SAMSARA - UN CICLO DE RENACIMIENTOS. C4
Samsara
El término samsara se refiere al ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, con todo lo que este comprende, incluidas las alegrías y los descontentos que se presentan en cada etapa.
Una característica del samsara es la naturaleza de los fenómenos, cuyos rasgos -impermanencia, insustancialidad y sufrimiento - no logramos comprender en su real magnitud. Esto constituye una razón suficiente para que nos generen angustia. Otro aspecto que condiciona nuestra existencia dentro del samsara es todo aquello que aprendemos durante la vida, incluidos los dictámenes de la sociedad, los dogmas, los prejuicios, los conocimientos y las experiencias. Estos elementos influyen en que nuestros pensamientos y sentimientos oscilen entre la felicidad y la insatisfacción.
Uno de los aspectos más dominantes del samsara es que nos lleva a suponer, a cada momento del día, que en la vida terrenal se encuentra la felicidad y que esta se alcanza al complacer nuestros deseos. Como creemos que esto es cierto, generamos apego y nos esforzamos por conseguir ese objetivo.
Sin embargo, esta afirmación no es correcta. Ya sabemos que la felicidad no es algo externo. Por lo tanto, se generan preocupaciones que son producto de nuestro aferramiento o apego al yo. Todo esto da lugar a un círculo vicioso. Mientras no logremos desprendernos de las causas del sufrimiento, como el aferramiento propio, seguiremos sujetos al ciclo de renacimientos.
Reinos del samsara
En el samsara existen seis reinos en los que se puede renacer. Tres corresponden a existencias inferiores y tres a existencias superiores.
Los reinos inferiores son el reino animal, el de los espíritus ávidos o hambrientos y el de los infiernos. Este último es el peor para subsistir, debido a que predominan los sentimientos de ansiedad y agresividad, además del calor o frío extremos.
En el reino de los espíritus ávidos, nada de lo que se come o bebe resulta suficiente. Sus habitantes siempre necesitan más, pues los alimentos y líquidos no logran satisfacerlos. Por esta razón, permanecen con hambre y sed.
En el reino animal, los seres actúan según instintos primarios. Su existencia se concentra en comer, dormir, reproducirse y evitar ser devorados por otros animales. Ninguno de estos reinos inferiores resulta favorable o deseable.
Los reinos superiores son el humano, el de los semidioses y el de los dioses.
En el reino humano, los seres persiguen sus deseos porque creen que así serán felices.
En el reino de los semidioses, los seres viven dominados por las sospechas y los celos. Envidian a los dioses y sufren porque desean alcanzar su poder.
Los dioses viven con bienestar en un reino de gran belleza. Sin embargo, debido al apego a los placeres, agotan los méritos acumulados que les permiten permanecer en ese estado. Por esta razón, en algún momento deben reiniciar el ciclo del samsara.
Los seis reinos representan los ciclos de nacimiento y renacimiento en los que se encuentran todos los seres sintientes, incluidos los humanos, los animales y los insectos. Cada reino se caracteriza por una emoción principal que mantiene a los seres vinculados a él.
En orden descendente, estos reinos son los siguientes
El Reino de los Dioses, cuya emoción predominante es el orgullo.
El Reino de los Semidioses, cuya emoción predominante son los celos.
El Reino de los Humanos, cuya emoción predominante es el deseo.
El Reino de los Animales, cuya emoción predominante es la ignorancia.
El Reino de los Fantasmas Hambrientos, cuya emoción predominante es la avaricia.
El Reino de los Infiernos, cuya emoción predominante es la ira.
Triloka
En la cosmología budista existen tres planos de existencia. El concepto de Triloka alude a estos tres mundos, conocidos también como reinos o esferas.
De acuerdo con el karma, los seres transitan por los distintos reinos. Para liberarse de este ciclo de renacimientos, deben alcanzar el Nirvana.
Los tres planos de existencia son los siguientes
El reino del deseo.
El reino de la forma.
El reino de lo sin forma.
Los seres humanos viven en el reino del deseo. De acuerdo con el budismo, ellos y los demás habitantes de los seis reinos del samsara renacen en este plano porque todavía se encuentran sujetos al deseo.
En el reino de la forma ya no existe el deseo, pero aún existe la corporeidad. En el reino de lo sin forma no existe el deseo ni la corporeidad.
Reino del deseo
El mundo o reino del deseo es uno de los tres planos de la existencia cíclica mencionados en las escrituras budistas. Se caracteriza por el apego a los objetos percibidos por los cinco sentidos, es decir, la forma, el sonido, el olor, el tacto y el gusto.
