos, logramos estados más apacibles y  claridad mental, llegando por ello a ser más justos, asertivos y sabios, permitiendo alejarnos del sufrimiento y llegar finalmente a liberarnos del samsara.

Los agentes perturbadores impiden conservar la paz mental, generar karma positivo, purificar el negativo y llegar a lograr la percepción real de todos los fenómenos.

Al superar los perturbadores mentales – obstructores de la liberación - podemos dejar el samsara.
 
 
AFERRAMIENTO PROPIO.

Todo lo anterior se conjuga con el “aferramiento propio” (apego). Este término se refiere a nuestra mente conceptual que percibe y proyecta la idea de que todos los fenómenos tienen existencia inherente; vida por sí mismos, que existen por cuenta propia.

Así entendemos la realidad, apreciando que todo tiene existencia inherente y en particular el yo, materia en la que nos extenderemos porque “esta mente de aferramiento al yo, del ego que todos poseemos, es el origen de las perturbaciones mentales que engañan y hacen descontrolar a la mente”, nos hace actuar según sus caprichos al no ver las cosas como realmente son, y por tanto, es causa de sufrimiento del ser humano.

Uno genera una identificación y simpatía con el “yo”. Afirma yo soy médico, yo soy padre, yo soy hijo, yo soy rico, yo soy bueno etc., y cuando ve que uno de esos yo es amenazado, origina un apego espontaneo con él, en protección del mismo, ya que pensamos que realmente ese yo nominado es uno mismo. Pero no es uno mismo, apenas es solo lo que uno hace. ¿Entiende la idea?
Uno es el que ha generado una imagen llena de etiquetas, el que ha concebido un yo como un ideal de sí mismo.

Es tanta la adhesión al yo, que si se amenaza de pérdida o disminución de un bien propio, el ego brinca y expeditamente aflora el miedo de perder lo que consideramos nos contribuye a ser lo que somos. Y ahí aparece la ira y también la angustia, intranquilidad que se debe al ego, al autoestima, ¡al poseer que resulta en apego!

Creemos y nos comportamos sin aceptar que el yo es un nombre imputado por la mente, algo convencional que nos permite llevar las relaciones personales. La mente se engaña creyendo que el yo existe independiente, inherentemente y su error de percepción es que cree que existe de modo real. El yo existe pero conceptualmente, por ejemplo a través de un nombre (Luis) para poder referirnos a él, a una mente y cuerpo específico, una etiqueta para poder relacionarnos. No hay nada tras ese yo, lo usamos temporalmente en nuestra mente para asociarlo con alguien. La mente entonces etiqueta todo incluso las acciones del yo, como ejemplo: yo voy a volar. Recordemos que las etiquetas tienen existencia conceptual, como pensamiento en la mente, pero no en la realidad del universo.

“El yo siempre exagera las cualidades de un ser o de una cosa y por tanto nos apegamos a aquello, y también exagera las cualidades negativas disminuyendo las positivas de aquello a que sentimos aversión”. Este yo, nos provoca entonces sufrimiento al crear causas y condiciones para que la mente opere del modo de producir engaños y errores de percepción.

El yo es el que nos causa por ejemplo ser agresivos.
Este yo es el que no nos permite amar en forma sincera.

El yo considera lo amado como imperioso para satisfacerse y eso ya es estímulo suficiente para generar insatisfacciones.

Fíjese que cuando un ser amado se quiere alejar o evitarnos, el yo nos hace sufrir al inducirnos a pensar que parte de nuestra propiedad es la que se aleja, ya que la considera de esa forma.
El yo, el “yo-ismo”, siempre introduce una conducta o ánimo perjudicial en la persona, siempre suscita molestias, dado que es de una postura egoísta y envidiosa. Propone por ejemplo: “sin ti no puedo vivir” y eso ya es causa de angustias.

Por lo expuesto anteriormente, es que se afirma que auto-aferrarse al yo es causa real de sufrimiento.

Resumiendo, no hay nada en ese yo designado, de esa mera designación conceptual, inventada por nosotros y, sin embargo, nos aferramos sin haber nada a que aferrarse. Mientras más nos aferremos a un fenómeno, más nos alejamos de la posibilidad de conocer la verdadera realidad de los mismos, de observarlos y vivirlos auténticamente en el momento.

El ego es quien nos impide lograr el conocimiento de quienes somos en realidad, pues nos frena en poder llegar a ver nuestra propia naturaleza, porque aflora interesadamente antes, y cuando hemos avanzado y estimamos que tendremos algún logro en ese sentido, nos seduce y desatendemos el avanzar, pero cuando las enseñanzas comienzan a hacer sus efectos, la persuasión del ego en nosotros disminuye irreversiblemente.

¡No hay nada a que aferrarse, nada que sea estable! Ni siquiera el pensamiento.

El proceso de desatender el ego es gradual y se logra vía la práctica de los “Adiestramientos Superiores”. Cuando se va logrando un alejamiento del yo uno va encontrando más libertad, y cuando se pierde el yo, no hay aferramiento (o apego) a los fenómenos, se logra una emancipación total, ya que no hay un yo, un ego que intermedie. Es en este momento cuando se pueden aprehender los fenómenos en forma directa. Por ello, ya se está liberado de los renacimientos del samsara.

Este tema se amplía en la entrada: Vacuidad 1.

La raíz de nuestros problemas es la ignorancia que tenemos
respecto del aferramiento propio.
 
El ego causa que uno produzca aflicciones al ser.
 
Mientras más te aferras a tu pareja, mas inquietudes sufrirá la relación.
 
Eliminando la mente del aferramiento propio, nos libramos del yo,
del sufrimiento y del samsara.


K Dondrup T     1



domingo, 17 de noviembre de 2024

SAMSARA - UN CICLO DE RENACIMIENTOS. C4


SAMSARA - UN CICLO DE RENACIMIENTOS.   C4

Samsara

El término samsara se refiere al ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, con todo lo que este comprende, incluidas las alegrías y los descontentos que se presentan en cada etapa.

Una característica del samsara es la naturaleza de los fenómenos, cuyos rasgos -impermanencia, insustancialidad y sufrimiento - no logramos comprender en su real magnitud. Esto constituye una razón suficiente para que nos generen angustia. Otro aspecto que condiciona nuestra existencia dentro del samsara es todo aquello que aprendemos durante la vida, incluidos los dictámenes de la sociedad, los dogmas, los prejuicios, los conocimientos y las experiencias. Estos elementos influyen en que nuestros pensamientos y sentimientos oscilen entre la felicidad y la insatisfacción.

Uno de los aspectos más dominantes del samsara es que nos lleva a suponer, a cada momento del día, que en la vida terrenal se encuentra la felicidad y que esta se alcanza al complacer nuestros deseos. Como creemos que esto es cierto, generamos apego y nos esforzamos por conseguir ese objetivo.

Sin embargo, esta afirmación no es correcta. Ya sabemos que la felicidad no es algo externo. Por lo tanto, se generan preocupaciones que son producto de nuestro aferramiento o apego al yo. Todo esto da lugar a un círculo vicioso. Mientras no logremos desprendernos de las causas del sufrimiento, como el aferramiento propio, seguiremos sujetos al ciclo de renacimientos. 

Reinos del samsara

En el samsara existen seis reinos en los que se puede renacer. Tres corresponden a existencias inferiores y tres a existencias superiores.

Los reinos inferiores son el reino animal, el de los espíritus ávidos o hambrientos y el de los infiernos. Este último es el peor para subsistir, debido a que predominan los sentimientos de ansiedad y agresividad, además del calor o frío extremos.

En el reino de los espíritus ávidos, nada de lo que se come o bebe resulta suficiente. Sus habitantes siempre necesitan más, pues los alimentos y líquidos no logran satisfacerlos. Por esta razón, permanecen con hambre y sed.

En el reino animal, los seres actúan según instintos primarios. Su existencia se concentra en comer, dormir, reproducirse y evitar ser devorados por otros animales. Ninguno de estos reinos inferiores resulta favorable o deseable.

Los reinos superiores son el humano, el de los semidioses y el de los dioses.

En el reino humano, los seres persiguen sus deseos porque creen que así serán felices.

En el reino de los semidioses, los seres viven dominados por las sospechas y los celos. Envidian a los dioses y sufren porque desean alcanzar su poder.

Los dioses viven con bienestar en un reino de gran belleza. Sin embargo, debido al apego a los placeres, agotan los méritos acumulados que les permiten permanecer en ese estado. Por esta razón, en algún momento deben reiniciar el ciclo del samsara.

Los seis reinos representan los ciclos de nacimiento y renacimiento en los que se encuentran todos los seres sintientes, incluidos los humanos, los animales y los insectos. Cada reino se caracteriza por una emoción principal que mantiene a los seres vinculados a él.

En orden descendente, estos reinos son los siguientes

  1. El Reino de los Dioses, cuya emoción predominante es el orgullo.

  2. El Reino de los Semidioses, cuya emoción predominante son los celos.

  3. El Reino de los Humanos, cuya emoción predominante es el deseo.

  4. El Reino de los Animales, cuya emoción predominante es la ignorancia.

  5. El Reino de los Fantasmas Hambrientos, cuya emoción predominante es la avaricia.

  6. El Reino de los Infiernos, cuya emoción predominante es la ira.

Triloka

En la cosmología budista existen tres planos de existencia. El concepto de Triloka alude a estos tres mundos, conocidos también como reinos o esferas.

De acuerdo con el karma, los seres transitan por los distintos reinos. Para liberarse de este ciclo de renacimientos, deben alcanzar el Nirvana.

Los tres planos de existencia son los siguientes

  • El reino del deseo.

  • El reino de la forma.

  • El reino de lo sin forma.

Los seres humanos viven en el reino del deseo. De acuerdo con el budismo, ellos y los demás habitantes de los seis reinos del samsara renacen en este plano porque todavía se encuentran sujetos al deseo.

En el reino de la forma ya no existe el deseo, pero aún existe la corporeidad. En el reino de lo sin forma no existe el deseo ni la corporeidad.

