REFLEXIÓN SOBRE ESCRITURA BUDISTA. UN PUNTO DE VISTA
Uno podría preguntarse de quién son la luna o el sol. La respuesta parece simple. Son de todos. Pertenecen al mundo entero, porque entregan vida, luz, calor y equilibrio a los seres humanos, a los animales, a la vegetación y a muchas otras formas de existencia. Por eso no tendría sentido que alguien quisiera adueñarse de ellos.
Cuando me pregunto de quién son las enseñanzas de Buda, llego a una respuesta parecida. Buda enseñó el Dharma a sus seguidores, monjes y monjas, y también a todos quienes estuvieran dispuestos a escuchar y practicar. Sus enseñanzas fueron transmitidas de distintas formas y luego conservadas, estudiadas y explicadas por grandes maestros, como Nagarjuna, lamas, tulkus y practicantes avanzados que las desarrollaron para beneficio de otros.
No tengo duda de que la intención de Buda fue que sus enseñanzas estuvieran disponibles para todo ser que quisiera estudiarlas y transformar su vida. Por eso, cuando escribo sobre budismo, recuerdo que no estoy frente a algo cerrado ni reservado para unos pocos. Estoy frente a una tradición viva, amplia y profunda, que puede iluminar la vida de quien se acerque a ella con respeto.
Cuando escribo sobre otros temas, también siento que el budismo está presente en mi corazón. Sus enseñanzas me acompañan, me orientan y me ayudan a buscar un sentido más correcto. ¿Cómo podría alejarme de ellas? ¿Cómo no van a estar presentes en mi forma de mirar, pensar y escribir? Sería una alegría que mis ideas estuvieran impregnadas de esa ética, aunque sea de forma sencilla.
Tal vez mi escritura no sea la mejor para el lector, o quizá el fondo de mis textos no siempre logre explicar con claridad los temas del budismo tibetano. Aun así, escribo con el mejor esfuerzo que puedo entregar. Confío en que, con práctica, estudio y virtud, esas limitaciones podrán mejorar.
También recuerdo a los seguidores de Buda que memorizaban enseñanzas completas para conservarlas y transmitirlas sin distorsión. En una oportunidad hice un curso con esa metodología y no fue fácil. Al comienzo me costó mucho, pero con esfuerzo fui avanzando y, con el tiempo, la práctica se volvió más natural. Ananda, por ejemplo, recordaba los discursos de Buda y fue un pilar importante, junto a otros discípulos, para que esas enseñanzas no se perdieran.
Muchos lamas y maestros han escrito libros valiosos sobre budismo. Al leerlos, me parece justo recordar cuál fue la fuente principal de ese conocimiento. Cada maestro aporta comprensión, experiencia y profundidad, pero todos beben de una enseñanza que tiene como origen el despertar de Buda. Por eso también pienso que estos escritos deberían hacerse cada vez más accesibles para quienes desean aprender.
Buda entregó sus enseñanzas para todo ser que desee superarse, comprender su mente y avanzar espiritual y personalmente. Esa es la razón por la que escribir sobre budismo debe hacerse con respeto, humildad y deseo sincero de beneficiar.
K Dondruup T 1
No hay comentarios.:
Publicar un comentario