En este plano viven los seres de los seis reinos del deseo, es decir, los seres de los infiernos, los pretas o espíritus hambrientos, los animales, los seres humanos, los semidioses y ciertos dioses.
Reino de la forma
El mundo o reino de la forma se sitúa entre el reino del deseo y el reino de lo sin forma. En él residen dioses con cuerpos de luz que han renunciado al deseo, pero que todavía mantienen apego a la forma interna, al cuerpo y a la mente.
Reino de lo sin forma
El mundo o reino de lo sin forma se sitúa por encima del reino de la forma. En él residen dioses que solo poseen un cuerpo mental. Han renunciado a la forma y existen como energía de conciencia.
Han abandonado el apego a los placeres de la forma, pero todavía se encuentran sujetos a deseos y apegos sutiles vinculados con los estados mentales y el ego.
El karma y los renacimientos
Un ser puede renacer en cualquiera de los reinos mencionados debido a los actos realizados en vidas pasadas, según la ley del karma. A causa de los múltiples renacimientos, es posible haber transitado por cada uno de ellos.
Se dice que la vida humana es valiosa porque nos permite entrar en contacto con las enseñanzas de Buda, comprender y practicar la filosofía budista y liberarnos del samsara por medio de la Iluminación. Los seres humanos poseen la posibilidad especial de poder alcanzar el despertar.
Las acciones realizadas durante la vida tienen una relación directa con el reino en el que se renacerá. Generar karma positivo o negativo influye en el lugar que ocupará cada ser dentro del samsara. El karma negativo contribuye al renacimiento en los reinos inferiores. En cambio, el karma positivo, asociado con las buenas acciones y con la purificación del karma negativo, favorece el renacimiento en los reinos superiores.
Solo en el reino humano existe la posibilidad de eliminar el sufrimiento, avanzar en el desarrollo espiritual y escapar del ciclo del samsara. Por medio de la Iluminación o el despertar se alcanza la liberación del sufrimiento y de sus causas.
Perturbadores o venenos de la mente
Los principales distractores mentales, conocidos como venenos de la mente, son el deseo o apego, el odio y la ignorancia.
Estos elementos influyen en nuestro sufrimiento cotidiano. El deseo es un factor mental perturbador que observa un fenómeno, lo considera una causa de felicidad y, por ello, lo anhela.
El odio surge al exagerar las características negativas de un fenómeno. Esto lleva a percibirlo como un enemigo y puede impulsarnos a actuar de forma perjudicial.
La ignorancia se relaciona con el desconocimiento de la realidad última de los fenómenos. Consiste en no comprender el mundo tal como es.
Existe otra definición de ignorancia asociada con Dharmakirti y Chandrakirti. Sin contradecir lo anterior, esta plantea que la ignorancia está vinculada con el aferramiento propio, es decir, con el apego al yo.
A partir de estos perturbadores surgen otros, como el orgullo, los celos y la vanidad. Todos ellos constituyen fuentes de sufrimiento y dificultan alcanzar la Iluminación. Alteran nuestra paz mental y generan una existencia inquieta, manteniéndonos dentro del samsara. Estos factores dificultan conservar la paciencia, virtud que permite debilitar el odio. También impiden mantener los principios éticos y los preceptos aceptados, generar karma positivo, purificar el karma negativo y alcanzar una percepción directa de los fenómenos y de su esencia.
Los perturbadores mentales impiden apreciar la realidad última de los fenómenos. Entorpecen la paz interior y dificultan alcanzar una felicidad más estable.
Todos ellos pueden ser trabajados mediante la meditación. Al disminuir su influencia, alcanzamos estados más apacibles y una mayor claridad mental. Esto nos permite desarrollar sabiduría, alejarnos del sufrimiento y avanzar hacia la liberación del samsara.
Los agentes perturbadores impiden conservar la paz mental, generar karma positivo y lograr una percepción adecuada de los fenómenos, es decir, observarlos tal como son.
Debemos recordar que somos capaces de apreciar los fenómenos en su dimensión convencional, pero no siempre en su realidad última. Nuestro estado actual de la mente puede compararse con un mono inquieto que salta de un lugar a otro. La mente pasa de un pensamiento a otro sin detenerse. Puede transitar desde la alegría hasta la ira y luego dirigirse hacia una emoción distinta. Es necesario calmarla para desarrollar nuestra sabiduría interior. Este tipo de oscurecimiento impide alcanzar la claridad mental necesaria para avanzar hacia el despertar.
Al alcanzar la Iluminación, podremos observar los fenómenos tal como son.
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