EL APEGO Y EL AFERRAMIENTO.
APEGO / AFERRAMIENTO.
Para el budismo, el apego no se justifica porque se entiende como una forma de aferramiento, es decir, querer que algo, alguien o una situación permanezca igual, nos pertenezca o nos entregue una seguridad permanente. Sin embargo, esto es imposible, porque todo cambia constantemente. Cambian las personas, las emociones, los pensamientos, las relaciones e incluso nuestra propia manera de mirar la vida.
Cuando la mente intenta convertir algo impermanente en una seguridad absoluta, aparece el sufrimiento. Esto ocurre porque se confunde aquello que cambia, con una fuente estable de paz. Por eso, el apego es un concepto tan importante en el budismo, ya que nace del miedo a perder lo que creemos indispensable para estar bien.
Por otro lado, desapegarse no significa volverse frío, indiferente o dejar de amar, sino aprender a relacionarse sin dependencia. La clave está en cuidar sin poseer, amar sin controlar y comprometerse sin depender. En ese sentido, superar el apego permite vivir los vínculos con más libertad, conciencia y paz interior.
En concreto, una persona que mantiene una relación con apego piensa: sin esta persona no puedo vivir, si se aleja sufro, o si me deja, mi vida se acaba. Desde el budismo, el problema no es amar a esa persona, sino aferrarse a ella como si fuera permanente, como si tuviera que quedarse para siempre y como si la felicidad propia dependiera totalmente de eso.
Entonces, el apego aparece porque la persona quiere controlar algo que "naturalmente puede cambiar". Si la relación cambia, termina o la otra persona actúa distinto, surge sufrimiento, ansiedad, celos o miedo. El apego, involucra depender emocionalmente y sufrir cuando eso no se mantiene como uno desea.
El apego aparece cuando querer algo se transforma en necesidad,
dependencia o miedo a perderlo.
Típico del apego: “Necesito esto para ser feliz.”
El budismo reconoce que se generan vínculos positivos cuando participa el amor, la compasión y la responsabilidad hacia otros. Por ejemplo, cuidar a un hijo, acompañar a una persona enferma o comprometerse con una relación. Lo importante es que ese vínculo no se transforme en posesión, miedo a perderlo o necesidad de control. También puede darse un apego temporal o funcional, entendido como el compromiso con una práctica espiritual, un maestro o una enseñanza que se ve como apoyo para crecer, pero hay que entender que también este apego debe soltarse. Entonces, el problema se da cuando la relación aparece con dependencia, miedo a perder al otro, control, sobreprotección o incapacidad de actuar por uno mismo. Ahí deja de ser un vínculo sano y se transforma en una forma de sufrimiento.
El apego nace de la ignorancia fundamental u original
que todos tenemos, es decir, no ver con claridad la realidad de las cosas:
creemos que algo externo puede darnos una felicidad fija y permanente.
El vínculo puede aparecer en cualquier momento, desde elementos importantes, que debemos conocer para aprender a detectar y eliminarlo:
La compasión: se tiende a cuidar a alguien porque sufre y se quiere ayudar a aliviar dicho sufrimiento. Podemos alejar el apego que se puede presentar cuidando sin poseer. Compasión sin apego.
El amor bondadoso: se tiende en forma sincera que la otra persona esté bien, se le desea felicidad, y lo hacemos sin necesidad de poseer o controlarla. Podemos alejar el apego si amamos sin controlar. Amor sin apego.
La responsabilidad (ética): por ejemplo, cuidar a un hijo, una pareja, un padre, un familiar enfermo o un grupo de personas. El problema no es cuidar; el problema es depender emocionalmente tal que esa(s) persona(s) actúe(n) como uno quiere. Responsabilidad sin apego.
Dijimos que el apego funcional puede darse en el camino espiritual hacia el aprendizaje, al maestro o a la práctica que uno realiza. Pero incluso en este caso debemos soltarlo. Es decir, no depender de él; reconocerlo y dejar que se aleje o siga su camino.
