REFLEXIÓN: LOS TRASTORNOS DE LA SALUD : ¿PORQUÉ A MI?
Cualquier afección de salud altera nuestro diario vivir. Es claro que ello influirá en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, comportamiento y principalmente nuestra mente.
Normalmente la primera reaccion de la persona a la que se le descubrió una enfermedad, no esta cerca de comentarios positivos o enrutadores de solución, sino por el contrario, lejos de un estoy enfermo y con buen animo para enfrentar el problema o de un entiendo que no es un resfriado sino algo más complejo que no auspicia un buen final: sabremos llevarlo adelante lo mejor posible. En muchos casos la compañera o compañero de vida mantiene alguna enfermedad como diabetes u otra que se le vera complicada dado el stress adicional que tendrá que soportar diariamente. No cabe duda que convivir con esta situación desgasta no solo físicamente, sino lo que es mas sensible: la mente.
Un alto porcentaje de personas afectadas se pregunta ¿porque a mi?. Esto humanamente es un absurdo. Dejar de lado el ¿por qué a mí?, representa lucidez. Veamos, la enfermedad ocurre, se presenta. Lo razonable es preguntarse por ejemplo ¿qué apoyo es razonable solicitar?, ello desplaza la mente del castigo a la del cuidado. Aceptarla no es un resignarse, es dejar de pelear burdamente con una explicación inexistente para concentrarse en lo que sí es aceptable y modificable: el tratamiento, las relaciones, el descanso, el sentido cotidiano, etc. Cuando la pregunta cambia, el absurdo desaparece. No porque el dolor se vaya, sino porque la mente deja de exigirle sentido a lo que no lo tiene. En definitiva, ella recuerda que es lo que le pasó a un cuerpo humano dadas ciertas circunstancias y, que la pregunta sólo añade otra herida: convierte el hecho en un juicio, ¡te coloca como una excepción!. ¡Aquí no hay un juicio!
La mente será quien mejor nos guie. Tiene cualidades de alto valor que no aprovechamos. Descubrámoslos. Primero ella es maleable, por tanto, puede colaborar efectiva y afectivamente en este periodo. No olvides este tema. Con una enfermedad del tipo compleja es bueno tratar bien a los demas y uno mismo, recuerda que eres cuerpo y mente. Respecto al cuerpo hay que seguir el tratamiento medico confiado y vivir positivamente el dia a dia. Ya con esta opción, te apoyas significativamente. Por otro lado, sé provechoso en tu desplazar mental. Tu cuerpo y mente estan conectados, tanto que si eliminas la mente, tu cuerpo cae, tal cual un estropajo. Mientras mantengas una mente que piense en forma positiva y clara, estas colaborando eficazmente a lograr una mejor salud de tu cuerpo.
Debemos aprovechar este periodo para entregar amor – compasivo y crear un ambiente deseable de compartir. Para todos nosotros. No nos ceguemos con una eventualidad tan previsible. Esto conversalo con tu grupo más cercano. Que ella esté enferma y yo también no es decir que nos preparemos para la urna. Debemos prepararnos para reducir el dolor interno que se siente por el otro, pues no tiene sentido. Que debemos alegrarnos de que nos acompañamos ayudándonos tratando de crecer espiritualmente. Que aprovechemos cada minuto positivamente y en celebrar a nuestros queridos seres que nos traen luz cada vez que nos abrazan.
En estos momentos no todo tiene que ser intenso o perfecto. A veces basta con sentarse al lado. Aceptar ayudas en cosas pequeñas, incluso acompañar en silencio si es necesario. Esto ultimo no lo mires en menos, recuerda cuando observabas intensamente una puesta de sol o caer una hoja balanceándose en el aire, se produce un silencio que hace crecer tu interior, con una experiencia no repetible. Recuerda que nadie se baña dos veces en el mismo río, pues el cambio es constante, el río no es el mismo porque el agua fluye, y la persona tampoco es la misma porque ha cambiado. La realidad es proceso, no algo fijo. Apliquemos este sentido incluso con la enfermedad.
Siempre habrá días más oscuros. El estar bien respaldado ayuda mucho al enfermo. Es necesario un grupo cercano de colaboradores que nunca dejen de contribuir con amor y paciencia y con su cálida recepción. Ellos recrean, sin pensarlo, un edén para el enfermo.
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