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sábado, 17 de octubre de 2026

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5a de 13.

COMPOSICIÓN FILOSÓFICA DEL BUDISMO: V.S.I. IV FILOSOFÍA DE LA MENTE Mod 5a de 13. 

          IV. FILOSOFÍA DE LA MENTE.     

LA FILOSOFÍA BUDISTA DE LA MENTE está diseñada para entender o comprender cómo se forma la experiencia consciente (mental), cómo funciona y cómo se puede mejorar mediante el entrenamiento mental. Entre sus componentes centrales para entenderla, se distingue principalmente como estamos conformados y características propias de la mente:

1.- La teoría de los cinco agregados (skandhas) explica la constitución dinámica de la experiencia personal. Estamos formados por cinco skandhas (agregados): forma (cuerpo y fenómenos materiales), sensación, percepción, formaciones mentales (intenciones, emociones, pensamientos, hábitos, disposiciones mentales en general) y conciencia.

2.- La transitoriedad de la conciencia, entendiendo los estados mentales como eventos fugaces y condicionados. Este es el estado natural de los mismos.

3.- El proceso de autoformación de la "identidad" el que se convierte en un proceso dinámico y cambiante según las condiciones y el entorno, y no en algo fijo como lo percibimos; no hay una esencia fija, pues no existe. Lo que es claro es que esta en constante cambio.

4.- La capacidad de cambiar y mejorar los sentimientos perturbadores a través de la meditación. Lo que confirma que la mente es flexible, moldeable.

Buda nos enseña también que todos podemos despertar pues contamos con la naturaleza de Buda (Bhuddha Dathu), que fue lo que le permitió a él (Sidharta) la Iluminación.    Fuente base: El trabajo de Barbara O´Brien – 08/2018. Se registra en el Pali Tipitika (Pabhassara Sutta, Anguttara Nikaya 1.49-52) - Thanissaro Bhikkhu.                

“En la escuela Yogācāra , particularmente con los maestros Asaṅga y Vasubandhu , también hay profundizaciones e ideas fundamentales:

  •  La conciencia base (ālaya-vijñāna). Es un continuo de semillas o potencialidades kármicas (positivas y negativas) y de los hábitos mentales del ser. A menudo es llamada metafóricamente "conciencia almacén", ya que los almacena.
  •  El esquema cognitivo condicionado que organiza la experiencia. En esta tradición, la experiencia del mundo siempre está facilitada por estructuras cognitivas, hábitos mentales y disposiciones kármicas.
  •  Una visión dinámica o cambiante de la mente, que es un flujo continuo de procesos condicionados y en constante transformación”.                                                                                                                                                 Fuente: Stanford Encyclopedia of, “Yogācāra”, secciones sobre psicología filosófica y ālayavijñāna.

La filosofía mental permite comprender la naturaleza de la mente, la conciencia y los procesos mentales, así como la forma en que los pensamientos, emociones y percepciones condicionan nuestra experiencia. Temas que veremos más adelante. También permite descubrir cómo la mente puede ser entrenada mediante la atención conciente y la meditación, para disminuir el sufrimiento y desarrollar mayor claridad mental y sabiduría.

Por lo tanto, la filosofía de la mente constituye la base teórica para comprender cómo se puede lograr la transformación interna de la persona, allanando el camino para el análisis fenomenológico de la experiencia desarrollado en una siguiente dimensión.

ESTADOS MENTALES PERTURBADORES (KLEŚAS).

El hecho de que permanezcamos en el samsara tiene su explicación. Nuestra mente se ve perturbada por distintos factores mentales que afectan nuestra percepción y nuestra manera de relacionarnos con lo que experimentamos.

Entre otras cosas ello nos impide mantener la tranquilidad, los principios éticos y el ver la realidad de las fenómenos y situaciones que se dan.

Los principales perturbaciones son conocidas como los “venenos mentales”: el apego, la aversión y la ignorancia. El apego surge cuando vemos algo como una fuente de felicidad y lo deseamos. La aversión aparece cuando exageramos las características negativas de aquello que percibimos y queremos rechazarlo. La ignorancia consiste, en esencia, en no reconocer la verdadera naturaleza de los fenómenos, aspecto relacionado con la diferencia entre la verdad convencional y la verdad última.

De estas perturbaciones surgen también otras, como el orgullo, los celos, la vanidad y la duda perturbadora. Estas afectan nuestra paz mental y de seguro pueden convertirse en causas de nuestro sufrimiento. También dificultan el desarrollo de virtudes como la paciencia, el cumplimiento de los principios éticos y la generación de karma positivo. De esta manera, contribuyen a mantenernos dentro del samsara.

Estas perturbaciones aparecen constantemente y afectan nuestra tranquilidad. Muchas veces no sabemos reconocerlas ni controlarlas, por lo que terminamos actuando bajo su influencia perturbadora.

La práctica de la meditación es lo único que puede ayudarnos a reconocer, reducir y transformar estos estados mentales perturbadores. Dentro de la tradición budista se habla de una clasificación de 51 factores mentales. Al trabajar sobre ellos podemos desarrollar mayor paz y claridad mental, junto con cualidades como la compasión y la sabiduría. De esta manera, podemos disminuir las causas del sufrimiento y avanzar en el camino hacia la liberación del samsara.

NIVELES DE CONCIENCIA.

