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lunes, 28 de octubre de 2024

NIVELES DE CONCIENCIAS - LAS CONCIENCIAS (mente)

NIVELES DE CONCIENCIA

Algunas tradiciones del budismo Mahayana explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Estos niveles no deben entenderse como entidades separadas, sino como diversas capas o funciones que operan en conjunto.

El modelo de las primeras ocho conciencias se vincula con la escuela Yogācāra. Algunas corrientes posteriores incorporan una novena conciencia denominada amala, asociada con la pureza esencial y la naturaleza de Buda.

Las primeras seis conciencias.

Las primeras cinco conciencias corresponden a los cinco sentidos.

  1. La conciencia visual percibe colores y formas.

  2. La conciencia auditiva percibe sonidos.

  3. La conciencia olfativa percibe olores.

  4. La conciencia gustativa percibe sabores.

  5. La conciencia corporal percibe sensaciones por medio del tacto.

Estas conciencias permiten que el mundo exterior entre en contacto con nuestra experiencia interior. Cada una recoge información vinculada con un órgano sensorial y la transmite a la sexta conciencia.

La sexta conciencia es la conciencia mental. Su función consiste en integrar, interpretar y evaluar la información recibida por los sentidos. Gracias a ella podemos reconocer objetos, formar pensamientos, recordar experiencias, imaginar situaciones y tomar decisiones.

Por ejemplo, el ojo capta una forma y un color. El oído registra un sonido. La sexta conciencia reúne estos datos y permite identificar aquello que percibimos.

Las primeras seis conciencias sostienen gran parte de nuestras actividades cotidianas. A través de ellas observamos el entorno, analizamos lo que sucede y respondemos ante cada situación.

La séptima conciencia.

En un nivel más profundo se encuentra la séptima conciencia, llamada manas -vijñána. Esta se relaciona con la construcción del ego y con la idea de poseer un yo individual, fijo y separado de los demás.

La séptima conciencia no depende de un estímulo exterior inmediato. Opera desde nuestra vida interior y se vincula con los juicios, los valores, los conceptos y la interpretación que hacemos de nosotros mismos.

En este nivel surgen el apego a la propia identidad, la arrogancia, la inseguridad, el egoísmo y numerosos conflictos. También aparece la capacidad de reflexionar sobre nuestra conducta, distinguir entre acciones beneficiosas y perjudiciales, y decidir si queremos cambiar nuestros hábitos.

La séptima conciencia cumple una función relevante en nuestra vida, pero puede llevarnos a interpretar el mundo desde una visión limitada. Cuando nos aferramos a la idea de un yo aislado, perdemos de vista la relación que existe entre todos los seres y fenómenos.

La octava conciencia.

Bajo la séptima conciencia se encuentra la octava, denominada ālaya-vijñāna. El término ālaya puede traducirse como depósito, almacén o receptáculo.

Esta conciencia conserva las huellas generadas por nuestras acciones, palabras y pensamientos. En la tradición budista, estas huellas reciben el nombre de semillas kármicas. Cada acción sea positiva o negativa deja una impresión que puede producir efectos cuando se presentan las condiciones adecuadas.

Las acciones constructivas, como la compasión, el autocontrol y la no violencia, pueden generar efectos beneficiosos. Las acciones destructivas, impulsadas por la ira, la ignorancia o el apego, pueden causar sufrimiento para nosotros y para quienes nos rodean.

La octava conciencia no debe entenderse como un depósito estático. Se trata de un flujo que recibe nuevas impresiones y manifiesta sus efectos según las causas y condiciones presentes. Los hábitos, las tendencias y las experiencias previas influyen en la forma en que percibimos y enfrentamos la realidad.

Desde la perspectiva budista, las primeras siete conciencias entran en un estado latente tras la muerte, mientras la octava conserva las semillas kármicas vinculadas con la continuidad de la vida a través de los ciclos de nacimiento y muerte.

La novena conciencia.

Algunas tradiciones del budismo Mahayana explican la vida humana a partir de distintos niveles de conciencia. Las primeras ocho conciencias se relacionan con el pensamiento Yogācāra. En desarrollos posteriores, presentes también en enseñanzas vinculadas con el budismo Vajrayana, se incorpora una novena conciencia denominada amala-vijñāna. Esta representa la pureza esencial de la mente y se asocia con la naturaleza de Buda.

La novena conciencia se asocia con la naturaleza de Buda. Se encuentra libre de las impurezas kármicas acumuladas en la octava conciencia y representa la capacidad de transformar incluso las tendencias negativas más arraigadas.

Despertar esta conciencia permite manifestar sabiduría, compasión, valentía y una felicidad que no depende por completo de las circunstancias externas.

La budeidad no consiste en escapar de la realidad ni en negar las dificultades de la vida. Consiste en enfrentarlas desde una condición interior capaz de transformar el sufrimiento y generar valor para uno mismo y para los demás.

Esta es una visión vajrayana.

Una visión integrada.

Los distintos niveles de conciencia operan de forma conjunta.

Las primeras cinco conciencias recogen información por medio de los sentidos. La sexta la interpreta. La séptima construye la noción del yo. La octava conserva las huellas kármicas de nuestras acciones. La novena representa la capacidad de revelar nuestra naturaleza de Buda.

Esta enseñanza invita a observar nuestra vida interior con mayor atención. Cada pensamiento, palabra y acción deja una huella. Por ello, el cambio personal no depende solo de comprender una idea, sino también de cultivar hábitos que nos permitan actuar con mayor sabiduría, responsabilidad y compasión.

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