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lunes, 12 de enero de 2026

JOYA - ¿EXISTE UN COMIENZO? UNA CAUSA PRIMERA O INICIAL?


JOYA - ¿Existe un comienzo? ¿Una causa primera o inicial?

De Francis Story.

El material del articulo de Francis Story, permite ser distribuido en forma gratuita. Dado la excelente explicación del tema, esta se incluye como entrada del web budista en beneficio de los seguidores y lectores de la misma.

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No es que el budismo niegue la teoría de un Dios Creador, pero considera la hipótesis no sólo innecesaria, sino también incompatible con los hechos conocidos. ¿Pudiera decirse entonces que el universo y el proceso de vida tuvieron algún comienzo, o estamos obligados a pensar en términos de comienzos sólo debido a las limitaciones de nuestra propia mente?

Un comienzo es un evento que tiene que suceder en un punto específico del espacio y del tiempo. No puede ocurrir en el vacío sin tiempo porque LAS TRES CONDICIONES DEL TIEMPO -PASADO, PRESENTE Y FUTURO- que son necesarias para que suceda cualquier evento, no pueden darse en un estado sin tiempo. Para que cualquier evento suceda, debe existir el tiempo antes de que suceda (pasado); el tiempo en que sucede (presente) y el tiempo después de que sucede (futuro). Pero el tiempo es todo él un concepto relativo: deben existir eventos sucediéndose para hacer posible que el tiempo exista, y es sólo a través de ciertos eventos sucediéndose regularmente, tales como la rotación diaria de la tierra y los cambios de estaciones, como el tiempo puede ser conocido y medido.

El acontecer de eventos necesita de la existencia de cosas. Por cosas queremos decir objetos que ocupan espacio y que por sus movimientos entre sí marcan no sólo divisiones en el tiempo, sino también áreas medibles en el espacio. Espacio y tiempo son entonces una unidad; un todo cualitativo con partes cuantitativas o relaciones. Podemos considerarlas por separado, pero no podemos adelantar ninguna declaración sobre una que no involucre en cierta manera a la otra. En una pincelada ésta es la base de la teoría de la relatividad. El conocimiento del espacio y del tiempo depende de la conciencia y de la posición sin ningún punto fijo de observación. El movimiento espacial y temporal es común tanto al observador como al objeto observado, de tal manera que lo que puede ser conocido no es una "cosa" sino simplemente una relación.

Cuando esto es comprendido se desprende que nunca pudo haber existido un comienzo –un origen que surge de la nada– del universo o del proceso de vida. Es cierto que el universo como lo conocemos se desarrolló de la materia dispersa de un universo previo, y cuando desaparezca, sus restos, a la manera de fuerzas activas, darán nacimiento, después de un tiempo, a otro universo en exactamente la misma forma. El proceso es cíclico y continuo. 

El complejo espacio-tiempo es curvo, y en una construcción curva de interrelaciones no puede haber un punto de origen o salida, de tal manera que en estas series de causas relacionadas es inútil buscar una Causa Primera. Tenemos la tendencia a buscar primeras causas y las pensamos necesarias sólo porque nuestras mentes están condicionadas a la relatividad temporal y espacial; la mente, por su propia naturaleza, debe operar dentro del mecanismo del cual es ella misma una parte; sólo puede tratar con relaciones. Esta es la razón por la que se dice en textos budistas –"no es posible descubrir el origen de los fenómenos, y no se puede encontrar el origen de los seres obstruidos por la ignorancia y entrampados por el deseo ".

De la misma forma que un universo da origen a otro a través de la energía residual que continuamente se renueva a sí misma –eso es, por medio del principio de la indestructibilidad de la materia– en esta misma forma la vida de un ser da origen a otro ser que no es el mismo en identidad y que no implica un ser inmutable, permanente. Aquello que los une es llamado en el budismo "karma", o actividad volitiva; la continuación del proceso causal es llamada "samsara", o los ciclos del renacimiento; la actualidad del renacimiento y de la existencia sin ningún principio permanente de identidad o ser es llamada "anatta".

Cuando se dice que los ciclos del mundo o períodos del mundo, conocidos en el budismo como kappas (kalpas), son de una duración inmensurable, debe ser recordado que todos los conceptos de tiempo son relativos; los medimos desde nuestra propia posición.