Una persona puede darse cuenta fácilmente cuando actúa con compasión, amor bondadoso o responsabilidad y si el apego está presente. Sabe que no lo necesita. Sabe que este atrae singularidades anómalas. No se confunde. Lo más seguro es que no se aparezca de nuevo en su mente, pues quien tiene claro lo que es amor, compasión y sabiduría no lo necesita para avanzar en su camino, y si llega, como sabe que trae sufrimiento consigo, debe alejarlo.
Amar a alguien no es el problema: el problema es desear poseerlo,
controlarlo o generar dependencia con él para estar bien.
En el budismo se busca transformar el apego en amor compasivo,
que quiere el bien del otro sin posesión ni dependencia.
Walter. Riso, doctor en psicología, define “el apego como la vinculación o relación obsesiva hacia una persona, un objeto o una idea. Obsesiva, es decir, que se hace permanente, insistente y que se sustenta en tres creencias importantes:
• la que tiene que ver con que esa relación te va a hacer feliz,
• la que te va a dar seguridad total - lo cual es imposible, y
• la que le va a dar sentido a tu vida para sentirte realizado.
Estas relaciones afectivas se establecen con las personas o fenómenos que se dan en nuestra vida, ya sea con nuestros padres, hermanos, familiares, conocidos, mascotas, incluso con fotos de valor emocional”.
Los apegos podemos verlos desde una perspectiva de seguros e inseguros. De hecho, cuando sean sanos, seguros, se utilizan como base del desarrollo psicológico infantil saludable, que le influirá positivamente en la forma de relacionarse con los demás y le sentará autoestima.
En las entradas Apego de este blog, nos encontraremos con la frase: “el amor con apego no es amor” y “el apego destruye el amor”. Esto dado que cuando hay amor puro y sano no puede haber apego o aferramiento para que aquello se dé de dicha forma. Cuando hay apego o aferramiento nacen los celos y estos llaman a la discusión, la inseguridad y al desgaste del amor. En el fondo el problema no está en amar, desear o valorar algo, sino convertirlo en un elemento indispensable para sentirse bien. El amor sano permite libertad, respeto, crecimiento personal y bienestar mutuo.
No es lo mismo apego que amor, o compromiso.
¿CÓMO SABER CUÁNDO UN APEGO “INSEGURO” ENTRA EN TU VIDA?
No es tan difícil, ya que existen caminos y uno que considera tres formas básicas para detectarlo bastante difundido:
Ver que un deseo es insaciable: Cuándo una relación no se satisface por completo, hay sufrimiento, se siente una constante necesidad de que la persona amada esté a tu lado o que demuestre amor la mayor parte del tiempo. Se produce angustia cuándo necesitas a cada momento te digan que te aman, te contacten frecuentemente, o te halaguen porque entonces te sientes valorado, e incluso el algunos casos requieres que te prioricen antes que a otros. Con un poco de sabiduría te darás cuenta que es algo muy superficial y que deberás enfrentar el dolor de tu propia inseguridad. Una vez una maestra budista me contó que estando casada, su marido le comentó que había otra persona que sí lo hacía feliz. La maestra le contestó que fuera con ella pues allí estaba su felicidad. Le dio un beso en la mejilla y se despidió. Jajá. Otra jugarreta del deseo - apego.
No tener control (autocontrol): Aquí se puede desprender el caso de la persona que concibe que está apegada cuando ya no es capaz de controlar su propia conducta. Incluso no es capaz de decir que no, aunque esté en desacuerdo, o saltar sus principios por congeniar. No hay autodominio, templanza, ni capacidad de contención.
Tener malestar cuando no está el objeto de apego: Se presenta ansiedad, molestia, ira, desasosiego u otro sentimiento cuándo el objeto de apego no está, y él o ella refiere que debe estar a su lado. Esto refleja una clara incapacidad de control del deseo de estar con la persona. Otra vez el sufrimiento autogenerado está presente.
Estas formas infieren que el apego es dañino para la salud física y mental. La persona con apego tiende a pensar y dañarse con ideas de saber sobre el otro: qué hace, dónde estará, con quién podrá estar; alimentándose de estas ideas y hacer que viva con amargor e insatisfacción. Se produce infelicidad y un dolor innecesario.