El budismo Mahayana explica la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Estos niveles no deben entenderse como entidades separadas, sino como diversas capas o funciones que operan en conjunto. El modelo de las primeras ocho conciencias se vincula con la escuela Yogācāra. Algunas corrientes posteriores incorporan una novena asociada con la pureza esencial y la naturaleza de Buda.

Las primeras seis conciencias.

Las primeras cinco conciencias corresponden a los cinco sentidos.

1.      La conciencia visual percibe colores y formas (tamaño, brillo y contraste, movimiento, ubicación).

2.      La conciencia auditiva percibe sonidos.

3.      La conciencia olfativa percibe olores.

4.      La conciencia gustativa percibe sabores.

5.      La conciencia corporal percibe sensaciones - por medio del tacto.

Estas conciencias permiten que el mundo exterior entre en contacto con nuestra experiencia interior. Cada una recoge información vinculada con un órgano sensorial y la transmite a la sexta conciencia.   La sexta conciencia es la conciencia mental. Su función consiste en integrar, interpretar y evaluar la información recibida por los sentidos. Gracias a ella podemos reconocer objetos, formar pensamientos, recordar experiencias, imaginar situaciones y tomar decisiones.

Por ejemplo, el ojo capta ciertas formas, colores, tamaño de lo que vemos. El oído registra sonidos. La sexta conciencia reúne estos datos y permite identificar aquello que percibimos. En resumen, las primeras seis conciencias sostienen gran parte de nuestras actividades cotidianas. A través de ellas observamos el entorno, analizamos lo que sucede y respondemos ante cada situación.

La séptima conciencia.

En un nivel más profundo se encuentra la séptima conciencia, llamada manas -vijñána. Esta se relaciona con la construcción del ego y con la idea de poseer un yo individual, fijo y separado de lo demás. La séptima conciencia no depende de un estímulo exterior inmediato. Opera desde nuestra vida interior y se vincula con los juicios, los valores, los conceptos y la interpretación que hacemos de nosotros mismos.

En este nivel surgen el apego a la propia identidad, la arrogancia, la inseguridad, el egoísmo y suma de  conflictos. También aparece la capacidad de reflexionar sobre nuestra conducta, distinguir entre acciones beneficiosas y perjudiciales, y decidir si queremos cambiar nuestros hábitos.                        

La séptima conciencia cumple una función relevante en nuestra vida, nos da una gran visión pero puede llevarnos a interpretar el mundo desde una visión limitada. Por tanto cuando nos aferramos a la idea de un yo aislado, perdemos de vista la relación que existe entre todos los seres y fenómenos.

La octava conciencia.

Bajo la séptima conciencia se encuentra la octava, denominada ālaya-vijñāna. El término ālaya puede traducirse como almacén o receptáculo. Esta conciencia conserva las huellas generadas por nuestras acciones, palabras y pensamientos. En la tradición budista, estas huellas reciben el nombre de semillas kármicas. Cada acción sea positiva o negativa deja una impresión que puede producir efectos similares cuando se presentan las condiciones adecuadas, para que estas semillas maduren. Este “almacén” conserva la energía de nuestro karma.

Las acciones constructivas, como la compasión, el autocontrol y la no violencia, pueden generar efectos beneficiosos. Las acciones destructivas, impulsadas por la ira, la ignorancia o el apego, pueden causar sufrimiento para nosotros y para quienes nos rodean.                                                                                                                                                  La octava conciencia no debe entenderse como un depósito estático. No es un estanque con arena o avena. Se trata de un flujo que recibe nuevas impresiones y manifiesta sus efectos según las causas y condiciones que se presentan. Es razonable concluir que los hábitos, las tendencias y las experiencias previas influyen la forma en que percibimos y enfrentamos la realidad. Si bien pueden surgir efectos en nuestras vidas, continuamente creamos nuevas causas que afectan el flujo de la energía kármica.

Desde la perspectiva budista, las primeras siete conciencias entran en un estado latente tras la muerte. La octava conserva las semillas kármicas vinculadas con la continuidad de la vida a través de los ciclos de nacimiento y muerte.

La “novena conciencia”.

Algunas tradiciones Mahayanas explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Las primeras ocho conciencias se relacionan con el pensamiento Yogācāra. En desarrollos posteriores, presentes también en enseñanzas vinculadas con el budismo Vajrayana, se nomina una novena conciencia: amala-vijñāna; esta es la que representa la pureza esencial de la mente o conciencia plenamente despierta y se asocia con la naturaleza de Buda.

Esta se encuentra libre de todas las impurezas kármicas acumuladas en la octava conciencia y representa la capacidad de transformar incluso las tendencias negativas más enraizadas en positivas o purificarlas.

Despertar esta conciencia permite manifestar sabiduría, compasión, y una felicidad que no depende de las circunstancias externas. La budeidad no es escapar de la realidad ni negar las dificultades de la vida. Las enfrenta desde una condición interior que es capaz de transformar el sufrimiento y generar valor para uno mismo y para los demás.

                     Resumen.

Los distintos niveles de conciencia operan de forma conjunta. Las primeras cinco conciencias recogen información por medio de los sentidos. La sexta la interpreta. La séptima construye la noción del yo. La octava conserva las huellas kármicas de nuestras acciones. La novena representa la capacidad de revelar nuestra naturaleza de Buda.  Nuestra vida interior es muy importante pues cada pensamiento, palabra y acción deja una huella en alaya. Por ello, el cambio personal no depende solo de comprender una idea, sino de cultivar hábitos que nos permitan actuar con mayor sabiduría y compasión.

...  continúa en Mod 5b 

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