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miércoles, 4 de febrero de 2026

REFLEXION - EL CUERPO Y NUESTRA AGUA CORPORAL


REFLEXION - EL CUERPO Y NUESTRA AGUA CORPORAL.

A modo de introducción:  la función del agua del cuerpo:

El cuerpo humano es mayoritariamente agua, y esa agua no es un simple relleno: es el medio donde ocurre casi toda la vida biológica. 

Recordemos, en breve:

1. El agua es el medio de todas las reacciones. Las reacciones químicas que te mantienen vivo (metabolismo, respiración celular, producción de energía) ocurren en solución acuosa. Sin agua, la química de la vida no ocurriria.

2. Somos mayormente células, y las células son agua. Una célula humana es aprox. 70–75% agua. 

3. El agua transporta todo : oxígeno, nutrientes, hormonas, desechos. Tambien todo viaja disuelto en agua (sangre, linfa, líquido intercelular).

4. Regula la temperatura. El agua absorbe y libera calor lentamente. Por eso no colapsamos térmicamente con cada cambio de ambiente.

5. Da forma sin rigidez. Permite estructuras flexibles y dinámicas. La vida es flujo.

No es que “seamos agua” como sustancia pasiva,
somos procesos organizados que ocurren en el agua.

Efectos de la tension y angustia.

¿Que sucede cuando no hay tensión en uno? el agua circula libre, el cuerpo se regula,
la mente se aclara. No porque hiciste algo especial, sino porque dejaste de hacer de más.

En resumen: la tensión comprime. La angustia fragmenta. Y el agua responde a eso inmediatamente.

¿Qué ocurre en el agua del cuerpo? Se interrumpe el flujo siendo que el agua corporal necesita continuidad. La tensión muscular y nerviosa crea micro-bloqueos: zonas donde el movimiento interno se vuelve denso, lento, casi detenido. No es deshidratación, es rigidez del flujo que la vuelve ruidosa.

La angustia es agitación sin dirección por lo que el agua empieza a transportar señales contradictorias: alerta constante, hormonas de estrés, impulsos defensivos. Eso se siente como: mente acelerada, respiración corta, cansancio sin causa clara,
El agua ya no refleja: distorsiona. Pierde capacidad de amortiguar.

 El agua sana permite suavizar impactos físicos y emocionales. Cuando estás tenso, esa función decae. Por eso todo “duele más”, pesa más, abruma más. No porque el mundo cambió, sino porque el medio dejó de amortiguar adecuadamente.

La angustia no daña el agua, si la obliga a adaptarse a un estado de amenaza.

El agua hace lo que siempre hace: sostener la vida, incluso en condiciones adversas. Pero el costo es alto, pues vive en modo supervivencia, no en coherencia.
Cuando estás tenso, el agua del cuerpo no es que sufra, se contrae para proteger, y cuando cesa la tensión - aunque sea un poco - recuerda inmediatamente cómo fluir. Por eso el descanso verdadero no empieza en la mente, sino en permitir que el agua vuelva a moverse sin miedo.

Cuidar la relación entre el agua y el cuerpo no es una técnica, es una forma de estar.

El agua del cuerpo no responde a órdenes, responde a condiciones.
Fluye cuando hay permiso y se espesa cuando hay lucha.

Alimentar dicha relación no significa hacer más, significa interrumpir menos ya que cuando vivimos apurados y en tensión constante, el agua hace lo único que puede: se adapta a la urgencia, entra en modo supervivencia, pierde suavidad. Pero cuando bajamos el ritmo - aunque sea un instante - cuando respiramos sin empujar, cuando escuchamos al cuerpo antes de exigirle,el agua recuerda cómo circular. cómo sostener,  cómo amortiguar la vida.

No se necesita rituales complejos, se necesita coherencia: en que lo que pensamos, sentimos y hacemos no esté siempre en conflicto.

Si descansamos cuando toca, nos movemos sin violencia, bebemos agua con presencia, hablamos con respeto. Así, el cuerpo deja de ser un campo de batalla y vuelve a ser un cauce, por tanto, el agua fluye bien. Y cuando el agua fluye bien, la vida se ordena sola, porque el equilibrio no se fabrica: se permite.

Amenos nuestro cuerpo.

El cuerpo no pide perfección, pide presencia.
Amarlo es escucharlo antes de que grite.
Es notar la tensión cuando recién aparece
el cansancio, cuando aún es una señal suave.

Amar el cuerpo es no empujarlo contra sí mismo.
Es no vivir en guerra con el ritmo, con el peso, con la forma, 
con el tiempo que necesita.

El cuerpo es agua organizada y el agua responde al trato.
Cuando lo juzgamos, el cuerpo se defiende.
Cuando lo ignoramos, el cuerpo se endurece.
Cuando lo respetamos, el cuerpo coopera.

Amarlo no es indulgencia, es coherencia.
Es dormir cuando nos corresponde.
Parar cuando es suficiente.

En el amor al cuerpo no hay épica,
hay cuidado silencioso.
Y cuando el cuerpo se siente a salvo,
el agua fluye mejor,
la mente se aquieta,
la vida se vuelve habitable desde dentro.


Por ello consideremos:
Amar nuestro cuerpo es permitirle ser hogar.
La tensión acumulada “espesa” el flujo interno, dificulta el movimiento del agua.
Algunos minutos sin estímulos - descanso cuerpo mente - permiten reordenar el sistema.
El agua responde al trato, no a órdenes: y ante el buen trato, el buen funcionamiento aparece como consecuencia.
Pequeños actos alineados, como decir no cuando es no, o parar cuando el cuerpo lo pide,
devuelven coherencia al sistema hídrico. La coherencia es su alimento, por ello
tengamos un trato respetuoso: no le hablemos como si fuera un enemigo. 

Cuando el cuerpo no está en guerra consigo mismo,
 el agua fluye bien.


Respecto del sistema que organiza:

Al cuidar el cuerpo y la mente, el agua interna puede hacer lo que siempre sabe hacer: mantenernos vivos, sensibles y en equilibrio.
Decir que el agua nutre, limpia y sostiene la vida significa describir 
tres funciones básicas e inseparables dentro del cuerpo:

Nutrir
El agua es el medio donde viajan los nutrientes, minerales, hormonas y oxígeno. Sin agua, las células no pueden recibir lo que necesitan ni realizar sus reacciones químicas. No alimenta por sí sola, pero hace posible toda nutrición.

Limpiar
El agua disuelve y transporta desechos metabólicos. Permite que riñones, hígado, intestino y piel eliminen toxinas. Cuando el agua circula mal, los residuos se acumulan y el sistema se sobrecarga.

Sostener la vida
El agua mantiene la forma, elasticidad y temperatura del cuerpo. Amortigua órganos, lubrica articulaciones y permite la comunicación eléctrica y química entre células. Sin agua organizada, no hay movimiento, ni señal, ni equilibrio.

Conclusión:

El agua no es solo contenido, es el soporte funcional de toda la vida corporal. 
Sin ella, nada llega, nada se va, nada se mueve.
Considere que el agua no es un recurso del cuerpo, es la condición que hace posible que 
el cuerpo exista y funcione. Por eso es soporte funcional de nuestra vida.
Y en ese soporte cumple una función de nutrir, limpiar y sostener la vida.

SINTESIS

Cuando el cuerpo está en estrés, el agua se vuelve funcionalmente
 “menos fluida”: hay retención, mala distribución y 
menor eficiencia metabólica. No cambia su composición química básica, 
pero sí cambia el sistema que la organiza.

El agua del cuerpo refleja el estado del cuerpo. 
Cuando el organismo está en equilibrio,
 el agua circula, nutre y limpia mejor. 

Al cuidar el cuerpo y la mente, el agua interna 
puede hacer lo que siempre sabe hacer: 
mantenernos vivos, sensibles y en equilibrio.


K Dondrup T.  con apoyo puntual IA.



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