      Reino del deseo

El mundo o reino del deseo es uno de los tres planos de la existencia cíclica mencionados en las escrituras budistas. Se caracteriza por el apego a los objetos percibidos por los cinco sentidos, es decir, la forma, el sonido, el olor, el tacto y el gusto.

En este plano viven los seres de los seis reinos del deseo, es decir, los seres de los infiernos, los pretas o espíritus hambrientos, los animales, los seres humanos, los semidioses y ciertos dioses.

      Reino de la forma

El mundo o reino de la forma se sitúa entre el reino del deseo y el reino de lo sin forma. En él residen dioses con cuerpos de luz que han renunciado al deseo, pero que todavía mantienen apego a la forma interna, al cuerpo y a la mente.

      Reino de lo sin forma

El mundo o reino de lo sin forma se sitúa por encima del reino de la forma. En él residen dioses que solo poseen un cuerpo mental. Han renunciado a la forma y existen como energía de conciencia.

Han abandonado el apego a los placeres de la forma, pero todavía se encuentran sujetos a deseos y apegos sutiles vinculados con los estados mentales y el ego.

El karma y los renacimientos

Un ser puede renacer en cualquiera de los reinos mencionados debido a los actos realizados en vidas pasadas, según la ley del karma. A causa de los múltiples renacimientos, es posible haber transitado por cada uno de ellos.

Se dice que la vida humana es valiosa porque nos permite entrar en contacto con las enseñanzas de Buda, comprender y practicar la filosofía budista y liberarnos del samsara por medio de la Iluminación. Los seres humanos poseen la posibilidad especial de poder  alcanzar el despertar.

Las acciones realizadas durante la vida tienen una relación directa con el reino en el que se renacerá. Generar karma positivo o negativo influye en el lugar que ocupará cada ser dentro del samsara. El karma negativo contribuye al renacimiento en los reinos inferiores. En cambio, el karma positivo, asociado con las buenas acciones y con la purificación del karma negativo, favorece el renacimiento en los reinos superiores.

Solo en el reino humano existe la posibilidad de eliminar el sufrimiento, avanzar en el desarrollo espiritual y escapar del ciclo del samsara. Por medio de la Iluminación o el despertar se alcanza la liberación del sufrimiento y de sus causas.

Perturbadores o venenos de la mente

Los principales distractores mentales, conocidos como venenos de la mente, son el deseo o apego, el odio y la ignorancia.

Estos elementos influyen en nuestro sufrimiento cotidiano. El deseo es un factor mental perturbador que observa un fenómeno, lo considera una causa de felicidad y, por ello, lo anhela.

El odio surge al exagerar las características negativas de un fenómeno. Esto lleva a percibirlo como un enemigo y puede impulsarnos a actuar de forma perjudicial.

La ignorancia se relaciona con el desconocimiento de la realidad última de los fenómenos. Consiste en no comprender el mundo tal como es.

Existe otra definición de ignorancia asociada con Dharmakirti y Chandrakirti. Sin contradecir lo anterior, esta plantea que la ignorancia está vinculada con el aferramiento propio, es decir, con el apego al yo.

A partir de estos perturbadores surgen otros, como el orgullo, los celos y la vanidad. Todos ellos constituyen fuentes de sufrimiento y dificultan alcanzar la Iluminación. Alteran nuestra paz mental y generan una existencia inquieta, manteniéndonos dentro del samsara.  Estos factores dificultan conservar la paciencia, virtud que permite debilitar el odio. También impiden mantener los principios éticos y los preceptos aceptados, generar karma positivo, purificar el karma negativo y alcanzar una percepción directa de los fenómenos y de su esencia.

Los perturbadores mentales impiden apreciar la realidad última de los fenómenos. Entorpecen la paz interior y dificultan alcanzar una felicidad más estable.

Todos ellos pueden ser trabajados mediante la meditación. Al disminuir su influencia, alcanzamos estados más apacibles y una mayor claridad mental. Esto nos permite desarrollar sabiduría, alejarnos del sufrimiento y avanzar hacia la liberación del samsara.

Los agentes perturbadores impiden conservar la paz mental, generar karma positivo y lograr una percepción adecuada de los fenómenos, es decir, observarlos tal como son.

Debemos recordar que somos capaces de apreciar los fenómenos en su dimensión convencional, pero no siempre en su realidad última. Nuestro estado actual de la mente puede compararse con un mono inquieto que salta de un lugar a otro. La mente pasa de un pensamiento a otro sin detenerse. Puede transitar desde la alegría hasta la ira y luego dirigirse hacia una emoción distinta. Es necesario calmarla para desarrollar nuestra sabiduría interior. Este tipo de oscurecimiento impide alcanzar la claridad mental necesaria para avanzar hacia el despertar.

Al alcanzar la Iluminación, podremos observar los fenómenos tal como son.

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COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. I-DIMENSIÓN EXISTENCIAL. Mód: 2 de 11.

  UNA COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:   VISIÓN DE UN SISTEMA INTEGRAL.                                                                ...