 En un contexto espacial inmensurablemente más vasto, el contexto del tiempo se alarga correpondientemente, de tal manera que eventos que cubren millones de años con nuestros cálculos, pueden ser medibles en términos de segundos. El cerebro puede enredarse con el concepto de infinitas construcciones espaciales-temporales que encajan o se impregnan entre sí interminablemente en todas direcciones, pero no está totalmente fuera de las posibilidades de la imaginación humana. Aparece con bastante frecuencia en el pensamiento budista; hay un número infinito (expresado convencionalmente como "diez mil", o "incalculable") de universos y treinta y un planos de existencia que tienen amplias diferencias en la medida del tiempo.

Lo que es impensable es un estado no-causal donde ni el espacio, ni el tiempo ni los eventos tienen existencia alguna. Esto tiene que ser comprendido por medio de la percepción directa, lo que significa deshacerse de las cadenas de la relatividad y de sus conceptos y procesos, y contactar dentro de uno mismo el "asankhata" o elemento incondicionado. La mente pensante, racional y discursiva, al agotar su exploración de los fenómenos y descubrir que todos ellos son impermanentes y carentes de realidad esencial, debe trascender este mecanismo, parar los impulsos generativos, y así producir la liberación final de todos los procesos. Esta liberación final es llamada Nibbana (Nirvana).

Artículo tomado del libro Dimensions of Buddhist Thought por Francis Story (Buddhist Publication Society, Sri Lanka, 1985). Traducción española por Marco Ornelas. Este texto fue primeramente publicado en "The Young Buddhist" Year Book de las Sociedades Budistas de la Universidad de Singapore y de El Politécnico de Singapore; 1968/1969. Traducción española con permiso del Ven. Bhikkhu Bodhi de la Buddhist Publication Society. Este material puede ser reproducido para uso personal, puede ser distribuido sólo en forma gratuita. Traducción española©CMBT 2001. Última revisión viernes 8 de junio de 2001. Fondo Dhamma Dana.






miércoles, 3 de septiembre de 2025

COSMOLOGIA: PLANOS DEL UNIVERSO SEGUN ABHIDHARMA - RESUMEN - Gráfico ABI 6.

 ESQUEMA RESUMEN DEL UNIVERSO BUDISTA SEGÚN EL ABHIDHARMA.  ABI 6.

 Este ABI6 condensa en palabras lo que en general hemos visto en los anteriores ABI.
El ABI 5 contiene el dibujo del cosmos budista.

El Abhidharma ofrece una cosmología detallada que describe el universo budista como un sistema jerárquico de planos de existencia. Según la tradición budista, esta descripción del universo fue enseñada por el Buda a partir de su comprensión directa de los distintos planos de existencia y de los ciclos de nacimiento y muerte de los seres.

La cosmología budista describe una estructura compleja que considera tanto distintos mundos y niveles de existencia como los ciclos de formación y desaparición del universo. Incluye enseñanzas  de la impermanencia, originación dependiente, y karma entre otras cosas. Siglos después, diversos maestros sistematizaron estas enseñanzas y las transformaron en objeto de estudio en monasterios y centros de aprendizaje budista. Vasubandhu y Asanga fueron dos hermanos eruditos indios fundamentales en el desarrollo del budismo. Ambos escriben sobre el Abhidarma aunque con perspectivas diferentes. Entre ellos destacan Vasubandhu, autor del Abhidharmakośa, y Asaṅga, autor del Abhidharmasamuccaya, obras que tuvieron una profunda influencia en distintas tradiciones budistas.

TRES ESFERAS DE EXISTENCIA

El universo está estructurado en tres grandes esferas: el Reino del Deseo (Kāmadhātu), el Reino de la Forma (Rūpadhātu) y el Reino sin Forma (Arūpyadhātu).

Kāmadhātu (Reino del deseo): Incluye humanos, animales, pretas (espíritus hambrientos), narakas (infiernos) y seis cielos sensoriales. Kāmadhātu ( Pāli: kāmadhātu) significa “Reino del deseo”. Es la esfera más baja de los tres grandes mundos del universo budista según el Abhidharma. En este nivel, los seres están dominados por deseos sensoriales y apegos a los placeres físicos.

Rūpadhātu (Reino de la forma): Habitado por devas con cuerpos sutiles, sin deseo sensual. Se organiza en 16 - 17 niveles correspondientes a los estados meditativos (jhānas o Dhyanas).
En estos niveles habitan seres que han trascendido los deseos sensoriales más evidentes, aunque aún conservan una forma sutil. Algunos libros hablan de más de 16 niveles.

Arūpyadhātu (Reino sin forma): Reino de la pura conciencia, sin materia ni forma- Seres sin cuerpo, solo mente. Se considera el ámbito más refinado de la existencia condicionada, donde no existe forma material y los seres permanecen únicamente en estados de conciencia.

Tiene 4 niveles de absorción meditativa sin forma o 4 niveles de absorción inmaterial:

  1. Infinito espacio  
  2. Infinita conciencia  
  3. Nada  o vacío
  4. Ni percepción ni no-percepción  

ESQUEMA DEL UNIVERSO

1.- Tres Reinos (Triloka)

  A.  Kamadhatu (Reino del Deseo). Este reino incluye dioses, humanos y seres de reinos inferiores. Son Habitantes dominados por deseos sensoriales. Incluye:

Infiernos (Naraka).
Espiritus hambrientos (Preta).
Animales (Tiryagyoni).
Humanos (Manusya).
Asuras (semidioses).
Seis cielos del deseo (Devaloka).
Estos son:

                                   1.- Catarmaharajika (Cuatro Reyes Celestiales) (a los pies                                           del Monte Meru).

                                   2.- Trayastrimsa (cielo de los Treinta y tres dioses,                                                       morada de Indra; en la cima del Monte Meru).

                                   3.- Yama   (Cielo de la Felicidad Pacífica)

                                   4.- Tusita (donde mora el futuro Buda Maitreya). (donde                                                                 moran los bodhisattvas antes de su renacimiento final como budas).

                                   5.- Nirmanarati (dioses de los que disfrutan creaciones                                                                     mágicas).

                                   6.- Paranirnirmitavasavartin (dominio sobre creaciones                                                                     ajenas, de Mara).

  B.  Rupadhatu (Reino de la Forma)

                    - Habitantes libres del deseo sensorial, pero aun con forma                                                              material.
                     - Subdividido en 4 dhyanas (niveles de absorcion meditativa) .

  C. Arupadhatu (Reino de la No Forma)

                          Habitantes sin cuerpo fisico, sólo mente.
                          Cuatro niveles de existencia, que son:
Espacio infinito.
Conciencia infinita.
Nada (Vacío).
Ni percepción ni no-percepción.

2.- Cosmología física.

En el centro está el Monte Meru.

Alrededor 4 continentes principales (cada uno con sus satélites).

  •         Jambudvipa (Sur, mundo humano)
  •         Purvavideha (Este)
  •         Aparagodaniya (Oeste)
  •         Uttarakuru (Norte)

     Son circundados por 7 anillos de montañas y 7 océanos

     Estan mas allá: el gran oceano y el muro cósmico (Cakravala)

(Ver más de Monte Meru y universo en ABI 5).

Los Seis Cielos del Deseo (Kāmadhatu) - detalle

1. Cāturmahārājika – Cielo de los Cuatro Grandes Reyes.  
   - Al pie del Monte Meru  
   - Guardianes de las cuatro direcciones  
2. Trāyastriṃśa (Tāvatimsa) – Cielo de los Treinta y Tres.  
   - En la cima del Monte Meru  
   - Gobernado por Sakra (Indra)  
3. Yāma – Cielo de la Felicidad Pacífica.  
   - Más alto que Trāyastriṃsa  
   - Sin conflicto ni sufrimiento evidente  
4. Tusita – Cielo de la Satisfacción.  
   - Residencia de los Bodhisattvas antes de nacer como Budas  
   - Aquí reside Maitreya, el futuro Buda  
5. Nirmāṇarati – Cielo del Deleite en Creaciones.  
   - Los devas crean placeres y entornos a voluntad  
6. Para-nirmita-vaśavartin – Cielo del Deleite en Creaciones de Otros.  
   - Disfrutan de creaciones ajenas  
   - Aquí reina Māra, señor de la ilusión - Maldad.

ESTRUCTURA FÍSICA DEL UNIVERSO – resumen.

En el centro se ubica el Monte Meru (Sumeru).

A su alrededor existen 4 grandes continentes:

     ◦ Jambudvīpa (sur) – nuestro mundo.

     ◦ Pūrvavideha (este).

     ◦ Uttarakuru (norte).

     ◦ Aparagodānīya (oeste).

Cada continente está rodeado por mares y cordilleras concéntricas (son 7 en total). 

     - Cada uno de los 4 acompañado de dos subcontinentes (total = 8).  

     - y rodeados por océanos concéntricos y las siete cordilleras.  

En la cima del Monte Meru se encuentra el cielo de Trāyastriṃśa (dioses de los 33).

Más arriba, los demás cielos hasta Paranirmitavaśavartin.

Bajo la superficie de Jambudvīpa se ubican los diferentes infiernos.

TIEMPO CÓSMICO

El universo no es eterno, sino que atraviesa ciclos de formación o creación (vivarta), estabilidad o permanencia, disolución o destrucción y vacío o vacuidad. Estos ciclos se miden en kalpas. Ver ABI 4.

Fuente: Abhidharma y curso abhidharma.

K Dondrup T.  1



sábado, 30 de agosto de 2025

TIEMPO Y ESPACIO (mundo, mente y más) - COSMOLOGIA 1


ESPACIO Y TIEMPO EN EL BUDISMO TIBETANO

Para entender la relación entre espacio, tiempo, mundo y mente dentro del budismo tibetano, conviene recordar algunas ideas vistas antes.

La existencia del mundo y de los seres vivos se comprende desde el origen dependiente. Esto quiere decir que nada aparece solo, ni por azar puro, ni desde una causa única. Todo nacimiento, muerte y renacimiento depende de causas y condiciones previas.

Desde esta mirada, el espacio y el tiempo no son realidades separadas ni absolutas. El tiempo se relaciona con el cambio, la duración y la sucesión de los fenómenos. El espacio, por su parte, permite hablar de ubicación, apertura y relación entre las cosas. Ambos muestran que la realidad es cambiante, impermanente y dependiente.

Los fenómenos vinculados al tiempo y al espacio también surgen en dependencia de otros fenómenos. Nada tiene una existencia aislada. Cada cosa aparece por otras causas, y esas causas también dependen de otras anteriores. Por eso, en el budismo se habla de una red de interdependencia sin un primer comienzo claro.

EL TIEMPO Y NUESTRA FORMA DE VER EL MUNDO

El tiempo es muy importante porque casi todo lo que hacemos lo pensamos desde él. Hablamos del pasado, del presente y del futuro. Ordenamos los hechos, recordamos lo ocurrido y esperamos lo que vendrá.

Si alguien dijera que hubo un creador del mundo, también tendría que preguntarse cómo llegó a existir ese creador. Si vemos una manzana sobre una mesa, podemos imaginar que antes fue semilla, árbol, flor y fruto. En cada caso hay una cadena de causas.

Con la mente ocurre algo más complejo. Desde el budismo tibetano, la mente no aparece de la nada. Se habla de una continuidad sutil de la conciencia que participa en el proceso de renacimiento. No se trata de decir que la mente sea fija o permanente, sino que hay una continuidad que sigue dependiendo de causas y condiciones.

En cuanto al universo, el budismo no necesita afirmar un creador absoluto. La tradición habla de ciclos de formación, permanencia, destrucción y nueva formación del mundo. En este punto, algunas ideas budistas sobre causalidad, cambio y ciclos pueden dialogar con ciertas explicaciones científicas, aunque no deben confundirse. La ciencia y el budismo usan lenguajes distintos y buscan responder desde métodos diferentes.

TIEMPO Y ESPACIO

Todo evento ocurre en un lugar y en un momento. Antes del hecho hablamos de pasado, durante el hecho hablamos de presente y después hablamos de futuro.

Para percibir el tiempo necesitamos cambio. Por ejemplo, medimos estaciones, cosechas, viajes, crecimiento o envejecimiento porque algo se transforma. Sin cambio, sería difícil hablar de tiempo. A la vez, ese cambio ocurre en algún espacio. Por eso, aunque podamos estudiar tiempo y espacio por separado, en la experiencia aparecen unidos.

El espacio y el tiempo son dependientes. El movimiento de una persona muestra esta relación. Al caminar, cambia su posición en el espacio y, al mismo tiempo, experimenta el paso del tiempo. Lo que conocemos no es solo una cosa aislada, sino una relación entre observador, objeto, movimiento y conciencia.

Desde esta mirada, no se encuentra un origen absoluto que surja de la nada. El universo y la vida aparecen dentro de cadenas de causas y condiciones. Buda explicó que los mundos pasan por ciclos de desarrollo y disolución. Luego, a partir de restos y condiciones anteriores, puede surgir otro ciclo. Esta visión se relaciona con la idea de kalpas, grandes períodos de tiempo usados en la cosmología budista.

Así, el tiempo y el espacio también están bajo la ley de la causalidad. No poseen una naturaleza propia e independiente. Como todos los fenómenos, son vacíos de existencia intrínseca y aparecen en relación con otros factores.

Einstein, desde la teoría de la relatividad, también cuestionó la idea de un espacio y un tiempo separados y absolutos. En física se habla de espacio-tiempo para referirse al marco donde ocurren los eventos del universo. Esto no significa que budismo y física digan lo mismo, pero sí permite ver que ambas perspectivas discuten la idea de un mundo fijo, simple y separado.

Un ejemplo sencillo sería una persona que camina. Su cuerpo cambia de lugar, el entorno cambia en relación con ella y el tiempo se percibe a través de ese movimiento. Espacio y tiempo aparecen juntos en la experiencia.

El conocimiento del espacio y del tiempo depende también de la conciencia y de la posición desde la cual se observa. Por eso se recomienda estudiar fenómenos como el efecto Doppler, ya que muestran cómo la percepción puede cambiar según la relación entre quien observa y aquello que se mueve.

TIEMPO Y ESPACIO EN EL BUDISMO TIBETANO

En el budismo tibetano, tanto el tiempo como el espacio son entendidos como convenciones útiles. Sirven para orientarnos, pensar, hablar y practicar, pero no existen de manera independiente.

El tiempo no existe como una cosa sólida. El pasado ya no está presente y el futuro aún no aparece. Lo que vivimos se da como una sucesión de momentos. En la filosofía Madhyamaka, el tiempo está vacío de existencia propia. En la cosmología budista, se habla de grandes ciclos llamados kalpas.

El espacio tampoco es solo un contenedor vacío. Puede entenderse como la apertura que permite que los fenómenos aparezcan. En la práctica meditativa, muchas veces se usa como metáfora de la mente, porque la mente puede reconocerse como amplia, abierta y sin obstáculos.

RELACIÓN ENTRE TIEMPO, ESPACIO Y MENTE

El tiempo y el espacio dependen de la mente porque son experimentados y nombrados por la conciencia. Desde la visión ordinaria, nos ayudan a ordenar el mundo. Desde una visión más profunda, se reconocen como fenómenos vacíos de esencia fija.

El tiempo se percibe a través del cambio. Si una llama se mueve, baja, sube o se apaga, vemos una sucesión. Esa sucesión nos permite hablar de tiempo.

El espacio permite que esa llama aparezca, tenga forma, ocupe un lugar y pueda ser observada. Sin espacio, no habría manifestación visible del fenómeno. Sin cambio, no habría percepción clara del tiempo.

Por eso, el tiempo y el espacio son interdependientes. El espacio permite la aparición de los fenómenos, y el tiempo surge cuando la mente percibe su transformación.

EJEMPLOS

Una vela encendida cambia a cada instante. La llama nunca es igual a sí misma. Primero puede estar alta, luego baja y después apagarse. Ese cambio nos permite percibir el tiempo.

En Dzogchen se usa la imagen del cielo abierto. La mente es comparada con el cielo y los pensamientos con nubes que pasan. El espacio no es una cosa sólida, sino una apertura que permite la aparición de los fenómenos.

También podemos mirar la luna. Su posición cambia en el cielo y ese movimiento nos ayuda a medir días y meses. En ese ejemplo, el tiempo se percibe mediante un cambio espacial.

Desde la mirada última, ni el tiempo ni el espacio existen por sí mismos. Son convenciones necesarias para la vida cotidiana, pero no realidades absolutas. En la meditación profunda, cuando la mente se calma, puede aparecer una experiencia menos atada al tiempo común y a los límites habituales del espacio.

ENTONCES

Para el budismo tibetano, el tiempo y el espacio no son entidades separadas, sólidas ni absolutas. Son fenómenos interdependientes, vacíos de existencia propia y vinculados a la mente que los percibe.

El espacio permite que los fenómenos aparezcan. El tiempo surge cuando percibimos su cambio. Ambos ayudan a comprender la impermanencia, la causalidad y el origen dependiente.

ESQUEMA

MENTE
Conciencia que percibe

ESPACIO
Apertura y posibilidad

TIEMPO
Cambio y sucesión

INTERDEPENDENCIA
El espacio permite la aparición de los fenómenos.
El tiempo surge al percibir el cambio.

K D T      1







 


domingo, 4 de mayo de 2025

El MUNDO REAL Y MATERIA CUANTICA - realidad última -

                                         

                               EL MUNDO REAL Y LA MATERIA CUÁNTICA

La realidad última.

Si pudiéramos comprender la naturaleza profunda de la realidad, tal vez notaríamos con más claridad la interdependencia de todas las cosas. Esta idea está muy presente en el budismo, especialmente cuando se habla de impermanencia, vacuidad y origen dependiente.

En la vida diaria percibimos objetos con límites claros. Vemos un árbol, un auto, una planta, una mesa o un anillo, y creemos que cada cosa existe de forma separada. Nuestros sentidos nos muestran un mundo estable, sólido y reconocible.

Sin embargo, el budismo recuerda que todo fenómeno es impermanente. Nada permanece igual para siempre. Cada objeto surge por causas y condiciones, cambia con el tiempo y finalmente desaparece. Desde esta perspectiva, las cosas no existen de manera aislada, sino en relación con todo aquello que las produce y sostiene.

En el mundo cotidiano, muchas relaciones de causa y efecto parecen previsibles. Si lanzamos una pelota, podemos calcular hacia dónde irá. Si una semilla recibe agua, tierra y luz, puede crecer. La realidad ordinaria funciona, en gran parte, bajo patrones que podemos observar.

Pero cuando miramos la materia en niveles más pequeños, la situación se vuelve menos intuitiva.

La materia vista desde lo pequeño.

Todo objeto físico está compuesto por moléculas. Las moléculas están formadas por átomos, y los átomos contienen partículas subatómicas. Esta descripción no significa que los objetos sean una ilusión, sino que la solidez que percibimos no es tan simple como parece.

Una mesa parece completamente sólida porque nuestros sentidos la perciben así. Pero, en una escala atómica, la materia está formada por estructuras diminutas, interacciones y espacios que no podemos ver a simple vista. Lo que sentimos como firmeza surge de la forma en que las partículas interactúan entre sí, no de una solidez absoluta.

Por eso, la física moderna puede servir como una imagen útil para reflexionar. Nos recuerda que la realidad no siempre es igual a como aparece ante los sentidos. Aun así, es importante no confundir esta idea con la enseñanza budista. El budismo no depende de la física cuántica para ser válido, y la física cuántica no prueba por sí sola las enseñanzas budistas.

Ambas miradas pueden dialogar, pero pertenecen a campos distintos.

La percepción y los límites de los sentidos.

Nuestros sentidos no captan toda la realidad. Vemos ciertos colores, escuchamos ciertos sonidos y tocamos objetos dentro de los límites de nuestro cuerpo. No percibimos directamente los átomos ni las partículas subatómicas.

Esto no significa que el mundo no exista. Significa que lo percibimos de una manera condicionada por nuestros sentidos, nuestra memoria, nuestro lenguaje y nuestra mente.

Aquí aparece una relación interesante con el budismo. La mente no solo recibe el mundo, también lo interpreta. Reconocemos una mesa porque la hemos aprendido como mesa. Distinguimos un objeto de otro porque nuestra mente organiza la experiencia. En ese sentido, la realidad que vivimos no es una copia pura de lo externo, sino una experiencia construida a partir de percepción, memoria, lenguaje y conciencia.

Solidez e interdependencia.

Cuando tocamos un objeto, lo sentimos sólido. Parece existir un límite claro entre el objeto y nosotros. Sin embargo, desde una mirada física, esa sensación surge por interacciones entre estructuras atómicas. No tocamos una “solidez absoluta”, sino una red de relaciones y fuerzas que se manifiestan como resistencia.

Desde una mirada budista, esto puede recordarnos que las cosas no poseen una existencia fija e independiente. Existen, pero existen en dependencia de causas, condiciones, partes, nombres y percepciones.

Así, una mesa es mesa porque tiene partes, función, forma, nombre y uso. Si separamos sus partes, deja de ser mesa. Si cambia su función o contexto, cambia también la manera en que la entendemos. Esto se acerca a la enseñanza budista de la vacuidad, que no significa inexistencia, sino ausencia de existencia independiente y permanente. (ver vacuidad 1)

La materia no es tan fija como parece.

La ciencia moderna ha mostrado que la materia no es estática en el sentido común que solemos imaginar. Los átomos y moléculas poseen movimiento, estructura e interacción. Dentro de ellos existe mucho más espacio del que nuestra percepción podría suponer. Hay espacio y el movimiento, que es muy rápido, no alcanzariamos a siquiera verlo. 

Esto puede ayudarnos a comprender una intuición budista importante. Lo que aparece como fijo, separado y permanente, en realidad está cambiando y depende de múltiples condiciones.

La continuidad del mundo que experimentamos también depende de la memoria. Recordamos que una persona, una casa o un objeto “son los mismos” a través del tiempo, aunque en realidad estén cambiando. La mente une momentos distintos y les da continuidad.

Una reflexión sobre el observador.

En física cuántica se habla a veces del observador, pero conviene aclarar algo importante. En ciencia, el observador no significa necesariamente una mente humana mirando con intención. En muchos casos, se refiere al acto de medición o a la interacción de un sistema con otro.

Por eso sería incorrecto decir que la mente crea una realidad física solo porque existe el problema de la medición en la física cuántica. Esta idea pertenece más a interpretaciones espirituales o filosóficas que a una conclusión científica aceptada.

Aun así, desde el budismo sí podemos afirmar que la mente participa en la forma en que vivimos la realidad. Nuestras expectativas, emociones y hábitos mentales influyen en nuestra experiencia. Una misma situación puede ser vivida con miedo, enojo, calma o compasión, según el estado mental de quien la experimenta. En ese sentido, la mente no necesariamente crea el mundo externo, pero sí transforma la forma en que lo habitamos.

Sobre el agua, las palabras y la intención.

Algunas personas citan los experimentos de Masaru Emoto sobre el agua para afirmar que las palabras y emociones modifican su estructura. Sin embargo, esos experimentos no son aceptados como evidencia científica sólida. Aun así, como reflexión simbólica, la idea puede tener valor. Si gran parte de nuestro cuerpo está compuesto por agua, y si nuestra vida mental influye en nuestra salud, conducta y relación con los demás, entonces tiene sentido preguntarnos cómo nos tratamos, cómo hablamos y qué intención ponemos en nuestras acciones.

No necesitamos probar científicamente que una palabra cambia los cristales del agua para comprender que una palabra puede herir, calmar, animar o destruir la confianza de una persona. Una palabra dicha con agresión puede sembrar miedo. Una palabra dicha con cuidado puede entregar seguridad. Una palabra nacida desde la compasión puede abrir un espacio de paz.

Conclusión.

La física moderna y el budismo pueden encontrarse en una intuición común: la realidad no es tan sólida, separada ni permanente como parece. Pero ese encuentro debe hacerse con cuidado, sin forzar la ciencia para demostrar creencias espirituales ni reducir el budismo a conceptos físicos.

El budismo enseña que los fenómenos surgen por causas y condiciones, que todo cambia y que la mente participa en nuestra experiencia del mundo. La ciencia, por su parte, muestra que la materia posee una complejidad profunda que nuestros sentidos no alcanzan a percibir directamente.

Ambas miradas pueden inspirarnos a vivir con más humildad. Lo que creemos fijo puede cambiar. Lo que creemos separado puede estar relacionado. Lo que creemos completamente externo también está filtrado por nuestra mente. Por eso, comprender la realidad no es solo estudiar el mundo. También es observar cómo miramos, cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos.

Ver entrada budista sobre la realidad: las dos verdades vacuidad 1.

KDT.    1









COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. I-DIMENSIÓN EXISTENCIAL. Mód: 2 de 11.

  UNA COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO:   VISIÓN DE UN SISTEMA INTEGRAL.                                                                ...