¿QUÉ SE ENTIENDE POR APEGO SEGURO?
Entregar cariño, contención, afecto, responder cuando llora, acompañarlo, hacerle sentir seguro: eso no es malo. Al contrario, suele generar algo sano o apego seguro.
Un niño bajo estas circunstancias tiende a tener más confianza, mejor control emocional, más seguridad para explorar, pedir ayuda y formar vínculos sanos. Cuándo te refieres a sobreprotegerlo, no dejarlo frustrarse, resolverle todo, no permitirle autonomía o hacer que dependa siempre del adulto: ahí sí habrá problemas. A futuro podrá costarle tomar decisiones, tolerar la frustración, separarse de los padres y seres queridos, resolver conflictos o confiar en sus propias capacidades.
Entonces, darle mucho amor no lo es lo que lo malcría. Lo que puede hacerle daño es llevarlo a confundir amor con control, miedo o dependencia o discernir el amor requiere de control. Hay que tener claro este tema para no incurrir en el error.
Se debe estar atento en reconocer cuándo se da sobreprotección o dependencia, cuando el tipo de relación empieza a impedir que el niño investigue, decida o tolere pequeñas frustraciones normales para su edad. Es sano cuando el adulto acompaña, contiene y da seguridad. En cambio será dependencia o sobreprotección cuándo el adulto reemplaza al niño, decide por él o evita que enfrente cualquier incomodidad. Por ejemplo, cuando no lo dejas intentar cosas que ya podría hacer solo. Por ejemplo: vestirse, pedir ayuda, hablar con otros niños, resolver un problema menor. Pero muchos padres se anticipan a todo lo que necesita. Antes de que pida, ya lo están resolviendo. No lo dejan que ni se de un golpe. Eso puede enseñarle que no necesita buscar soluciones porque otro lo hará por el. Evitar que se frustre, llore, se enoje o pierda, para que no sufra no es lo más adecuado.
Es bueno un enseñarle "con un inténtalo y si necesitas ayuda, avísame”. Y no: “mejor lo hago yo para que no te frustres”. Démosle cariño sin quitarle autonomía. Él debe sentir: “que lo aman, le cuidan, y también confían en él”.
Al aferramiento no lo dejemos actuar. ¡Sí al amor!
Soltar los apegos nos permite vivir más a conciencia en el presente,
donde viven la felicidad, la paz y la alegría.
CONCLUSIÓNES:
En el budismo se busca transformar el apego en amor compasivo,
que busca el bien del otro sin posesión ni dependencia.
La compasión dice: “que estés bien, incluso si no es conmigo”. ¡¡¡Bello!!!.
• Amar sin apego, es construir vínculos sanos donde existe el afecto, compromiso y cuidado pero, sin llegar a perder la identidad personal. Si esto último se da, de que amor o felicidad hablamos.
• En nuestra vida nada permanece igual, todo cambia a su propio ritmo. Por tanto, soltar no es perder: es dejar de pelear con la impermanencia.
• En el budismo el apego y aferramiento no son deseables y tampoco son lo mismo que amor. Cuando hay dependencia hay aferramiento, por tanto, un amor dependiente no es sano. No hay amor puro.
• El riesgo del apego es que el vínculo emocional puede transformarse fácilmente en dependencia. En vez de ser una relación sana, la persona puede empezar a necesitar al otro para sentirse seguro, validado o completa.
• El apego siempre limita la autonomía y genera sufrimiento pues no existe equilibrio; siempre es así.
• Espero puedas entender porque se dice que el apego – aferramiento te acerca a un futuro amo.
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Es bueno conversar a cualquier edad sobre el apego. Hay que tener claro el tema para un actuar más saludable en la vida. Me he encontrado con adultos que en las clases se han sorprendido a bien, al plantearles la visión budista del tema que he tratado de explicar en este texto.
Nota:
: el apego y el aferramiento están estrechamente relacionados, aunque el aferramiento es una forma más intensa de apego.
Alcance:
Varios autores los usan como sinónimos, en textos simples.
Ver entrada: Impermanencia, Apego, Primera Noble Verdad, Felicidad,
K. Dondrup T. Fuente: