MANTRA
Un mantra es una sílaba, palabra o frase que se recita de forma repetida como apoyo para la práctica espiritual y la meditación. Su recitación ayuda a estabilizar la atención, aquietar la dispersión mental y dirigir la mente hacia un objeto determinado de contemplación.
Se considera que los mantras tienen sus orígenes en la antigua tradición védica de la India. La palabra mantra proviene del sánscrito. Habitualmente se explica a partir de las raíces man, relacionada con la mente, y tra, asociada a protección o instrumento. Por ello suele interpretarse como una "protección de la mente" o como una herramienta para trabajar con ella.
Los tibetanos pronuncian algunos sonidos sánscritos de manera diferente a la pronunciación tradicional. Por ejemplo, suelen pronunciar padme como pemé y svaha como soha.
Su propósito principal es ayudar a la mente a abandonar la dispersión y favorecer la concentración. La repetición constante del mantra puede convertirse en un apoyo para desarrollar atención, claridad y estabilidad mental durante la meditación.
En términos generales, los mantras pueden entenderse como un vínculo entre la práctica corporal, el habla y la mente. Por esta razón ocupan un lugar importante tanto en el hinduismo como en diversas tradiciones budistas.
En algunas escuelas budistas, la recitación de mantras también se utiliza para establecer una conexión con las cualidades iluminadas representadas por un buda o una deidad meditativa específica. El maestro budista Sangharakshita explicó esta idea señalando que, mediante la repetición de un mantra y la práctica asociada, el practicante puede alinearse con las cualidades espirituales simbolizadas por esa figura.
Desde la perspectiva budista, la protección de la mente consiste en evitar que emociones y hábitos que generan sufrimiento lleguen a dominarla. Entre ellos se mencionan el apego excesivo, la ira, la envidia, la confusión y el orgullo. No se trata de una protección física ni de una intervención externa, sino de un entrenamiento gradual de la propia mente. Como la felicidad y el sufrimiento dependen en cierta forma en cómo funciona la mente, protegerla implica observar los pensamientos y emociones que surgen, reconociendo aquellos que favorecen el bienestar y aquellos que conducen al sufrimiento.
constituye una de las herramientas utilizadas para desarrollar cualidades
como la compasión, la paciencia, la ecuanimidad y la sabiduría.
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MANTRA
La palabra mantra proviene del sánscrito: ‘man’, que significa mente, y ‘tra’, que tiene el sentido de protección. Entonces el mantra se refiere a una protección de la mente.
Los tibetanos pronuncien los sonidos del sánscrito de un modo que no es estándar. Por ejemplo, tienden a pronunciar “padme” (padmé) como pemé y “svaha” como soha.
Los mantras se recitan con el propósito de ejecutar los cuatro karmas o actividades iluminadas: pacificar (los obstáculos en el camino), enriquecer (el potencial de desarrollo), fascinar (a los seres hacia su despertar) y destruir (los obscurecimientos al conocimiento).
El propósito fundamental, es liberar la mente de pensamientos innecesarios facilitando un estado de concentración profundo. Ellos funcionan como una herramienta de transformación interna a través de su vibración que armoniza el sistema energético del cuerpo y permite conectar con niveles elevados de la conciencia.
En el hinduismo y el budismo, los discípulos recitan mantras para evocar el poder y la presencia de un ser divino. En algunas tradiciones, los devotos usan mantras en la meditación para convertirse en uno con la deidad que están invocando.
“Repitiendo el mantra y asumiendo el mudra de cualquier Buda”, el monje budista Sangharakshita explica, “uno puede, no solo ponerse en correspondencia o alineamiento con el orden particular de realidad que Él personifica, sino que también puede ser imbuido con su poder transcendental”.
En resumen se puede decir que en el budismo, la protección de la mente, se refiere a cuidar el estado mental para evitar que surjan o dominen emociones y hábitos que generan sufrimiento, como el apego, la ira, el odio, la envidia, la confusión o el orgullo. No se trata de una protección física ni de una protección otorgada por una fuerza externa, es una fuerza mentral propia de su práctica.
Como sabemos las emociones como felicidad y el sufrimiento nacen principalmente de la mente. Por ello protegerla significa estar atento qué pensamientos, emociones e influencias no se permiten desarrollar.
Por ejemplo, su práctica para la atención consciente se usa para reconocer emociones perturbadoras antes de que estas crezcan. También permite entre otras facilidades, cultivar cualidades como la compasión, la paciencia, la ecuanimidad, la sabiduría, vía la recitacion y meditación.
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