ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE LA ILUMINACIÓN
BUDA SIGNIFICA “EL QUE ESTÁ DESPIERTO”
La palabra Buda significa “el que está despierto”. La iluminación o despertar no debe entenderse solo como un estado de calma, felicidad o desarrollo intelectual. En el budismo representa la liberación plena de la ignorancia, el apego y las causas profundas del sufrimiento.
Las tradiciones budistas no describen este estado de una única forma. Algunas diferencias dependen de la escuela, el texto y el nivel de explicación. A continuación se presentan algunas características generales del despertar desde una perspectiva Mahayana.
Liberación de la ignorancia
La iluminación implica superar la ignorancia que lleva a percibir las cosas como si poseyeran una existencia fija, separada e independiente.
La persona común interpreta el mundo desde el apego, la aversión y la confusión. Busca estabilidad en fenómenos que cambian y atribuye solidez a una identidad personal que depende de múltiples causas y condiciones.
Un Buda comprende de forma directa que los fenómenos carecen de existencia inherente. Esto no significa que nada exista. Las personas, los objetos y las acciones existen en el plano convencional, producen efectos y tienen importancia. Sin embargo, no poseen una esencia fija que pueda encontrarse mediante un análisis último.
Fin de las perturbaciones mentales.
Entre ellas se encuentran las siguientes.
El apego.
El odio.
La ignorancia.
La envidia.
Los celos.
La aversión.
El orgullo.
La confusión.
El aferramiento (a un yo fijo).
Estas perturbaciones no se eliminan por represión. Desaparecen porque se comprende la verdadera realidad, sin las distorsiones que les dan origen.
Sabiduría y compasión.
La sabiduría y la compasión ocupan un lugar central en el camino Mahayana. La sabiduría permite comprender la vacuidad y el surgimiento dependiente. Donde la compasión orienta esa comprensión hacia el bienestar de todos los seres.
La iluminación no consiste en aislarse del mundo ni en buscar una salvación individual indiferente al sufrimiento ajeno. El ideal del Bodhisattva (Mahayana) une el conocimiento de la realidad con el compromiso de ayudar a los demás seres a lograr el despertar.
Comprensión del surgimiento dependiente.
Nada existe por sí solo. Una persona depende de su cuerpo, su historia, sus vínculos, su entorno y sus experiencias. Un árbol depende de una semilla, agua, tierra, luz y temperatura. Una mesa depende de sus materiales, su fabricación y el uso que recibe.
La vacuidad y la dependencia no se contradicen. Algo es vacío de existencia inherente porque depende de otros factores para existir.
Comprensión de las dos verdades.
La filosofía Mahāyāna distingue dos niveles de verdad:
Verdad convencional:
Una acción, dependiéndo de su intención, puede aliviar o aumentar el sufrimiento. La ética sigue siendo necesaria toda la vida.
Verdad última:
La verdad última corresponde a la ausencia de existencia inherente.
Cuando se examina cualquier fenómeno en busca de una esencia fija e independiente, esa esencia no puede encontrarse. Esto no destruye la realidad cotidiana. Permite comprenderla sin aferramiento.
Las dos verdades no son dos mundos separados. Son dos formas de comprender una misma realidad. Lo que sucede es que estamos preparados para vivir convencionalmente.
Superación del aferramiento al yo.
El budismo no niega la existencia convencional de las personas. Niega la existencia de un yo permanente, autónomo e inmutable. La identidad de una persona depende del cuerpo, las sensaciones, los recuerdos, las percepciones, los pensamientos y la conciencia. Todos estos elementos cambian. Y cambian constantemente.
El sufrimiento aumenta cuando la persona se aferra a una imagen rígida de sí misma o busca seguridad absoluta en aquello que es impermanente. Los seres humanos también somos impermanentes tal cual un árbol lo es.
La iluminación implica vivir sin ese aferramiento.
Comprensión de la impermanencia.
Todo fenómeno condicionado cambia. Las personas envejecen. Las emociones aparecen y desaparecen. Los vínculos se transforman. Los objetos se desgastan. Las circunstancias favorables y desfavorables no duran para siempre.
La comprensión profunda de la impermanencia no conduce al pesimismo. Permite relacionarse con la realidad sin exigirle una estabilidad que no puede ofrecer.
Comprendiéndo la impermanencia se puede vivir con menos sufrimiento.
Cese del karma que conduce al renacimiento.
La iluminación pone fin a las causas que mantienen el ciclo del samsara.
El samsara es el ciclo de existencia condicionado por la ignorancia, el apego y las acciones que producen nuevas consecuencias. Al desaparecer la ignorancia, dejan de generarse las causas que perpetúan ese ciclo. Esto no significa que las acciones de un ser despierto carezcan de efectos. Significa que ya no nacen del aferramiento, la aversión o la confusión.
Samsara y nirvana.
Samsara y nirvana no deben entenderse como dos lugares separados. El samsara corresponde a la experiencia condicionada por la ignorancia y el apego. Mientras el nirvana corresponde al cese de las causas del sufrimiento.
Desde la perspectiva Mahayana, ambos carecen de existencia inherente. Esto no significa que sean idénticos en el plano de la experiencia. El sufrimiento sigue siendo sufrimiento y la liberación sigue siendo liberación.
Una analogía tradicional permite comprender esta diferencia:
En la oscuridad, una cuerda puede confundirse con una serpiente. La persona siente miedo porque interpreta de forma errónea aquello que percibe. Cuando enciende la luz, descubre que nunca hubo una serpiente. La cuerda no cambió. Cambió la comprensión.
No dualidad.
La iluminación también se relaciona con la superación de una visión rígida que separa al sujeto del mundo como si ambos existieran de forma aislada.
Esto no significa que desaparezcan todas las diferencias prácticas. Una persona sigue distinguiendo entre una mesa y una silla, entre una acción beneficiosa y una acción dañina. Lo que desaparece es el aferramiento a una separación absoluta. La realidad se comprende como una red de relaciones y dependencias.
Paz y ecuanimidad.
Al liberarse de la ignorancia, el apego y la aversión, surge una paz que no depende de circunstancias pasajeras. Esta paz no debe confundirse con indiferencia.
La ecuanimidad permite enfrentar las dificultades sin quedar dominado por ellas y actuar con mayor claridad ante el sufrimiento propio y ajeno.
Conocimiento de un Buda.
Diversos textos Mahayana atribuyen a un Buda una sabiduría completa o conocimiento de todos los aspectos de la realidad.
Esta idea no debe reducirse a una acumulación de datos ni interpretarse como una actividad intelectual ordinaria. Alude a una comprensión libre de toda ignorancia y de apariencias engañosas.
Las 84.000 enseñanzas.
Las fuentes budistas hablan en general de 84.000 enseñanzas o secciones del Dharma.
Esta cifra expresa la amplitud de las enseñanzas atribuidas al Buda y la diversidad de métodos destinados a responder a las distintas necesidades de los seres. No debe entenderse solo como una cantidad literal de textos que una persona debe memorizar.
Aclaración final.
La iluminación no consiste en adquirir una identidad superior o en transformar el yo en una entidad perfecta.
Representa la liberación del aferramiento, la ignorancia y las causas profundas del sufrimiento.
Un Buda es “el que está despierto” porque percibe la realidad sin las distorsiones que condicionan la experiencia ordinaria y actúa desde la sabiduría y la compasión.
KDT 1
No hay comentarios.:
Publicar un comentario