MALA O JAPA MALA
El mala, también llamado rosario budista, está formado por cuentas que se usan para llevar el registro de las recitaciones de un mantra. En muchas tradiciones tiene 108 cuentas, aunque también existen malas más pequeños, como los de 21, 24 o 27 cuentas, que suelen llevarse en la muñeca.
En el budismo tibetano, el mantra más conocido es Om Mani Padme Hum, asociado a Avalokiteshvara, bodhisattva de la compasión, llamado Chenrezig en la tradición tibetana. El mantra se utiliza como apoyo para calmar la mente, ordenar la atención y protegerla de emociones perturbadoras.
El uso del mala es anterior al budismo y tiene antecedentes en tradiciones de la India. Al comienzo habría sido una cuerda con nudos, usada para contar repeticiones durante la práctica espiritual. Con el tiempo fue tomando la forma de rosario con cuentas.
El número 108 tiene distintas explicaciones simbólicas. Una de ellas señala que representa los oscurecimientos mentales que impiden ver con claridad. Estos se relacionan con las experiencias agradables, desagradables y neutras, los seis sentidos, las respuestas de apego o rechazo, y los tres tiempos, pasado, presente y futuro. Desde esta mirada, recitar con el mala recuerda el trabajo interior de purificar la mente y superar los estados que generan sufrimiento.
Otra explicación relaciona el 108 con elementos astrológicos, como las doce casas y los nueve planetas. También se lo vincula con las 27 mansiones lunares y sus cuatro divisiones. Estas interpretaciones muestran que el número 108 tiene un valor simbólico amplio dentro de varias tradiciones espirituales de la India.
Los malas pueden estar hechos de madera, semillas o piedras semipreciosas. Son comunes los de semillas de bodhi, sándalo, ámbar, cuarzo, turquesa, jade, amatista, ojo de tigre, ónix, lapislázuli, cuarzo rosado y cristal de roca. En algunas prácticas, los materiales y colores se asocian con ciertos budas o bodhisattvas. Por ejemplo, el azul puede recordar al Buda de la Medicina, mientras que el verde suele asociarse con Tara Verde.
Algunos malas tienen cuentas separadoras en los puntos 27, 54 y 81. Estas ayudan a dividir el rosario en cuatro partes y facilitan el conteo de las recitaciones. Además, la mayoría de los malas de 108 cuentas tiene una cuenta principal, llamada cuenta gurú, que marca el inicio y el final del ciclo.
Cuando se completa una vuelta del mala, no se pasa por encima de la cuenta gurú. Lo correcto es girar el mala y comenzar el nuevo ciclo en sentido contrario. Este gesto expresa respeto hacia el maestro y hacia la práctica.
El hilo del mala también tiene un significado simbólico. Representa la continuidad de la enseñanza budista. En algunos casos está compuesto por tres fibras, que recuerdan las Tres Joyas, el Buda, el Dharma y la Sangha. En otros casos puede tener nueve fibras, asociadas a Vajradhara y a los grandes bodhisattvas.
Para usar el mala, se sostiene en la mano izquierda. Se comienza con la cuenta ubicada después de la cuenta gurú y se avanza una cuenta por cada recitación del mantra. En la práctica se integran tres aspectos del ser. La mano representa el cuerpo, la recitación representa la palabra y la visualización o concentración representa la mente. De esta manera, el mala ayuda a reunir cuerpo, palabra y mente en una misma práctica.
El mala debe tratarse con respeto, no como una joya ni como un simple adorno. En la tradición budista se considera un objeto de práctica espiritual. Por eso no se deja en el suelo ni se usa de cualquier manera. Si cae, se puede recoger con cuidado, tocar la coronilla con él y recitar Om Ah Hung tres veces.
En síntesis, el mala no es solo un instrumento para contar el canto de mantras. Es un apoyo para cultivar atención, disciplina, respeto y purificación interior. Su valor no está en el objeto por sí mismo, sino en la intención y la práctica que acompaña.
K D T. 1
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